Un caza F/A-18 Super Hornet a bordo del portaaviones Theodore Roosevelt de EEUU

Un caza F/A-18 Super Hornet a bordo del portaaviones Theodore Roosevelt de EEUU US Navy

Observatorio de la Defensa

EEUU destapa posibles daños cerebrales en los pilotos de F-18 que vuelan desde portaaviones y acusan a la Navy de inacción

Un informe alerta de lesiones neurológicas acumulativas para los aviadores.

Varios pilotos de la Marina de EEUU se han suicidado en los últimos años.

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Las claves
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Una investigación del Congreso de EEUU revela posible daño cerebral acumulativo en pilotos de F-18 que operan desde portaaviones.

El informe acusa a la US Navy de ignorar advertencias internas y no investigar formalmente la salud neurológica de sus aviadores.

La rutina de despegues y aterrizajes extremos, junto a maniobras de alta aceleración, podría estar provocando lesiones neurológicas a largo plazo.

Hasta un 72% de los pilotos ha evitado acudir al médico por miedo a perder sus licencias o su carrera, perpetuando una cultura del silencio.

Una investigación del Congreso de Estados Unidos ha sacado a la luz una de las grietas más profundas y preocupantes en la gestión médica de las Fuerzas Armadas estadounidenses: la posible existencia de un impacto neurológico acumulativo e invisible en los pilotos navales que operan en cazas de combate como el F/A-18 Super Hornet.

En un demoledor informe del Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno de la Cámara de Representantes, los legisladores acusan formalmente a la Marina de Estados Unidos (US Navy) de inacción deliberada, negligencia institucional y de ignorar las advertencias internas sobre el deterioro cerebral y el alarmante número de suicidios entre los aviadores en los últimos años.

El reporte, fruto del análisis de cerca de 1.400 páginas de documentación interna y sesiones informativas con mandos médicos y militares, expone cómo la rutina de los despegues mediante catapulta y los aterrizajes mediante cables de frenado en los portaaviones, así como las maniobras de alta aceleración, podrían estar provocando lesiones neurológicas a lo largo de las carreras de estos militares.

Sin embargo, la respuesta de la Marina no ha sido estudiar el problema, sino atribuir la crisis de salud mental al simple "estrés operacional" y mirar hacia otro lado.

La investigación parlamentaria nació a raíz de una ola de suicidios entre pilotos veteranos. A principios de 2024, según reveló entonces The New York Times, un memorando interno titulado Get Real, Get Better: Abordando el suicidio y la salud mental de los aviadores de F/A-18, alertaba de que aviadores de alto rendimiento estaban quitándose la vida y sufrían problemas psicosociales graves, depresión y ansiedad.

Entre las víctimas se encontraban instructores de la famosa escuela TOPGUN de la US Navy y comandantes de escuadrón con una dilatada experiencia en combate.

A pesar de que la nota circuló por los despachos de almirantes de alto rango con comentarios de preocupación, la Marina nunca inició una investigación formal para determinar si el origen de estos trastornos residía en daños físicos neurológicos causados por las condiciones de vuelo.

Desgaste neurológico

Operar desde un portaaviones implica someter al cuerpo humano a fuerzas extremas de forma repetitiva. En un despegue en catapulta, un caza F/A-18 pasa de 0 a 320 kilómetros por hora en poco más de dos segundos. Durante esta aceleración, el cerebro se aplasta contra la parte posterior del cráneo.

Además, durante las maniobras aéreas tácticas, los pilotos soportan habitualmente fuerzas de aceleración de varias veces la gravedad terrestre (fuerzas G), lo que restringe el flujo sanguíneo y somete al tejido cerebral a sacudidas violentas.

Despegue de un F/A-18 Super Hornet desde un portaaviones de EEUU

Despegue de un F/A-18 Super Hornet desde un portaaviones de EEUU DoW

Los testimonios de los aviadores describen la aparición paulatina de pérdidas de memoria, deterioro cognitivo, insomnio y cambios severos de conducta tras años de servicio.

