Fachada de la Domus cubierta por una red.

Fachada de la Domus cubierta por una red. CGM

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A Coruña

La fachada de la Domus de A Coruña tendrá que desmontarse por completo para su rehabilitación

El edificio continúa a la espera de encontrar la mejor solución para hacer frente al deterioro de su estructura

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La red que cubre la Domus de A Coruña, uno de los edificios más emblemáticos del skyline coruñés, va camino de cumplir cuatro años. Era octubre de 2022 cuando esta malla se colocó para garantizar la seguridad ante posibles desprendimientos de las piezas de pizarra que componen la fachada. Una vez se acometa la actuación, la reparación pasará por desmontar la fachada al completo para colocarla de nuevo una vez rehabilitada.

Hacia finales del 2024 el arquitecto César Portela, uno de los artífices del edificio en los años 90 junto al reconocido japonés y ganador del premio Pritzker Arata Isozaki, dio el visto bueno a un informe que analizaba las problemáticas de la icónica fachada, centradas en su estructura deteriorada y la propia imagen a preservar del museo.

El propio arquitecto explica que cualquier intervención que se haga aquí debe respetar "la imagen del conjunto de la Domus, sin desvirtuarla". Así, cualquier refuerzo en los enganches o el cambio de cualquier pieza deberá realizarse con los mismo materiales para conservar su estética.

"Por ejemplo, no se puede cambiar la curva de la fachada o ponerla de cristal", ejemplifica Portela.

Desde entonces, el proyecto para su rehabilitación continúa en marcha según indican desde el Concello, aunque sin mayores avances y con las soluciones más adecuadas todavía por determinar.

Un gran reto para la Domus

Precisamente, uno de los principales problemas que afronta esta fachada es el material del que está hecha. Mientras que la parte de atrás, que da a la ciudad, es de granito, la frontal que da hacia la bahía del Orzán, es de pizarra.

La estructura que sostiene esta pizarra se encuentra oxidada por el paso del tiempo, las inclemencias meteorológicas y la incidencia del salitre. Por eso, indica Portela, es necesario reforzarla aunque la decisión última de cómo hacerlo depende del Concello como propietario del inmueble.

Fuentes municipales indican por su parte que uno de los siguientes pasos será establecer qué tipo de piedra utilizar para restablecer las placas de los enganches que faltan.

La complejidad de esta rehabilitación está primero en lograr colocar unos nuevos anclajes de un acero que sea realmente inoxidable en la ubicación en la que se encuentra el edificio. Debido a su cercanía al mar y la incidencia de la lluvia, pocos materiales resisten en una ciudad como A Coruña, con un ambiente muy corrosivo.

El reto también está en trabajar en una superficie de doble curvatura, lo que complica la colocación de estas sujeciones.

Además, el foco de la intervención se centrará también en poder mantener las más de 6.500 piezas de pizarra verde gallega.

Ruth Varela, presidenta de la delegación coruñesa del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG), explica que "a pizarra deslamínase. Tal e como está colocada, funciona esforzándose no sentido no que se deslamina de forma natural. Isto introduce unha dificultade tremenda para controlar esa deslaminación. Para controlala mellor, tes que cubrir o canto da pizarra, pero iso se vería e a aquí optaron por unha solución que non se vise".

Una posible solución podría pasar por un perfil en forma de L que recogiese los cantos, "pero con el se vería algo do perfil. Como o impacto visual ten que ser mínimo, non sei se dalgunha maneira se podería executar".

Debido a la escasez de este material, resulta complicado encontrar piezas del mismo color que no desvirtúen su cromatismo. Otro posible problema con esta pizarra, indica la arquitecta Nuria Prieto, está en que "las pizarras planas se colocan normalmente en milímetros, pero esta tiene un espesor más grande y está tratada como si fuese medio fachada y medio cubierta".

Por eso, para prevenir antes que curar en el largo plazo, Prieto explica que "cuando ves que empiezan a fallar una o dos piedras, es probable que haya más igual. Tienen que desmontar las piedras, cambiar todos los ganchos, y volver a colocarlas. La mayor parte son recuperables si no se rompen al desmontarlas, cosa que no debería pasar. Como es un caso tan particular no existe otra posibilidad. Es mejor eso que ir parcheando".

Varela razona además que "toda a fachada ten un dano por deterioro importante e se se volve a facer da mesma maneira, haberá o mesmo problema", por lo que encontrar una solución a futuro supone un reto mayor. A ello se suma la dificultad de encontrar una empresa que garantice que la solución, testada previamente, sea viable con el mantenimiento a largo plazo. La posible falta de fondos y los propios trámites administrativos podrían alargar todavía más el proyecto de rehabilitación.

Prieto calcula que los trabajos, una vez comiencen, podrán durar como mínimo medio año ya que a la sustitución de piezas habrá que añadirle una inspección y otras reparaciones y trabajos de impermeabilización. Los costes partirían de unos 600.000 euros, aunque con la oscilación de precios podría elevarse hasta el millón de euros.

En todo caso, las cerca de tres décadas que esta fachada lleva en pie ya es un periodo superior al que se podría prever. "Normalmente las cubiertas están garantizadas a 10 años. Que haya aguantado más era previsible porque es un edificio singular y bien construido, pero ha aguantado bastante", explica.

Un edificio "singular" fruto de una colaboración japonesa-gallega

La importancia de la Domus se refleja también en su relevancia para la ciudad. "Cumpre unha función simbólica", indica Ruth Varela, poniendo en valor como "dignifica" la fachada marítima de este entorno del paseo.

Nuria Prieto destaca además que es una obra de un arquitecto con un premio Pritzker, los más prestigiosos del sector a nivel internacional, algo que para A Coruña "tiene mucho mérito. Casi todas las ciudades quieren tener algún edificio de un premio Pritzker en su catálogo".

Fachada de la Domus de A Coruña.

Fachada de la Domus de A Coruña. CGM

La arquitecta destaca también que Isozaki "supo entender muy bien el lugar y el territorio. Los arquitectos japoneses, además de tener una sensibilidad diferente a la nuestra, tienen un profundo conocimiento en arquitectura de carácter naval. Saben muy bien lo que es vivir cerca del mar y este edificio está concebido como una vela por un lado y como un biombo japonés por otro".

Sobre la fachada de la vela, la de las pizarras, Prieto añade además que "es muy aerodinámica teniendo en cuenta los vientos en esa zona. Estructuralmente funciona muy bien por esa doble curvatura. Para un edificio de esas dimensiones, que además está encima de una antigua cantera, así se optimiza la estructura".

En todo ello tuvo un papel fundamental César Portela.

Más de 30 años después, el gallego todavía recuerda que "Isozaki dijo que aceptaría el encargo si trabajaba con un arquitecto de aquí. Me conocía y me lo propuso, así que lo hicimos conjuntamente. Era un gran profesional".

Ambos coincidían en sus planteamientos para erigir un edificio singular encima de la cantera, en una zona que en los años 90 "estaba deteriorada y abandonada".

Fue así como nació el icónico edificio con su vela por la que "el viento resbala" y pensada para unos usos múltiples adaptados a una ciudad que empezaba a crear su reconocida red de museos científicos.