El cielo arde, los almacenes se vacían: la ofensiva sobre Irán acelera el agotamiento de misiles Patriot y THAAD.

El cielo arde, los almacenes se vacían: la ofensiva sobre Irán acelera el agotamiento de misiles Patriot y THAAD. CENTCOM

Observatorio de la Defensa

Seis meses de guerra en Irán: Trump no logra doblegar a Teherán y la batalla se enquista en el estrecho de Ormuz

El conflicto continúa entre ataques, amenazas y una tregua fracasada.

Un estrecho de Ormuz convertido en la principal palanca de presión de Teherán.

Más información: Irán extiende sus amenazas al tablero europeo mientras Trump reclama Ormuz como “territorio estadounidense”

Y. Rodriguez - Agencias
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Las claves

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Seis meses después del inicio de la guerra, Irán ha sobrevivido al golpe inicial de EE.UU. e Israel y mantiene su capacidad de combate.

El estrecho de Ormuz se ha convertido en la principal herramienta de presión de Teherán, impactando el mercado energético mundial.

Trump no ha logrado una victoria rápida: las treguas han fracasado, el conflicto se prolonga y Washington recurre a nuevas sanciones económicas.

La guerra ha causado miles de muertos en Irán y la región, y ha evidenciado vulnerabilidades en el escudo antimisiles estadounidense.

Seis meses después del inicio de la guerra en Irán el 28 de febrero, la ofensiva que Estados Unidos e Israel concibieron como un golpe decisivo para descabezar al régimen de los ayatolás, con el asesinato incluido del líder supremo iraní, Alí Jameneí, ha derivado en un conflicto de desgaste sin salida política a la vista, marcado por nuevos ataques, amenazas cruzadas, una tregua fallida y un estrecho de Ormuz convertido en la principal palanca de presión de Teherán.

La tregua alcanzada en abril y el posterior intento de reabrir las negociaciones no han conseguido poner fin a las hostilidades. El último alto el fuego expiró el 18 de agosto sin acuerdo para su renovación y Washington ha optado ahora por reforzar la presión económica sobre Teherán mediante nuevas sanciones.

El resultado es una guerra que Trump no ha conseguido cerrar con una victoria rápida y que, medio año después, amenaza con prolongarse indefinidamente.

La guerra comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una operación conjunta contra Irán después de una ronda de negociaciones en la que Donald Trump trataba de presionar a Teherán para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear.

Washington presentó la ofensiva como un ataque preventivo cuyo objetivo era "aniquilar" al régimen de los ayatolás.

El primer golpe fue devastador para Irán. Los bombardeos acabaron con Alí Jameneí y con numerosos altos cargos políticos y militares, golpeando directamente las estructuras de mando del régimen.

Pero el objetivo de descabezar al sistema iraní no se tradujo en su colapso. Teherán reorganizó sus estructuras de poder y mantuvo la capacidad de responder militarmente.

El nuevo líder supremo, Mojtaba Jameneí, apenas ha aparecido públicamente durante estos meses y sus principales pronunciamientos se han realizado por escrito.

Miles de objetivos bajo las bombas

Las primeras semanas estuvieron marcadas por una intensa campaña aérea estadounidense e israelí. Irán respondió atacando Israel y extendiendo sus acciones contra bases militares estadounidenses situadas en distintos países árabes de la región.

Durante el primer mes, EEUU afirmó haber alcanzado más de 11.000 objetivos en territorio iraní, entre ellos centros de mando, instalaciones de inteligencia de la Guardia Revolucionaria e infraestructuras vinculadas a la industria militar.

La ofensiva también alcanzó a figuras relevantes del régimen, entre ellas Ali Lariyani, considerado una de las personas más próximas a Jameneí.

Irán dejó de publicar cifras de muertos después de informar de 1.230 fallecidos durante la primera semana. A esta cifra se sumarían posteriormente más de 3.400 muertos desde la reanudación de los ataques el 30 de julio.

Israel, por su parte, ha sufrido también decenas de víctimas mortales, mientras los ataques han provocado muertos en otros países de la región, entre ellos Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Kuwait.

Pero el alcance de la guerra ha ido mucho más allá de los objetivos militares.

Ormuz, el arma que Irán conserva

El estrecho de Ormuz se ha convertido en la principal herramienta de presión de Teherán y en uno de los grandes problemas estratégicos de la ofensiva estadounidense.

El paso marítimo es esencial para el comercio mundial de hidrocarburos. Su cierre disparó el precio del petróleo hasta los 120 dólares por barril, frente a los aproximadamente 70 dólares anteriores al conflicto, y alimentó el temor a una crisis económica global.

Para Irán, Ormuz se ha convertido así en una especie de palanca estratégica de compensación frente a la superioridad militar estadounidense.

Washington puede disponer de una capacidad aérea muy superior, pero Teherán conserva la posibilidad de amenazar una de las principales arterias energéticas del planeta.

La crisis también evidenció las diferencias entre EEUU y sus aliados europeos. Los miembros de la OTAN rechazaron la petición de Trump para enviar buques militares destinados a garantizar la navegación por el estrecho.

