Trabajadores y viandantes en la plaza de Lugo, una hora después del apagón, en A Coruña

Trabajadores y viandantes en la plaza de Lugo, una hora después del apagón, en A Coruña

Galicia

¿Cómo reaccionaron los gallegos ante el apagón general? "Nos falta una cultura de emergencias"

Raquel Martínez Buján, socióloga y exdecana de la Universidade da Coruña, analiza el impacto social del gran apagón del 28 de abril en Galicia

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El 28 de abril de 2025 pasará a ser recordado en la historia por ser el día del gran apagón. Un lunes en el que toda España se vio paralizada tras quedarse sin suministro eléctrico durante más de 12 horas, en el caso de Galicia. Como en cualquier otra catástrofe, se mostró una versión oculta de la sociedad, que hasta entonces parecía haber desaparecido. La situación obligó a los gallegos a prescindir de sus teléfonos móviles y reveló una sorprendente capacidad de organización, solidaridad y calma.

Así lo describe Raquel Martínez Buján, que fue decana de la facultad de Sociología de la Universidade da Coruña (UDC) y que vivió en primera persona el suceso. En Quincemil y Treintayseis hemos querido preguntarle a la experta sobre el comportamiento de los ciudadanos ante una situación como esta y la comparación con otro gran acontecimiento como el de la pandemia. 

¿Cómo describirías el comportamiento de los gallegos durante el apagón?

Me da la impresión de que, cuando hay un desastre natural o una catástrofe que la población no entiende del todo, aflora nuestro sentido más colectivo, tanto en el comportamiento como en lo cívico. Y se ha visto, por ejemplo, en las carreteras: no había semáforos, y aun así se ha podido llegar con tranquilidad a las viviendas o a los lugares de trabajo, sobre todo aquellos que eran trabajadores esenciales. Yo he visto un comportamiento colectivo, solidario y de apoyo. Y eso siempre es un punto positivo que deja huella y que marca la civilización.

Además, como era un apagón que no permitía el uso de tecnología —una forma de vida a la que ya habíamos dejado de estar acostumbrados—, quienes tuvimos la suerte de vivir sin ella en algún momento, como es mi caso, notamos que requería todavía más solidaridad y comunicación entre la población. Y en ese sentido, creo que ha habido un comportamiento muy positivo.

 "No nos damos cuenta de cómo las tecnologías también nos atan a espacios de los que no somos capaces de salir"

Raquel Martínez Buján, socióloga

¿Hubo diferencia en el modo de actuar de las personas respecto a las primeras horas de pandemia?

La pandemia nos mantenía aislados, pero comunicados a través de los medios digitales. En este caso fue justo al revés: podíamos estar juntos, pero no teníamos medios digitales para informarnos. Y ahí hubo un estallido fuerte, un volver a sentir que formamos parte de una sociedad, de un colectivo, y que podíamos organizarnos como tal para sobrellevar las 12 o 13 horas sin electricidad.

Se notó mucho entre los jóvenes, los adolescentes y los más pequeños, que nunca habían vivido una etapa sin comunicación digital. Y de repente era: "vamos a buscar a nuestros amigos al parque, a ver en qué parque están” o “vamos a la playa, a ver si se acercaron hasta allí". Fue una vuelta a una etapa que ellos no han vivido, pero que formaba parte de nuestra forma de vida desde siempre… o al menos desde que comenzamos a organizarnos socialmente. Forma parte de nuestra impronta como seres humanos vivir en sociedad, y las tecnologías a veces nos separan físicamente, en ese sentido.

Excepto en casos puntuales, como en hospitales, en general la gente mantuvo la calma en todo momento. Y como bien dices, muchos se lanzaron a las calles.

Sí. Se pasó del apagón al botellón en un periodo de tiempo muy breve, ¿no te parece? Fue una jornada muy festiva, además con este buen tiempo que hemos tenido, que no siempre se da en algunas ciudades de Galicia. Yo vi grupos de jóvenes, mayores, familias, todo el mundo en la calle. Porque estar en casa sin electricidad es muy agobiante. No puedes hacer gran cosa. Es como que te empuja a salir, te conecta con la vida en el exterior.

Fue como una jornada festiva, dejando aparte las situaciones más complicadas, claro: ascensores, carreteras… Y también en algunas zonas rurales de Galicia, donde este tipo de cortes son más habituales. Allí, por lo menos, están más preparados: velas, cocinas a gas, churrascos… esas cosas que también nos definen como cultura.

En general, creo que la población lo vivió de forma… no sé si decir divertida, pero con un ánimo de "vamos a pasar este momento como podamos". Hubo gente leyendo, cogiendo libros, escuchando la radio… Me pareció nostálgico.

La dependencia a los móviles desapareció. No se veía especial preocupación por que volviera la luz.

Es posible. A veces no es tanto la electricidad en sí —que es un avance histórico y fundamental—, sino esa cadena digital en la que estamos metidos. Nos obliga a estar permanentemente presentes en lo laboral, en lo social… Y de repente, todo eso se apagó, y solo quedábamos nosotros como seres humanos. Y al final, lo que nos gusta es estar en un entorno agradable y sobrevivir a la situación. No nos damos cuenta de cómo las tecnologías también nos atan a espacios de los que no somos capaces de salir.

¿Cómo crees que este tipo de eventos nos puede cambiar como personas? ¿Para bien o para mal?

Eso siempre es difícil de predecir. Pero yo creo que, por ejemplo, la radio a pilas hay que tenerla. Yo estas Navidades pedí una radio tradicional y se reían de mí… pero ahora resultó muy útil. No todo lo tecnológico que viene tan bonito y bien diseñado es lo más práctico. Hay cosas indispensables que deberíamos tener en casa: radio, linterna, velas… una cocinilla a gas también, quizá.

Y en cuanto al comportamiento, pues lo mismo que se decía con la pandemia: estos estallidos de colectividad son momentos muy puntuales, porque luego volvemos a nuestra rutina. Pero yo creo que siempre quedan vínculos nuevos. En la pandemia nos permitió ver a nuestros vecinos, y en esta ocasión, al poder comunicarnos más físicamente, subiendo y bajando escaleras, se generaron nuevas conexiones.

Aunque se mantuvo la calma en general, sí volvimos a ver escenas de gente yendo en masa a los supermercados a por papel higiénico. ¿Cómo lo ves?

Pues mira, eso me pareció un poco más perjudicial, la verdad. Porque era demencial estar en un supermercado con generador, abarrotado. Creo que nos falta una cultura de emergencias, y eso es algo que deberíamos enseñar desde pequeños. No puedes agotar todos los recursos, porque esto no es para toda la vida, es solo por un día. No puedes esquilmar lo que necesita el otro. Comprar tonterías que no hacen falta en ese momento no tiene sentido.

Nos falta una cultura de emergencias clara, de saber cómo actuar ante situaciones como esta. Y también educación eléctrica. Es muy difícil entender qué ha pasado si no eres un experto. No entendemos de dónde viene nuestra energía, cómo se gestiona, qué implicaciones tiene sobre el medio ambiente… Y deberíamos. Entender el mercado eléctrico, las subastas, las fuentes de energía… Faltan herramientas de divulgación.