El número 1 de la calle Marqués de Amboage de A Coruña, una obra de Eduardo Rodríguez Losada

El número 1 de la calle Marqués de Amboage de A Coruña, una obra de Eduardo Rodríguez Losada Luis Santalla

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El número 1 de la calle Marqués de Amboage de A Coruña, una obra de Eduardo Rodríguez Losada

La singular posición urbana que ocupa el número 1 de la calle Marqués de Amboage, confiere a este edificio construido a principios de la década de los veinte una imagen muy singular. Su composición y morfología son típicas de la obra del arquitecto Eduardo Rodríguez Losada

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El contexto es importante, ya que define unos parámetros socioculturales que dan sustento a la interpretación específica de algo. La comprensión de una obra de arquitectura que se inserta en la ciudad provoca que la mirada enseguida se amplíe y se expanda proponiendo un conjunto de preguntas. Esas cuestiones aparecen de manera natural para definir una estructura contextual en la que se entretejen aspectos históricos, memorísticos, sociales y culturales. Conocido el tejido en el que se inserta una obra, la morfología de esta establece un conjunto de decisiones que resultarán más verosímiles.

“Fingir un ambiente, sacarlo de la realidad para llevarlo lejos, al plano de la memoria es un gran problema. En este plano, la metáfora, tan adorada por los arquitectos, se presenta como una profunda estupidez y solo sirve la resistencia del material, su triste y perfumado recuerdo” - Smiljan Radic

La resistencia frente a la realidad del contexto genera una distorsión interpretativa frente a la comprensión real del lugar. La descontextualización genera una interpretación incompleta. Pero sobre este contexto se dispone una última capa que construye el lugar, una que puede subrayar la realidad o matizarla ligeramente desviándola de una mirada objetiva, la memoria biográfica creada por la experiencia personal. Esta última capa establece una lectura personal que provoca una identificación directa entre los habitantes de la ciudad y sus obras, ya que parte de una interiorización de todos los parámetros que las componen. La memoria de un lugar no solo es la colectiva, sino también la personal que termina configurando una constelación de historias que construyen la ciudad.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

Pero la ciudad es un organismo en constante transformación por lo que la memoria y el contexto se encuentran en constante cambio creando una estructura flexible y con capacidad de adaptación. Algunas soluciones urbanas desarrollan morfologías que se repiten una y otra vez ante el mismo problema. Las geometrías urbanas determinan un contexto, ya que ante proporciones similares el espacio público y la percepción de las obras es similar. Las plazas de proporciones similares, la materialidad y cromatismo de las calles, o la solución de las esquinas de una manzana.

El encuentro entre las calles Marqués de Amboage y avenida de Fernández Latorre, crea una manzana con una arista extremadamente aguda que, en cada etapa de la historia se resuelve de una u otra forma. Precisamente en este remate se encuentra un interesante edificio de viviendas obra del arquitecto Eduardo Rodríguez Losada fue construido entre los años 1925 y 1929, al igual que el resto de los edificios de lenguaje ecléctico de la manzana. De hecho, salvo el número 7 de la calle Marqués de Amboage el resto de las obras están firmadas por Rodríguez Losada.

El número 1 de la calle Marqués de Amboage

El número 1 de la calle Marqués de Amboage es una obra singular por su configuración volumétrica y definición morfológica, así como por su presencia urbana dentro del espacio público lo que crea una percepción especial que lo dota de gran protagonismo. En ambas fachadas el edificio sigue una composición típica, habitual en las obras del arquitecto Rodríguez Losada, pero es en el remate de la esquina en que esta obra se singulariza. La esquina se remata con un torreón, un elemento también habitual en las obras de este arquitecto como la Casa Cortés. El torreón crea un punto hacia el que se dirige el centro de gravedad del edificio, por ello habitualmente se sitúa en la esquina como en muchos otros edificios de la ciudad, la propia Casa Cortés o el edificio Barrié. En la obra de Cuatro Caminos el torreón presenta la particularidad de que su volumen cilíndrico se proyecta hacia abajo creando un remate curvo en fachada que se cierra con una galería. Este adquiere esbeltez al fragmentar el volumen inferior del remate con cúpula.

