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Prepárate para brindar: la copa perfecta para cada vino (y ocasión)

¿Sabías que la forma de una copa puede cambiar el sabor de un vino? Te explicamos todos los secretos sobre las formas de las copas para que tu cristalería se adapte a cualquier situación.
Copas de vino. Fuente: marquesdemurrieta.com
Copas de vino. Fuente: marquesdemurrieta.com
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Todos tenemos en casa ese par de copas de cristal refinado que solo utilizamos para ocasiones especiales y que el resto del año están acumulando una fina capa de polvo. Pues bien, si conociésemos las grandes virtudes que puede aportar una buena copa, quizás nos acostumbraríamos más a sacar más provecho a nuestra cristalería.

Aunque cualquier utensilio que utilicemos en la cocina debe ser de primera calidad para que no deteriore las características de lo que vamos a beber o comer, debemos tener especial astucia a la hora de beber vino. Dependiendo de la copa que utilicemos, los sabores y sensaciones en boca pueden variar de manera sorprendente.

Como viene siendo habitual en estos terrenos, contamos de la mano experta de Alberto Varela, la mente detrás de la web WineWards (especializada en vinos gallegos) y sumiller de La Tienda de Lino en A Coruña. Y Alberto no duda de tirar de referentes a la hora de hablar de la importancia del vidrio en el que bebemos.

A pesar de especializarse en copas de vino, la cristalera Riedel también elabora vasos específicos para otras bedidas alcohólicas, siempre buscando potenciar sus sabores y aromas. Fuente: Riedel

Uno de estos referentes es Riedel, nombre que recibe una gran familia austríaca que se ha especializado desde 1678 en la elaboración de vidrio de, como no, Bohemia. No seria hasta la novena generación, en 1973, cuando Claus J. Riedel dejaría de lado la elaboración de vidrios decorativos y se centraría en la creación de copas específicas para el consumo de vino. Nacen aquí, por primera vez, las copas de cristal adaptadas a cada tipo de vino.

Tras años de investigación, donde sumilleres y enólogos han aportado su granito de arena, se han ido determinando cuáles son los objetivos a la hora de transportar un vino de la botella a la copa. Deben respetarse tres factores imprescindibles: el aroma, el cuerpo y el sabor del vino. Una buena copa, emparentada con un vino acorde a su forma, potenciará la intensidad y la calidad de su aroma, resaltará su textura y ayudará a aumentar la percepción de los matices que proporcionan el sabor: la fruta, los minerales, la acidez…

Traduciendo todas estas investigaciones para los simples mortales, Alberto nos explica que el aroma del vino “pesa”, por lo que, dependiendo de la forma de la copa, se sitúan más arriba o más debajo de una copa. Esto genera un triángulo central para los aromas terciarios, una parte baja para los secundarios y una parte alta para los primarios. ¿Qué quiere decir esto? Que aquellos vinos como los blancos, que potencian los aromas primarios, deberán servirse en una copa que potencie esa característica. Mientras que los secundarios corresponden a tintos jóvenes, los terciarios son de aquellos vinos viejos, de larga maduración, con un poso más marcado. Aquí nos lo explica el propio Alberto en un vídeo subido en la cuenta de Instagram de La Tienda de Lino.

Cada vino tiene su copa

Por lo tanto, una copa con una boca muy grande nos obligará a echar más la lengua para atrás, consiguiendo que el vino viejo expanda su aroma y así potenciamos su sabor y textura. Si bebemos un vino blanco en una copa con una abertura más recta, conseguiremos atenuar la acidez y disfrutar más de su sabor. Por supuesto, una vez realizada la clasificación, todo depende del vino que queramos degustar.

A la hora de hablar de los tipos de copas, podemos diferenciar entre la copa borgoña, de forma abombada y con gran fondo, para potenciar aquellos vinos con gran envejecimiento (cuya mezcla de fragancias complejas se denomina bouquet). Un vino perfecto para una copa borgoña podría ser un Rioja o un Ribera del Duero, con un potente ‘peso’ y untuosidad.

La copa borgoña se caracteriza por su cuerpo mas achatado y redondeado, ideal para degustar al máximo los aromas y el sabor de vinos envejecidos. Fuente: Shop Decor

La copa burdeos, de forma un poco más estilizada y alargada, es la perfecta para los vinos más afrutados, independientemente de que sean tintos o blancos. La gran mayoría de vinos españoles jóvenes se pueden degustar con éxito en este tipo de copas.

Una copa que muchos tienen en su casa es la de champán, cuyo cuerpo ayuda a potenciar los sabores de los vinos más dulces y de los espumosos, permitiendo la visualización de las burbujas y su movimiento.

La copa sauternes, en cambio, es específica de vinos blancos o dulces, donde su cuerpo alargado recuerda a una transición entre la Burdeos y una copa de champán. Es una copa especialmente dedicada al vino francés, pero cualquiera que tenga un buen dulzor funcionará correctamente en su forma alargada.

Una copa sauternes

Sin embargo, esta clasificación es tan solo el principio. Hay muchos tipos de vinos que cuentan con una cristalería propia, como el Chardonnay, el Oporto o los vinos de Jerez, entre otros. Cada uno cuenta con una pieza de cristal capaz de potenciar en todos los sentidos el vino para el cual fueron creadas. Y todavía son más si tenemos en cuenta las nuevas creaciones de grandes cristaleras cuyos diseños ya son premiados en prestigiosos concursos, museos y universidades.

Uno de los diseños más llamativos de los últimos tiempos es la copa ‘Gravitas Omega’ de la cristalera Zalto, que carece de base para favorecer el giro del vino y así evocar su mejor sabor. Fuente: Zaltify

Esta capacidad transformadora del vidrio nos sirve para fijar la atención en aquellos detalles que marcan la diferencia. De poco nos sirve disfrutar de un buen Albariño si la copa que utilizamos no explota del todo sus capacidades. Y tú, ¿tienes la copa ideal para tu vino favorito?

Cada vino tiene su copa
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