La secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez.

La secretaria de Estado de Igualdad, Ángela Rodríguez. EFE

LA TRIBUNA

No, no critican el cartel de Igualdad por nuestra salud

Cabe preguntarse si lo que preocupa estos días no es tanto la salud de las mujeres como la incomodidad que generan los cuerpos que no resultan deseables a la vista.

5 agosto, 2022 02:04

Les molestan ciertas existencias. Existencias corporales, cuerpos que no entran dentro de los modelos. Y esta molestia se enuncia desde la condición de poder que dicta qué cuerpos o qué existencias son válidas y tienen derecho a existir, y cuáles no.

El polémico cartel de Igualdad en defensa de los cuerpos no-normativos.

El polémico cartel de Igualdad en defensa de los cuerpos "no-normativos".

En estas líneas no hay espacio reservado a la opinión sobre los bulos o información no verificada sobre los costes de la última campaña del Ministerio de Igualdad. Tampoco para comentar lo que todos ya sabemos: la desacertada labor y gran metedura de pata de los diseñadores, que, sin el permiso de las modelos, han utilizado imágenes de estas mujeres, incluso retocándolas, para su campaña de igualdad.

Es importante, en cualquier caso, señalar y no pasar por alto la violencia que supone el uso de tu imagen sin tu consentimiento. Y que, para más inri, se retoquen cuerpos porque no encajan en la no-normatividad establecida. ¿Un cuerpo con celulitis sí, pero un cuerpo con prótesis de pierna no?

Pero, más allá del debate que ha suscitado la falta de profesionalidad y de ética de los diseñadores, lo prioritario es atender a la motivación detrás de la campaña. O, más bien, a la pregunta de por qué es tan importante una campaña de estas características.

Cabe preguntarse, antes de nada, por qué demonios le molesta tanto a la gente que nos parezca relevante naturalizar que haya cuerpos que incomoden el canon del cuerpo aceptable en nuestras grandes pantallas y en las pequeñas. Cuerpos gordos, con estrías o celulitis, con pechos caídos o con un solo pecho.

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Resulta insólito pensar que los mismos que señalan como innecesaria una campaña de visibilización de la diversidad de cuerpos sean los que se han mantenido en silencio mientras crecíamos viendo modelos retocadas con Photoshop para lucir un vientre plano, mucho pecho y la tez lisa.

El problema viene cuando, además de tildar de injustificada o prescindible una acción que debiese tener como principal cometido confrontar la idea de que hay unos cuerpos más válidos o aceptables que otros, se profiere que la iniciativa fomenta conductas no saludables. Que hace "apología de la obesidad". O que, acaso, nos obligan desde el Ministerio a ser feas o gordas, cumbre del delirio que se ha podido leer en los últimos días en las redes sociales.

Este tipo de gritos dejan un rastro que resuena más ideológico que razonable o razonado. Y es que hay una suerte de odio generalizado en según qué grupúsculos poblacionales hacia todo lo que suene a feminismo.

"Lo que más les hace llevarse las manos a la cabeza es que hubiesen puesto a una de las modelos vello en las axilas"

Así, cualquiera que fuese la acción que se llevase a cabo, habrían de estar en contra de ella. Y tirarse a la yugular con infinidad de argumentos en contra de lo que sea que hubiese hecho esta o aquella figura feminista, o que consideren como tal.

Porque lo que les importa, en este caso, no es que no se haya pedido permiso a las modelos para utilizar su imagen o que se haya ocultado la prótesis de pierna de una de ellas. Lo que más les hace llevarse las manos a la cabeza es que hubiesen puesto a una de las modelos vello en las axilas.

No les importa que se fomente una buena o mala salud, sino ser los sujetos de validación de otros cuerpos. De convenirles, se preocuparían no sólo de la salud física de las personas, sino también de la salud mental de estas. De darle importancia a los malos hábitos de salud, deberían estar señalando la cultura del realfood, que nos convierte en constantes policías hipervigilantes de lo que ingerimos y de cuánto ingerimos, y que nos obliga a compensar si "nos hemos pasado comiendo". Dinámicas que favorecen los trastornos de la conducta alimenticia.

Si realmente hubiese una preocupación genuina por la salud física, habrían de atender al alto porcentaje de trastornos de conducta alimentaria (TCA) que han provocado los modelos y cánones de belleza con los que hemos aprendido a odiar nuestros cuerpos tratando de adaptarlos a los estándares del cuerpo normativo.

Las personas gordas, con discapacidad física, con alopecia, y tantas otras, no van a dejar de existir, de caminar por la calle, de ir a la playa o la montaña porque no salgan en carteles, en la televisión o en redes sociales.

Lo urgente de enseñar todo tipo de cuerpos, precisamente, es construir espacios donde las mujeres no sientan que tienen que disimular la forma de su existencia cuando salen a la calle en agosto en Madrid o en julio en Benidorm. Puedo existir como gorda, pero sólo se me acepta si soy guapa, voy maquillada o disimulo mi peso. Necesitamos ver desde pequeñas modelos plurales de mujer.

Se necesitan modelos que permitan a las niñas salir de la lógica de que para que se nos considere mujeres debemos parecer mujeres-de-verdad. Y de que para ser mujeres-de-verdad hay que estar dispuestas a pagar el precio, ya sea este una dieta restrictiva o una operación estética. Todos los cuerpos merecen ser vistos, respetados y amados. Y esto no tiene que ver con la salud, sino con dejar de imprimir violencia a nuestras vidas.

"No hay que olvidar que la mayor parte de críticas a la campaña de Igualdad se vertieron antes de conocerse la mala práctica de los diseñadores"

Qué lástima que la mala praxis profesional haya ensombrecido un mensaje tan importante como para debatirlo con seriedad, como mínimo. Aunque, por supuesto, de haber habido ética profesional en la elaboración y producción de esta campaña se habrían encontrado otras razones para relegar a segundo plano aquello en lo que, en realidad, casi todas las personas cabales y justas podemos convenir: que nadie merece odio por las condiciones de su existencia.

No hay que olvidar que la mayor parte de críticas a la campaña de Igualdad se vertieron antes de conocerse la mala práctica de los diseñadores. ¿Por qué molesta la gente gorda, los cuerpos gordos? ¿Les molesta que existan, que salgan a la calle o a la playa? ¿Que hagan topless o que vayan a una playa nudista? ¿Les molesta que esos cuerpos sean igual de deseables que cualquier otro?

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Preocuparse por alguien, por definición, implica prestar atención a su bienestar y procurar que sus necesidades estén cubiertas. Sin embargo, no hay rastro de todo ello en los mensajes coléricos y viscerales lanzados contra un cartel que, sencillamente, trata de visibilizar otros cuerpos, otras realidades. 

Tampoco había huellas de preocupación cuando la pantalla mostraba sólo cuerpos que seguían la norma estética, el canon de belleza imperante. Esas mismas imágenes que nos hacían llevar a nuestros propios cuerpos hasta los límites de la salud física, enfermar o desarrollar una relación de asco u odio hacia ellos

Cabe preguntarse, entonces, si lo que preocupa estos días no es tanto la salud de las mujeres como la incomodidad que en algunos genera aquellos cuerpos que no resultan deseables a la vista. A su vista.

*** Myriam Rodríguez del Real es filosofa y escritora.

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