Uno de los adolescentes con una APP de apuestas abierta.
Los jóvenes gallegos normalizan las apuestas pese a los riesgos: "Creo que tengo el control"
Aseguran controlar sus hábitos de juego pese a apostar cada semana, gastar dinero de forma recurrente y vincular esta práctica al ocio deportivo, mientras expertos advierten de que la accesibilidad digital y los estímulos emocionales aumentan el riesgo de adicción y pérdida de control a edades tempranas
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El juego forma ya parte del día a día de muchos adolescentes y jóvenes gallegos. No es algo puntual ni excepcional, sino una práctica integrada en su ocio habitual, especialmente ligada al deporte.
Apuestas deportivas, ruleta o blackjack aparecen en sus rutinas semanales con una naturalidad que contrasta con los riesgos que advierten los especialistas.
Entre los jóvenes consultados por Quincemil, que oscilan entre los 18 y los 21 años y tienen todos una rutina diaria deportiva y una ocupación principal, bien sea laboral o académica, la frecuencia de juego varía, pero en muchos casos es elevada.
Iker Díaz lo resume sin rodeos: "6 o 7 veces a la semana". Su inicio no fue casual, sino marcado por un evento concreto: "Empecé a finales de 2022, en el Mundial". Desde entonces, el juego se ha convertido en una constante en su semana, con apuestas deportivas como principal modalidad.
"Me lo paso bien, pero si perdiera más de lo que ganara no lo haría"
Su percepción es positiva: "He ganado más que perdido". Este balance refuerza su continuidad, pero también deja ver uno de los motores principales: "Me lo paso bien, pero si perdiera más de lo que ganara no lo haría". Además, reconoce que el dinero tiene peso en su decisión de jugar: "El querer pagarme cosas".
En un punto intermedio se sitúa Brais Calo, que juega "una o dos veces depende la semana". Su relación con el juego es más moderada, tanto en frecuencia como en gasto. "Máximo 5 o 10 euros cada vez", explica. Sin embargo, su balance no es positivo: "Al final pierdo algo más de lo que gano, pero no hay mucha diferencia".
"Al final pierdo algo más de lo que gano, pero no hay mucha diferencia"
El componente emocional es clave en su caso: "Ver con más emoción algunos partidos", confiesa como motor. Una motivación que se repite entre los jóvenes, donde el juego se convierte en un complemento al ocio deportivo más que en un fin en sí mismo.
Gonzalo Haro también encaja en este perfil más ocasional, aunque con un patrón claro. "Una vez, los sábados normalmente", señala. Su gasto es contenido, entre 5 y 10 euros, pero su visión es más crítica: "Normalmente se pierde más de lo que se gana". Aun así, identifica el principal atractivo: "La posibilidad de ver dinero fácil con el deporte que me gusta".
"Juego desde los 18 años, por aburrimiento más que nada"
En otros casos, el juego no está tan vinculado al deporte como al tiempo libre. Alejandro Durán combina apuestas con casino online. "Juego blackjack y apuestas deportivas", explica. Su frecuencia depende del calendario: "Una o dos veces, dependiendo si juega mi equipo en competición europea".
Su gasto es más elevado que la media: "De 10 hasta 50 euros". Y, a diferencia de otros, reconoce pérdidas: "Creo que pierdo". El motivo que le lleva a jugar es directo: "Aburrimiento más que nada".
"El balance es positivo, mi objetivo es ganar pasta"
Diego Cayazzo mantiene una frecuencia similar: "1 o 2 a la semana", aunque con parones. Alterna entre apuestas deportivas y ruleta. "Le meto a la ruleta o apuestas deportivas", comenta. Sus cantidades son moderadas: "5, 10, 15 euros, no más". A diferencia de otros, cree salir ganando: "En balance creo estar en positivo". Y su objetivo es claro: "Ganar pasta".
El perfil más esporádico es el de Javier Fernández, que limita su actividad a "1 o 2 veces al mes". Su relación con el juego ha ido a menos: "Antes ruleta como mucho y ahora lo único es a veces apuestas deportivas, pero casi nunca". Aun así, maneja cifras similares: "El límite suelen ser máximo 50 euros". Su balance es optimista: "Gané mucho más de lo que perdí".
"Gané mucho más de lo que perdí"
Pese a las diferencias en frecuencia, gasto o resultados, hay un elemento común en todos los testimonios: la sensación de control. Ninguno de los jóvenes considera que el juego sea un problema en su caso. "Diría que sí", responde Iker. "Yo creo que tengo control sobre ello", afirma Brais. Gonzalo es tajante: "Sí".
Otros muestran alguna duda, pero mantienen la misma idea. "Supongo que sí", señala Alejandro. Diego lo tiene claro: "Claro que tengo control". Javier coincide: "Tengo control, si no perdería mucho más".
"Lo hago por la posibilidad de ver dinero fácil con el deporte que me gusta"
En cuanto a la forma de apostar, predomina el aprendizaje propio. "Autodidacta siempre", dice Alejandro. Gonzalo también: "Siempre autodidacta". Sin embargo, algunos combinan estrategias. "Ambas cosas", reconoce Iker, que admite apoyarse también en tipsters.
