Fragata de la clase Chungnam Batch III de la Marina de Corea del Sur

Fragata de la clase Chungnam Batch III de la Marina de Corea del Sur HD Hyundai Heavy Industries

Observatorio de la Defensa

De la cooperación naval entre Corea del Sur y EEUU a una posible colaboración con España

Jung Han Hwang
Publicada

España y Corea del Sur son dos países peninsulares situados en extremos opuestos del continente euroasiático. España, desde la península ibérica, se abre al Atlántico y al Mediterráneo; Corea del Sur, desde la península de Corea, se proyecta hacia el Pacífico a través del mar del Este, el mar Amarillo y el mar del Sur.

Los mares que contemplan son diferentes, pero ambos países comparten una característica esencial: son naciones marítimas cuya prosperidad y seguridad han estado históricamente estrechamente vinculadas al mar.

En el siglo XVI, España construyó un imperio marítimo que conectaba Europa con América y el Pacífico gracias a una poderosa flota y a sus capacidades de navegación y construcción naval.

En una época similar, en la península de Corea, la marina de la dinastía Joseon, dirigida por el almirante Yi Sun-sin, empleó eficazmente buques como los geobukseon, conocidos como "barcos tortuga", junto con su artillería naval, para derrotar a las fuerzas navales japonesas durante las invasiones de finales del siglo XVI.

Varios siglos después, la relación de ambos países con el mar sigue siendo fundamental. España diseña y construye modernas fragatas y submarinos, principalmente a través de Navantia.

Por su parte, Corea del Sur ha desarrollado durante el último medio siglo no solo una industria de construcción naval mercante de alcance mundial, sino también una creciente capacidad para diseñar y construir diferentes tipos de buques militares.

Y recientemente, una fragata surcoreana ha comenzado a atraer una atención particular: la clase Chungnam, correspondiente al programa FFX Batch III de la Marina de la República de Corea.

EEUU mira a las Chungnam

Tal como publicó EL ESPAÑOL, la Casa Blanca y la US Navy están considerando distintos diseños de fragatas de países aliados y socios -entre ellos la versión de exportación de la clase Mogami japonesa, la clase Chungnam surcoreana y la clase Istanbul turca— como parte de las opciones que podrían contribuir a reforzar su futura fuerza de fragatas.

El Departamento de la Marina prevé completar la revisión correspondiente antes del próximo 12 de noviembre.

Corea del Sur ha desarrollado durante el último medio siglo una creciente capacidad para diseñar y construir diferentes tipos de buques militares.

Estados Unidos no ha decidido adquirir la clase Chungnam ni existe, por el momento, una decisión sobre qué diseño podría ser seleccionado. Sin embargo, resulta significativo que un país que durante décadas ha construido sus principales buques de combate en astilleros nacionales esté considerando la posibilidad de recurrir a diseños probados y capacidades industriales de países aliados.

Entre los elementos de la clase Chungnam que pueden explicar el interés suscitado figuran la incorporación de un radar multifunción de matriz en fase con cuatro caras fijas, un mástil integrado de sensores, un sistema híbrido de propulsión destinado a reducir la firma acústica y sistemas de sonar desarrollados en Corea del Sur.

Sin embargo, quizá aún más importante que las características de un buque concreto sea la base industrial que existe detrás de él.

Durante el último medio siglo, Corea del Sur ha desarrollado una industria naval de escala mundial mediante la construcción de grandes buques mercantes y, paralelamente, ha acumulado experiencia en el diseño y construcción de destructores, fragatas, submarinos y buques de asalto anfibio.

Al combinar esas capacidades con tecnologías de radar, sistemas de gestión de combate, comunicaciones, misiles guiados y guerra electrónica, el país ha construido progresivamente un ecosistema naval capaz de abarcar desde la construcción del casco hasta la integración de sensores, armamento y sistemas de combate.

Por ello, el interés estadounidense por estos diseños puede interpretarse también como una atención a las capacidades industriales que existen detrás de ellos: diseño, producción, cadena de suministro e integración de sistemas.

Alianza entre Corea y EEUU

Uno de los aspectos más interesantes de esta discusión es precisamente el modelo de cooperación que Estados Unidos parece estar considerando.

Una de las opciones analizadas consistiría en construir hasta los dos primeros buques en astilleros extranjeros y trasladar posteriormente la producción de las unidades siguientes a astilleros estadounidenses.

Los astilleros, la mano de obra especializada y las cadenas de suministro están convirtiéndose en activos estratégicos en sí mismos.

El objetivo sería aprovechar tecnologías ya probadas y la experiencia industrial de los aliados para incorporar nuevos buques con mayor rapidez, al mismo tiempo que se impulsan a largo plazo la inversión, la transferencia tecnológica y la formación de capacidades laborales dentro de Estados Unidos.

