Militares españoles durante un desfile. MDE
No, no voy a hablar de la Industria de Defensa. Casi nunca lo hice cuando era plumilla allí por los primeros 2000 porque entonces la Defensa no le importaba a nadie y menos aún una industria que vivía escondida.
Vivimos un tiempo de euforia desmedida con respecto a la inversión (ha dejado de ser gasto, algo hemos avanzado) y a las posibilidades de la Industria, sobre todo teniendo en cuenta que no hay presupuestos generales del Estado desde hace tres años y eso importa mucho cuando de finanzas públicas se trata.
Es evidente que tenemos por delante un reto enorme de adquisición de capacidades inexistentes en España, pero hemos saltado al ruedo de la Defensa de repente, sin un relato previo, y el discurso fluye solo en términos industriales y económicos (y laborales), lo cual es interesante.
Sin embargo, en el camino hemos olvidado al usuario: las Fuerzas Armadas, sobre las que debería pivotar todo, y no sobre la industria, la reconversión del automóvil o las operaciones corporativas de interés dudoso.
En las Fuerzas Armadas hay dos preocupaciones fundamentales: el mantenimiento (muy afectado por la falta de presupuestos) y el personal.
En las Fuerzas Armadas hay dos preocupaciones fundamentales: el mantenimiento (muy afectado por la falta de presupuestos) y el personal.
El reclutamiento cae año a año y las nuevas generaciones ya no están dispuestas a vivir las mismas vicisitudes de sus mayores, con cambios de destino constantes, con carreras que condicionan constantemente la vida de sus familias, con salarios que no dan para alquilar una casa y con perspectivas en el caso de la tropa de una carrera con un final en la flor de la vida y sin solución de continuidad.
La ley de la carrera militar de 2007 se concibió en un contexto social, militar, tecnológico, doctrinal y aspiracional completamente distinto del que viven aquellos que hoy quieren ingresar en las Fuerzas Armadas y labrarse un futuro dentro de las mismas.
El problema de la vivienda es uno de los retos en los ejércitos y la Armada para atraer y retener personal. Esta crisis que afecta a toda la sociedad ha llevado a los acuartelamientos a tener sus recursos habitacionales al cien por cien de ocupación y en algunos casos por encima del lleno absoluto.
En la calle, el precio medio del alquiler se ha incrementado un 50 por ciento desde que entró en vigor esa ley; el salario medio de un soldado desde entonces, un 20 por ciento aproximadamente. No salen las cuentas.
La carrera militar ha cambiado notablemente. No en su aspecto de valores, no en su aspecto vocacional y de servicio, pero sí en las circunstancias que la rodean.
En el caso de los oficiales, si a eso sumas que quieres formar una familia y cada vez que haces un curso o asciendes te cambian de destino y la educación de tus hijos está al albur de las plazas que queden libres en los colegios de la zona de destino sin posibilidad de elegir, la cosa se complica.
Y en circunstancias económicas como las que estamos, la estabilidad física de un trabajo de dependiente o en una policía local es más sugerente que estar dando tumbos por España con tu familia a cuestas y sin visos de hacerse de oro.
La carrera militar ha cambiado notablemente. No en su aspecto de valores, no en su aspecto vocacional y de servicio, pero sí en las circunstancias que la rodean. La realidad de los conflictos para los que se preparan se ha transformado, influida por factores como la inteligencia artificial, impensables en 2007.
También han evolucionado la doctrina —que redefine lo operacional—, las estructuras de desarrollo profesional y los perfiles requeridos en las Fuerzas Armadas. Todo ello impacta, además, en las perspectivas de futuro de sus integrantes y en su capacidad para competir con el mercado civil.
El reto principal al que se enfrenta la Defensa hoy en día y al que debe hacer frente de manera urgente no es el industrial sino el de sostener el pilar sobre el que se estructura toda ella, su realidad, su misión y su futuro: los militares.
*** Diego Mazón, director general The Grey