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Ferrol Mola, el grafiti que conquista el mundo: de Nueva York a Vietnam

El Makako, nombre con el que se conoce al muñeno amarillo, ha llegado a ciudades como Ámsterdam, Nueva York o Tokio
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Ferrol Mola. Lo dice ese "muñeco" amarillo que se ha convertido en uno de mayores embajadores de la ciudad. El Makako, como se le conoce, empezó sus andaduras en las paredes ferrolanas para luego viajar a los principales enclaves del planeta. Al estilo Banksy, con el anonimato por bandera, su creador ha llevado la obra más allá de las fronteras gallegas. Nueva York, Ámsterdam o Ciudad de México saben ya que Ferrol Mola. Incluso ha saltado de los muros a las camisetas, pegatinas o totebags que lo han llevado a lugares como Laponia, Vietnam o la Universidad de Harvard.

"Ferrol Mola naceu como un berro de optimismo cara á nosa cidade. É unha carta ao futuro, un truco de maxia que agardo que funcione", cuenta su autor. Pero, ¿quién se esconde tras la máscara del Makako? No se sabe. "Nin falta que fai", como diría cualquier abuela. El autor se considera algo secundario dentro de Ferrol Mola. Con una propuesta similar a la de Banksy, deja que la obra cobre vida hable por él.

Lo que sí deja claro el misterioso grafitero ferrolano es por qué empezó a dibujar al Makako: "Cando era neno tiña un profesor que nos dicía que nunca comentásemos que eramos de Ferrol, que nos traería problemas porque á xente non lle gustaba a nosa cidade. Iso foi algo que se me quedou gravado e co que nunca estiven de acordo".

El Makako apareció para repetir el mantra Ferrol Mola tantas veces como hiciese falta y en todos los rincones que estuvieran al alcance del spray. Puertas tapiadas, muros, callejones... El muñeco puede aparecer tras cualquier esquina. Parece cobrar vida para pasear por la ciudad y dejar su impronta. Se le ha visto bajando escaleras, viendo las procesiones o saludando con la expresión ferrolana "opa ahí".

Sus paisanos parecieron captar el mensaje y hubo quien se lo llegó a tatuar. Incluso algunos históricos detractores de la ciudad (en la ficción) como David Perdomo, más conocido como el Koruño, tienen ya su foto con el Makako. Su misión sobrepasó los límites municipales y ahora es el embajador más emblemático de la ciudad.

Ferrol mola en todo el planeta

El Makako, no conforme con animar a los ferrolanos residentes, salió a ver mundo y visitar a los emigrados. Y ya de paso dejar un mensaje que ya ha llegado a todos los continentes. "No sé qué es lo que pasa, pero no puedo parar de pintarlo en cada sitio al que voy, es como si estuviese poseído. Si llego a algun sitio nuevo hasta que no pongo Ferrol Mola no se me pasa la fiebre", explica el autor en su web.

Ferrol no es muy grande y en tiempos pre-covid se podía cruzar su frontera fácilmente. Así que el muñeco amarillo ha tenido tiempo de viajar de la mano de su autor. No es raro verlo en Santiago, donde ha llegado a ocupar la bancada de un parque. O en Vigo, donde ha actuado como escenario en algún concierto. Los municipios gallegos parecen ser uno de sus destinos predilectos. Pontedeume, Muxía o Pontevedra son algunos de los lugares donde ya se sabe que Ferrol Mola.

Pero Galicia también se le ha quedado pequeña. El Makako es visible en ciudades más distantes como Salamanca, Cádiz o Barcelona. Varios barrios madrileños como Lavapiés o Moratalaz cuentan también con sus graffitis particulares. Las fronteras físicas tampoco han supuesto ningún problema para el embajador ferrolano, que ha ha volado a las Islas Baleares y a las Canarias. Sin ir más lejos, Lanzarote cuenta con varios graffitis de Ferrol Mola. Incluso uno donde el muñeco hace skate.

El lema que se conoce también fuera de España. Portugal cuenta con varios dibujos del Makako en ciudades como Aveiro, Braga, Esposende o Coimbra. Y en Oporto habita paredes tan priviligiadas como las de la calle Miguel Bombarda, famosa por sus galerías de arte.

Europa se ha convertido poco a poco en el lienzo del autor del muñeno amarillo. Su mensaje se puede leer en ciudades como Ámsterdam o Bologna. Pero también al otro lado del charco. El Makako ocupa un enclave tan internacional como el Barrio Chino de Ciudad de México.

Lo positivo de haber nacido en una ciudad con una sangría demográfica como la de Ferrol es que el muñeco cuenta con cónsules por todo el mundo. A donde no llega el artista, llega su obra en forma de pegatina. Francia, Alemania, Holanda, Italia, Grecia, Rusia, Inglaterra, Islandia... La lista de países europeos visitados por el Makako es interminable. El ser amarillo tiene tendencia a no pasar desapercibido y procura "aparecer" en lugares importantes. Ha visitado la Notre Dame y la Acrópolis griega. Y además se encarga de compartir sus viajes en sus redes sociales.

Las pegatinas están presentes ya en todos los continentes (sin contar la Antártida). El Makako se ha paseado en camello por Marruecos. Ha volado desde el aeropuerto de Panamá. Se ha dado una vuelta por Times Square, ha rendido homenaje a Martin Luther King en su tumba y ha llegado a estudiar en Harvard. Ha visitado Australia. Ha subido en el metro de Tokio. Se mueve en moto por Camboya e incluso ha montado en tanque en Vietnam. Todo un lujo promocionado por los ferrolanos "en el exilio".

El salto de la pared al merchandising

Las aventuras del muñeco amarillo no se han quedado ahí. Hace unos años saltó de las paredes y los muros para llegar a todo tipo de productos de merchandising. Camisetas, sudaderas, tazas, totebags, ropa de bebé... Y ahora mascarillas. Ferrolanos y turistas cuentan ya con su homenaje particular a la ciudad y las lucen con orgullo allá a donde vayan. La ventaja es que cuenta con tienda online.

El merchandising ha sido otro de los pasaportes que han llevado el mensaje Ferrol Mola más allá de cualquier frontera. En estas fechas cabe recordar que el Makako llegó a visitar a Papá Noel en su casa de Laponia en forma de camiseta. El destino ha querido que reencuentren este año en el mercado navideño de Ferrol.

El Makako nació para quedarse y recordar a sus paisanos que Ferrol Mola. Pero también para traspasar fronteras y fardar de ciudad en todo el mundo. Lo hemos visto en todos los tamaños y superficies. Desde una señal junto a la Estatua de la Libertad hasta en botellas de alumnio. ¿Quién sabe? Quizá su próximo truco de magia sea dar el salto a la tercera dimensión.

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