El edificio de viviendas en la plaza de Vigo de A Coruña: Corrales & Molezún

El edificio de viviendas en la plaza de Vigo de A Coruña: Corrales & Molezún Nuria Prieto

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El edificio de viviendas en la plaza de Vigo de A Coruña: Corrales & Molezún

Entre 1964 y 1967 los arquitectos José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún proyectaron un edificio de viviendas en la plaza de Vigo que nunca se construyó. La obra, de una modernidad radical proponía una nueva estética para el ensanche coruñés.

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En 1956 el artista estadounidense Richard Hamilton se preguntaba “¿Qué es lo que hace el hogar de hoy tan diferente, tan atractivo?”. Este era el título de una de sus obras, un collage que mostraba el principio de un consumismo que comenzaba a consolidarse siguiendo los principios del capitalismo norteamericano. Pero esta otra que buscaba exponer una lectura de la realidad social del país era muy diferente en Europa y particularmente en España. En Europa, la mirada sobre la vivienda tiene algo de supervivencia, pero también de emoción, ya que a principios del siglo XX la Segunda Guerra Mundial había creado una atmósfera lúgubre y desesperanzadora. La vivienda ya no sólo era un hábitat sin más, sino que atesoraba dentro de sí la idea de refugio y protección. Muchas ciudades habían sido completamente arrasadas, su tejido urbano había sido reducido a escombro y cenizas. Algo que psicológicamente afectaba a sus habitantes quienes, amputados de toda esperanza, sostenían en su memoria la idea de que la ciudad nunca volvería a existir, ya no solo la ciudad que conocieron antes de la guerra sino cualquiera. La impotencia domina la reconstrucción europea, pero también sirve de argumento para retomar algunas ideas de la modernidad previa a la guerra y, mientras algunas ciudades como Viena se reconstruyen ‘en estilo’, otras como Berlín buscan la contemporaneidad justificando el necesario olvido de un pasado oscuro.

En la España de la posguerra, la arquitectura ha de encajarse dentro de los dogmáticos criterios promulgados por el régimen franquista, pero en la década de los cincuenta en racionalismo se retoma de forma tímida abriendo el camino a nuevos lenguajes. Y es en la década de los cincuenta en la que, poco a poco, la modernidad comienza a formar parte de la imagen de la ciudad creando, en consecuencia, una nueva manera de pensar en sus ciudadanos.

“¿Cómo «ocupa» un cuerpo el espacio? El término metafórico «ocupar» está tomado de la experiencia cotidiana del espacio ya específico, ya «ocupado». La conexión entre los términos «espacio disponible» y «ocupación del espacio» no es sin embargo evidente ni simple. Una metáfora no puede reemplazar la reflexión. Sabemos que el espacio no es un vacío pre-existente dotado únicamente de propiedades formales […] En consecuencia, se impone considerar la hipótesis contraria. ¿Puede el cuerpo, con su capacidad de acción, con sus energías, crear el espacio? Sin duda, pero no en el sentido en que la ocupación «fabricaría» la espacialidad, sino más bien en el sentido de una relación inmediata entre el cuerpo y su espacio, entre el despliegue corporal en el espacio y la ocupación del espacio.”

Habitar la arquitectura

El lugar habitado condiciona psicológicamente a quienes conviven a diario con dicho espacio, tanto en el interior como en el exterior, es decir, a nivel doméstico, pero también urbano. La imagen de la modernidad, pero también la experimentación de sus espacios transforma la manera de comprender y comportarse. En décadas posteriores, propuestas como las del diseñador Joe Colombo, o los arquitectos Ugo Lapietra, Archigram o Ettore Sotsass, radicalizan esta forma de trabajar la relación entre el individuo y el espacio provocando una actitud contracultural en aquellos que conviven con estos espacios. Los nuevos lenguajes arquitectónicos que comienzan a filtrase en la España de la dictadura tienen que ver también con la tímida llegada de nuevas tecnologías constructivas que permiten cambiar la forma de construir. La prefabricación y los nuevos sistemas de carpintería exterior transforman radicalmente la imagen exterior de los edificios desde una estética pétrea a una ligera, de lo estereotómico a lo tectónico. La imagen de la ciudad se aligera e introduce el reflejo y la transparencia frente a la opacidad y gravedad de etapas anteriores. En A Coruña, la presencia del reflejo y la transparencia ya existía a través de las galerías vernáculas, así que la idea de ligereza se encontraba en la memoria de los ciudadanos y ciudadanas. Con la llegada de los sistemas de fachada prefabricados, la piel brillante y de aspecto vítreo transforma la imagen de la galería.

“La arquitectura de Corrales y Molezún es transparente en sus intenciones y que en tal transparencia radica en buena medida su atractivo” Rafael Moneo

Corrales y Molezún son una pareja de arquitectos que contribuyeron a la modernización de la arquitectura española a partir de finales de los cincuenta. Sus obras, singulares, sensatas y honestas parten de la interpretación urbana combinada con una voluntad de transformación de la imagen de la ciudad. Una colaboración peculiar de la que nacieron obras icónicas y muy influyentes para la arquitectura contemporánea española.

