Foto: Nuria Prieto

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Un bloque racionalista en A Coruña: el edificio de la calle Calvo Sotelo, 43

El racionalismo es un estilo presente en A Coruña, casi siempre en forma de pequeños edificios, pero a partir de la década de los cincuenta comienzan a realizarse grandes bloques en este estilo. El número 43 de la calle Calvo Sotelo, obra de los arquitectos Santiago Rey Pedreira y Juan González Cebrián fue construido en 1958 y es un buen ejemplo de esta tipología

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A veces, existe el deseo de desaparecer, aunque solo sea por un tiempo. Esa intención en forma de necesidad explica la voluntad de no ser percibido, tanto por ausencia como por neutralización en un contexto diverso. Hay arquitecturas que se gestan con ese deseo, otras por el contrario gritan su presencia. El concepto tras esta decisión tiene que ver con el contexto sociocultural, pero también con los recursos del momento capaces de empujar la voluntad estética de un edificio. La percepción de la ciudad es, en ocasiones solo un relato de una realidad. Y como tal, se adorna con la propia imagen idealizada de la misma. La tentación comprensible de mezclar los recuerdos personales con la realidad del soporte urbano crea una imagen en la memoria, irreal, pero sincera para quien la experimentó. Los juicios sobre la ciudad basados en la narrativa personal crean habitualmente una cierta imaginería e incluso una leyenda. Determinados elementos, incluso a pesar de las lecturas personales, permanecen siempre en el mismo lugar. La vocación de pasar desapercibidos de algunos edificios termina por ser el recuerdo de una tensión inacabada, es decir, de algo que aún no se ha resuelto y por tanto sigue siendo actual.

“El antipoema no es una proposición externa al poema, sino una proposición interna que lo contradice. Y es la tensión así generada la que, siempre sin resolverse, determina su fuerza y su actualidad” - Christian Huneeus

A principios del siglo XX, tras el auge del modernismo, el racionalismo nace como respuesta pendular a la imagen saturada del primero. Si bien estéticamente se percibe como una depuración o una simplificación es, en realidad una forma de concebir la arquitectura desde la precariedad del contexto. El racionalismo, tal y como sugiere el término, razona la función y su proyección sobre el espacio habitable. El racionalismo rompe con los conceptos históricos más cercanos al ornamento y se acerca a las vanguardias del arte como el cubismo o el expresionismo. La ausencia de ornamentación en paralelo al nacimiento de la industrialización, la estandarización y los nuevos materiales, provocan un abaratamiento de la construcción, algo que permite desarrollar más la ciudad incluso en contextos precarizados. Esta posibilidad genera una revolución estética y social que, en cada país, tiene su propia interpretación. En aquellos que atravesaban circunstancias económicas complejas como la Alemania de entreguerras esta arquitectura es una vía de desarrollo posible. En el caso de España, la República impulsó leyes que favorecían la construcción y el acceso a la vivienda, como la Ley Salmón, que permitió que muchos trabajadores pudiesen vivir en un piso digno y que muchos ciudadanos se convirtiesen en pequeños arrendadores impulsando la economía democrática y sostenida del país.

Foto: Nuria Prieto

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El racionalismo

En A Coruña el racionalismo, al igual que en otras ciudades, se puede encontrar en muchas áreas de la ciudad que, además se corresponden con zonas de gran crecimiento a principios del siglo XX. El Racionalismo como lenguaje, se recuperó tras la guerra civil parcialmente, a pesar de que el régimen impuso su lenguaje, porque económicamente resultaba óptimo. En A Coruña se pueden encontrar dos tipos de edificios que utilizan el lenguaje racionalista: edificios pequeños o viviendas unifamiliares y bloques de viviendas. Los primeros, fueron consecuencia de la coyuntura sociocultural y de la Ley Salmón, mientras que los segundos, llegarían más tarde, durante las dos primeras décadas del franquismo, como respuesta a unas condiciones muy precarias y a la escasez de recursos. Los bloques racionalistas aparecen en la ciudad como promociones de grandes dimensiones en la década de los cincuenta.

