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La fiebre por el roscón de Flory continúa en A Coruña después de Reyes

Los que se quedaron sin el producto estrella de la confitería, por las clásicas colas que registra el 5 de enero, aprovechan ahora para probarlo
Isabel y Maria Luz con el famoso roscón
Quincemil
Isabel y Maria Luz con el famoso roscón
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Da igual que haga frío o que llueva, los coruñeses no perdonan nunca su cita para comprar el roscón de Reyes y aunque hay división de opiniones, como ocurre entre los fans de El Timón y Bonilla, uno de los preferidos de la ciudad es el que elaboran en la confitería Flory.

La madrugada del 5 de enero es habitual ver una larga cola en la villa de Negreira con Francisco Añón, esquina en la que se encuentra el local que abrió en 1967 sus puertas. Desde entonces se han convertido en un referente en A Coruña sobre todo por sus roscones, pero los que viven por la zona también destacan sus milhojas y sus icónicos merenguitos.

Tras unos días de locura, María Luz, la cara más conocida de Flory, nos recibe en la confitería en donde el teléfono no para de sonar y no deja de llegar gente preguntando por el roscón. “Me quedé con las ganas de comerlo el 6 porque pasé por aquí los días anteriores y ya había cola. Así que vengo ahora”, dice una de las numerosas clientas que acuden estos días al local para probar al fin el producto estrella del día de Reyes.

La misma fórmula desde 1967

¿Cuántos roscones habéis vendido este año?

Es imposible saberlo, pero más o menos igual que el año pasado. Creo que un poco más.

¿Estos días se siguen vendiendo muchos?

Estamos todavía a tope. De momento se siguen vendiendo muy bien. Se venden todo el año, pero no en la misma cantidad claro.

¿Vienen siempre los mismos clientes?

Tenemos clientela fija que viene siempre y también en Reyes, otros que vienen para ese día cada año y gente que lo quiere probar por primera vez.

¿Cuántas horas trabajasteis la noche de Reyes?

Durante esos días nos adaptamos un poco a los clientes. Procuramos abrir lo más pronto posible y estar también a mediodía. A la hora de cerrar, esperamos porque si hay gente en la cola no queremos dejarlos en la calle sin el roscón después de haber estado esperando.

¿A qué se debe el éxito?

Creo que gusta porque somos confiteros artesanos y seguimos haciendo las cosas de la misma forma que en los inicios, hace 53 años.

¿Qué tiene de diferente vuestro roscón?

No tengo ni idea de cuál es nuestro factor diferenciador porque nunca he probado los de otros sitios. Los ingredientes son los típicos, luego es el propio estilo a la hora de elaborarlo de cada lugar. Es como la tortilla. Todos saben hacerla, pero no a todos les sale igual.

¿Cuánto tardais en hacerlos?

Llevan su tiempo porque se hace todo de forma artesanal. Las masas se elaboran de manera natural, entonces tienen que subir con el calor, después hacerlo, estufarlo al horno… es un proceso que no es corto. Depende un poco del tamaño del roscón, los hacemos pequeños, medianos y grandes. En una lata del horno cabe solo uno grande, pero a lo mejor en ese mismo espacio puedes meter tres pequeños. Entonces el tiempo depende de cómo los vayas haciendo.

¿Por cuánto se pueden adquirir?

Los pequeños pueden valer unos 13 o 14 euros, los medianos 19 o 20, y grandes andan por los 27. Nunca hay dos iguales por lo que el precio varía en función del peso.

Más allá de Reyes, ¿cuándo se venden más?

Por Navidad y por Pascua es cuando más gente tenemos, son sin duda las épocas más fuertes pero todo el año tenemos gente por suerte. Somos muy conocidos por los roscones, pero hacemos otras muchas cosas. Nos dedicamos a la pastelería fina, hacemos tartas y milhojas, seguimos haciendo todo de forma artesana, elaborando la crema a varilla que en pocos sitios se sigue haciendo así.

Los trabajadores ya estaréis cansados de comer el roscón, ¿no?

Me siguen gustando, yo no me canso. Todo lo que hacemos aquí lo comemos nosotros, siempre nos llevamos algo a casa.

¿Cuánto tiempo llevas en la confitería?

Yo llevo 20 y pico años ya creo, pierdo la cuenta (ríe). Somos cuatro en la confitería y gracias a dios trabajo tenemos de sobra.

¿Qué balance haces de esta Navidad?

Es una satisfacción ver que la gente sigue viniendo y que siguen pidiendo lo de siempre en un momento en el que todo es más industrial. Nosotros no podemos competir con esos precios porque la calidad tampoco es la misma. No es lo mismo usar margarina que mantequilla, por ejemplo.

¿Trucos para no hacer cola?

Hay gente que viene otro día porque el de Reyes y los anteriores hay mucha cola. Yo nunca lo he comido congelado, pero muchos clientes vienen antes, lo congelan y dicen que luego sabe exactamente igual.

"Esto es como la tortilla. Todos saben hacerla, pero no a todos les sale igual"

María Luz

¿En Reyes se pueden encargar?

Los días más gordos suelen ser el 4, el 5 y el 6, pero este año tuvimos colas desde el 2. Esos días no cogemos encargos porque viene mucha gente, entonces vamos atendiendo por orden de llegada.

¿Cuánto se suele esperar en la cola?

El tiempo de espera depende, puede ser de una hora o de cuatro en función de cuántos roscones se lleven los que tienes delante. Hay gente que se lleva 16 o 17, otros 14, aprovechan y cogen para amigos y familiares, entonces la duración de la cola varía.

El exterior del local en la calle Francisco Añón con Villa de Negreira

¿Desde cuándo está abierto el local?

La confitería la fundó Hortenio en 1967 y desde entonces todo se hace siguiendo la misma fórmula. Posteriormente se quedó con el local su familia y después nos quedamos nosotros, los empleados, que recogimos su testigo y continúanos haciendo las cosas de la misma forma.

Vuestro roscón y el de Glaccé son los más famosos, ¿alguna diferencia?

No lo he probado, pero creo que todos los roscones son buenos. Cada sitio tiene lo suyo y todos tenemos que trabajar.

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