14 mayo, 2022 03:27

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En casa del escritor y académico de la RAE José María Merino (La Coruña, 1941) hay un enorme reloj de pie, antiguo y dorado, que escupe el tiempo a latidos. A cada hora en punto, berrea un poco, mete bulla con el péndulo: eso es porque nos estamos muriendo. Aunque no lo parece hoy, ahora, en esta mañana de sol y de charla, en este salón que uno se entretendría mirando algunos siglos: cada libro, cada cuadro, cada cachivache romántico.

Hay una casa de muñecas gigante, bellísima. Es propiedad de Mari Carmen, la esposa de Merino: todo porque de niña ella nunca tuvo una, pero una de sus amigas sí, y a veces la invitaba a verla diciéndole "oye, oye, pon las manos atrás, no vayas a romper algunas de las figuritas". Revancha poética: el propio José María construyó los mueblecitos de ésta para el amor de su vida. Porque estamos con un hombre que dialoga con los símbolos que viven en las cosas.

Premio Nacional de las Letras Españolas, Premio Nacional de Narrativa. Un autor brillante. Un tipo afable y atento, cultísimo sin pizca de vanidad, progresista aunque pesimista, quijotesco, con afán por la justicia, con la mirada azul -azul clarísimo, acuoso- puesta en los perdedores, en los débiles, en los siervos del terrible y hermoso mundo. Merino cree que si no existiese la literatura, cada generación no sabría cómo habían estado enamoradas las anteriores. Ni qué odiaban.

Merino cree que la literatura nos enseña a leernos por dentro. Si esto es así, a él se le nota más allá de la carne, el pelo cano y el hueso, que vive en las costuras de una novela estupenda.

Pregunta.- ¿Quién es José María Merino?

Respuesta.- Aún no lo sé. Somos un producto rarísimo de la evolución. Ha habido miles de mezclas para que cada uno de nosotros exista y ahora estemos aquí conversando. Supongo que soy una persona que escribe. Tengo 81 años y aún se me ocurre alguna cosa. Vivir escribiendo es también una forma de entender borrosamente el mundo en que estamos.

P.- ¿Qué libros leíste de niño que te convirtieron en escritor?

R.- Yo empecé a leer muy pronto porque mi padre tenía una biblioteca gigantesca. De él he heredado muchos libros, hasta algunos del siglo XVIII. Y la enciclopedia Espasa. Un libro que para mí fue fundamental fue Heidi: conservo una vieja edición con la obra de un dibujante alemán, y fueron esas imágenes las que luego se usaron para hacer la serie de televisión.

"Heidi me enseñó que no hay literatura masculina o femenina: yo me identifiqué con ella siendo niño"

Ese libro me fascinó y me enseñó dos cosas: que no hay literatura masculina o femenina, que sólo hay buena o mala literatura. Y que te puedes identificar con Tom Sawyer o con Heidi siendo un niño. Ahí descubrí algo que me interesó mucho, que son los arquetipos. Heidi es la historia del paraíso perdido. Luego leí a Mark Twain. Descubrí el siglo XVIII y XIX. Dickens, Balzac, Galdós. Más tarde entré en la poesía, con Whitman. Aprendí mucho de William Faulkner. Cuando yo estudiaba, en clase éramos dos lectores y formábamos una secta secreta.

P.- Estaba mal visto leer. Como si fuese incluso algo poco viril.

R.- Eso es. Los amigos no lo veían bien. Y además, en el sistema educativo de aquella época, "novelas, no-verlas". Era el purgatorio, algo pecaminoso. Pero yo lepreguntaba a mi padre: "Oye, ¿no puedo leer Los tres mosqueteros?". Y me decía: "Nihil obstat" [nada se opone]. Leía lo que me daba la gana. Hasta Voltaire.

El académico y escritor Merino.

El académico y escritor Merino. Esteban Palazuelos.

P.- Tener que ocultar lo que se leía me parece terrible pero también de lo más morboso. Seguro que incentivaba la fruición de la lectura.

