17 febrero, 2024 03:21

Nativel Preciado (Madrid, 1948) es una mujer templada y hermosa, delicada y sabia, inteligente y exacta sin rastro histrionismos. Cuando habla da el peso necesario a cada cosa. Resulta profunda y pacífica. Dice que fue libertaria y rebelde pero que los años la han vuelto más sumisa: no, la verdad es que los años han subrayado su elegancia innata, su gesto noble y bello, su mirada piadosa pero suspicaz hacia un mundo desquiciado. Tiene oficio, fuerza y ternura.

En sus novelas nunca faltan los animales ni la música. Tampoco la memoria. Cuenta Nativel que le gusta más “haber escrito” que “escribir”, que la escritura es un fin en sí mismo, que tiene una visión práctica de la literatura, como de todo lo demás en la vida. “Cada novela me ha servido como terapia. Alguna para liquidar amores tóxicos. Otras… para mis duelos”.

El nuevo libro de Nativel Preciado.

El nuevo libro de Nativel Preciado. Javier Carbajal.

Ahora acaba de publicar Palabras para Olivia (Espasa). “El duelo por la muerte de mi hermano me ha ayudado a escribir este libro. O me ha forzado, quizá. Las conversaciones que tenía con él son sobre todo lo que cuento en esta novela: los paisajes, la infancia… era lo que a él le reconfortaba recordar. Nos divertía hablar. Nos divertía buscar complicidades en las épocas más felices de nuestra vida”, sonríe.

Esta historia, ambientada entre Madrid y León, arranca cuando la veterana y glamourosa escritora de best-sellers Olivia Casanova le pide al joven Teo del Valle que sea su escritor fantasma a cambio de una suculenta cantidad de dinero. Él acepta, encantado, creyendo que se trataba del golpe de suerte que tanto había esperado, y la acompaña a León para empezar a trabajar en el texto. Pero la visita de su sagaz amiga Aitana le pone sobreaviso: esa mujer no le quiere para escribir su libro. Oculta otras intenciones. ¿Y si tienen un pasado en común que él desconocía…?

P.- ¿Qué te da miedo del paso del tiempo?

R.- Todo. Se inaugura cuando ves clarísimamente que te queda muy poco tiempo. A mí me queda poco. 

P.- Eso suena muy fatal, ¿demasiado?

R.- No, demasiado no. El límite está ahí, el horizonte es muy cercano y eso condiciona mucho tu vida. Cada vez que me planteo una novela nueva siento que prolongo mi tiempo de vida: “Uf, esto está aún por delante y tengo que terminarlo”, me digo. Siempre creo que va a ser la última. En ésta surgió la enfermedad de mi hermano. ¿Sabes la revolución emocional que supone… esas conversaciones con una persona a la que adoras… y a la que vas a perder? Dejé de escribir otra novela para centrarme sólo en ésta. Como dice el maestro, hay dos formas de envejecer: de fuera hacia adentro y de dentro hacia afuera. La primera es la que me gusta.

"Me queda poco tiempo de vida: cada vez que escribo una novela nueva siento que lo prolongo"

No me importan las arrugas de la piel, nunca me ha importado. Lo único que me preocupa es tener bien el cerebro, el hígado, el estómago. En otros momentos de la vida te interesa estar muy presentable, tener la piel bonita, estar guapa y tal. Ya no. Yo de momento me alegro de poder comer bien, de poder beber: ¡eso es un lujo! No tengo colesterol. Pero me siento frágil, me da miedo caerme o coger un catarro y a ver en lo que deriva. Sobre todo el miedo es a la incapacidad de hacer lo que más te gusta, que es escribir y divertirte, y es comer, dormir, soñar. Lo que más miedo da de la vejez es que te vas a morir.

P.- ¿Qué has aprendido del amor y de la muerte, los dos grandes temas de esta novela?

R.- La muerte nunca la he afrontado, nunca la he podido entender. Se me ha muerto muchísima gente muy querida, y desde muy pronto. No la he podido asumir. No soy capaz de vivir con la ausencia, no sé vivir sin mis muertos. No lo soporto. Me acuerdo de ellos, no lo entiendo, me lo reprocho. Y se lo reprocho: les reprocho que se haya ido y me hayan dejado sola.

Tengo que contar con ellos porque son partes de mi cuerpo, de mi cuerpo físico, quiero decir: te van cortando trozos cada vez que se muere uno. Ese es mi mayor fallo vital. Además nunca he querido ver muertos a mis muertos, nunca he querido saber nada de cementerios ni de funerales. No me enfrento a eso. Esa es la vida, ¿no? El amor y el misterio. Es lo que mueve el mundo. Sin eso no se puede vivir. Sin amor no se puede vivir. Sin hombres, sí, pero sin amor no.