‘’La colaboración mía con Ramón Vázquez Molezún es un caso muy particular de colaboración entre arquitectos, en el sentido de que éramos dos personas que hicimos el mismo curso de arquitectura y al salir empezamos a trabajar juntos sin ninguna ley de colaboración, con unos caracteres muy distintos, en dos estudios separados, con horarios distintos y también con obras personales, suyas y mías. No había regla de colaboración, en cada obra se establecía la colaboración o no se establecía. A pesar de eso, el resultado es una obra que se conoce como de los dos. Pues realmente estábamos unidos, sobre todo en el tablero‘’ José Antonio Corrales.

Corrales y Molezún via wikimedia commons

Corrales y Molezún via wikimedia commons

Edificio Bankunion, sede de la Embajada de Irlanda en Madrid y oficinas del Parlamento Europeo., via wikimedia commons

Edificio Bankunion, sede de la Embajada de Irlanda en Madrid y oficinas del Parlamento Europeo., via wikimedia commons

Un edificio de viviendas en la plaza de Vigo

En A Coruña, Corrales y Molezún proyectaron un edificio de viviendas en la plaza de Vigo entre 1964 y 1967 que nunca se construyó. Con esta obra introducen numerosos conceptos innovadores y desarrollan una nueva forma de abordar una de las esquinas del ensanche. El edificio es un bloque de viviendas de organización laminar, es decir lineal, pero encajado dentro de la trama entretejida del ensanche coruñés, ocupando una de las aristas que dan hacia la plaza de Vigo. Para que esta disposición laminar no crease una distorsión de la escala volumétrica de carácter rotundo, fragmentan el bloque en dos. Esta idea, además, les permite garantizar una mejor ventilación e iluminación natural de las viviendas propuestas. El edificio contaba con ocho plantas que se organizaban en torno a un núcleo de comunicaciones del cual partían los distribuidores de acceso a cada vivienda, los cuales creaban una galería de paso en la separación entre ambos cuerpos. Además de los núcleos de comunicaciones, los baños y cocinas se mantienen igualmente en la misma posición para facilitar la distribución de las instalaciones.

La planta baja combina bajos comerciales con dos accesos diferenciados para servicio y propietarios, comunicándose todos ellos con el sótano. De esta forma el acceso al edificio es abierto en planta baja y se va limitando y distribuyendo de manera ordenada hacia arriba y hacia abajo. La planta baja contaba con seis bajos comerciales y un aparcamiento en semisótano en la parte posterior.

La estructura del edificio se organiza con una crujía de 6,5m creando una modulación regular y ordenada que contrasta con la disposición de las viviendas de 3 y 4 dormitorios, pero distribuciones diferentes por cada planta, manteniendo siempre accesos, cocinas y baños en la misma posición. La modulación de la estructura se ensamblaba con la de la fachada compuesta por un cerramiento prefabricado que terminaba por determinar la posición de la tabiquería en función a la forma de los huecos. El cerramiento exterior estaba formado por paneles ciegos y vidriados que se encajaban en unos nervios que recorrían la fachada verticalmente con un espesor de 7cm y una separación de 93cm entre sí. Esta combinación crea una alternancia muy interesante de reflejos, transparencias y opacidades, lo que define la estética del edificio y una nueva imagen de modernidad para la ciudad. Como indicaba José Antonio Corrales la construcción respondía a razones “puramente económicas y, claro, no te atreves a construir algo que no tenga una explicación lógica y funcional. Por ahí le vas sacando punta a lo que tienes que solucionar y al realizarlo va apareciendo una estética”.

Archivo Corrales y Molezún

Archivo Corrales y Molezún

La vida real no está del todo bien

En la película “A rainy day in New York”, uno de los personajes reprocha al otro que "la vida real está bien para la gente que no lo sabe hacer mejor". En la década de los cincuenta, en España, mirar abiertamente la vida real quizás no era todo lo alegre o esperanzador que se deseaba, el pasado de la guerra y las heridas que se mantenían abiertas en la posguerra y bajo el régimen, en ocasiones, apagaban la mirada. Pero en las disciplinas creativas, ese contexto permitía no apagar, sino girar la mirada hacia otro punto de vista, hacia una perspectiva aparentemente irreal y onírica. El futuro percibido como sueño se transforma a través de la arquitectura de los cincuenta y los sesenta en un espíritu estoico que busca vencer la desidia y la tristeza con la culminación del deseo en lugar de la confrontación de la realidad.

“Considero más valiente al que conquista sus deseos que al que conquista a sus enemigos, ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.” Aristóteles

Y es que, a veces, el camino de una idea fluye de una manera más rápida y productiva que el análisis crítico, especialmente cuando el conflicto es desbordante y estremecedor. Seguir adelante solo para salir delante de manera instintiva, y años después al mirar atrás será la crítica, con menos dolor, la que proporcionará las respuestas del progreso. José Antonio Corrales respondía, cuando le preguntaban sobre la trascendencia de su obra con Ramón Vázquez Molezún: “Nosotros tenemos un grupo de obras de los años 50-60 que son nuestra matriz, y todo lo demás ha nacido como consecuencia de eso”. La arquitectura de la ciudad ha nacido como consecuencia de todas aquellas obras que a mitad del siglo XX salieron, a pesar de todo, adelante.