R.- Sin duda. Y eso que nos enseñaban El Quijote, cuando esa no es una lectura para jóvenes. Yo estoy enamorado de él, pero entonces me era imposible. De joven lo aborrecía: yo decía "vaya un héroe, al que le rompen los dientes, le cortan una oreja, no gana nunca…". Es un falso héroe, un perdedor.

P.- ¿A qué edad hay que leer el Quijote?

R.- El Quijote hay que leerlo cuando se conoce la melancolía. Ya en la pubertad. Pero es un libro infinito, porque cambia en cada lectura.

P.- ¿Sabes que fui, en su efeméride, con un micrófono al Congreso para hacerle a los ministros que estaban homenajeando el libro preguntas sobre él… y nadie se lo había leído?

R.- (Se parte). Ojalá tuviéramos unos gobernantes la mitad de listos que Sancho Panza: él era un analfabeto, pero al menos tenía sentido común y una mente equilibrada. Ojalá nos gobernase Sancho.

P.- ¿Cuáles son las grandes verdades que has aprendido escribiendo?

R.- Creo que me ha ayudado a conocer el corazón de las personas. Sus actitudes. Su manera de estar ante esta cosa tan rara que es la realidad.

"Ojalá nuestros gobernantes fuesen la mitad de listos que Sancho Panza: él era un analfabeto con sentido común"

P.- ¿Eres pesimista?

R.- Sí. Ahora sí.

P.- ¿Somos una humanidad decadente?

R.- Una humanidad que no acaba de ser humanidad. Estamos globalizando, pero globalizarnos ha servido para que en África, por ejemplo, no hayan podido vacunarse o que en la India no hayan tenido oxígeno. ¿Qué globalización es ésta? Hay que hacer un mundo mucho más equilibrado, más común a todos. No puede ser que haya gigantescas fortunas de gente que sale a dar un paseo por la estratosfera y al mismo tiempo no haya vacunas para África. Es un disparate. El ser humano se llama "sapiens" pero no es todo lo sapiens que debiera.

P.- ¿Es posible que exista ese mundo o la desigualdad es algo permanente, que decía Piketty?

R.- Sí, pero esa desigualdad se podría paliar. Una globalización tiene que llevar consigo que todo el mundo se alimente, que haya sanidad y buena educación y que la gente sepa que los seres humanos somos de la misma especie, porque encima parece que hay algunos de primera, de segunda o de cuarta. Existe un racismo estúpido. Creo que al nacer deberían hacernos a todos el estudio del ADN para decirnos "mire, tiene usted antepasados por todas partes".

P.- Oye, estaría muy bien eso. Se le quitarían las tonterías a más de uno.

R.- Sí, tendrían que callarse por fin la boca.

Merino.

Merino. Esteban Palazuelos.

P.- ¿Dónde encuentras ese racismo, donde lo ves en nuestra vida de ciudadanos residentes en Madrid?

R.- Los españoles no hemos sido profundamente racistas, porque venimos de muchas mezclas. Mis hijas me regalaron un ADN norteamericano, y me ponía el 70% "ibérico". Hombre, eso de ibérico habrá que analizarlo, porque lo ibérico también es lo judío o lo árabe. El 30% era increíble. ¡Vengo de todas partes! Ahora se ha puesto de moda la hispanofobia y se meten tanto con nosotros… me da mucha rabia.

Oiga, los españoles dejamos en la Conquista, entre otras cosas, las pinturas de castas, donde explicamos cómo son las mezclas nuestras y de nuestros descendientes con otras etnias. Eso no lo tiene ninguna cultura del mundo. De español y negra o de negro y española, mulato. De español e india, o al revés, mestizo. De mestizo a mulato hay hasta 16 denominaciones de mezclas, y además, pintadas. Aquí en el Museo de América hay unas pinturas excelentes.

Y nosotros, en la RAE, tenemos un cuadro con 16 castas y tratadas con todo cuidado por el pintor, no hay ningún desprecio, ninguna caricatura. Puede haber ricos y pobres, pero todos son guapos. España puede presumir de no haber sido racista. Ya desde que llegó Cortés, la reina Isabel la Católica no sólo autorizó, sino que obligó a ciertos matrimonios mixtos, a mezclarse con la población. Y el hijo de Cortés y doña Malinche, Martín, llegó a ser caballero de la Orden de Santiago.