En la calle Calvo Sotelo, en el número 43 frente a la iglesia de San Francisco, se construyó un gran bloque de viviendas en 1958. Proyectado por Santiago Rey Pedreira (quien fue arquitecto municipal) y Juan González Cebrián, se trata de un edificio de bajo y nueve plantas. El bloque salva una diferencia de cota más o menos notable que permite ubicar el acceso al edificio. Esta circunstancia, además, permite articular la morfología interior del mismo: tras el núcleo de comunicaciones situado tras el portal de acceso, se dispone el patio interior del edificio creando dos áreas en las que distribuir las viviendas a un lado y a otro. La escalera es, de hecho, visible desde el exterior, lo que permite leer el edificio desde el exterior. Todas las plantas siguen la misma organización, salvo la planta baja y la última que, al incluir una terraza obliga a modificaciones en la distribución. Cada planta incorpora dos pisos vinculando las zonas húmedas como baños y cocinas al patio de luces, dejando todas las habitaciones, incluso la sala de estar hacia la fachada principal. La distribución de las viviendas resulta bastante convencional, siguiendo lógicas sencillas y convencionales.

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Una estética atemporal

Lo más interesante del bloque de viviendas es su estética, que mantiene los rasgos propios del racionalismo a pesar de haberse construido en la década de los cincuenta. La fachada es una envolvente continua que se curva en la arista. Además, la escalera emerge en la envolvente aflorando con una curva más leve y una materialidad translúcida que permite percibirla como una escisión que parte al edificio en dos. Para destacar la curva de la esquina que forma el edificio en la arista, los arquitectos utilizan dos gestos: por una parte, la inclusión de líneas verticales como abstracciones de columnas impostadas, por otra, la altura del cuerpo en esquina que es mayor que en el resto del edificio. El plano de fachada sobresale respecto del plano vertical de la planta baja y primera siguiendo la ordenanza municipal que permitía un vuelo de 70cm. De esta forma muchos de estos edificios se perciben como una envolvente, como una cortina que vuela sobre un zócalo inferior retranqueado.

Foto: Nuria Prieto

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La homogeneidad de la fachada se resalta mediante la incorporación de un ritmo constante de huecos. Su forma, ligeramente apaisada se combina con la posición de las ventanas a haces intermedios, es decir, en el centro del espacio disponible entre el plano interno del cerramiento y el exterior. Así se produce una línea de sombra interesante en cada uno de los huecos que es más visible debido a que el recercado de los mismos es muy esbelto. El hecho de utilizar recercados esbeltos provoca una sensación de ligereza y acierto en el diseño que dota de una imagen atemporal al edificio. La imagen neutra pero extrañamente actual de un edificio así, es sólo posible debido al uso del lenguaje racionalista.

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Preguntas

Hay ciudades, como Nueva York, en las que, a pesar de ser fácilmente identificables, incluso en sus pequeños detalles pasear por ellas significa sentirse insignificante. Hace realidad la voluntad de pasar desapercibido debido a la gran vitalidad de una metrópolis vibrante. En otras ciudades, pasar desapercibido puede que sea más difícil, pero cómo planteaba Alejandro de la Sota “un buen arquitecto no es el que da grandes respuestas, sino el que plantea buenas preguntas”. Plantear buenas preguntas es más complicado que responderlas. Hay herramientas para buscar respuestas, pero una pregunta solo parte de un planteamiento inteligente.

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“Pero ya durante el proyecto, ese edificio [el cementerio de Módena] pertenecía a las inmensas brumas del valle del Po, a las casas desiertas, abandonadas desde hace muchos años, tras las grandes inundaciones; casas en las que aún pueden encontrarse la tacita rota, la cama de hierro, el cristal quebrado, la foto amarillenta y la humedad, las señales del río exterminador. Pueblos en los que el río reaparece con la continuidad de la muerte, dejando tan solo signos, señales, fragmentos; pero fragmentos entrañables” Aldo Rossi

Hay edificios que pertenecen al lugar porque saben leerlo. Plantean buenas preguntas, sin respuesta. La ausencia de respuestas ante buenas preguntas genera tensiones sin resolver. Situaciones que crean conceptos y que, con el paso del tiempo, definen edificios atemporales. El racionalismo dibujó una ciudad de lugares por los que no pasa el tiempo, edificios cargados de preguntas que aún no se han respondido.