Sin embargo, el marco médico tradicional de la Navy está diseñado para detectar eventos traumáticos agudos -como una conmoción tras un accidente de aviación-, pero carece de mecanismos para medir el desgaste neurológico acumulado que se desarrolla silenciosamente año tras año.

Sorprendentemente, la Marina admitió al Congreso que ha realizado más de 120 proyectos de investigación sobre problemas fisiológicos puntuales (como la hipoxia o la fatiga), pero ninguno enfocado en el riesgo de daño cerebral crónico a largo plazo en la aviación táctica.

El informe de la Cámara de Representantes señala la desproporción entre los costes de entrenamiento y la inversión en la salud de los pilotos. Formar a un solo piloto de F/A-18 cuesta a los contribuyentes unos 2,18 millones de dólares (1,88 millones de euros), una cifra que asciende a 3,36 millones (2,89 millones) en el caso de los nuevos cazas F-35C.

Sin embargo, el coste estimado para poner en marcha un estudio longitudinal completo de 12 años sobre la salud cerebral de toda la fuerza de aviadores es de apenas 3,9 millones de dólares (3,36 millones de euros).

En términos financieros, la Marina de EEUU gasta lo mismo en entrenar a un solo aviador de F-35 que lo que costaría averiguar si volar estos aviones está lesionando los cerebros de cientos de ellos.

Cazas F/A-18 en la cubierta del portaaviones Gerald R. Ford de EEUU

Cazas F/A-18 en la cubierta del portaaviones Gerald R. Ford de EEUU US Navy

Frente a las críticas, la US Navy se ha justificado argumentando que "no existen datos" que demuestren que las operaciones de vuelo rutinarias causen daños neurológicos.

Sin embargo, el informe parlamentario rebate con rotundidad esta postura: la falta de evidencias no demuestra la ausencia de riesgo, sino la falta de estudios diseñados para buscarlo. Si no se analiza a los pilotos a lo largo del tiempo, el problema seguirá siendo invisible en los historiales médicos.

El miedo a perder las alas

El estudio saca también a la luz la existencia de una cultura del silencio profundamente arraigada que enmascara la magnitud del problema. En la aviación naval prima una cultura de autoconfianza y resistencia donde admitir problemas de salud mental o neurológicos equivale a un suicidio profesional.

Estudios citados en el informe revelan que hasta un 72 % de los pilotos reconocen haber evitado acudir al médico y un 42 % admite haber ocultado información o síntomas por temor a perder su estatus de vuelo, ver revocadas sus licencias o arruinar sus opciones de ascenso.

Aterrizaje de un caza F/A-18 en el portaaviones USS Carl Vinson

Aterrizaje de un caza F/A-18 en el portaaviones USS Carl Vinson Reuters

Los aviadores perciben las pautas de salud mental de la institución no como una red de ayuda, sino como un mecanismo destinado a descalificarlos del servicio activo. Como resultado, muchos eligen sufrir en silencio, conteniendo el estrés y los síntomas hasta que la situación se vuelve irreversible.

Para forzar un cambio de rumbo urgente en el estamento militar, el Comité del Congreso ha dictaminado una serie de exigencias de cumplimiento obligatorio. En primer lugar, los legisladores requieren aprobar una norma que obligue por ley al Departamento de Guerra a poner en marcha un estudio científico capaz de monitorizar la salud cerebral de las tripulaciones a lo largo del tiempo.

El mismo, señalan, deberá hacer un seguimiento de los síntomas incluso años después de que abandonen el servicio activo y garantizar que sus licencias y pensiones de veteranos se adapten a la realidad de sus secuelas.

El informe parlamentario concluye con una advertencia severa hacia el Pentágono: la US Navy se enfrenta a un peligro que, por priorizar el ritmo operativo, ha preferido no comprender.