Aunque el edificio ha sido profundamente transformado a lo largo de los años, aún mantiene muchos de los rasgos compositivos, así como elementos característicos del arquitecto quien habitualmente utilizaba un leguaje ecléctico en sus obras. En el edificio actual se puede observar una fragmentación en tres cuerpos: planta baja, tres plantas que componen el grueso central del edificio y la coronación, en la actualidad formada por dos plantas y una cúpula. Cada uno de los cuerpos se marca con una línea de cornisa, destacando especialmente la cornisa superior por ser esta más profusamente decorada. Cada una de las tres plantas del cuerpo central se diferencia ligeramente: la planta primera cuenta con un pequeño balcón, mientras que, en la tercera cada hueco se remata con un pequeño arco. La planta segunda cuenta con una barandilla de forja, mientras que la tercera incorpora una balaustrada. La planta tercera, además, incluye pequeños capiteles corintios impostados en los riñones de los arcos que cierran la parte superior del arco.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

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Una tipología sin teoría

La planta baja se reviste con una envolvente de mortero en la que se marcan las líneas horizontales de tal manera que simulan un zócalo pétreo. La envolvente curva de la esquina, aunque actualmente modificada, está formada por una galería, al igual que en la Casa Cortés. Pero lo más destacable del edificio es su remate superior que recuerda ligeramente a un faro. Además, esta se corona con una cúpula muy singular con una ornamentación habitual en la obra de Rodríguez Losada, con pequeñas borlas y guirnaldas. Las plantas superiores, cuarta y quinta están formadas por sendas galerías que se retranquean respecto del plano de galería inferior, especialmente en la planta quinta donde aparece una barandilla, y donde se disponen pequeñas columnas entre los huecos.

El edificio se remata con una cubierta en mansarda que enfatiza la esbeltez del volumen. La percepción desde el frente, es decir, desde el vértice, es la de un edificio en proa, sin embargo, este no se configura como tal, sino que presenta una curvatura qye neutraliza la agresividad de la trama urbana. Esta morfología puede recordar levemente al edificio Flatiron (Daniel Burnham, Frederick P. Dinkelberg. 1902) de Manhattan, por lo que su imagen tiene de icónica. Pero hay otra propuesta que, aunque de mayor proyección teórica, resulta más interesante. Se trata de la propuesta para el Hotel Esfinge realizada entre 1975 y 1976. Más cercano a la contemporaneidad, la morfología de este edificio responde a la decantación de esta casuística urbana sin establecer ningún tipo de teoría en torno a sí mismo. El nombre del edificio no es aleatorio, sino que responde a la posición del volumen constituyendo la planta inferior las patas y la cúpula la cabeza. La esbeltez previa al remate es el cuello del ser mitológico. En la obra de Times Square se produce una identificación directa entre cada una de las partes de la esfinge y el uso interior. Su organización volumétrica difiere de la propuesta del hotel esfinge, y se acerca más a la tipología de un faro.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

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La niebla

El contexto define la comprensión de una obra de tal forma que no solo la trama directa, sino las experiencias cercanas son capaces de establecer un discurso. Y es que este no es solo una condición física estable e inalterable, sino que también está formado por aquellas singularidades meteorológicas como la lluvia, la niebla. También por un recuerdo personal, o por todo aquello a lo que sirve de escenario.

Foto: Luis Santalla

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“Veía la niebla penetrar en la basílica [de Sant’Andrea] tal como a menudo gustaba de observarla en la Gallería [Vittorio Emanuele] de Milán, como algo imprevisible que modifica y altera, como luz y sombra, como las piedras pulidas y gastadas por los pies y las manos de generaciones de hombres” - Aldo Rossi, Autobiografía científica

En realidad, el contexto es móvil, y los edificios son los que permanecen casi inalterados, leales a su materialidad, a su estructura y vocación de permanencia, pero finalmente se ven transformados por todo aquello que les rodea. Y es que el mismo edificio, no es el mismo edificio si la luz es cambiante, si llueve o si aquel lugar significa algo especial.

Foto: Luis Santalla

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