Paso de peatones elevado a la altura de Expocoruña.
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Los badenes de A Coruña, en el punto de mira: "Nuestra oficina es móvil y necesitamos poder maniobrar"
Conductores de autobús, taxistas y ambulancias alertan de los efectos de algunos reductores sobre vehículos, pasajeros y tiempos de circulación
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Los badenes forman parte del paisaje habitual de A Coruña. Están en calles residenciales, junto a pasos de peatones y en vías de entrada y salida de distintos barrios con el objetivo de obligar a los conductores a levantar el pie del acelerador. Pero su presencia y, sobre todo, sus características han abierto un debate entre quienes pasan por ellos una vez al día y quienes tienen que atravesarlos decenas de veces durante su jornada laboral.
El sector del transporte pone el foco en una cuestión concreta: no todos los reductores son iguales y algunos generan problemas para autobuses, taxis y ambulancias. Desde el transporte urbano denuncian golpes y vibraciones repetidas, dificultades para aproximarse a determinadas paradas, caídas de pasajeros y pérdida de tiempo en recorridos que ya soportan una circulación complicada.
Óscar Vieites, representante de CSIF en Tranvías, conoce el problema desde el volante. Es conductor de autobús y explica que un mismo trabajador puede pasar por los mismos puntos una y otra vez durante sus ocho horas de jornada. "Tú pasas ocho horas por ida y vuelta, ida y vuelta, ida y vuelta. Puedes hacer unos diez u once viajes. Multiplícalo a lo largo de la mañana o de la tarde-noche. ¿Cuántas veces has sufrido por ahí? Muchas", señala.
"Pones un badén, pones un paso de peatones, pones la parada justo ahí y el bus roza por todos los lados"
Oscar Vieites, conductor de bus urbano
Para Vieites, el problema empieza por la falta de homogeneidad. A su juicio, los badenes de la ciudad presentan características muy diferentes entre sí, hasta el punto de que los conductores se encuentran con alturas, pendientes y diseños distintos dependiendo de la calle.
El representante sindical sostiene que A Coruña no cuenta con una ordenanza municipal específica que regule de forma exclusiva estos elementos y recuerda que existe una instrucción técnica estatal que establece criterios para su construcción. La Orden FOM/3053/2008 recoge, entre otras cuestiones, las características de los pasos peatonales sobreelevados y de los reductores tipo "lomo de asno". En el caso de los primeros, establece una altura de 10 centímetros, una zona elevada de cuatro metros y unas dimensiones determinadas para las rampas en función de la velocidad de la vía.
Badén de plástico cerca de la rotonda de Bomberos en Agrela, en A Coruña.
Fuentes municipales precisan a Quincemil que esa normativa estatal no es de obligado cumplimiento en las vías urbanas, aunque señalan que es la referencia técnica que utiliza el Ayuntamiento para este tipo de actuaciones.
El problema de los autobuses
Los efectos más evidentes aparecen cuando un paso de peatones elevado coincide con el recorrido de un autobús y, especialmente, cuando está situado junto a una parada. En esas circunstancias, Vieites explica que el conductor tiene que realizar maniobras adicionales con la suspensión del vehículo para poder acercarse a la acera y facilitar el acceso de los pasajeros.
"Pones un badén, pones un paso de peatones, pones la parada justo ahí y el bus roza por todos los lados", explica. En los autobuses articulados, de hasta 18 metros, el problema puede ser todavía mayor porque mientras una parte del vehículo permanece sobre la zona elevada, otra queda sobre la calzada.
El conductor tiene entonces que elevar o bajar manualmente la suspensión para salvar el desnivel, una maniobra que, según Vieites, puede provocar roces en elementos situados en la parte inferior del vehículo. "Rozas todo por abajo: articulaciones, muelles, suspensiones, bombonas, todo", relata.
"Nosotros, cuando se empezaron a poner estos badenes, dijimos: Va a caer gente. Y efectivamente, mucha gente se ha caído porque ha perdido el equilibrio"
Oscar Vieites, conductor de bus urbano
La situación afecta también directamente a los pasajeros. Cuando llega a una parada una persona mayor, alguien con un andador, un carrito de bebé o una silla de ruedas, el conductor tiene que intentar colocar el autobús de la forma más accesible posible. Pero el propio diseño del paso elevado puede complicar esa operación.
