Varias personas esperan el autobús durante un día caluroso en A Coruña.

Varias personas esperan el autobús durante un día caluroso en A Coruña. Quincemil

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A Coruña se enfrenta al reto del calor: más aire acondicionado, pocas zonas verdes y falta de adaptación

Comercios y taxistas constatan cambios en los hábitos de los ciudadanos durante los episodios de altas temperaturas mientras crece el debate sobre la necesidad de más refugios climáticos

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Los episodios de calor son cada vez más frecuentes, intensos y prolongados en A Coruña. Aunque la ciudad mantiene unas temperaturas más suaves que las del interior peninsular, los vecinos y profesionales que pasan la jornada en la calle aseguran que el calor ya está modificando rutinas, hábitos de consumo e incluso obligando a realizar inversiones para climatizar negocios.

A ello se suma una cuestión urbanística: A Coruña dispone de grandes espacios verdes como el parque de Bens o el Monte de San Pedro, pero buena parte de ellos se sitúan en la periferia o en zonas alejadas de donde transcurre el día a día de la mayoría de la población.

En los barrios más densos y consolidados (como Cuatro Caminos, Os Mallos, Agra do Orzán y Monte Alto) predomina el asfalto, con una presencia limitada de arbolado y de espacios que puedan actuar como refugios climáticos durante los episodios de calor extremo.

La consecuencia es que muchos ciudadanos terminan buscando alivio en centros comerciales, cafeterías o establecimientos privados, especialmente durante las horas centrales del día, una realidad que también perciben quienes trabajan de cara al público.

Cambio de los hábitos de consumo

En Sucre Coffee & Bakery, Mari explica que el comportamiento de la clientela depende de la intensidad del episodio de calor. "Es muy relativo, porque en los días de calor a veces entra mucha gente o a veces prefieren estar en las terrazas", señala.

Cuando las temperaturas son especialmente elevadas, asegura que los clientes optan por llevarse los pedidos y demandan sobre todo "productos fríos, como café con hielo, smoothies, frappé, zumo o Coca Cola con hielo".

La adaptación también ha supuesto inversiones para el negocio. "Este año tuvimos que poner un aire acondicionado por el calor. Imagino que influirá bastante en la factura de electricidad, porque está todo el rato encendido", explica. Aun así, considera que A Coruña sigue teniendo ventaja respecto a otras ciudades: "Comparada con Barcelona y Madrid tiene un clima súper llevadero, aunque este año sí que he notado que ha hecho bastante calor".

En Magia Joya la situación es distinta. Mirley asegura que en el establecimiento "no hace calor" porque el edificio "más bien es frío", algo que atribuye a su construcción. Sin embargo, observa cómo los clientes llegan "sofocados, con abanicos, quejándose del calor de fuera".

También percibe un descenso de la actividad cuando suben las temperaturas, ya que "cuando hace mucho calor hay menos movimiento en la tienda", algo que atribuye a que muchas personas prefieren refugiarse "en algún bar o bañarse en la playa".

En Jamonerías Bellota el efecto del calor se deja notar de otra forma. Meke asegura que en los días de altas temperaturas tienen "muchísima menos gente dentro del local". Los clientes, explica, entran, comprueban el ambiente y "si hay sitio en la terraza, lo pillan, y si no se marchan".

El negocio ya dispone de aire acondicionado y estudia ampliar la climatización. Además, sostiene que el cambio climático ya se percibe en la ciudad. "Antes se caracterizaba por tener un clima oceánico y suave, pero últimamente ha cambiado bastante y es evidente que hace más calor".

Viajes "insoportables" en autobús

La sensación de incomodidad durante los episodios de altas temperaturas también se traslada al transporte público. Ester, usuaria habitual de los autobuses urbanos, asegura que "la mayoría de buses no tiene aire acondicionado y se te hace eterno el viaje". Aunque recuerda que siempre fueron "agobiantes en los días cálidos", cree que la situación se ha agravado en los últimos años: "Lo de los últimos años ya no tiene nombre, es insoportable".

A su juicio, mejorar la climatización de la flota debería ser una prioridad. "Al Concello parece que lo único que le interesa es facturar, pero poner aire acondicionado en todos los buses no es prioritario. Mientras tanto, los ciudadanos que tenemos que coger el bus estamos obligados a hacerlo en estas condiciones o a no usar el transporte público y depender del coche".

Quienes pasan toda la jornada dentro de un vehículo también notan la diferencia. José, taxista, afirma que "este verano sobre todo se ha notado el calor" y que se ve obligado a utilizar con frecuencia el aire acondicionado cuando está parado y a circular con las ventanillas abiertas cada vez que puede.

Sin embargo, explica que no siempre es posible. "El problema es que hay clientes mayores que te piden que cierres la ventanilla y que no pongas el aire acondicionado, así que te cueces ahí dentro".

El uso continuo del sistema de climatización también tiene consecuencias económicas. "Se nota que cuando tengo puesto el aire acondicionado el coche consume más combustible, pero es eso o meterte una jornada completa incómodo y pasándolo mal", señala.

El calor afecta de una manera importante a los taxistas

Ricardo Villamisar, presidente de la agrupación coruñesa de Tele-Taxi.

José también pone el foco en la falta de espacios públicos preparados para refugiarse del calor. "Las pocas zonas verdes que tiene la ciudad no están bien gestionadas, porque muchas no cuentan con baños públicos ni nada, así que te tienes que meter en una cafetería y pedirte algo de beber, y a los precios que están no es de recibo".

Pese al aumento de las temperaturas, cree que la movilidad apenas ha cambiado porque "la economía no les da" a muchos ciudadanos "para coger taxis constantemente".

El presidente de la agrupación coruñesa de Tele-Taxi, Ricardo Villamisar, coincide en que el calor ya condiciona el trabajo diario del sector, aunque apunta que sus efectos sobre la demanda son distintos según el tipo de desplazamiento. "Hay dos vertientes: por un lado, cuando las personas van a refrescarse a las playas del área metropolitana generalmente usan sus vehículos privados, pero aquellos que se quedan en la ciudad interaccionan más en el exterior, salen a cenar y a disfrutar del buen tiempo, y lógicamente después para volver a sus casas utilizan el taxi".

Villamisar subraya además que las altas temperaturas repercuten directamente en las condiciones de trabajo de los conductores. "El calor afecta de una manera importante a los taxistas. Tenemos que pensar que estamos en un habitáculo cerrado y que todas las paradas están al descubierto. Con que esté pegando el sol un rato, el coche coge una temperatura muy alta y hay que poner constantemente el climatizador para paliar ese exceso de calor".

Una ciudad diseñada para otro clima

La adaptación al calor se ha convertido en una prioridad para numerosas ciudades españolas. Barcelona, por ejemplo, dispone ya de una red de más de 500 refugios climáticos entre bibliotecas, centros cívicos, equipamientos públicos y espacios verdes, con el objetivo de que prácticamente toda la población tenga uno a menos de diez minutos caminando.

En Galicia, la propia Xunta mantiene un programa de ayudas para que los concellos creen soluciones basadas en la naturaleza y desarrollen refugios climáticos frente al aumento de las temperaturas.

Sin embargo, aunque A Coruña ha adoptado algunas medidas en esta línea, aún le queda mucho camino por recorrer. Para la ciudadanía, mientras tanto, el calor ya no parece ser una cuestión puntual, sino un elemento más con el que convivir y al que la ciudad tendrá que adaptarse progresivamente.