La quietud con la que los submarinos navegan por las profundidades de los mares y océanos es su arma más mortífera. Cascos perfilados al milímetro, motores cada vez más silenciosos y pinturas absorbentes son solo alguna de las bazas con las que juegan estas naves de guerra, como el S-80 que está desarrollando España.

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Otro de los elementos de la planta motriz esenciales -también el más expuesto- es la hélice. Que gira solidaria al motor y proporciona el impulso necesario para que el submarino se mueva. Y es también una de las partes que más pueden revelar la siempre secreta posición del submarino.

Por esto último, las nuevas tecnologías han permitido crear hélices que ofrecen cada vez más rendimiento con la huella 'sonora' más baja posible. Pero a veces no es suficiente y se necesita dar una vuelta de tuerca más a lo ya establecido y crear nuevos formatos.

El alemán silencioso

Una de las últimas evoluciones en las hélices de los submarinos se pudo ver en la presentación del alemán U-36, perteneciente a la clase Type 212, en 2016. Un modelo desarrolado por el astillero Howaldtserke-Deutche Werf (el más importante del país) y que se encuentra operativo desde 2005 como una de las plataformas no nucleares más avanzadas del mundo. Italia también cuenta con algunos modelos de este submarino, pero fabricados en su país bajo licencia.

U-31, submarino de la misma clase que el U-36 Wolfgang Greiner Omicrono

Las imágenes de la presentación del submarino revelaron un detalle del que solo los más avispados y entendidos en la materia naval se dieron cuenta. En el eje de la hélice había instalado un nuevo dispositivo que tiene como fin eliminar una buena parte de las turbulencias generadas por el sistema de propulsión.

El Propeller Boss Vortex Difusser (PBVD) es un difusor del vórtice generado en el eje de la hélice, en su traducción más fidedigna. Aunque el eje central del propulsor tiene una velocidad angular menor a las puntas de las hélices, genera unas turbulencias lo suficientemente importantes como para ser rastreables por los submarinos enemigos.

El sistema PBVD se coloca justo sobre el eje de la hélice y está especialmente diseñado para eliminar las turbulencias y disminuir la huella sonora del submarino. Al tiempo que mejora en parte la eficiencia del propulsor y requiriendo menos gasto.

No es una tecnología realmente nueva pues, tal y como apuntan en The War Zone, se desarrolló en los años 80 y desde entonces son muchas las empresas que lo ofrecen a sus clientes, aunque no tradicionalemente para submarinos. O al menos que se sepa. Porque el sistema de propulsión es uno de los secretos mejor guardados de los astilleros y en las presentaciones normalmente se encuentran cubiertos por una lona. Todo para que ningún país pueda identificar nuevas tecnologías.

Su aplicación estrella ha sido en el mundo de los buques cargueros, donde una pequeña mejora en el sistema de propulsión se traduce en ahorros millonarios en la vida útil de la embarcación. Algo similar a lo que ocurre con los aviones y los winglets, esas puntas especiales que se colocan en las alas y que consiguen paliar el efecto negativo de los vórtices.

Diferencia entre hélice sin el sistema y hélice con el sistema instalado PBCF Omicrono

El mismo sistema consigue reducir las vibraciones del conjunto de la hélice y reducir el ruido. Desde el punto de vista militar todo son ventajas. Un consumo menor (especialmente importante en los submarinos no nucleares) y una reducción de vibraciones que se convierte en menos posibilidades de aparecer en los radares enemigos.

Eso sí, nada tiene que ver los sistemas de reducción del vórtice en hélices de barcos que el que se pudo ver en la presentación del submarino alemán. Este último, a simple vista, parecía mucho más elaborado. Muy probablemente fruto de una adaptación a las necesidades especiales del submarino, como unas revoluciones por minuto más altas y tener que reducir el ruido de cavitación al máximo.

U-34, submarino hermano al U-36 que equipa el sistema de reducción de ruido Bundeswehr Omicrono

De los seis submarinos construidos de esta clase, tan solo se conoce la presencia de esta tecnología en el U-36, el último en salir de los astilleros alemanes. La clase Type 212 cuenta con un desplazamiento sumergido de 1.800 toneldas, 56 metros de eslora por 6,80 de diámetro, una velocidad punta de 20 nudos, una autonomía de 15.000 kilómetros y una dotación de 27 personas.

Submarino con 'olfato'

Pero debajo del agua no todo se basa en la reducción del ruido. Los submarinos cuentan, cada vez más, con instrumentos capaces de detectar a otros de su especie sin la necesidad de emplear sónares.

HMS Talent Royal Navy Omicrono

Uno de estos sistemas de detección pasa por la instalación de sensores capaces de analizar el agua alrededor del submarino. Reino Unido cuenta con algunos ejemplares nucleares equipados con él y hace escasos días que uno de ellos se encontraba atracado en Gibraltar.

El funcionamiento es muy sencillo a la par que ingenioso. En la parte frontal de la nave se emplazan unos tubos por los que pasa el agua y se analizan las sustancias químicas. Por ejemplo, son capaces de detectar algunos rastros de radiación producidos por los submarinos nucleares, compuestos químicos incorporados en las pinturas e incluso el calor que naturalmente se generan. 

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