Barco en alta mar

Barco en alta mar Omicrono

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Así es el "enchufe" gigante para barcos en mitad del océano que puede cambiar el transporte marítimo para siempre

Los barcos eléctricos podrán cargar en medio del mar gracias a estos enchufes con potencia de hasta 500 KW.

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La electrificación del transporte no es un camino de rosas, y si no que se lo digan a la industria naval. Mientras en nuestras carreteras los puntos de carga son ya una presencia habitual, aunque todavía con retos de infraestructura evidentes, en el mar la historia es radicalmente distinta.

No solo se trata de la falta de "enchufes", sino de que el entorno marino es, posiblemente, el lugar más hostil del planeta para cualquier componente electrónico que pretenda durar más de una semana.

Sin embargo, parece que en Noruega han dado con la tecla. Y no es una tecla cualquiera, sino una magnética. Investigadores de SINTEF, en colaboración con el consorcio Ocean Charger, han presentado una solución que promete cambiar las reglas del juego.

Se trata de un sistema de carga inductiva "plug-and-play" capaz de alimentar barcos en mitad del océano, directamente desde los aerogeneradores de un parque eólico marino.

Olvidaos de los cables pesados, las conexiones de metal expuesto y la corrosión galvánica. Estamos ante el "MagSafe" de los grandes buques, y las implicaciones son enormes si se desarrolla la tecnología a gran escala.

Si alguna vez habéis intentado conectar algo en un entorno húmedo, sabéis que la electricidad y el agua son enemigos íntimos. Ahora, imaginemos eso en el Mar del Norte, con olas de varios metros, un balanceo constante y una salinidad que devora el acero.

Hasta ahora, cargar un barco eléctrico en alta mar era una pesadilla logística. Los conectores físicos tradicionales sufren un desgaste mecánico enorme debido al movimiento del barco respecto a la plataforma de carga. Además, el contacto directo del metal con el ambiente salino provoca una corrosión acelerada que dispara los costes de mantenimiento y los riesgos de cortocircuito.

Esquema de carga

Esquema de carga Omicrono

La solución de SINTEF es tan elegante como tecnológica: eliminar el contacto físico. En lugar de pines de cobre que encajan en un orificio, utilizan el principio de la inducción magnética. Es el mismo concepto que usamos para cargar el smartphone en la mesita de noche, pero llevado a una escala industrial de megavatios.

Giuseppe Guidi, científico principal en SINTEF, lo explica con sencillez: "Es como poner una taza en un portavasos". El sistema consiste en una bobina emisora, encapsulada en un material ultrarresistente y estanco a prueba de algas y salitre, situada en el cable que cuelga del aerogenerador. El barco, por su parte, lleva otra bobina receptora.

Cuando ambas se aproximan, la magia de la inducción entra en juego. No hace falta una precisión milimétrica, algo que en un mar picado es simplemente imposible. El sistema tolera el movimiento y el desalineamiento, permitiendo que la energía fluya a través del campo magnético sin que una sola gota de agua toque un componente vivo.

El prototipo actual, que Guidi puede levantar con una mano, entrega unos 50 kW. Pero el plan no se queda ahí. La versión final de producción está diseñada para alcanzar los 5 megavatios (MW). Eso es más de 10 veces la potencia de los supercargadores más rápidos de Tesla. Estaríamos hablando de un "monstruo" de bobina que pesará varias toneladas y será tres veces más grande que el prototipo, pero con la misma filosofía de uso: llegar, acercar y cargar.

Este avance no es solo una curiosidad de laboratorio; es la infraestructura necesaria para que los SOV (Service Operation Vessels), los barcos que mantienen los parques eólicos, dejen de quemar diésel.

Actualmente, estos barcos tienen un dilema: si son eléctricos, gastan gran parte de su batería simplemente en el trayecto de ida y vuelta desde el puerto hasta el parque eólico. Al poder cargar "in situ", directamente de la energía limpia que generan los molinos que están reparando, su autonomía se vuelve virtualmente infinita para las operaciones de mantenimiento.

El proyecto Ocean Charger, liderado por la empresa Vard, no solo ha diseñado la bobina. Han tenido que rediseñar toda la cadena de valor: desde la conversión de la corriente alterna del molino a corriente continua de alto voltaje, pasando por el cable flexible, hasta el sistema de control inteligente a bordo que gestiona la entrada de energía en las baterías para minimizar las pérdidas.

Pero, ¿qué pasa cuando no hay viento? Los investigadores también han pensado en ello. La infraestructura incluye los llamados OSS (Offshore Substation) hubs, estaciones que funcionan como pulmones energéticos. Estos centros recogen la energía de los aerogeneradores y pueden almacenarla temporalmente para que los barcos siempre tengan "zumo" disponible, independientemente de la meteorología inmediata.

Håvard Vollset Lien, director de investigación en Vard, es optimista. Ve un futuro donde toda la costa noruega esté jalonada de estos puntos de carga, creando una suerte de "E6 marina" (la principal autopista de Noruega) donde los buques puedan repostar electrones sin desviarse de su ruta comercial.

A pesar de que el consorcio ya ha enviado un memorándum a las autoridades británicas, uno de los mayores mercados de eólica marina del mundo, afirmando que la tecnología está madura y lista para su despliegue comercial, todavía quedan escollos por salvar.

El investigador del SINTEF Giuseppe Guidi con un prototipo del cargador

El investigador del SINTEF Giuseppe Guidi con un prototipo del cargador Omicrono

El problema ya no es la ingeniería, sino la regulación y los acuerdos comerciales. ¿Quién paga por esa infraestructura? ¿Cómo se factura esa energía en aguas internacionales? ¿Cómo se estandariza el conector para que cualquier barco pueda usar cualquier cargador?

Lo que está claro es que la carga inductiva de alta potencia es el camino a seguir. No solo por la comodidad de ese "plug-and-play" que mencionaba Guidi, sino por la pura supervivencia de los componentes en el mar. Si queremos descarbonizar el transporte marítimo pesado, no podemos pretender usar las soluciones de tierra firme. El mar exige su propio lenguaje, y parece que ese lenguaje se habla mediante campos magnéticos.