P.- ¿Qué te pareció el libro de Elvira Roca Barea?

R.- Muy interesante.

P.- Sabes que ha generado mucha polémica entre grandes intelectuales de nuestro país a este respecto. Incluso Pérez Reverte disintió con firmeza.

R.- A mí me parece que es un libro interesante que profundiza en aspectos olvidados por la inteligencia española y creo que todo el mundo debería leerlo.

P.- ¿Qué te parece que al día de la Hispanidad haya quien le llame "el día del genocidio"?

R.- En el último congreso que tuvimos en Córdoba, Argentina, que fue el Congreso de Asociación de Academias de la Lengua Española, me di cuenta de que salías a la calle y te encontrabas con muchos edificios españoles. Pasa como con los romanos y nosotros, que nos han dejado una herencia. Los romanos vinieron para quedarse. Qué duda cabe que hubo peleas, que hubo luchas, pero luego hasta la lengua que hablamos viene del latín. Llegamos allí, conquistamos y hubo enfrentamientos terribles, pero ojo, en México, por ejemplo, para vencer a los aztecas nos ayudan las demás culturas mexicanas.

"Me da rabia la hispanofobia: España puede presumir de no haber sido racista en su historia"

P.- Caballo de Troya.

R.- Sí, porque los aztecas eran implacables, eran terribles. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Ahora estos que tantos nos abominan… sus abuelos son españoles. Recuerdo una vez, viendo unas pinturas en México, alguien dijo: "Miren, esto lo hicieron sus antepasados", y yo dije "serían los suyos, porque los míos no vinieron a América" (ríe). Los españoles nos hemos cruzado con toda la naturalidad y seguimos teniendo una fantástica relación con América. Les adoro.

Hice una novela de aventuras con un protagonista mestizo, hijo de un español y de una señora mexicana. Luego las aventuras de la conquista pues… son como todas las aventuras que ha habido. Ponerse ahora a criticar el siglo XVI es un poco absurdo y anacrónico. ¿Y ustedes qué hacían en el siglo XVI, mexicanos? Abrir el pecho de la gente para sacarle el corazón, despellejar a los muchachos para celebrar la llegada de la primavera. ¿De qué me están hablando ustedes?

P.- En el siglo XVI ninguno éramos especialmente sofisticados, no.

R.- Y sin embargo nosotros hicimos hospitales, catedrales, carreteras, acueductos y universidades. Íbamos para quedarnos. Tiene su parte oscura, claro, como todas las conquistas.

Las manos de Merino.

Las manos de Merino. Esteban Palazuelos.

P.- ¿Cuál fue la más opaca?

R.- El deseo de oro. La fiebre del oro, el oro de los sueños. El ser humano sigue siendo así. Se mueve por ambición.

P.- Te he leído eso en alguna ocasión. Te escama la avaricia.

R.- Sí. ¿Por qué somos tan avariciosos, si nos vamos a morir, oiga?

P.- No vamos a llevarnos nada al más allá.

R.- ¡Ni un gramo!

P.- Tú trabajaste en el ministerio de Educación hace años. Casi veinte. Están siendo muy polémicas las decisiones que está tomando el Gobierno en esta materia. ¿Qué piensas? 

R.- Creo que ahora la educación se está haciendo cada vez más escasa en dotación de posibilidades a la gente joven. La historia creo que va a empezar en 1808, ¡pero oiga usted…! ¡Cómo vamos a empezar la historia ahí! Y las humanidades, su lenta pérdida... estamos estupidizando a la gente en materia de educación. ¿Qué quiere el Gobierno, que volvamos a la Edad Media? ¡Eso parece! Soy pesimista, la verdad. Pero creo que hay que enseñar a los chicos de dónde vienen, qué son las culturas, que vivimos en un mundo multicultural, y que aprendan a respetar nuestros orígenes, nuestra carga semántica donde hay de todo, palabras judías, árabes… eso lo estamos perdiendo. Estamos yendo a una educación sintética y escasa.

