Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Ofrecido por:

Conoce Coruña

El colegio San José de Calasanz de A Coruña diseñado por Andrés Fernández-Albalat

Construido entre 1962 y 1965, esta obra de Andrés Fernández-Albalat muestra una profunda investigación en torno a la arquitectura escolar. El proyecto inicial se articulaba en torno a la idea de aula-jardín, pero poco a poco se fue transformando hacia una escuela más tradicional sin dejar atrás conceptos como la luz natural y la organización del espacio.

Puede interesarte: El edificio de Avenida de Buenos Aires 9 de A Coruña

Publicada

El filósofo Jean-François Lyotard decía que “La educación es el arte de hacer visibles las cosas invisibles”. La complejidad del mundo es tal que resulta difícil establecer una estrategia para enseñar el funcionamiento del mundo a los ‘nuevos ciudadanos’. La enseñanza es una labor deliberadamente importante para la formación de una sociedad. Los espacios para la enseñanza han sido objeto de estudio tanto como los propios planes y estructuras formativas. La teoría arquitectónica se ha ocupado de los espacios de enseñanza siguiendo los planes e innovaciones sociales.

“No todas las lecciones provienen de los libros de texto. Algunas se absorben a través de paredes, pasillos y alturas de techos. A través de la presencia...... o ausencia de la luz, la naturaleza y los lugares donde parar y respirar. La disposición de un colegio comunica silenciosamente lo que importa. ¿Los estudiantes caminan por largos y estrechos pasillos hacia aulas idénticas con filas de pupitres? ¿O entran en entornos vibrantes, variados y dinámicos que invitan al movimiento, la colaboración y la curiosidad? En muchos edificios escolares tradicionales, el diseño envía un mensaje tácito: "Siéntate. Sigue las instrucciones. Mantente dentro de las líneas." Pero imagina lo que los estudiantes podrían creer sobre sí mismos y el mundo si su entorno de aprendizaje dijera en su lugar: "Perteneces aquí. Tus ideas importan. Explora libremente." La arquitectura no es neutral. Es un profesor oculto—a menudo más poderoso que el plan de clase. Moldea cómo se sienten los estudiantes, cómo interactúan y, en última instancia, cómo se ven a sí mismos como aprendices”. Prakash Nair

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

El espacio permite crear un conjunto de emociones que influyen sobre la percepción de quienes lo habitan. Esta herramienta, se puede aplicar a cualquier tipología arquitectónica, buscando que el uso se adapte al máximo posible a las necesidades del ser humano. En entornos más sensibles a las emociones como la arquitectura hospitalaria, la funeraria, las guarderías o los espacios religiosos utilizan de forma directa y positiva la relación entre el espacio y la emoción para construir la obra. En las escuelas y espacios de enseñanza, la funcionalidad y el uso han de ensamblarse con el espacio hasta conseguir una atmósfera adecuada a sus usuarios.

"Que no pude cumplir mi promesa, que me perdonen, pero que me recuerden cada vez que vean el mar" - Antoni Benaiges

La arquitectura escolar siempre ha sido sensible a la estructura política del país. En España los diversos cambios políticos definieron diferentes arquitecturas en función a la enseñanza impartida desde la influencia francesa a la restauración absolutista, el Plan Pidal, la Ley Moyano, la Institución Libre de Enseñanza, las medidas sobre la enseñanza de la Segunda República, la ley de reforma del franquismo, así como la ley de ordenación de la universidad española de 1945, o las leyes democráticas promulgadas después de 1975. A través de todos estos cambios, la arquitectura fue adaptándose espacialmente. Son especialmente notables los colegios desarrollados para la Institución Libre de Enseñanza, así como durante la República, ya que muchas de ellas fueron desarrolladas por arquitectos comprometidos con los principios fundacionales de estos modelos de enseñanza.

Durante la dictadura española, los colegios de las dos primeras décadas del franquismo correspondientes a la autarquía eran edificios de carácter religioso, que se adaptaron a las leyes de enseñanza del régimen, pero en las dos segundas décadas de este, correspondientes con el desarrollismo, el aumento de población en el país tras la posguerra motivó la necesidad de construir más escuelas. Para ello se convocan concursos y se realizan encargos a arquitectos muy notables. Muchos de estos colegios ocupaban lugares periféricos a la ciudad, allí donde se preveía crecimiento urbano y donde existían parcelas de tamaño suficiente.

Aula-jardín

En A Coruña se construyeron varias escuelas durante la década de los cincuenta y sesenta, una de ellas es el colegio San José de Calasanz, de los Padres Escolapios. Construido entre 1962 y 1965, es obra del arquitecto coruñés Andrés Fernández-Albalat quien desarrolló el proyecto en una zona aún periférica pero que, hoy en día ya se ha integrado en la ciudad. La parcela en la cual se ubica el edificio es de grandes dimensiones, pero su topografía representa un gran desafío dada la diferencia de cota. Fernández-Albalat organiza el edificio en torno a dos ideas fundamentales: la modulación, es decir, la preocupación por la escala y la luz natural. En este sentido, la primera propuesta de Fernández-Albalat utilizaba el concepto del ‘aula-jardín’, siguiendo el modelo de las mejores escuelas europeas en las que se buscaba la relación directa con el entorno y la naturaleza para un desarrollo saludable de los niños y las niñas.

