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El salvador de animales coruñés: ha alegrado 200 vidas en 4 años con sus sillas de ruedas

El coruñés Jaime Álvarez desde la asociación Ángeles caídos sobre ruedas atiende las peticiones que le llegan de toda España para ayudar a animales con problemas y no se pone límites y ha hecho sillas para 180 perros, una vaca, una cerda, tres ovejas, dos cabritillos, un carnero adulto, siete conejos o un gato
Jaime Álvarez con un perro al que ha ayudado.
Jaime Álvarez con un perro al que ha ayudado.
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Decenas de animales, principalmente perros, con problemas de movilidad de diferentes grados han visto mejoradas sus vidas gracias a su ángel de la guarda: el coruñés Jaime Álvarez. Este soldador experto en carpintería mecánica es desde hace más de cuatro años es el responsable de la asociación Ángeles caídos sobre ruedas y actualmente se dedica en exclusiva a la elaboración de sillas de ruedas para colaborar con todos aquellos dueños de mascotas que requieren su ayuda.

En este tiempo ha realizado más de 200 sillas con un ajustado presupuesto de 400 euros al mes (donado por los integrantes de la asociación) y su objetivo principal era ayudar a los animales en situaciones complicadas a hacerse con este tipo de instrumentos debido a que las empresas especializadas en este campo "cobran precios desorbitados" (pone el ejemplo de una silla para un pastón alemán que ronda los 450 euros). "El primer caso que tuve fue el de una perra en 2015 a la que le hice una silla inicialmente como vía de escape para tener la mente ocupada en una situación personal complicada. Cuando vi que el animal corría de nuevo y me miró me prometí desde ese momento que ayudaría a tantos animales como pudiera", afirma. En este caso, se trataba de una perra atropellada que fue rescatada de una protectora y a la que la silla le dio más posibilidades de poder ser acogida con una familia, y así fue.

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Algunos de sus trabajos los ha hecho altruistamente y ahora, debido a los complicados tiempos de pandemia que estamos viviendo, ha comenzado a cobrar una modesta cantidad por su labor para poder ganarse el pan. Álvarez comenta que una silla de ruedas hecha por él le lleva unas 10 horas de trabajo aproximadamente y el precio máximo que pide es de 300 euros, al margen de que las piezas que utiliza son básicas para que en el caso de que tener que sustituirlas los dueños de los animales puedan adquirirlas en Decathlon, tiendas de bicicletas o ferreterías.

De momento no se ha puesto límites en cuanto al tipo de seres vivos a los que ayudar y concreta que en estos años ha llegado a fabricar sillas para más de 180 perros (desde Beagles hasta Gran Danés adulto o San Bernardo), una vaca, una cerda, tres ovejas, dos cabritillos, un carnero adulto, siete conejos y un gato. "He tenido que mimar mucho a quien ayudar y a quien no porque hay perros grandes y pequeños y no es lo mismo un Bulldog o que un Gran Danés o un San Bernardo que son más grandes y más complicados de bajar en brazos a la calle. En este tiempo me ha costado que aumente la colaboración y debido a ello hay mucha gente que se ha quedado fuera, me piden ayuda 50 personas de media al mes", detalla, a lo que añade que todo esto ha sido posible gracias a 400 personas que han aportado un euro a la asociación y su gran habilidad le permite crear seis sillas al mes aproximadamente.

"La silla no es un artículo de lujo, es un bien necesario"

Álvarez lamenta que "mucha gente se queda sin atender pro falta de tiempo" y reconoce que las 10 primeras sillas que hizo las costeó él al 100%. A día de hoy tiene el taller donde fabrica las sillas en su propia casa y se ha hecho con una máquina de coser para facilitarle la labor para los encargos que le llegan desde todas partes de España. "Estoy acostumbrado a fabricar lo que me pidan y en esta caso hay que hacer una estructura que soporte el peso del animal, ajustar el grosor de los tubos y de las correas y el diámetro de las ruedas no tiene más ciencia", apunta.

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"Los animales me encantan y cada segundo que dedico a trabajar en las sillas es agradecido. Cuando empecé con esto no sabía donde me metía pero para mí supone un empujón diario que me anima a seguir y quienes se muestran más agradecidos son los animales", admite, al mismo tiempo que argumenta que "la silla no es un artículo de lujo sino un buen necesario que necesitas de un día para otro sin escogerlo". El coruñés se muestra muchas veces sorprendido por los beneficios que tienen sus sillas para los animales, algo que tiene la suerte de ver gracias a las imágenes y vídeos que pide a los dueños a cambio de ayudarles, un material que posteriormente utiliza en las redes sociales de la asociación para concienciar sobre la importancia de las mejoras que pueden suponer las silla y evitar que "muchos veterinarios opten inmediatamente por la inyección cuando surgen problemas".

"En algunos casos desgarradores que he visto hemos conseguido que el animal vuelva a andar para sorpresa de los veterinarios, que ya los daban por desahuciados", expone. Uno de los casos que más le ha marcado es el de un Gran Danés que residía en Algeciras (Cádiz) con su dueña, con la particularidad de que el perro se quedó tetrapléjico y no movía ninguna de las articulaciones. "Se pasaba los días tumbado en un colchón en casa y cuando su dueña quería sacarlo a la calle se reunía con su grupo de amigas para que le ayudasen a moverlo y así conseguir que estuviese en el césped e hiciese sus necesidades", cuenta.

"Le fabriqué la silla y probé que aguantase el peso del perro con mi propio peso y de esa manera empezaron a bajar al animal en una posición correcta aunque con las patas arrastrando inicialmente. Poco a poco el perro fue recordando las órdenes que el cerebro tiene que enviar para mover la musculatura y a las pocas semanas recibí un vídeo en el que se veía que el perro iba empujándose con una pata de atrás", explica. Semanas después recibió nuevas imágenes del perro, que gracias a su silla y a la rehabilitación, movía perfectamente las patas traseras y "movía el rabo de contento como un loco".

Lo mejor de este caso, según un emocionado Álvarez, fue el final feliz del animal, que de acuerdo con lo que le contó su dueña, el último año de vida fue capaz de desplazarse perfectamente con la silla enviada desde A Coruña controlando sus extremidades delanteras y traseras. "Cuando doy las sillas miro para el cuidador o el dueño porque pasa de estar con una expresión triste a tener los ojos abiertos y luminosos y una sonrisa de oreja a oreja que me anima a seguir ayudando", dice. De cara a los próximos meses y con las circunstancias actuales más los limitados ingresos de la asociación el coruñés lo tiene claro, a partir de ahora atenderá exclusivamente a perros que no tienen hogar. "Necesitan sillas más que cualquier otro y tienen más prioridad", concluye.

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