P.- Tú que has trabajado dentro de su maquinaria, ¿confías en el Estado?

R.- Caray, fíjate, es que han pasado muchos años. Tenía 59 cuando me fui y tengo ahora 81. Pero estuve contento y me parecía que las cosas se hacían bastante bien.

P.- ¿Crees que el Gobierno desprecia el talento o la excelencia? Sabes que ahora se puede aprobar una asignatura con un 4 o se promueve el no repetir curso. ¿Antes éramos demasiado severos y jerárquicos o ahora nos estamos pasando de blandengues?

R.- Pues no me hace ninguna gracia. Esos años de formación son decisivos para la gente y no todo vale. Hay que ser más estrictos, no de una manera terrible, pero oiga usted, esto no puede ser. El "todo vale" empobrece a los chicos.

"Hay que ser más estrictos, no de una manera terrible, pero oiga usted, esto no puede ser. El “todo vale” empobrece a los chicos"

P.- Hay una lectura interesante de la cuestión y es que perjudica a las clases bajas, que sólo tienen su esfuerzo y su talento para triunfar, para destacar, para conseguir becas…

R.- Sin duda, sin duda. Yo creo que hay que hacer un sistema igualitario que favorezca a los que tienen menos medios. Estas nuevas decisiones sólo perjudican a los más débiles.

P.- Desconfías de la tecnología. Te provoca una sensación de misteriosa alienación.

R.- Pueden acabar dañándonos: son buenas, interesantes e ideales para la comunicación, pero cuidado. Mira, yo tengo una casita en Valdemorillo. El otro día fui y me puse a buscar en el viejo ordenador y encontré un libro de ciento y pico páginas que había perdido, un manuscrito. Me costó muchísimo, al fin lo cargué en una especie de pendrive grande, de estos antiguos, lo traje a mi ordenador y… ¡ya no puedo abrirlo! ¿Cómo es posible que en 15 años se me haya muerto un libro, por no estar atento a la aplicación o lo que sea?

Merino.

Merino. Esteban Palazuelos.

P.- Hombre, yo confío en que eso te lo arreglen. Busquemos un hacker, lo que haga falta.

R.- ¡Ojalá! Pero siento que podemos perder mucha información, continuamente…

P.- Ojo, que también la perdimos con los libros que no conseguimos salvar del fuego. Y se podrían conservar en una nube de la red.

R.- La red es más problemática. El libro, ahí está. Aguanta muchísimos siglos. Es que no dejo de pensar en ello: al meter la novela en el pendrive, la borré de ese ordenador porque ocupaba muchísimo e iba muy lento, así que ya no la tengo, ¡no tengo el original! Me genera angustia. Un libro desaparecido. Pero bueno, en la RAE estamos trabajando con inteligencia artificial y hemos metido a una académica que sabe de esto, Bermúdez de Castro.

Yo ya les he dicho: "Ojo, no hay que olvidar las leyes de Asimov, aunque sean de la ficción". La inteligencia artificial, si un día es inteligencia de verdad, seguramente dirá "estos homo sapiens están dañando el planeta, son una inteligencia perniciosa" y a lo mejor… empiezan a darnos caña. Hay que tener en cuenta las leyes de la robótica y aplicarlas. No todo puede ser sustituible. ¿Qué hacemos, como el paraguas es un invento antiguo, lo tiramos?

P.- Ah, ¿y qué hacemos con el amor?

R.- Imagínate. La gente tiene agorafobia. La telecomunicación es un escándalo. Recuerdo a Isaac Asimov también en sus novelas de los años cincuenta, donde ya advertía que la gente tiene problemas para la comunicación personal, ¡y eso no podemos perderlo nunca, porque venimos de ahí, de la tribu, de las organizaciones humanas…! Nos está perjudicando psicológicamente y afecta a nuestra personalidad profunda. Ya lo siguiente es que los niños no vayan a la escuela y aprendan desde casa con una pantallita.

