María, Noa y Levon
La generación de A Coruña que ya no teme a la PAU: "Lo difícil ha sido llegar hasta aquí"
Tres estudiantes del IES Eusebio da Guarda nos cuentan como están llevando la recta final antes de selectividad: "Estudiamos unas seis horas al día, de las cuales estamos al 100% concentrados unas 4 o 5"
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Noa, Levon y María llevan al menos dos años preparándose para la PAU. Todos estudian (o estudiaba) en el IES Eusebio da Guarda. Pero en menos de dos semanas se sentarán en las aulas de la UDC con poco más que un bolígrafo y una cantidad casi infinita de conocimientos acumulados durante sus últimos años de instituto.
Y, contra todo pronóstico, no están nerviosos. Al menos, no todavía. "Es más difícil segundo de bachillerato que la PAU", coinciden los tres casi al instante. Lo que verdaderamente les inquieta no es el examen en sí. "Me da miedo que no sea la carrera ideal", reconoce María. Ese "mar de dudas", como lo describen, es lo que realmente les mantiene en tensión en estas semanas previas.
Porque la tensión fuerte, aseguran, ya la han vivido durante el curso. "La presión que nos han ido imponiendo no tiene nada que ver con lo que nos vamos a encontrar ahora", explica Levon. Desde el 30 de abril, día en el que recibieron las notas, su rutina se ha reducido prácticamente a una sola cosa: repasar.
"Estamos repasando todo lo que dimos durante el curso". Nada nuevo. Ningún tema sorpresa. Si el trabajo está hecho, estas semanas sirven únicamente para refrescar conceptos y aclarar dudas.
La PAU de este año, además, llega con un enfoque más práctico que teórico. Ya no se trata tanto de memorizar como de demostrar que lo aprendido puede aplicarse. Y eso, precisamente, es lo que genera inseguridad en algunas materias.
A Noa, por ejemplo, la asignatura que más le impone es Filosofía. No porque se le dé mal, aclara, sino por el tipo de examen: "Al ser de desarrollar nunca va a haber una respuesta igual". La sensación de subjetividad pesa más que la dificultad del contenido.
Si bien, "hay de todo", resume Levon. En su caso, la materia más delicada es Lingua Galega. "Yo soy de Moscú, y puede que la cague en alguno de los apartados", admite entre risas. Quizá por eso terminó decantándose por la rama de Biología y Tecnología pese a que su intención es estudiar Derecho y ADE.
María, por su parte, mira de reojo a Historia del Arte. Quiere cursar el doble grado de Filología Inglesa e Hispánica y sabe perfectamente dónde necesita reforzar más horas. La clave está, dicen, en identificar lo que "peor se nos da" y centrar esfuerzos en ellas sin descuidar las asignaturas troncales que determinarán la nota de corte.
Porque si algo tienen claro es que no pueden relajarse con ninguna materia.
Una rutina estudiada al detalle
Las jornadas de estudio se reparten casi milimétricamente. "Yo divido las mañanas en bloques de asignaturas para tocar todas un poco cada día", cuenta Noa. Durante estas semanas todavía pueden acudir al instituto para reforzar asignaturas más prácticas, como Matemáticas, aunque las materias más teóricas prefieren prepararlas en casa o en la biblioteca.
Cada uno ha desarrollado también sus propios métodos para sobrevivir a la recta final. A Noa le funciona estudiar únicamente por las mañanas. "Estoy unas seis horas y luego dejo las tardes libres para despejar un poco la mente". Los fines de semana los reserva para hacer simulacros de examen y medirse en condiciones similares a las que encontrarán el día de la prueba.
Seis horas al día de estudio
En general, los tres estudian alrededor de seis horas diarias, aunque reconocen que el tiempo de concentración real es algo menor. "Concentrados al 100%, cuatro o cinco horas". Aun así, insisten en que nada de eso se compara con el desgaste acumulado durante todo el curso. "Los exámenes que nos hacían en clase son más difíciles que los de la PAU. Además, los profesores corrigen con los mismos criterios".
Ese sistema, sin embargo, también tiene una doble cara. "Al ser más difícil el curso, la nota de bachillerato puede bajarte la media total", apunta Levon. Y ahí surge una de las conversaciones recurrentes entre quienes se presentan este año a selectividad: la diferencia de nivel entre comunidades autónomas.
"En Andalucía, por ejemplo, la selectividad es más fácil. Si luego sumas la media, pueden tener ventaja para acceder a la universidad", comenta. Los tres coinciden en que "en Galicia hay más nivel que en otras partes de España", aunque creen que esa exigencia solo es positiva hasta cierto punto.
Aun así, defienden la existencia de una prueba común de acceso. Consideran que sigue siendo necesaria para equilibrar las diferencias entre centros educativos. "Es la forma de que la enseñanza pública y privada se presenten en igualdad de condiciones", sostiene Levon.
Ahora solo queda esperar
Esperar a que lleguen los exámenes, comprobar si las previsiones se cumplen y seguir alimentando una de las tradiciones no oficiales de cada curso: intentar adivinar qué autor caerá en Literatura Galega.
"Creemos que caerá Begoña Caamaño. En el año de Castelao cayó Castelao. Y en el de Otero Pedrayo, igual", dicen entre risas.