La presión militar de China, Corea del Norte y Rusia está empujando a Tokio a desmontar las restricciones que han definido su doctrina defensiva.

La presión militar de China, Corea del Norte y Rusia está empujando a Tokio a desmontar las restricciones que han definido su doctrina defensiva. Reuters

Observatorio de la Defensa

El Capitolio constata el giro estratégico de Japón hacia una política de defensa más activa

El informe analiza la evolución estratégica japonesa y su impacto en la alianza con EEUU.

La limitada base industrial lastraba las ambiciones de Tokio.

Más información: Japón rompe su tabú a la exportación de armamento en medio de la incertidumbre sobre el liderazgo de EEUU

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Las claves

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Japón acelera el mayor giro estratégico en defensa desde la Segunda Guerra Mundial, impulsado por la presión militar de China, Corea del Norte y Rusia.

El Gobierno de Takaichi ha creado la Oficina Nacional de Inteligencia y eliminado la prohibición de exportar armamento letal para reforzar su industria de defensa.

Japón aumenta la cooperación militar con Australia y Filipinas, incluyendo acuerdos de acceso recíproco y venta de buques de guerra.

El Congreso de Estados Unidos ve la nueva política japonesa como un paso hacia una alianza más equilibrada, aunque advierte de riesgos financieros y geopolíticos.

El Congreso de Estados Unidos advierte de que el Gobierno de Sanae Takaichi está acelerando el mayor giro estratégico de Japón desde la Segunda Guerra Mundial: reforma de los servicios de inteligencia, fin del veto a la exportación de armamento letal y un papel más activo en la alianza con Washington.

La presión militar de China, Corea del Norte y Rusia empuja a Tokio a desmontar las restricciones que han definido su doctrina defensiva y a asumir un papel más decisivo en la estabilidad del Indo-Pacífico, en un contexto marcado por el creciente riesgo de crisis en el estrecho de Taiwán.

Esta es la principal conclusión de un informe del Servicio de Investigación del Congreso (CRS), que analiza la evolución estratégica japonesa y su impacto en la alianza bilateral con Estados Unidos.

Según el documento, el Ejecutivo de Takaichi, en el poder desde octubre de 2025, está acelerando una agenda iniciada por el Partido Liberal Democrático (PLD), convencido de que el deterioro del entorno de seguridad exige reforzar las capacidades propias y reducir la dependencia militar de Washington.

El giro se produce además bajo la presión de la Administración Trump, que exige a sus aliados un mayor esfuerzo en defensa. En respuesta, Japón se ha comprometido a elevar su gasto militar hasta el 2% del PIB entre 2023 y 2028 y prepara una nueva Estrategia Nacional de Seguridad centrada en inteligencia artificial, sistemas no tripulados de bajo coste y ciberdefensa.

Una inteligencia más integrada

Uno de los principales cambios afecta a la arquitectura nacional de inteligencia. En mayo de 2026, la Dieta aprobó la creación de la Oficina Nacional de Inteligencia (National Intelligence Bureau, NIB), organismo que coordinará la obtención y el análisis de información entre los distintos ministerios y servirá de apoyo al nuevo Consejo Nacional de Inteligencia (National Intelligence Council, NIC).

Presidido por la primera ministra, este consejo tendrá como misión elaborar una Estrategia Nacional de Inteligencia con un horizonte de medio y largo plazo.

Según el informe, hasta ahora Japón mantenía un sistema fragmentado, con escasa coordinación entre organismos. La puesta en marcha de la nueva estructura constituye el primer paso de una reforma más amplia que también contempla la futura creación de una agencia de inteligencia exterior.

El CRS recoge, no obstante, las críticas formuladas por sectores de la oposición, que cuestionan la falta de supervisión parlamentaria de los nuevos organismos y advierten de posibles riesgos para la privacidad de los ciudadanos.

Tokio rompe otra barrera histórica

El informe identifica como otro hito la decisión adoptada por el Gobierno japonés en abril de 2026 de eliminar la prohibición de exportar armamento letal.

Tokio busca así reactivar su base industrial de defensa y posicionarse como proveedor relevante en un mercado global en plena reconfiguración, donde aliados tradicionales de Washington exploran alternativas ante cuellos de botella y riesgos políticos.

La medida permitirá vender armas a los 17 países con los que Japón mantiene acuerdos de transferencia de equipos y tecnología de defensa, siempre que no participen en conflictos armados activos. Entre ellos figuran Estados Unidos, Australia, India y Filipinas.

Hasta ahora, Japón restringía sus exportaciones a equipos de rescate, transporte, vigilancia, alerta y desminado. La primera ministra justificó el giro por el “entorno de seguridad cada vez más severo”, aunque subrayó que el país seguirá siendo “una nación amante de la paz”.

Pese a esa contención política, en las últimas décadas Japón ha desarrollado una base industrial de defensa de primer nivel, sostenida por un gasto anual cercano a los 60.000 millones de dólares.

Sin embargo, China criticó esta evolución y la calificó como un ejemplo de “neomilitarismo”, mientras que el informe del Capitolio advierte de que la aún limitada capacidad industrial japonesa podría dificultar las aspiraciones de Tokio de consolidarse como un actor relevante en el mercado internacional de defensa.

Australia y Filipinas

La cooperación con los socios del Indo-Pacífico constituye otro de los pilares de la nueva estrategia japonesa.

Australia y Japón mantienen desde 2023 un Acuerdo de Acceso Recíproco que facilita el despliegue de fuerzas militares en ambos territorios. A ello se suma el contrato firmado en abril de 2026 para la adquisición por parte de Canberra de once buques de guerra diseñados en Japón, cuya entrada en servicio está prevista a partir de 2034.

Filipinas también ha reforzado su cooperación con Tokio. El acuerdo bilateral de acceso recíproco, en vigor desde septiembre de 2025, permitió el primer despliegue de fuerzas japonesas en territorio filipino desde la Segunda Guerra Mundial. Ambos países trabajan además para cerrar un acuerdo de intercambio de información clasificada.

Una alianza con EEUU más equilibrada

Para el Congreso estadounidense, la evolución de la política de defensa japonesa permitirá repartir de forma más equilibrada las responsabilidades dentro de la alianza bilateral.

El informe apunta que la flexibilización de las exportaciones de armamento abre además nuevas oportunidades para ampliar la cooperación industrial entre ambos países en materia de defensa.

No obstante, el CRS advierte de varios retos. Entre ellos, el riesgo de que material militar japonés pueda acabar en países con problemas de derechos humanos o contribuir a una carrera armamentística en la región. También subraya el desafío financiero que supone mantener este esfuerzo de rearme en un país cuya deuda pública supera el 200% del PIB.

Ante este nuevo escenario estratégico, el Congreso de Estados Unidos podría reforzar su supervisión sobre la alianza con Japón, solicitar al Pentágono información sobre la integración de capacidades militares, estudiar nuevas inversiones conjuntas en la industria de defensa y evaluar el impacto que esta transformación tendrá sobre el equilibrio estratégico del Indo-Pacífico.