P.- La muerte del maestro.

R.- Desolador.

"La telecomunicación nos está perjudicando psicológicamente y afecta a nuestra personalidad profunda"

P.- ¿Qué sabes del amor romántico, José María? Del clásico, del de toda la vida.

R.- He tenido mucha suerte con él. Mi mujer y yo nos conocimos muy jóvenes. Ella tenía 17, yo cinco más. Nos casamos muy jóvenes también, ella no había acabado la carrera cuando nos casamos. Es mi vida; la mujer de mi vida. Ha sido un regalo de los dioses.

P.- ¿Cómo se distingue que se ha encontrado?

R.- No sé cómo se sabe, porque ya te digo, todo es azaroso. Si piensas que nosotros hace 600 millones de años éramos unos cordados, y que de ahí hemos llegado hasta aquí… ¡es imposible, es imposible que tú y yo estemos aquí! ¿Por qué tú y yo aparecemos cada uno en su momento y hoy coincidimos aquí? Es un misterio.

Y luego analizas: el abuelo de mi mujer, Mari Carmen, llega a León porque trabajaba para los trenes, él era aragonés… esas mezclas. Mi madre es gallega, mi padre marcha corriendo a La Coruña cuando llega la guerra civil porque tiene problemas y la conoce allí… coincidimos en unos guateques en casa de unos amigos, algo de todo improbable después de tantísimas combinaciones y giros.

P.- Cómo nos cambia la vida ir a una fiesta o no ir.

R.- Del todo.

Merino.

Merino. Esteban Palazuelos.

P.- ¿Y en dios crees?

R.- Creí de muchacho, pero soy agnóstico.

P.- Los Hermanos Maristas no consiguieron hacer nada por ti.

R.- No (ríe). Pienso que si existe dios, él pensará “¿quién me ha creado?”.

P.- ¡Ah! La causa incausada.

R.- Qué sé yo. Las religiones, caramba, han sido terriblemente dañinas. Si no fuese agnóstico, sería politeísta, como hacían los romanos. Me encantaba que cuando los romanos llegaban a un país, asumían todos sus dioses. Yo sería panteísta, ¡los pequeños dioses de los chinos, todos, todos…!

P.- Y cuando tienes miedo, ¿qué haces, si no es rezar?

R.- Me angustio y pienso en cómo salir de la cosa. No sé rezar, pero ateo tampoco soy. ¿Cómo aparece el mundo? ¿Por qué existe el ser y no la nada? El mundo es un profundísimo misterio. A mí me parece que la existencia del universo va más allá de la idea de dios, pienso que es algo mucho más complejo. Todo eso proviene del pensamiento simbólico, que tratamos muy poco, claro, porque es perjudicial desde el punto de vista metafísico. Pero fue eso lo que nos separó de los chimpancés. Tenemos casi el 99% del ADN en común con el chimpancé, pero, caramba, empezamos a utilizar el lenguaje para contar cosas. La ficción.

"No sé rezar, pero ateo tampoco soy. ¿Cómo aparece el mundo? ¿Por qué existe el ser y no la nada?" 

La ficción es producto del pensamiento simbólico, directo. Hay un libro precioso que se llama La niña que creó las estrellas, que es de relatos orales de los bosquimanos xam. Eran nómadas, cazadores. No tenían agricultura ni casas, un desastre, pero no te imaginas la cantidad de historias que tienen. Todas las recogió un filósofo prusiano que fue a trabajar allí. Una de las historias cuenta que una chica durante el periodo menstrual -momento sagrado, misterioso- agarró un puñado de cenizas de la hoguera, lo tiró al cielo y eso es la Vía Láctea. Hay algunos cuentos que parecen de Hemingway, como el de El león que no quería renunciar a su presa. Era un pueblo que no tenía nada, y sin embargo tenía ficción. Y con la ficción interpretaban la realidad.

