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Iván Ferreiro: "Sigo obsesionado con la música, pero he aprendido a usarla como un juguete"

Tres décadas de carrera artística han convertido al Iván adolescente en "un señor de 50 años que se dedica a hacer canciones y trata de disfrutar de ello": su sueño de vivir de la música se hizo realidad y ahora su 'hobbie' es su vida
Iván Ferreiro durante un concierto en el Palau de la Música de Barcelona
Natascha V. Chekannikova
Iván Ferreiro durante un concierto en el Palau de la Música de Barcelona

Dieciséis años después, en la mente de los gallegos todavía resuena aquella playa vacía que lloraba y lloraba ante un Iván Ferreiro que gritaba por amor. Hoy, Turnedo sigue acumulando millones de reproducciones y sus Canciones para el tiempo y la distancia siguen siendo referencia para los artistas nacionales emergentes.

Pero aquel "chaval" que había tocado con los Piratas ahora es un músico maduro y con más de tres décadas de experiencia en como artista. "Empecé siendo un adolescente un poco dramático y ahora miro atrás y veo una gran evolución", dice Iván, "me acuerdo mucho de mí mismo y de aquel adolescente obsesionado con la música".

"Ya no soy ese adolescente hambriento de hacer música, ahora tengo mi propio ritmo y he aprendido a disfrutar"

Ahora reconoce que ha madurado pero sigue "obsesionado" con la música, "he cambiado en todo, he crecido, pero soy bastante parecido a cómo era entonces: ahora soy un señor de 50 años que se dedica a hacer canciones y trata de disfrutar de ello".

Ha compuesto y grabado de mil maneras, lo que le ha convertido en una persona que tiene su propio ritmo y que ha aprendido a divertirse haciendo música. "Cuando tenía 18 años y me dejaron mi primer cuatro pistas me pasé todo el día grabando, tenía tanto que aprender y tanto que hacer... solo con hacer una canción entera, aunque no fuese buena, me daba por satisfecho".

Después de decenas de colaboraciones, nueve discos y treinta años de carrera artística, Ferreiro sigue disfrutando pero ya no tiene ese hambre voraz de componer y grabar, "sigo obsesionándome con las cosas pero he aprendido a usar la música como un juguete, no trabajo todos los días y no todo lo que hago tiene que ser para los demás".

Val Miñor-Madrid

Lo más complicado de dedicarse a la música, cuenta Iván Ferreiro, es que de repente tienes un horario diferente al resto del mundo. "También es difícil habituarse a levantarse y ponerse a hacer música, es rarísimo que te dejen trabajar de lo que soñabas de adolescente: hay que acostumbrarse a tener un trabajo que mola y que solo depende de tu responsabilidad y de tus ritmos".

Uno de sus mayores aprendizajes fue el saber desconectar entre hobbie y trabajo, tuvo que saber relajarse y "ver una película a las 11 de la mañana". Esa fue también una de las razones que le llevó a volver a casa, al Val Miñor (Gondomar), "siempre he tenido mi casa en el valle porque las horas pasan de otra forma, el horario y la agenda no están tan marcados como en la ciudad: si de repente hace sol puedo salir a plantar unos pimientos o a dar una vuelta".

Esto se compensa, además, con el tiempo que pasa en grandes ciudades debido a las giras, aunque vivió durante un tiempo en Madrid ya lleva doce años instalado de forma "permanente" en Galicia. "Cuando estoy mucho tiempo solo en una ciudad me agobio mucho, pero cuando estoy mucho tiempo en el valle también me agobio: necesito esa compensación".

Desde hace algún tiempo ha decidido trasladar sus grabaciones a su casa en el Val Miñor, porque dice que las horas se aprovechan mucho más que en los estudios de grandes ciudades. "No pierdes el tiempo saliendo a comer, a tomar algo, a descansar... aquí lo tenemos todo, así que me traigo a la banda y en dos semanas grabamos lo que habíamos planificado acabar en tres".

Cuentos y canciones: historias de fracasos

Su último espectáculo, Cuentos y canciones, surge a raíz de algunos bolos que hizo el pasado verano junto a su hermano Amaro Ferreiro, con quien lleva toda una vida haciendo música. Era un show con piano en el que la gente debía estar sentada y con mascarilla debido a las restricciones por la pandemia, "y sentíamos que estábamos frustrando al público en vez de alegrarles, porque no se podían levantar de la silla por mucho que se emocionaran con las canciones".

Así surgió este nuevo formato, en el que cuentan la historia de su vida artística "a su manera", en un bolo que se disfruta sentado y que permite emocionarse sin sentir la necesidad de levantarse. Lo tratan, explica, como si fuese teatro, "aunque no queríamos estar atados a un guion fijo, sino que yo estoy con el piano y Amaro con su guitarra y vamos contando nuestra historia a través de nuestros fracasos. Nos reímos mucho de nosotros mismos".

Al parecer, este formato ha gustado mucho al público: "pensábamos hacer diez o quince bolos en teatros y nos están contratando para grandes espacios". Enfrentándose a estos espacios abiertos también se han sentido a gusto, "estamos muy contentos y muy sorprendidos, ya hemos hecho veinte y tenemos programados veintisiete".

Más allá de lo artístico, confiesa Iván, Cuentos y canciones surge como una manera de movilizar a su equipo. "Queríamos hacer algo por nuestra gente, aunque no viene todo el equipo a cada espectáculo sí traemos a mucha gente y en estos momentos es importante moverse".

Galicia está también entre los escenarios de Cuentos y canciones este verano, tanto desde la espectacular Plaza de la Quintana (Santiago) como parte de la programación del Xacobeo 21-22, como en EspazoFest en el Pazo de Cea (Nigrán) e incluso en el TerraCeo, en el Auditorio Mar de Vigo, en septiembre.

Mientras siguen girando, Iván también graba un nuevo disco que confía en poder sacar el próximo año. Por el momento solo tiene grabadas siete canciones y todavía le faltan otras siete de las que no ha querido desvelar nada, solamente que han sido compuestas y grabadas en su "casa del valle".

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