Sucedió en 1973, en el tardofranquismo, con motivo de una crisis ministerial. La crisis afectó especialmente a la cartera de Educación, y el ministro agraciado resultó ser el químico granadino Julio Rodríguez, impulsor de un nuevo calendario universitario.

Su nombramiento se atribuyó a un error propiciado por una confusión de nombres. El caso es que, finalmente, Julio Rodríguez fue nombrado ministro. Duró siete meses. Con tal feliz motivo le apodaron Julio el breve. Fue autor del nuevo calendario universitario, conocido como calendario juliano.

En aquellos tiempos, las crisis ministeriales las hacían los motoristas y no iban muy allá: un cambio y fuera. Dos, como mucho.

Luego llegó la democracia. Felipe González no abusó de las crisis. Tampoco José María Aznar.

El que se despachó a gusto fue José Luis Rodríguez Zapatero, y no tanto por nombrar a muchas chicas como por jugárselas a los dados. Zapatero venía de León y no era hombre de muchas amistades. Para formar los gabinetes ministeriales se ayudó de amigos, vecinos y correligionarios varios. Sin embargo, los criterios que se impusieron fueron los del marketing. Con razón el equipo quedó lucido.

De todos los presidentes, al que más le costaba hacer crisis era Mariano Rajoy. Y al que menos, Pedro Sánchez. El actual presidente ha disfrutado mucho buscando famosos para encabezar un Ministerio o una Dirección General. La última remodelación se ha parecido más a una tómbola que a un Consejo de Ministros.

Los casos más representativos han sido los de José Luis Ábalos (el presidente lo echó y el ministro se fue dando un portazo), el de Iván Redondo (aunque el jefe de gabinete ya había anunciado su marcha, Sánchez siguió haciéndole ofertas) y el de Carmen Calvo (no resistió el desgaste ocasionado por el trabajo y la huella de la Covid).

El sábado se dieron a conocer las filtraciones y ese mismo día, un poco más tarde, se hicieron oficiales. Aquello no era un gabinete, sino una banda. Entre las noticias más aparentes, el regreso de Óscar López, que en su día quedó excluido del festín sanchista, y el advenimiento de las alcaldesas, en especial el de Isabel Rodríguez, que sustituye como portavoz a la trianera María Jesús Montero.

Las alcaldesas aportan la conexión con la calle de la que carece Sánchez. Félix Bolaños, el ministro de la Presidencia, será el pez gordo del Gobierno.

Miquel Iceta, el pez pequeño, asumirá Cultura y Deportes. El hasta ahora ministro de Política Territorial reconoció en su presentación que no es el hombre idóneo para hacerse cargo de los deportes, pero dentro de nada pondrá rumbo a Tokio. Con un poco de suerte, allí puede aprender las reglas del sumo.

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