Misiles iraníes en una exhibición en Teherán.

Misiles iraníes en una exhibición en Teherán. Europa Press Europa Press

Observatorio de la Defensa

Irán extiende sus amenazas al tablero europeo mientras Trump reclama Ormuz como “territorio estadounidense”

"Irán tendría capacidad para ello, pero no le conviene estratégicamente implicar a Europa", afirma el almirante Garat.

Washington y Teherán han desplazado deliberadamente el foco hacia Ormuz.

Más información: Teherán amenaza con atacar bases militares estadounidenses en Europa si Trump intensifica la guerra

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Las claves

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Irán amenaza con ampliar el conflicto atacando bases militares estadounidenses en Europa si Trump intensifica la campaña militar.

Donald Trump reivindica el estrecho de Ormuz como "territorio estadounidense" y mantiene el bloqueo naval sobre Irán, aumentando la tensión en la región.

Las amenazas iraníes incluyen advertencias a los países del Golfo y aliados europeos que albergan fuerzas estadounidenses, elevando el riesgo de una escalada regional.

El conflicto se ha convertido en un factor de presión política y electoral para Trump, mientras Irán busca debilitarlo y complicar la situación en plena campaña estadounidense.

La guerra entre Estados Unidos e Irán entra en una nueva fase de escalada, al menos en el plano verbal, tras expirar el plazo de 60 días contemplado en el memorando de entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán. Con la vía diplomática bloqueada, el conflicto amenaza ahora con desbordar Oriente Próximo y alcanzar directamente territorio europeo.

Según Financial Times, Irán habría evaluado atacar instalaciones militares estadounidenses en Europa si Donald Trump intensifica la campaña militar. Entre los posibles objetivos figurarían activos estadounidenses en el sureste europeo, incluida la base aérea búlgara de Bezmer —cuyo uso por aeronaves estadounidenses de reabastecimiento fue autorizado recientemente— y las bases británicas de Akrotiri y Dhekelia, en Chipre.

La amenaza de extender las represalias a Europa supondría un salto cualitativo en el conflicto y elevaría la presión sobre los aliados que albergan fuerzas e infraestructuras estadounidenses. El mensaje iraní coincide con el endurecimiento del discurso de Trump, quien asegura que no hay negociaciones ni conversaciones previstas con el régimen de los ayatolás.

Trump ha defendido en Truth Social que el bloqueo naval estadounidense sobre Irán continúa "plenamente vigente", aunque sostiene que "el estrecho de Ormuz está abierto y operativo. Todas las minas marinas han sido retiradas o detonadas".

La declaración refleja una de las contradicciones centrales de la crisis: Washington mantiene un bloqueo naval sobre Irán mientras afirma que la principal vía marítima del Golfo continúa abierta a la navegación.

El presidente estadounidense ha elevado aún más la tensión al publicar un mapa en el que el estrecho de Ormuz aparece identificado como "nuevo territorio de EEUU", en una aparente reivindicación del control estadounidense sobre esta estratégica vía marítima.

También ha amenazado a Omán, actor clave en la gestión de la crisis y tradicional intermediario entre Washington y Teherán, mientras Estados Unidos trata de impedir que Irán consolide cualquier fórmula de control sobre el estrecho.

El almirante Juan Rodríguez Garat (R), asegura a EL ESPAÑOL, la afirmación de Trump de que Ormuz es "el nuevo territorio de EEUU" es directamente "un disparate". A su juicio, el mensaje "quizá haya conseguido el aplauso de los más fanáticos de sus partidarios", pero responde sobre todo a "un discurso interno para Estados Unidos".

Su diagnóstico sobre la estrategia del presidente es aún más contundente: "Si el presidente Trump no ha perdido la guerra en Irán, ha perdido el juicio".

Rodríguez Garat sostiene que el verdadero trasfondo de la confrontación sigue siendo el programa nuclear iraní. "Trump lo ha dicho tantas veces que ya no puede echarse atrás. Necesita un acuerdo, pero para Irán ese asunto es una cuestión de supervivencia del régimen", explica.

En su opinión, Washington y Teherán han desplazado deliberadamente el foco de la confrontación hacia el estrecho de Ormuz, un escenario en el que aún podría existir margen para una salida negociada. "Si puede haber un acuerdo, aunque sea no firmado, ahí sí podría alcanzarse: uno puede decir que está cerrado y el otro, que sigue abierto. Ninguno de los dos mentiría del todo", sostiene.

La batalla por Ormuz, sin embargo, no se desarrolla únicamente en el plano militar. También se ha convertido en una herramienta de presión política y diplomática que amenaza con ampliar el radio de acción de la guerra. Irán ha advertido a los países del Golfo de que cualquier apoyo logístico o militar a Estados Unidos será considerado una participación directa en el conflicto.

El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, el general Ali Abdollahi, ha lanzado un mensaje explícito a los gobiernos de la región: "Cualquier ayuda o facilitación prestada al ejército agresor de EEUU se considerará como participación con las fuerzas militares estadounidenses".