El acuerdo de tregua del 8 de abril permitió una reapertura temporal de Ormuz, pero el control del tráfico marítimo siguió siendo uno de los principales puntos de fricción entre Washington y Teherán.

Trump exige la rendición de Irán

La guerra ha estado acompañada durante estos seis meses de un intenso intercambio de amenazas. Donald Trump llegó a exigir la "rendición incondicional" de Irán y advirtió de que Teherán podía enfrentarse a la desaparición de "toda una civilización".

La nueva dirección iraní ha respondido con un discurso de resistencia y con advertencias de que el conflicto podría transformarse en una guerra de desgaste prolongada.

La Guardia Revolucionaria ha anunciado además el despliegue de nuevas armas estratégicas y ha insistido en que Teherán mantiene capacidad para continuar combatiendo pese a los golpes sufridos.

La realidad sobre el terreno parece haber dado la razón a esa estrategia: el régimen no ha caído y la guerra tampoco ha terminado.

Una tregua que no abrió la puerta a la paz

Tras semanas de combates, la mediación de Pakistán permitió alcanzar el 8 de abril un alto el fuego de dos semanas, 39 días después del inicio de la guerra.

El acuerdo incluía la reapertura temporal del estrecho de Ormuz y tomaba como referencia un plan de diez puntos presentado por Teherán.

Entre las condiciones iraníes figuraban el compromiso de no desarrollar armas nucleares, el levantamiento de las sanciones estadounidenses, indemnizaciones por los daños causados durante la guerra y el cese de las agresiones.

La tregua permitió reducir temporalmente la intensidad de los combates, pero no resolver las cuestiones fundamentales del conflicto.

El 17 de junio se alcanzó un nuevo acuerdo para un cese de 60 días. Ese periodo terminó el 18 de agosto sin un acuerdo para prorrogarlo y sin un calendario claro para retomar las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra.

La diplomacia volvía a quedar atrapada por las exigencias incompatibles de Washington y Teherán.

De nuevo los bombardeos

Los ataques volvieron y con ellos desapareció buena parte de las esperanzas de una salida negociada.

En junio se reanudaron los intercambios de fuego y el diálogo quedó congelado. La situación volvió a deteriorarse durante el verano, especialmente a mediados de julio, cuando EEUU lanzó una nueva oleada de bombardeos contra objetivos en el sur de Irán.

La respuesta de Teherán fue inmediata: nuevo bloqueo total del estrecho de Ormuz.

El conflicto entró así en una nueva fase. La guerra dejó de parecer una operación militar destinada a conseguir rápidamente el colapso del régimen iraní y empezó a adquirir los rasgos de un enfrentamiento prolongado, en el que el desgaste económico y energético adquiere tanta importancia como los ataques militares.

Asimismo, la guerra contra Irán ha dejado al descubierto una vulnerabilidad crítica en el escudo antimisiles de EEUU: según un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS), las Fuerzas Armadas estadounidenses han gastado cerca del 65% de sus interceptores Patriot y alrededor del 38% de los THAAD.

Washington cambia las bombas por las sanciones

A los ataques se suma ahora otra herramienta: la presión económica.

Ante el bloqueo de las negociaciones, Estados Unidos ha endurecido el cerco sobre Irán con nuevas sanciones dentro de la operación 'Paria Económico', con el objetivo de estrangular financieramente al régimen y reducir su capacidad para sostener la guerra.

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Pero la estrategia también plantea interrogantes. Las sanciones necesitan tiempo para producir efectos y no garantizan por sí mismas que Teherán vaya a aceptar las condiciones de Washington.

Mientras tanto, Irán conserva la capacidad de utilizar Ormuz como instrumento de presión y de mantener una respuesta militar suficiente para impedir que EEUU pueda presentar el conflicto como una victoria definitiva.

Seis meses después, ninguna salida a la vista

Medio año después del inicio de la guerra, el balance es muy diferente al que podía anticiparse tras los primeros ataques.

EEUU e Israel han demostrado una abrumadora superioridad militar y han golpeado duramente las estructuras políticas, militares y estratégicas iraníes. Pero Teherán ha sobrevivido al golpe inicial, ha mantenido su capacidad de combate y ha convertido Ormuz en un arma geopolítica de primer orden.

La tregua de abril no desembocó en un acuerdo de paz. El posterior cese de 60 días tampoco logró consolidarse. Y las nuevas sanciones estadounidenses amenazan con abrir una fase todavía más dura de presión económica.

El resultado es un conflicto atrapado entre dos estrategias: Washington busca que el desgaste militar y económico obligue a Teherán a capitular; Irán apuesta por resistir, prolongar el enfrentamiento y utilizar Ormuz para elevar el coste de la guerra para EEUU y sus aliados.

Seis meses después, por tanto, la pregunta ya no es cuánto tardará en caer el régimen iraní, sino cuánto tiempo están dispuestos ambos bandos a seguir pagando el precio de una guerra que ninguno ha conseguido ganar y que cada vez parece más difícil de cerrar.