La escuela Munkegård de Arne Jacobsen construida entre 1951 y 1958, se convirtió en un paradigma para la arquitectura escolar europea, este centro educativo fruto de un concurso se articulaba en torno a la definición de un módulo sencillo con la escala adecuada, con buena iluminación natural y con un espacio verde asociado a cada aula. En todos los dibujos de Munkegård realizados por Jacobsen, el arbolado y la escala están presentes. Fernández-Albalat toma esta idea definiendo un módulo de 8,80x6,60m, formulado a partir de la ocupación de cada uno de los alumnos. Articulado con el conjunto de aulas, se disponen los espacios comunes y auxiliares de la escuela.

Pero el primero modelo proyectado por Fernández-Albalat hubo de adaptarse a la compleja topografía, por lo que el arquitecto desarrolló una segunda propuesta en la que la topografía se encontraba más presente. Para garantizar la iluminación, se realizó una disposición en ‘L’, esta transformación obligó al replanteo funcional del edificio ya que las circulaciones debían resultar eficientes. Por ello, el arquitecto decidió situar las zonas comunes como la recepción o la secretaría en el vértice de la ‘L’. El resto de aulas singulares se disponen en los extremos. En el centro del conjunto se situaba una iglesia de planta circular que definía la identidad del conjunto. Pero esta propuesta tampoco se realizó, ya que su aspecto resultaba indefinido para los padres Escolapios. La idea de aula-jardín fue suprimida por completo y el concepto del edificio se modificó para crear una obra completamente diferente.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Cambios

Fernández-Albalat mantiene la idea de la iluminación natural en el proyecto final, sin olvidar la funcionalidad del edificio basada en la optimización de las circulaciones como indica Pilar Sánchez Gil en su artículo para la publicación ‘Albalat Arquitecto’. Al eliminar la idea de aula-jardín la ocupación del edificio se reduce a la mitad. Para garantizar la iluminación natural se incorporan carpinterías de grandes dimensiones, así como algunos espacios de gran altura aprovechando la diferencia de cota. El proyecto se volvió más complejo, y hubo de ejecutarse por fases, algunas de las cuales no llegaron a desarrollarse. La segunda fase del proyecto que puede interpretarse como una ampliación, ya que sigue el modelo de crecimiento de la primera fase, con el mismo programa, pero adaptándose a los nuevos programas educativos presentes en 1989. Entre una y otra fase, se construyeron elementos intermedios tales como un polideportivo, una capilla, la residencia de los Padres Escolapios, pero otros nunca se ejecutaron.

Entre las obras no ejecutadas destacan una gran iglesia o un internado. Desde del primer proyecto, hasta la obra construida, las diferentes propuestas sirvieron de investigación en torno a la tipología educativa. La transformación desde el aula-jardín a la definición espacial actual permitió al arquitecto trabajar con la idea de luz natural en un centro escolar. En la actualidad el conjunto se organiza en dos áreas con una gran presencia del espacio verde de la parcela.

La estética concebida por Fernández-Albalat para este edificio es netamente moderna, siguiendo los principios del racionalismo y la modernidad propia de la obra del autor y de la década en la que se desarrolla. La materialidad elegida por el arquitecto responde estrictamente a los principios de la modernidad, con presencia de hormigón y acero, así como sistemas constructivos adecuados a estos materiales. La pretensión inicial para la construcción del edificio se fue rebajando poco a poco, desde los dibujos iniciales a la construcción final se realizaron cambios profundos. Las primeras propuestas podrían verse como un acercamiento a los conceptos que están presentes en el edificio de la Universidad Laboral de A Coruña, mientras que la simplificación de la obra final, aunque mantiene elementos del proyecto inicial, constituye un planteamiento más tradicional. La iglesia que Fernández-Albalat había proyectado inicialmente era una obra, muy singular, con planta circular que hubiese sido uno de los proyectos paradigmáticos de su carrera. Esta pieza del conjunto estaba articulada por dos círculos descentrados que, mediante esta disposición definían el espacio de asamblea y el espacio de circulación. Este planteamiento recordaba vagamente a la propuesta de Le Corbusier para Firminy que fue construida décadas después de que el arquitecto falleciese.

Foto: Nuria Prieto

Foto: Nuria Prieto

Un hogar

En el relato La lengua de las mariposas escrito por Manuel Rivas que José Luis Cuerda llevaría al cine unos años después, el maestro es la figura omnipresente en la obra. La interpretación de Fernando Fernán Gómez, muestra un profesor que hace de la naturaleza su aula al igual que el pequeño espacio de la escuela pública del pueblo. La relación con la naturaleza y con el hábitat es fundamental para el desarrollo del ser humano y de su cultura.

"Los libros son como un hogar... En los libros podemos refugiar nuestros sueños para que no se mueran de frío..." - Manuel Rivas, La lengua de las mariposas

El conocimiento habita los libros y también la naturaleza, quizás por ello resulta tan necesario que ambos sean capaces de entrar en el aula, para que estos construyan el hogar de los futuros ciudadanos y ciudadanas. Las escuelas como refugio de nuestra cultura para que nunca se enfríe o se disuelva entre gotas de lluvia.