Abdollahi añadió que "nada escapa a nuestra atención", en referencia a las operaciones militares estadounidenses desarrolladas desde territorio de países aliados.

La advertencia se produce después de que Emiratos Árabes Unidos denunciara el lanzamiento de dos misiles iraníes contra su territorio. El episodio refleja cómo el conflicto amenaza con adquirir una dimensión regional: Teherán no solo pretende presionar a las fuerzas estadounidenses, sino también a los Estados que permiten su despliegue o facilitan sus operaciones.

Europa comienza a aparecer precisamente en este punto dentro del cálculo estratégico iraní. Garat asegura que "los países europeos son los únicos que se han puesto de perfil en la guerra de Trump". El almirante pone en duda, además, que Irán haya atacado la base británica de Akrotiri, en Chipre. El supuesto ataque, afirma, "nunca ha sido confirmado por Irán".

Eso no significa, sin embargo, que Teherán carezca de capacidad para atacar objetivos europeos. El almirante admite que Irán podría emplear misiles contra instalaciones militares en Bulgaria, Rumanía, Chipre e incluso Turquía. "Tendría capacidad para ello, pero no le conviene estratégicamente implicar a Europa", señala Rodríguez Garat.

La "teoría del loco" de Trump

Para Andrew Smith Serrano, miembro del International Institute of Strategic Studies (IISS) de Londres y del Centro para el Bien Común de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), esta estrategia puede encajar en la denominada "teoría del loco" (Madman Theory), asociada a la Administración de Richard Nixon y basada en proyectar una imagen de imprevisibilidad para presionar al adversario. Durante la guerra de Vietnam, Henry Kissinger habría recurrido a este enfoque en sus contactos con los negociadores vietnamitas.

Según Smith, esa misma lógica se estaría aplicando ahora en Oriente Próximo a través de los negociadores de Trump —Steve Witkoff, Jared Kushner y Marco Rubio—, con el objetivo de presionar a Irán para que alcance un acuerdo con Washington ante el temor de que el presidente «se esté enfadando demasiado».

"Trump quiere salir del atolladero como vencedor y en estos momentos no sabe muy bien cómo hacerlo", sostiene. Para Smith, las opciones de Irán pasan por "retirarse o escalar", aunque Teherán afronta el riesgo de "pasarse de frenada".

En su opinión, "la nueva amenaza es un movimiento más en esta partida de ajedrez en ese área del planeta", explica. El verdadero peligro, advierte, es que "el contencioso se vaya de las manos y que decidan todos que el régimen iraní ya no puede existir, como se hizo con el régimen de Siria. Pero estamos muy lejos".

El experto considera, además, que la actual crisis refleja una transformación mucho más profunda del sistema internacional. "La verdad es que nadie en la sociedad internacional confía en la presión. Lo que dicen es 'America first is America alone', y eso se está viendo", afirma.

A su juicio, a Teherán "le conviene tensar la cuerda", amenazar con "complicar el problema aún más y crear más desconfianza en los mercados" y tratar de utilizar el conflicto para debilitar políticamente a Trump dentro de Estados Unidos. El objetivo sería "ponerlo en una situación mucho peor en su campaña electoral interna y demostrar que este hombre no tiene palabra".

La suma de todos estos factores dibuja un escenario en el que la confrontación se encuentra lejos de la desescalada. La disputa por el estrecho de Ormuz, el bloqueo naval estadounidense, las amenazas iraníes contra los aliados de Washington en el Golfo y la posibilidad de ataques contra instalaciones militares en Europa están ampliando progresivamente el perímetro de la crisis.

Desgaste electoral de Trump

La evolución del conflicto contrasta con las previsiones iniciales de la Administración Trump. El presidente estadounidense había insistido en que la guerra sería rápida y decisiva y que terminaría "muy pronto".

Sin embargo, el enfrentamiento se prolonga y con él aumentan los costes militares y políticos para ambas partes. Especialmente para Trump, que afrontará las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre de 2026.

Smith contempla un escenario en el que "posiblemente Trump pierda la Cámara de Representantes, y pueda perder también el Senado", lo que podría convertirle en "un pato cojo durante dos años" y obligarle a concentrar buena parte de sus esfuerzos en la política interna.

Irán, por su parte, tampoco parece dispuesto a facilitar una salida a la Administración estadounidense. "No quiere ningún acuerdo con esta Presidencia", señala Smith. A su juicio, a Teherán "le conviene tensar la cuerda" y "amenazar con complicar el problema aún más y crear más desconfianza en los mercados".

El objetivo sería, en definitiva, "ponerlo en una situación mucho peor en su campaña electoral interna y demostrar que este hombre no tiene palabra".

La guerra de Irán entra así en una fase en la que las amenazas ya no se limitan al Golfo Pérsico. Ormuz se ha convertido en el símbolo de una disputa que combina fuerza militar, presión económica, negociación y propaganda, mientras Washington y Teherán buscan una salida que les permita presentarse como vencedores.

El problema es que, cuanto más se prolonga la partida, mayor es el riesgo de que alguno de los jugadores dé un paso que termine involucrando directamente a Europa.