P.- Ese último es un matiz importante.

R.- Ah, claro. Los hombres… me dan mucha curiosidad, porque son tan distintos a las mujeres… son completamente diferentes a nosotras.

"Sin amor no se puede vivir, pero sin hombres sí"

P.- ¿En qué lo notas, cuál es la diferencia esencial?

R.- Son mucho más ególatras que nosotras. Están más pendientes de sí mismos. A nosotras nos interesa más la vida ajena. Pensamos en nosotras, claro, pero somos capaces de interesarnos por otras cosas. Probablemente esto es cultural. Nos han obligado a estar pendientes del mundo.

P.- Las cuidadoras… agotador.

R.- Sí. Y las proveedoras. Nos interesan los demás, estamos pendientes de los demás. Mujeres ególatras hay, pero menos que hombres ególatras. Casi todos lo son al menos un poco: se miran tanto el ombligo que se pierden cosas apasionantes de la vida. Hay algunos que tienen más desarrollada esa parte… no sé cómo llamarla, llamémosla “femenina”, y eso les enriquece mucho. Sólo me interesan los hombres que tienen esa parte activa.

Nativel Preciado.

Nativel Preciado. Javier Carbajal.

P.- ¿Cuántos grandes amores se pueden tener en una vida? ¿Cuántos has tenido tú?

R.- Grandes amores he tenido pocos. En una vida se pueden tener pocos amores… grandes, pero muchísimos fugaces. Creo en dos o tres grandes, de los que te marcan. En mi caso fue así.

P.- Hablemos de uno de los temazos de la novela: la infidelidad y los triángulos amorosos. ¿Por qué crees que en España se aboga por la hipocresía y se prefiere ser infiel a la pareja clandestinamente pero abrir la pareja se considera aún demasiado libertino, por no decir depravado?

R.- Más que una cuestión de cinismo, es una cuestión de supervivencia. Hay cosas que son más cómodas si no se expresan, si no se nombran. Si no dices lo que estás viviendo parece que es más llevadero. Hay un abismo entre lo que piensan las nuevas generaciones y lo que piensan las viejas, hay cambios de hábito y de cultura, pero si engañas y lo cuentas, sufres más que si engañas y no lo cuentas.

Es cinismo, sí, pero sobre todo es autodefensa. Las relaciones abiertas son difíciles de afrontar, porque los celos son un instinto muy primario y es difícil de reprimir. Yo he conocido alguna familia polígama y las mujeres siempre se sienten celosas de las otras, aunque estén acostumbradas. Tal vez un hombre tiene varias mujeres y entonces la favorita desplaza a las demás. Y hablo de las mujeres, ¿eh? Pero los hombres llevan los cuernos aún peor.

P.- ¿Por qué?

R.- Son más posesivos.

P.- Ana María Matute decía que ella era “hombreriega”.

R.- (Ríe). Está muy bien, pero ellos no lo entienden, les resulta difícil de creer. “¿Cómo va a ser? ¿Qué necesidad tienes de tener a otros estando yo aquí?”. Es su ego… las relaciones abiertas son complejas a no ser que seas joven y tengas toda la vida por delante.

"La gente en España prefiere ser infiel a tener relaciones abiertas: es cinismo pero sobre todo es autodefensa"

P.- Con lo que cuesta llevar para adelante un amor… teniendo el día 24 horas… no sé cómo le da tiempo a la gente a llevar más. Somos hámsters en la rueda.

R.- La juventud y la capacidad física para eso lo es todo (ríe). Yo es que ya no tengo la vida por delante, sino por detrás. Hasta ciertos años puedes hacer todo tipo de experimentos y probar, pero luego eliges la mejor manera de vivir. A mi edad tienes que ser selectiva. A partir de cierta edad, tienes que limitar tu mundo para poder abarcarlo y ser más profunda en lo que haces.

P.- ¿Tú has sido infiel, te han sido infiel?

R.- Pues sí, ambas cosas.

P.- ¿Y cómo has lidiado con esas experiencias?

R.- Siempre ha sido conflictivo. Por mi parte lo ha sido, supongo que por la de los demás también. A veces eres infiel de manera frívola e inconsciente y te das cuenta de que podrías habértelo ahorrado. Te vas con uno… pero te interesaba otro. El deseo a veces te abre muchas puertas y no sabes cuál elegir. Es difícil elegir la puerta correcta. Sólo lo aprendes… abriéndolas.

P.- El personaje de Mauro es un locutor de voz enigmática, magnética, uno de esos grandes periodistas. ¿Qué has conocido tú sobre ellos, qué ha habido de su machismo?

