Vista aérea de La Habana.

Vista aérea de La Habana. REUTERS/Norlys Perez

Cultura

"Brincar", "barullo" o "botar": el legado gallego que permanece en el habla cotidiana de Cuba

Siglos de emigración y una historia compartida provocaron que decenas de palabras gallegas sigan vivas en las conversaciones de los cubanos, quienes por lo general ignoran su origen

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Cuando un campesino cubano habla de una "comparanza", cuando alguien dice que hay "barullo" en una habitación o cuando un abuelo de La Habana le pide a un niño que "brinque", probablemente no está pensando en Galicia. Y, sin embargo, esas palabras forman parte de un legado lingüístico que viajó a través del Atlántico con cientos de miles de emigrantes gallegos y que, generación tras generación, terminó integrándose en la forma de hablar de la isla.

La relación entre Galicia y Cuba va mucho más allá de la historia económica o de la emigración. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX, más de medio millón de gallegos se instalaron en el país caribeño. Muchos de ellos procedían del campo y llevaron consigo no solo sus costumbres, sino también expresiones y palabras que terminaron mezclándose con el español cubano.

Curiosamente, en la mayoría de los casos ni los cubanos saben que muchas de estas palabras proceden del gallego ni los gallegos son conscientes de hasta qué punto su lengua ha dejado una huella en Cuba. Son pequeños fósiles lingüísticos que sobreviven en conversaciones cotidianas a miles de kilómetros de su lugar de origen.

De "botar" a "barullo"

Una de las coincidencias más llamativas es el verbo "botar". En Galicia es habitual decir "bota o lixo" para referirse a tirar la basura. En Cuba, "botar" tiene exactamente ese mismo significado, y también puede usarse "lo/la botaron" para expresar que echaron a alguien de un sitio o que una pareja sentimental rompió con esa persona.

Algo parecido ocurre con "brincar", que tanto en Galicia como en Cuba significa saltar. Mientras en buena parte del español peninsular la palabra se asocia más a dar pequeños saltitos, en Cuba sigue siendo el verbo habitual para hablar de saltar.

También "barullo" conserva prácticamente el mismo sentido a ambos lados del Atlántico. Tanto en gallego como en "cubano" hace referencia al ruido o al alboroto.

La palabra "gago", utilizada para designar a una persona tartamuda, se escucha en Galicia, Cuba e incluso en Canarias, otro territorio con fuertes vínculos históricos con la isla.

Objetos viejos, agujeros y entrometidos

El gallego también dejó palabras relacionadas con la vida cotidiana. "Buraco", que significa agujero, sigue utilizándose en muchas zonas rurales cubanas. "Tareco", por su parte, sirve para referirse a un trasto o a un objeto viejo y de poco valor, exactamente igual que en Galicia.

Más curiosa es la historia de "cazuelero" o "cazoleiro". En Galicia designaba a quien se acercaba a la cocina para curiosear o probar lo que se estaba preparando. En Cuba, el término evolucionó y acabó describiendo a una persona entrometida o excesivamente curiosa.

Algo parecido sucede con "achantarse". En Cuba significa acobardarse o acomodarse, mientras que en Galicia conserva la idea de resignarse, aguantar o incluso callarse ante algo.

"Magoarse", utilizado para expresar que alguien se lastime a sí mismo, también mantiene prácticamente el mismo sentido en ambos territorios.

Significado distorsionado

No todas las palabras conservaron su significado original. Un ejemplo casi legendario es "pinga". En gallego quiere decir simplemente "gota" y todavía hoy se utiliza en expresiones relacionadas con la lluvia o con líquidos que gotean. En Cuba, en cambio, la palabra acabó adquiriendo un significado completamente distinto y se convirtió en una de las expresiones más populares y polisémicas del país.

También "saya", procedente del gallego "saia", llegó a Cuba para designar una falda, mientras que "comparanza", hoy muy presente en el habla campesina cubana, recuerda al gallego "comparanza" frente al castellano "comparación".

Un puente invisible entre dos tierras

La influencia lingüística gallega en Cuba es menos visible que la huella arquitectónica de los centros gallegos o la presencia de apellidos procedentes de A Coruña, Lugo, Ourense o Pontevedra. Sin embargo, quizá sea más profunda.

Porque las palabras tienen una capacidad única para sobrevivir. Pasan de padres a hijos, se mezclan con otros acentos y terminan formando parte de una identidad nueva. Así, un guajiro cubano puede toparse con un "buraco" o quejarse del "barullo" sin sospechar que esas mismas palabras llevan siglos pronunciándose en aldeas gallegas.

Y un gallego puede escuchar a un cubano hablar y reconocer algo familiar, como si entre ambos lugares siguiera existiendo un puente invisible construido no con piedra ni con madera, sino con palabras.