No se trataría, por tanto, de que Corea del Sur sustituyera a la industria naval estadounidense. Más bien podría interpretarse como un modelo en el que las capacidades de un aliado contribuyen al fortalecimiento de la propia base industrial estadounidense.

Este cambio refleja también cómo el concepto de alianza militar está ampliándose hacia el terreno industrial. Tradicionalmente, una alianza se explicaba a través de tropas, bases, ejercicios conjuntos y la interoperabilidad de los sistemas de armas.

Hoy, sin embargo, se ha convertido igualmente en una cuestión estratégica saber quién puede fabricar los buques y sistemas necesarios, con qué rapidez puede hacerlo y cómo puede mantenerse la cadena de suministro tanto en tiempos de paz como durante una crisis.

Los astilleros, la mano de obra especializada y las cadenas de suministro de materiales y componentes están convirtiéndose en activos estratégicos en sí mismos.

Desde esta perspectiva, el debate en torno a la clase Chungnam constituye un ejemplo de cómo la construcción naval y la industria de defensa están adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de la alianza entre Corea del Sur y Estados Unidos.

España y la industria naval

España también es un país que ha sabido transformar una larga tradición naval en una moderna industria de construcción naval y defensa. Uno de sus mejores ejemplos es el programa de fragatas F-110 de Navantia.

Las F-110 incorporan el sistema de combate SCOMBA desarrollado por Navantia Sistemas y están integrando el radar SPY-7 de Lockheed Martin junto con el International Aegis Fire Control Loop. El programa demuestra que España dispone de capacidad para integrar diferentes sensores y sistemas de armas en torno a su propio sistema de combate naval.

Entre España y Corea del Sur existe un margen considerable para conectar fortalezas diferentes y complementarias.

No es necesario plantear la comparación entre las industrias navales de Corea del Sur y España en términos de cuál de las dos está más avanzada.

Corea del Sur ha desarrollado una potente base de construcción naval comercial, una amplia experiencia en diferentes tipos de buques militares y una creciente capacidad para integrar en una misma plataforma tecnologías electrónicas, digitales y de defensa.

España, por su parte, posee una larga experiencia en diseño naval, una importante capacidad de integración de sistemas de combate y un conocimiento tecnológico acumulado dentro del entorno industrial de defensa europeo y de la OTAN.

Existen áreas en las que las capacidades de ambos países se solapan y proyectos internacionales en los que pueden llegar a competir. Pero también existe un margen considerable para conectar fortalezas diferentes y complementarias.

La pregunta para Seúl y Madrid

Los buques de guerra modernos son sistemas demasiado complejos como para que un solo país o una sola empresa pueda producir todos sus componentes de manera aislada.

El casco, la propulsión, el radar, el sistema de gestión de combate, la guerra electrónica, las comunicaciones, los misiles y el software dependen de numerosas empresas y tecnologías que deben funcionar de manera coordinada dentro de una misma plataforma.

Lo mismo ocurre con la cooperación entre países.

Es posible imaginar diversas fórmulas: colaboración en proyectos destinados a terceros mercados, suministro recíproco de componentes y sistemas, mantenimiento, reparación y revisión -MRO-, formación de personal o incluso desarrollo conjunto de nuevas tecnologías.

La cuestión esencial no consiste en que una parte sustituya a la otra.

Se trata de reconocer las capacidades que cada país ha acumulado durante décadas, conectar fortalezas diferentes y encontrar aquellos ámbitos en los que resulte posible trabajar juntos.

La iniciativa estadounidense de aprovechar las capacidades navales de sus aliados y, al mismo tiempo, reforzar su propia base industrial ofrece, en este sentido, una referencia interesante también para Corea del Sur y España.

España ya está acumulando, a través del programa F-110, experiencia en la integración de tecnologías de Navantia, Lockheed Martin y otras empresas nacionales e internacionales.

Es un ejemplo que demuestra que la tecnología propia y la extranjera no tienen por qué constituir necesariamente una elección excluyente. ¿Podría plantearse una lógica similar entre Corea del Sur y España?

España, abierta al Atlántico y al Mediterráneo, y Corea del Sur, orientada hacia el Pacífico a través de sus mares, han desarrollado sus respectivas industrias marítimas en espacios geográficos muy distintos.

Quizá haya llegado el momento de contemplar esa experiencia no solo desde la perspectiva de la competencia, sino también desde la cooperación.

Ahora que Estados Unidos ha comenzado a prestar atención a la clase Chungnam y a otros diseños aliados, merece la pena plantear una pregunta similar para Corea del Sur y España: ¿En qué mares, y de qué manera, podrían colaborar en el futuro estas dos naciones marítimas situadas en los extremos del continente euroasiático?

*** Jung Han Hwang es director de South Compass Consulting y asesor de la Asociación Coreano-Latinoamericana y del Caribe