R.- Cuando empecé, en las redacciones éramos poquísimas mujeres. En ‘Madrid’ éramos dos. Y todas las que fueron llegando sintieron, sentimos, abuso laboral, acoso sexual, desdén profesional. Pero cuando eres joven lo afrontas con mucha más fuerza. Echando la vista atrás, dices “¿cómo he podido yo consentir esto?”. Estuve a punto, a punto de… bueno, hice lo que pude. Me defendí. He tenido que pegar a algún tío, a algún periodista.

Nativel Preciado.

Nativel Preciado. Carbajal.

P.- ¿Cómo sucedió?

R.- En esa época yo tenía 18 años y Franco vivía. No se podía denunciar. Si ibas a denunciar a una comisaría un abuso sexual, te encerraban a ti, te detenían a ti. Era impensable. Yo trabajaba en un periódico que estaba muy lejos, a las afueras de Madrid, y a veces acababa tarde, de noche. Algún compañero se ofrecía a llevarte en coche. Y tú aceptabas. No te quería llevar a tu casa.

Te intentaba llevar a un descampado o a su casa para violarte, directamente. Me pasó. Lo denuncié en el periódico. Una gran persona me ayudó. Jorge Martínez Reverte. Un señor maravilloso. Me dijo: “Estás loca, nunca puedes irte con alguien que no conoces en un coche”. Y yo le dije: “Sí le conozco, es compañero de aquí…”. “Ni se te ocurra irte con alguien igual”. Ha habido situaciones duras y situaciones jocosas.

En cuanto a los grandes de la voz… siempre me han dado mucha curiosidad porque es muy engañosa. Una persona con una voz extraordinaria te convence de lo que quieras.

P.- Una mitología creada en torno a la voz.

R.- La voz es lo más seductor que existe, y si sabes emplearla bien y llenarla de contenido… más. Es hechizante. Estuve mucho tiempo trabajando en Radio Nacional, donde había locutores de la época… con esas voces antiguas y enfáticas… ¡y eran unos cretinos absolutos! Pero claro, te engañan.

“He tenido que pegar a algún compañero periodista por intentar propasarse: uno intentó violarme en su coche”

P.- ¿No hay nombres?

R.- No, además, están muertos, los pobrecitos, y en paz.

P.- ¿Tú tienes mitos caídos?

R.- Claro. De gente que he ido a entrevistar y se me ha caído el mundo a los pies. Me han dejado hundida en la miseria. Escritores muchos, y artistas. Es mejor no conocer a los ídolos. Decía Flaubert que si tocas a tus ídolos se te queda el dorado entre los dedos. Yo no creo en las cancelaciones, ¿eh? Pienso que tiene que haber otros instrumentos para defendernos de los canallas. Mira Einstein, tan excepcional, escribí un libro sobre él, y era un miserable. Y Simenon. Y Polanski ni te cuento. Ninguno se salva. Ni Picasso.

P.- ¿Has visto la polémica de esta semana de RTVE? Una comunicadora llamada Inés Hernand, en la cobertura alternativa de los Goya para la cadena, saludó a Sánchez al grito de “presi, icono, te queremos”, y el Consejo de RTVE la ha amonestado en un comunicado. ¿Cuál ha sido tu experiencia en la pública? ¿Existe realmente la independencia de TVE?

R.- Es muy difícil adaptarse a los tiempos. Esa ruptura se afronta peor en determinados medios periodísticos. RTVE tiene unas contradicciones tremendas: se inviste de ser la televisión pública y didáctica… pero luego hace programas del corazón, que son incompatibles con ese criterio. Es difícil adaptarse, sí.

P.- ¿Tú le dirías a algún presidente “presi, te queremos?”.

R.- (Ríe). Soy incapaz.

P.- ¿A ningún precio?

R.- A ningún precio, y a ningún presi, y los conozco a todos.

P.- Pero tendrás alguno favorito.

R.- Sí.

P.- ¿Cuál es el que mejor te cae?

R.- Me voy a remontar a Adolfo Suárez. Felipe González es el más simpático. Felipe, sin duda. Tenía afinidad con él. Podía haberle dicho “hola, presi”, pero nada más.

Preciado.

Preciado. Carbajal.

P.- ¿Te han censurado periodísticamente alguna vez?

R.- En la época dura escribía en el ABC con Luis María Ansón. Y no censuraba nada. Era muy respetuoso con su gente y sus redactores, y si yo escribía algo contrario a la línea editorial, no me tocaba una coma, pero antes del artículo ponía una entradilla diciendo “el periódico no comparte esto”.

P.- Algo extremadamente moderno para el momento.