"Es una incomodidad, es una pérdida de tiempo para el usuario que quiera acceder", explica Vieites. El problema, añade, es que la maniobra que permite acercar el vehículo a la acera puede obligar después a volver a modificar la suspensión para continuar la marcha.
Paso de peatones elevado a la altura de la Avenida da Sardiñeira, al lado de la nueva estación de bus de la Intermodal de A Coruña.
Caídas dentro del bus
El sindicato pone también el foco en un efecto menos visible: las caídas dentro de los autobuses. El movimiento que produce un paso elevado puede sorprender a un pasajero que se ha levantado porque está llegando a su parada.
"Nosotros, cuando se empezaron a poner estos badenes, dijimos: Va a caer gente. Y efectivamente, mucha gente se ha caído porque ha perdido el equilibrio", afirma.
No hace falta que el autobús circule rápido. El conductor explica que incluso atravesando el reductor lentamente, una persona que no esté bien agarrada puede perder el equilibrio. El riesgo aumenta entre los pasajeros de mayor edad, que pueden levantarse antes de tiempo y calcular mal la distancia hasta la acera.
"Ya no es la primera vez que la gente piensa que está más cerca la acera y está más alta, dobla la rodilla y se cae", señala. La preocupación de los conductores, insiste, no pasa por eliminar estos elementos. "No quitarlos, pero sí hacerles una reforma y adecuarlos a la normativa", resume.
Un desgaste que también llega al vehículo
Los reductores tienen además un impacto sobre los propios autobuses. Vieites asegura que algunas averías o daños que se atribuyen a otras circunstancias tienen en realidad su origen en los golpes que sufren los vehículos al atravesar determinados puntos. "Muchas veces ves un bus que pierde aceite. No es que pierda aceite: ese bus dio en algún badén y rompió alguna parte del cárter", explica.
El representante de CSIF también pone sobre la mesa otro problema relacionado con las paradas: los bordillos con aristas que pueden dañar los neumáticos cuando el conductor tiene que aproximar mucho el autobús a la acera. Según explica, algunos vehículos han sufrido cortes en las ruedas al realizar estas maniobras.La combinación de bordillo, paso elevado y necesidad de aproximación máxima a la parada convierte determinados puntos en especialmente delicados para los conductores.
Los taxistas coinciden: "Ralentiza mucho el tráfico"
Los taxistas comparten parte de ese diagnóstico. Ricardo, de Teletaxi A Coruña, señala que los badenes afectan a los vehículos "en lo que se refiere a amortiguadores y suspensión", pero también tienen consecuencias sobre la circulación. "En cada badén hay que reducir la velocidad por debajo de la mitad permitida en la vía y ralentiza mucho el tráfico, ya de por sí saturado", explica.
Desde AGA-Taxi, su vicepresidente, Sambad, es todavía más crítico y califica los reductores de "una barbaridad" por la forma en la que están diseñados e implantados.
"En cada badén hay que reducir la velocidad por debajo de la mitad permitida en la vía y ralentiza mucho el tráfico, ya de por sí saturado"
Ricardo Villamisar, TeleTaxi Coruña
La cuestión adquiere especial relevancia en una ciudad donde los profesionales del transporte pasan muchas horas al volante y realizan continuamente los mismos recorridos. Un obstáculo que para un conductor particular supone unos segundos de frenada se multiplica cuando un taxi o un autobús lo atraviesa durante toda una jornada.
Las ambulancias ponen el foco en los pacientes
En las ambulancias la preocupación cambia de perspectiva. No se trata únicamente de los daños en el vehículo o de la pérdida de velocidad, sino de lo que ocurre dentro de la propia ambulancia cuando transporta a un paciente.
Caluxa Barrientos, representante de AVAN, resume la situación con especial crudeza cuando se refiere al transporte sanitario: “Cuando llevas a un enfermo con un traumatismo o algo más grave, sufre las consecuencias". Insiste en que son un elemento que condiciona su trabajo, y sobre todo, la comodidad de unos pacientes que, cuando requieren de sus servicios, no están en el mejor momento de salud con todo lo que ello conlleva en cuanto a la necesidad de inmediatez de respuesta y estado físico.