Los expertos mandan una alerta
Este protagonismo de los jóvenes contrasta con la visión de los expertos. Anabel Mosquera, pedagoga y formadora de adultos, advierte en conversación con Quincemil que "se ha creado una tormenta perfecta donde el juego se adapta a los jóvenes a través de la tecnología".
La especialista profundiza en cómo se ha llegado a esta situación. "Las empresas detectaron que su clientela envejecía y que necesitaban atraer a nuevas generaciones, por eso trasladaron el juego al entorno digital y lo hicieron accesible desde cualquier móvil", explica.
"Cuando aparece la intención de recuperar pérdidas o repetir una ganancia, ya entramos en un nivel de riesgo"
Según Mosquera, uno de los grandes cambios es que el juego ya no requiere desplazamiento ni planificación. "Antes había que ir a un local, ahora el juego va en el bolsillo todo el día, incluso de noche, debajo de la almohada", señala.
La clave está en los mecanismos psicológicos. "Han aplicado conocimientos de neurociencia para activar los circuitos de la dopamina, generando conductas repetitivas y compulsivas", afirma. "No es casualidad, está diseñado para que quieras volver a jugar".
También destaca la conexión con los videojuegos. "Los jóvenes llevan años acostumbrándose a pagar por recompensas, cofres o ventajas. El salto a las apuestas es mucho más corto de lo que parece", advierte.
En este contexto, desmonta uno de los principales mitos: "Se les hace creer que es fácil ganar dinero y que pueden controlar el juego, cuando en realidad el sistema está pensado para que la banca siempre gane".
Sobre los tipsters y referentes digitales, es contundente: "Muchos de esos perfiles que presumen de riqueza no viven de apostar, forman parte de campañas que buscan atraer a nuevos jugadores".
"En realidad el sistema está pensado para que la banca siempre gane"
Mosquera también explica cómo evoluciona el problema. "Al principio puede ser un juego puntual, pero cuando aparece la intención de recuperar pérdidas o repetir una ganancia, ya entramos en un nivel de riesgo", indica.
Describe tres fases claras: "Un nivel verde, donde el uso es ocasional; un nivel amarillo, donde ya hay premeditación y aumento de la frecuencia; y un nivel rojo, donde se pierde el control y el juego afecta a la vida diaria".
Ticket de cobro de victorias en la ruleta.
En este último caso, las consecuencias son graves. "Se empieza a mentir sobre el dinero o el tiempo invertido, se generan deudas y se ven afectados el sueño, los estudios y las relaciones personales", señala.
Para frenar esta tendencia, la experta insiste en la prevención. "Hay que retrasar el acceso a dispositivos personales y educar en pensamiento crítico desde edades tempranas", afirma.
"Hay jóvenes que llegan a la universidad y se juegan becas de miles de euros porque no han desarrollado ese control previo"
Además, subraya la importancia de explicar cómo funciona la industria. "Si un joven entiende que cuando le dan dinero gratis es para engancharle, tendrá más herramientas para resistir", indica.
Mosquera también pone el foco en la gestión emocional. "El problema no es solo lo que hacen, sino lo que sienten. Si hay euforia al ganar o frustración al perder, aumenta el riesgo de repetir la conducta", explica.
Por último, lanza una advertencia clara: "Hay jóvenes que llegan a la universidad y se juegan becas de miles de euros porque no han desarrollado ese control previo".
La ley trata de protegerlos
La Ley 2/2023, de 4 de julio, reguladora del juego, incluye medidas para proteger a menores y fomentar la prevención de conductas problemáticas relacionadas con el juego, especialmente en el entorno digital y en eventos publicitarios de apuestas.
Esta normativa obliga a las operadoras y establecimientos a reforzar controles de edad, restringir el acceso de menores y colaborar con programas educativos para reducir riesgos asociados al juego de azar y las apuestas.
Los datos más recientes disponibles muestran que el juego de apuestas sigue muy presente entre los jóvenes gallegos. Según encuestas del Plan Nacional sobre Drogas de 2025, alrededor del 24 % de los estudiantes gallegos de entre 14 y 18 años apostó dinero en juegos de azar, tanto presencial como online durante el último año, una cifra que preocupa por su proximidad a la edad mínima legal para apostar.
Además, la práctica de apuestas entre menores presenta una brecha marcada por género, siendo más frecuente entre chicos (cerca del 24,5 % en apuestas presenciales y casi el 19,4 % en juegos online) que entre chicas, donde las cifras son mucho más bajas.
Aunque la prevalencia del juego presencial en la población adulta gallega ha disminuido en los últimos años del 52,9 % en 2022 al 37 % en 2024, el acceso de menores a actividades de juego con dinero sigue siendo significativo a pesar de la legislación vigente.
Estos datos reflejan una realidad en la que la normalización del juego entre los jóvenes coincide con un ascenso de la accesibilidad digital, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas y educativas que acompañen la protección y la concienciación sobre los riesgos de las apuestas desde edades tempranas.