Tres generaciones de mujeres
Tres generaciones de mujeres gallegas frente al 8M: de “trabajar sin tener tu propio dinero” a “tener que demostrar siempre más”
Ana, Alba y Sofía, de 25, 35 y 85 años, relatan cómo han vivido la desigualdad, los miedos y los avances en derechos desde la posguerra hasta la generación que crece entre redes sociales
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Del “trabajar sin tener tu propio dinero” al miedo actual a caminar sola de noche o a la presión de la imagen en redes: tres mujeres gallegas de tres generaciones distintas ponen voz a lo que significa ser mujer hoy. Sus testimonios, marcados por el mansplaining, la violencia de género o la falta de autonomía económica, dibujan un mismo hilo común en pleno 8M: todavía queda mucho camino para alcanzar una igualdad real.
Ana Iglesias, de 25 años: "Me he sentido observada e intimidada"
Ana Iglesias, viguesa de 25 años
Ante todo, el 8M representa un día de "reivindicación de los derechos de las mujeres". Así lo considera Ana Iglesias (Vigo, 25 años), que admite que de adolescente estaba "más involucrada" en las manifestaciones. "Ahora me involucro de otras maneras, intento llevarlo en el día a día a través de lecturas y, por supuesto, actitudes feministas", aclara.
Libros y podcast la conectan con el feminismo durante todo el año, no sólo el 8M, y es consciente de la desigualdad que aún sufre como mujer en la actualidad. "Me he sentido observada e intimidada, tanto por la noche como por el día", se sincera esta joven viguesa, que, además, afirma que ha padecido episodios de mansplaining.
"En el segundo congreso que hice como doctoranda, un investigador quiso demostrar que él estaba allí y que lo que yo estaba haciendo no estaba muy bien. No era una crítica constructiva", recuerda Ana, que también señala las actitudes de algunos hombres hacia las mujeres en los gimnasios.
Ahora bien, sí constata la mejora de "oportunidades de educación y laborales", aunque "sabemos que aún existe la brecha salarial y ese techo de cristal". "He podido llegar casi a terminar los estudios más altos a los que se puede llegar y creo que es algo ha mejorado desde la generación de mis abuelas", explica.
"Aún así, creo que todavía hay un montón de aspectos que se pueden mejorar para verdaderamente alcanzar la libertad e igualdad de género", apunta la joven, que confiesa que el "miedo de ir sola por la noche" y "pensar que te están persiguiendo" no ha cambiado desde que era pequeña hasta la actualidad.
Con todo, si tuviera delante a la Ana de 10 años, le diría que "no hace falta compararse, ni intentar encajar donde no encajas". "Eres perfectamente válida tanto mental como físicamente", añade la joven viguesa, que enseñaría a su yo más joven a "mirarse con buenos ojos", a creer en sí misma y a que "nadie le ponga límites".
Alba Prego, de 35 años: "Parece que siempre tenemos que demostrar más al mundo"
Alba Prego
Para Alba Prego (Sada, 35 años) el 8M representa mucho más que una simple fecha en el calendario. "Es un recordatorio de la fuerza, la valentía y la grandeza que hay en cada mujer", dice a Quincemil. Ella misma se considera una luchadora: "Nos levantamos cuando todo pesa, seguimos adelante cuando todo parece difícil y tenemos mucho coraje y determinación".
Si hay algo que destaca la joven natural del municipio coruñés es la capacidad de crear vida. "Nuestro cuerpo es inexplicable, es capaz de dar forma a una personita", afirma. Hace apenas nueve meses fue madre de una niña, una experiencia que, reconoce, le ha cambiado la vida: "Empiezas a replantearte cosas, como el miedo a lo que le pueda llegar a pasar a ella. Sobre todo en la sociedad actual, donde cada vez hay más violencia vicaria y violencia de género".
En el caso de Alba nunca ha vivido ninguna injusticia como mujer, pero considera que sigue siendo una realidad que viven muchas. "Tenemos una presión constante sobre nuestro cuerpo e imagen. Parece que siempre tenemos que demostrar más al mundo", reflexiona.
"¿Crees que tu generación lo tiene mejor o peor que la de tu abuela?", le pregunto. "Hoy hay más conciencia social sobre la violencia de género, existen más leyes, recursos de protección para las mujeres y tecnología que ayuda a la seguridad. Antes la mujer estaba infravalorada", responde. "También ahora hay cosas malas, como las redes sociales y la exposición pública, que genera más presión, críticas y acoso", añade.
El rol tradicional de la mujer y del hombre ha evolucionado. "Antes era raro que un marido ayudase o se implicase en el cuidado del hijo", recuerda. Además, no se veía con los mismos ojos que el nacimiento de una niña que el de un niño. "Ahora los padres nos implicamos por igual en la crianza", apunta Alba.
A pesar de los avances de los últimos años, la joven coincide en que todavía queda mucho por hacer. "A veces siento miedo de estar sola en ciertos espacios", dice. "Por ejemplo, al caminar sola por una calle de noche. Es imposible no ir pendiente de si te sigue alguien", matiza.
Por último, a la Alba de diez años, le diría lo mismo que a cualquier niña de esa edad: "Que sea valiente y que si alguna vez necesita ayuda, que no tenga miedo de gritar o de alzar la voz porque no está sola. Hay muchas mujeres a su alrededor dispuestas a apoyarla y ayudarla en todo lo que necesite". Un mensaje que, sin duda, resume el espíritu del 8M.
Sofía, de 85 años: "Antes traballabas pero non tiñas os teus cartos"
Sofía, de 85 años: "Antes traballabas pero non tiñas os teus cartos"
Para Sofía (Trazo, 85 años) el 8M es "o noso día, o día das mulleres", aunque también confiesa a Quincemil que en el calendario es "un día coma outro". En su caso, confiesa que nunca tivo ningún miedo, pero para ella una de las mayores injusticias que vivió está en algo que ahora nos parece básico, como sacarse el carnet de conducir: "Daquela todos os homes o sacaban, pero por ser muller non o saquei", relata.
Referido a esto, Sofía le diría a su "yo" más joven que sacara ese carnet de conducir que nunca pudo sacarse o que saliese "más de excursión coas amigas".
A diferencia de una generación posterior de mujeres, Sofía explica que las de su generación "estaban máis cos fillos, non pasaban tanto tempo fóra", una generación "que traballaba moito". Antes, "traballabas pero non tiñas os teus cartos", a diferencia de las mujeres de ahora que "teñen os seus cartos e van onde queren". Cuando ella era joven, como muchas otras, "tiñas que depender de quen te levase" a los sitios a los que querías ir.
Finalmente, Sofía les recomienda a las mujeres más jóvenes "que estudien ben para encontrar un traballo que lle guste", que "faga o que queira coa súa vida" y también algo que no pudo disfrutar tanto como quiso con sus amigas, "que viaxe moito".