Badén en la estrada Os Fortes, en A Coruña. Hay varios de diferentes configuraciones a lo largo de esta carretera.
El problema, apunta, es todavía mayor cuando las ambulancias trasladan a pacientes oncológicos en fases avanzadas de sus tratamientos. "La problemática también se da sobre todo cuando llevamos a personas oncológicas en estado de quimio avanzado", explica, antes de volver a poner el foco en los movimientos que provocan estos elementos.
Para los profesionales sanitarios, por tanto, el debate sobre los reductores no se limita a si un coche tiene que frenar más o menos. El tipo de paciente que viaja en un vehículo de emergencia convierte cada movimiento brusco en una cuestión especialmente sensible.
"Nuestra oficina es móvil"
Vieites resume las dificultades de los conductores de autobús con una frase: "Nuestra oficina es móvil". A diferencia de un trabajador que desarrolla su actividad en un espacio fijo, el conductor tiene que desplazar diariamente un vehículo de grandes dimensiones por una ciudad en la que se encuentra con badenes, pasos de peatones, bolardos, coches en doble fila, bicicletas, patinetes y otros obstáculos.
"La problemática también se da sobre todo cuando llevamos a personas oncológicas en estado de quimio avanzado"
Caluxa, asociación AVAN
"Necesitamos sitios para poder maniobrar con seguridad, sin que haya problemas, sin que haya ningún riesgo para nadie", explica. Esa falta de espacio, según denuncia, también termina afectando a las frecuencias del transporte público. Cada maniobra adicional, cada frenada y cada obstáculo consume unos segundos que se van acumulando a lo largo de un recorrido. Es completamente imposible algunas veces poder cumplir los horarios", afirma.
Paso de peatones elevado en Alcalde Suárez Ferrín, en Os Rosales, A Coruña.
Un problema que se multiplica durante todo el recorrido
El representante de CSIF considera que los badenes deben analizarse dentro de un problema más amplio de circulación en A Coruña. Los autobuses, explica, han perdido margen de maniobra y cada vez tienen más dificultades para mantener las frecuencias previstas. "Cada vez tenemos menos recorrido, menos maniobra", señala.
Para un conductor de autobús, además, cada parada presenta una situación diferente. Puede haber una persona mayor esperando, una silla de ruedas, un carrito de bebé, un vehículo estacionado en doble fila o un paso de peatones elevado justo en el punto en el que debería detenerse.
"Cada vez tenemos menos recorrido, menos maniobra"
Oscar Vieites, conductor de bus urbano
"Hay días malos y días buenos, pero como todos en cada uno de su trabajo", apunta. La diferencia es que el lugar de trabajo del conductor está continuamente desplazándose y cualquier elemento de la calzada puede convertirse en un nuevo obstáculo.
Paso de peatones elevado en Emilio González López, en Os Rosales, A Coruña.
El debate no es eliminar los badenes
Desde CSIF defienden que el objetivo debe ser revisar los puntos más conflictivos y comprobar si están correctamente diseñados, no eliminar todos los reductores de velocidad. Vieites asegura que su intención es coordinarse con otros colectivos profesionales, como taxistas y responsables del transporte sanitario, para trasladar la problemática al área municipal responsable de las infraestructuras y buscar soluciones.
La cuestión, en definitiva, no es enfrentar seguridad vial y transporte público. Los badenes tienen una función: reducir la velocidad y proteger a los peatones. Pero quienes los atraviesan cientos de veces cada semana reclaman que esa función se consiga sin generar otros problemas.
Badén en la calle Manuel Azaña, en Os Rosales, A Coruña.
Porque para un turismo puede ser simplemente un golpe más o menos incómodo. Para un autobús puede significar una maniobra con la suspensión, desgaste mecánico, pérdida de tiempo y riesgo de caída para un pasajero. Para un taxi, más desgaste y circulación más lenta. Y para una ambulancia, un movimiento que llega directamente al paciente.
El debate que plantean los profesionales es, por tanto, mucho más concreto que "badenes sí o badenes no": qué altura tienen, cómo están construidos, dónde se colocan y qué ocurre cuando esos mismos elementos tienen que ser atravesados decenas de veces al día por los vehículos que mantienen en funcionamiento la ciudad.