La música es simbólica: los ruidos del tambor, los sonidos de la naturaleza. La pintura. Cuando me preguntan qué pintura prefiero yo, digo que la que más me fascina es el bisonte de la cueva de Altamira. Es increíble. 15.000 años. No era arte lo que pintaban. Trataban de reflejar la realidad, quizás, para cazar más bisontes. Es pensamiento simbólico. O cómo se van organizando los arquetipos. El paraíso perdido. O la búsqueda del tesoro: ¡ese lo llevamos puesto! El héroe, el traidor. Caín, Abel: el fratricidio recuerda a esto que está pasando en Ucrania, que es una cosa cainita. ¿Por qué están matando ustedes a sus hermanos? Medea, que era un mito humano, no femenino, porque ahora hay muchos Medeos. Doy gracias porque una vez consiguiésemos manejar el fuego. Eso lo cambió todo, y eso el resto de primates no lo consiguieron, aunque les encanta, y a todos los animales les gusta la comida cocinada (ríe).

Merino.

Merino. Esteban Palazuelos.

P.- En tu último libro recuperas la figura de Sofonisba Anguissola, la mujer que conoció a Miguel Ángel y retrató a Felipe II, aunque nadie se acuerda de ella.

R.- Bueno, ahora El Prado se lo está trabajando más. ¡Ya pone su nombre junto al cuadro! Se ha escondido a muchas mujeres. Ahora se está recuperando mediante exposiciones, como la de Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, que fue interesantísima. Incluso en El Prado han recuperado siete cuadros de mujeres y cuatro son de Sofonisba. Es fundamental ese reconocimiento.

A mí me fascina su personaje. Pensé que tenía una novela. He trabajado sobre tres grandes mujeres del siglo de Oro: Lucrecia de León, que castigó la Inquisición, Olivia Sabuco de Nantes, autora de la nueva filosofía de la naturaleza del hombre, y Sofonisba. Qué capacidad de comunicación, qué gracia pictórica, qué personalidad. El día que se enamoró de un hombre de clase baja, y veinte años menor que ella, se casó con él a toda prisa para que no pudieran impedírselo. Tomaba importantes decisiones.

P.- ¿Cómo pudo ser que Felipe II se dejase pintar por una mujer?

R.- Felipe II ha tenido muy mala prensa. Yo durante muchos años lo aborrecí, pero ahora pienso que somos muy injustos con Felipe II. Fue un hombre culto, tuvo una colección de pintura increíble, ¡coño!, hace El Escorial. Toda la arquitectura moderna viene de El Escorial. A Felipe II lo ensució el franquismo, porque el franquismo era mucho de Felipe II, de El Escorial y esas cosas. Le escribía unas cartas maravillosas a sus hijas.

"Somos muy injustos con Felipe II por culpa de Franco, pero era un hombre culto y un gran padre"

P.- Sí, era sorprendente que las tratase de hacer cultas, críticas e independientes siendo mujeres en aquella época.

R.- Totalmente, fue una extrañeza en la era de entonces. Era una cosa rara. Para los padres de entonces, los hijos no existían.

P.- ¿Qué opinión te merecen las críticas que recibe la RAE por tantísimos sillones ocupados por hombres?

R.- Esto fue así, pero vamos cambiando. Yo voy a contestar al discurso de Paloma Díaz Más. En los últimos años han entrado muchas mujeres. Últimamente, yo he visto entrar a 6 o 7 mujeres, casi tantas como hombres.

P.- ¿Os lleváis bien entre vosotros?

R.- Yo creo que sí, que hay buen clima. Tenemos ‘La comida del director’, que se hace a principios de enero y es una comida divertida, porque leemos poemas irónicos, sarcásticos, de todo. Hay un buen clima, pero las discusiones son discusiones, ¿eh?

P.- ¿Y qué hay de la polémica del lenguaje inclusivo?

R.- El lenguaje español no es machista. Yo tengo un cuento que dice “ardillas y ardillos, truchas y truchos, ovejas y ovejos”… porque hay muchas palabras españolas que están en femenino, aunque se refiera a los dos. ¡Jirafas! Yo creo que cambiar el lenguaje no cambia la realidad, lo que hay es que cambiar la realidad para que cambie el lenguaje.

