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Los próximos días 7 y 8 de julio tendrá lugar en la capital de Turquía, Ankara, la 36ª Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de las 32 naciones miembros de la Alianza Atlántica.
Existen algunas incógnitas sobre lo que se puede esperar como resultado de esta cumbre, especialmente como consecuencia de las declaraciones que pueda realizar en el transcurso de ella el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en cuanto a su voluntad de mantener a su país consistentemente unido al resto de los países miembros de la Alianza Atlántica.
La Alianza Atlántica es algo más que una Alianza de Gobiernos o de Jefes de Estado y de Gobierno. La Alianza Atlántica es una Alianza defensiva de naciones que comparten unos valores fundamentados en la defensa de los derechos humanos, las libertades individuales, la democracia y el Estado de Derecho.
Los pasados 28 y 29 de junio se celebró en Estambul, Turquía, la Cumbre Parlamentaria de los países de la OTAN, que congregó a los portavoces de 28 de las 32 cámaras de representantes de los países aliados para compartir las percepciones de los parlamentos de dichos países con carácter previo a la cumbre de la Alianza propiamente dicha.
También asistió a la misma un representante del Parlamento de Ucrania, como, igualmente, hará el presidente Zelenski a la cumbre de la próxima semana. No asistieron a esta cumbre parlamentaria, en cambio, los representantes de Estados Unidos, Canadá, Hungría ni Rumanía.
La cumbre fue presidida por el actual presidente de la Gran Asamblea Nacional Turca, Numan Kurtulmus, quien, como el resto de los portavoces, puso de relieve el gran esfuerzo realizado por el conjunto de los aliados europeos para fortalecer el denominado pilar europeo de la OTAN, para consolidar una OTAN más fuerte en el cumplimiento de sus tareas esenciales de disuasión y defensa, gestión de crisis y seguridad cooperativa.
La Alianza Atlántica es una Alianza defensiva de naciones que comparten unos valores fundamentados en la defensa de los derechos humanos, las libertades individuales, la democracia y el Estado de Derecho.
Los temas claves propuestos para la agenda de la cumbre de la próxima semana son la revisión y consolidación de los aumentos en la inversión en defensa, acordados en la cumbre del pasado año en La Haya para alcanzar un 5% del Producto Interior Bruto de cada país no más tarde de 2035, con un hito intermedio de revisión en 2029, el fortalecimiento de la industria de defensa en todos los países miembros, a fin de dotar a sus respectivas Fuerzas Armadas de las capacidades que necesitan para el desempeño de sus cometidos y el mantenimiento del apoyo a Ucrania como forma de garantizarle el mantenimiento de su soberanía e integridad territorial en el camino a un eventual proceso de negociación con Rusia para poner fin, como todos los aliados desean, al conflicto que se prolonga ya por más de cuatro años.
Llegamos a esta cumbre de la próxima semana en un estado de creciente formulación de dudas en determinados medios de comunicación europeos sobre el deseo y el compromiso real de los Estados Unidos de Norteamérica en la defensa de nuestro continente, dado su aparente interés por desvincularse de la defensa convencional de éste, en beneficio de la más demandante percepción de amenaza para sus intereses nacionales en otras partes del mundo, como pueden ser las áreas del indo pacífico o el ártico.
Por su parte, los Estados Unidos, desde hace años, pero con especial incidencia desde la llegada del presidente Trump a la máxima responsabilidad en la administración de aquel país, han venido cuestionando el esfuerzo de sus aliados en la Alianza Atlántica en la garantía de su propia defensa en aplicación del Artículo 3 del Tratado, según el que “a fin de lograr más eficazmente la realización de los fines del Tratado, las Partes, actuando individual y conjuntamente de manera continua y efectiva mediante la aportación de sus propios medios y prestándose asistencia mutua, mantendrán y acrecentarán su capacidad individual y colectiva de resistir a un ataque armado”.
A juicio de los estadounidenses, sus aliados europeos no cumplen con este artículo plenamente y pretenden hacer descansar su seguridad en exceso sobre los Estados Unidos.
Europa y Norte América comparten un interés estratégico esencial en conservar la estabilidad, la paz y la prosperidad en todo el espacio euroatlántico
Esta controversia entre las dos perspectivas viene socavando desde hace algún tiempo la cohesión y unidad de esfuerzo esenciales para la supervivencia de la alianza defensiva más sólida y longeva en la historia de la humanidad, como es la Alianza Atlántica. En sus setenta y siete años de historia ha preservado a los ciudadanos de sus países de ser víctimas de guerras, garantizándoles la seguridad necesaria para hacer de la zona euroatlántica la región con mayor bienestar del planeta.
Cabe preguntarse quién es el beneficiario real de este clima de desconfianza mutua y crecientemente alimentado. Desde luego no lo es nuestra seguridad colectiva, que es la razón por la que nuestra Alianza existe y ello debería conducirnos a afrontar una reflexión rigurosa sobre ello más pronto que tarde.
El Grupo de Dirección de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, de la que forman parte 281 parlamentarios de los 32 países miembros de la Alianza, emitió el pasado 11 de abril un comunicado que llevaba por título, precisamente, “Un compromiso transatlántico renovado, una OTAN a prueba de futuro”.
En el Comunicado, los componentes del Grupo de Dirección, se manifiestan unidos en la fuerte creencia de que la OTAN es el único marco efectivo y creíble para la defensa colectiva de la zona euroatlántica y que para asegurar que la Alianza se mantiene fuerte en el futuro, necesitamos componer una Alianza más equilibrada para lo que los aliados europeos y canadienses necesitan invertir más, producir más y materializar sobre el terreno las capacidades necesarias para asumir el liderazgo en la defensa y disuasión convencionales en Europa.
Europa y Norte América comparten un interés estratégico esencial en conservar la estabilidad, la paz y la prosperidad en todo el espacio euroatlántico. Estamos unidos en nuestro compromiso de proteger nuestra libertad y nuestra democracia. Estos objetivos se salvaguardan mejor colectivamente a través de la OTAN, que permanece como un multiplicador de fuerza esencial para nuestros países.
Unidos somos más fuertes.
*** General (R) Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu, senador de Melilla por el PP y miembro de la Junta Directiva Asociación Atlántica Española (AAE).