R.- Sí. Él tiene una imagen, pero… es muy cuidadoso con su gente, aunque también fuera exigente. Luego intentaron censurarme, pero no desde los periódicos, sino los entrevistados. He vivido una época privilegiada del periodismo. El abogado Ruiz-Mateos intentó sobornarme. Y Crispín de Vicente. Ya están todos muertos. Pero me dijeron “si haces esto de esta forma puedes ganar muchísimo dinero”. Le dije: “¿Qué dice, caballero? No se equivoque”. Luego me enteré de otros que accedieron (ríe). Y sí, ganaron mucho dinero.

Fraga también me la hizo. Era un hombre muy autoritario e impulsivo y siempre tenía problemas con todo el mundo. No se sabía frenar. Un día me mandó a la mierda directamente, con las palabras. Le dije que me pidiera disculpas, no lo hizo, así que lo sacamos en el periódico. Poder poner “Fraga manda a la mierda a Nativel Preciado” es un lujo. Yo fui arriesgada mucho tiempo. Ahora soy mucho más sumisa. Mi físico quizá me ha hecho parecer apocada o sumisa, pero fui una libertaria. Aparento ser más tranquila, pero…

Una vez le hice una entrevista a Miguel Boyer en su casa, aquella que se hizo llena de cuartos de baño donde vive Isabel Preysler. Entonces tenía con él mucha relación. Le hice una entrevista hablando de la casa y me enseñó los planos y todo. Cuando la tuve montada, se la mandé: tenía la costumbre de mandar las entrevistas por si había algún error, pero sólo eso, corregir pequeños datos. No permitía ningún cambio más. Él me dijo que todo estaba bien. Luego me llamó al rato y me dijo “esto no se puede publicar”. ¿Por qué? “Porque a Isabel no le gusta”.

"TVE tiene contradicciones tremendas: se inviste de televisión pública y didáctica pero hace programas del corazón, que son incompatibles con ese criterio”

P.- Acabáramos.

R.- Me amenazó con hablar con los jefes y le dije que hablase con quien le diese la gana, pero que si modificaba lo más mínimo, yo no la iba a firmar. Salió impoluta. Siempre he tenido suerte. Hasta cuando era joven e hice un reportaje sobre los hippies que fumaban porros en Santa Ana y vino a por mí la Dirección General de Seguridad. Yo era una ingenua total y pensaban que vendía droga (ríe).

P.- Tú que has sido cronista política de tantas épocas, ¿qué opinas de ésta?

R.- Quiero dejar de ser analista política. Nunca ha habido tantos políticos como ahora que se dedican exclusivamente a crear problemas y no resuelven ninguno.

P.- ¿En quién piensas cuando dices eso?

R.- Pienso sobre todo en Vox y en muchos del PP. Alguno del PSOE. Hay de todos lados. Es guerra de declaraciones… cuando el mundo está en guerra, cuando tenemos problemas con la agricultura, con la pesca, el campo, la inmigración, la droga. Sin embargo estamos hablando de cosas tan insignificantes como de un señor que se llama Puigdemont y que está marcando la vida política actual. ¿Cómo es posible que algo así suceda? No lo entiendo. Me apetece mucho más ser divulgadora científica que analista política. Además deben estar hartos de mí. Llevo 40 años con ellos.

"Que Feijóo diga que aceptaría la amnistía es una metedura de pata monumental, pero ya lo sabíamos: la mentira tiene las patas muy cortas"

P.- ¿Qué opinas de que Feijóo haya dicho que aceptaría la amnistía con determinadas condiciones?

R.- Es una metedura de pata monumental. Pero vamos, estaba claro desde el primer momento en que supimos que se había visto. ¿De qué iban a hablar? Pues de la amnistía. ¿De qué iban a negociar? Al final la mentira tiene las patas muy cortas y siempre se descubre.

P.- Ha quedado como un líder débil.

R.- Es increíble que parece que tenga ta poca experiencia. Pero claro, su partido tiene tantas tensiones y tantos egos enfrentados que no sabe qué hacer para sobrevivir. Está en el avispero.

Nativel Preciado.

Nativel Preciado. Carbajal.

P.- ¿Qué le preguntarías tú a Puigdemont?

R.- Nada, no quiero preguntarle nada, no es nadie para mí. Me gustaría que no existiera. No es nadie. ¡Se fue, se escapó…! Me interesan mucho más otros independentistas que él, que ni siquiera creo que lo sea. Es un oportunista al que la vida ha puesto en una situación que no se ha merecido nunca ni trabajado. No sé por qué este señor tiene tanta importancia ni por qué tiene en sus manos a un país.

R.- ¿A quién harías tú ministro de Cultura?

R.- Resucitaría a Pepe Guirao. No le dio tiempo a ser un gran ministro de Cultura, y aun así fue el mejor que hemos tenido… y se murió. Bueno, antes lo cesó Pedro Sánchez, lo cual me parece inexplicable. Fue el mejor, el mejor, tenía muchas ideas, muchos proyectos. Fue una pena.