P.- Te preocupa el cambio climático. La contaminación. Que casi no haya golondrinas pero sí toneladas de basura.

R.- Es un terror, cada vez deforestamos más, nos estamos cargando a especies que tienen tanto derecho a vivir aquí como nosotros. En el norte, había muchas minas de gente muy modesta que vivía de eso, ¡pues las han cerrado todas, mientras Polonia sigue siendo el país del carbón! Si pasamos al final al coche eléctrico es porque es un negocio. Todo es un negocio y por ese camino no vamos a ninguna parte…

Merino.

Merino. Esteban Palazuelos.

P.- ¿Tú eres comunista?

R.- Lo fui, lo fui. Luego fui socialdemócrata y me arrepentí de haber sido comunista, pero así éramos los jóvenes antifranquistas. Cuando visité la Unión Soviética dije “no, coño, no”. “Hay muchas bibliotecas”… bueno, estaban todas reventadas, en fin… los mercados mal nutridos, ¡y la gente no era feliz! A la gente se la notaba contraída por un mundo oscuro. No sé, no me gustó nada. Pensé: “¿Cómo yo he podido defender esto?”. Ahora, sí creo todavía en la socialdemocracia, creo que fue importante para Europa. Y creo en una socialdemocracia que procure que los ricos no sean tan ricos y los pobres no sean tan pobres, eso también.

Quiero un mundo más equilibrado. Pero en fin, mira Europa: en este momento estamos viendo claramente cómo no nos hemos integrado tanto como debiéramos, los europeos deberíamos estar más integrados, y no te digo que cada uno tenga que dejar de ser de su pueblo -a mí me encanta España, la variedad española en todos los sentidos, ¡sus vinos tan ricos y diferentes!-, pero oiga, ¿cómo no hemos establecido con Portugal, por ejemplo, una relación más intensa y fraterna? La península ibérica es un lugar privilegiado del planeta. Por eso no entiendo el catalanismo nacionalista, ¿pero a usted no le gusta ir a Sevilla y que eso sea suyo, o ir a Málaga…?

P.- Lo que no les gusta es pagarle la pensión a una anciana de Extremadura.

R.- Sí. Sí, sí, sí. ¡Tienen la suerte de haber nacido en este país plural, tan rico, tan variado… y no quieren ser españoles! No lo puedo entender.

"Fui comunista hasta que vi la URSS y dije ‘no, coño, no’: ahora soy socialdemócrata"

P.- ¿Qué te parece nuestro gobierno de presunta izquierda, a ti que eres socialdemócrata?

R.- Es un momento extrañísimo, con Ucrania, con la pandemia… no entendí que Ciudadanos no intentase pactar con el PSOE. Eso me apenó. Hubiera sido interesante y oportuno.

P.- Naciste en Galicia porque tu padre tuvo que huir allá tras abandonar León por sus ideas republicanas. ¿Qué opinión le merece la memoria histórica y su recuperación?

R.- Mira, mi hija Ana ha escrito un libro titulado Amigo en el que hay una referencia a un gran amigo de Lorca al que tiraron por el puente en Ronda los izquierdistas. Y pienso: “Bueno, este país tiene que tener memoria histórica pero en todos los sentidos, recordar lo que pasó de verdad”. Se puede recordar sin ánimo de rabia. Esta semana presento un libro que va sobre la caída de la monarquía católica de 1808 a 1837. Y digo: ¡caray, lo que fue el enfrentamiento entre liberales y conservadores en esos años! En este país somos la monda, joder. Estamos a matar. A ver si nos reconciliamos un poco. Yo tengo las ideas que tenga, pero usted no es mi enemigo porque piense lo contrario a mí: usted es mi adversario.

P.- ¿Qué hacemos con la bandera de España, tan problemática?

R.- Pues la bandera es una bandera, es que no es tan importante, es sólo la bandera de mi país. Y además la inventó Carlos III, no Franco. Yo es que no lo puedo entender. Es bonita, ¿por qué no? Nunca la he puesto en entredicho. El franquismo impuso el águila, pero hemos recuperado el escudo original.