B-1B Lancer

B-1B Lancer Nicholas Priest / USAF

Observatorio de la Defensa

La OTAN integra por primera vez un bombadero B-1B Lancer estadounidense en su nueva defensa aérea del Báltico

Participó junto a Eurofighter alemanes e italianos, F-18 españoles y F-16 turcos en un ejercicio sobre Lituania.

Más información: Rutte pide calma ante las "acciones hostiles" de Rusia: “La OTAN tiene lo necesario para responder a cualquier amenaza”

Publicada
Actualizada
LO ESENCIAL
Exclusivo suscriptores
LO ESENCIAL
Generado con IA

La OTAN integró por primera vez un bombardero estadounidense B-1B Lancer en un ejercicio de su nueva defensa aérea del Báltico, desarrollado sobre Lituania y Letonia.

La maniobra reunió cazas de Alemania, España, Italia y Turquía, aviones cisterna y medios terrestres para ensayar una arquitectura común de mando, control y defensa antimisil.

El B-1B, bombardero convencional de largo alcance capaz de superar Mach 1, aportó un perfil de amenaza distinto por su tamaño, velocidad y capacidad de carga.

El nuevo modelo sustituye el enfoque exclusivo de vigilancia aérea por una defensa integrada frente a aviones, misiles y drones, conectando capacidades nacionales en una única red aliada.

La OTAN ha puesto a prueba por primera vez su nuevo modelo de defensa aérea en el Báltico con la incorporación de un bombardero estadounidense B-1B Lancer. El aparato de la Fuerza Aérea de EEUU participó el 29 de septiembre en un ejercicio multinacional sobre Lituania y Letonia destinado a comprobar la capacidad de la Alianza para integrar cazas, aviones de reabastecimiento y sistemas terrestres bajo una estructura común de mando y control.

La actividad, organizada por el Mando Aéreo Aliado de la OTAN (AIRCOM), se desarrolló bajo el formato Flexible Deterrent Option (FDO) y permitió ensayar la denominada Defensa Integrada Aérea y Antimisil (IAMD) dentro del nuevo marco de defensa aérea de la Alianza.

En el ejercicio participaron fuerzas de Alemania, España, Italia, Letonia, Turquía y Estados Unidos, junto con medios de apoyo de la OTAN. La principal novedad fue la presencia del bombardero B-1B, que debutó en un escenario de entrenamiento de defensa aérea bajo este nuevo marco.

El ejercicio refleja la transformación de la defensa aérea aliada en el flanco oriental. El objetivo ya no es únicamente proteger el espacio aéreo frente a aeronaves tripuladas, sino coordinar respuestas frente a aviones, misiles, drones y otras amenazas dentro de una misma arquitectura de mando y control.

El nuevo marco establece reglas, procedimientos y mecanismos comunes de mando y control (C2) para integrar rápidamente capacidades aportadas por distintos países y dirigirlas de forma coordinada dentro del área de responsabilidad del Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR).

En el escenario participaron Eurofighter alemanes e italianos, F-18 españoles y F-16 turcos, que operaron junto al B-1B estadounidense en un ejercicio de enfrentamiento entre fuerzas “rojas” y “azules”. Algunos de estos cazas forman parte de los destacamentos aliados desplegados actualmente en los países bálticos.

La operación incorporó también capacidades de reabastecimiento en vuelo. La Multinational Multi-Role Tanker Transport Unit (MMU) aportó aviones Airbus A330 MRTT, mientras que Italia desplegó un KC-767A. España y Letonia, por su parte, incorporaron medios terrestres para recrear un escenario de defensa aérea multidominio.

Uno de los elementos destacados fue la transferencia del mando del componente aéreo conjunto a la Fuerza Aérea y Espacial francesa, que proporcionó al comandante del Joint Force Air Component (JFACC) encargado de supervisar la operación.

La fórmula permite entrenar la transferencia del control operativo desde las estructuras permanentes de la OTAN a estructuras nacionales certificadas dentro de la Fuerza de la OTAN.

El B-1B, un nuevo perfil de amenaza

La presencia del B-1B Lancer aporta una dimensión específica al entrenamiento. Aunque el avión fue concebido como bombardero estratégico, EEUU abandonó su misión nuclear en los años noventa y la flota pasó a desempeñar un papel exclusivamente convencional, proceso culminado en 2011.

En este ejercicio, el B-1B actúa por tanto como un bombardero convencional de largo alcance, incorporando al escenario una plataforma de grandes dimensiones, elevada velocidad y capacidad para operar a larga distancia.

B-1B Lancer desplegando señuelos

B-1B Lancer desplegando señuelos Nicholas Priest / USAF

El aparato está equipado con cuatro motores General Electric F101-GE-102, puede superar Mach 1 y transportar hasta unas 34 toneladas de armamento. Su ala de geometría variable permite modificar su configuración en función de la fase de vuelo, mientras que sus sistemas incluyen radar de apertura sintética, seguimiento del terreno y detección de objetivos móviles.

El B-1B dispone además de Link 16, que permite intercambiar información táctica con otras plataformas y centros de mando aliados. Estas características lo convierten en un elemento de entrenamiento diferente tanto de los cazas participantes como de los sistemas empleados para hacer frente a drones de pequeño tamaño.

Una defensa integrada

El ejercicio se produce en plena evolución de la presencia aérea de la OTAN en el Báltico. La Alianza protege el espacio aéreo de Estonia, Letonia y Lituania desde 2004, cuando los tres países ingresaron en la organización.

Durante años, esta misión se articuló principalmente mediante Baltic Air Policing, con destacamentos rotatorios de cazas aliados. Desde 2026, la OTAN ha evolucionado hacia un modelo de Air Defence más amplio, que mantiene la presencia de aeronaves pero incorpora nuevas capacidades y una arquitectura de defensa más completa.

El cambio responde también a la transformación de las amenazas en el flanco oriental, donde los drones han adquirido un protagonismo creciente. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señaló el 29 de septiembre que los incidentes con aeronaves no tripuladas están impulsando el refuerzo de la defensa aérea y antimisil integrada.

Rutte puso como ejemplo el incidente del 15 de septiembre, cuando cazas italianos desplegados por la OTAN en la base de Šiauliai derribaron un dron que había violado el espacio aéreo lituano. El secretario general destacó además la necesidad de desarrollar sistemas capaces de hacer frente a drones de menor coste sin recurrir siempre a medios de alta gama.

“Estamos reforzando nuestra defensa aérea y antimisil integrada, un enfoque multicapa de 360 grados que proporciona una mayor protección frente a todo el espectro de amenazas aéreas”, explicó.

El reto: funcionar como un único sistema

El ejercicio del 29 de septiembre muestra una de las prioridades de la nueva postura aérea aliada: integrar capacidades nacionales diferentes dentro de una misma red.

La detección de una amenaza, su identificación, la asignación de una misión, la interceptación y el intercambio de información requieren coordinar sensores, centros de mando, cazas, aviones cisterna y sistemas terrestres procedentes de distintos países.

La presencia del B-1B constituye, en este contexto, una de las primeras demostraciones visibles del nuevo modelo: más que acumular plataformas, la Alianza busca que medios de diferentes países puedan incorporarse rápidamente a una red común de sensores, mando, control y armas.