La ministra de Defensa, Margarita Robles, asiste a bordo del buque de acción marítima ‘Audaz’ a la Revista Naval del DIFAS 2026 presidida por S.M. el Rey Felipe VI.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, asiste a bordo del buque de acción marítima ‘Audaz’ a la Revista Naval del DIFAS 2026 presidida por S.M. el Rey Felipe VI. Rubén Somonte MDE

Observatorio de la Defensa

De Vigo a Marín

Javier Perellón
Publicada

Hay un gesto que se repite cada vez que un buque de la Armada abre sus pasarelas al público.

El niño -porque casi siempre empieza por un niño- sube la rampa agarrado de la mano de su padre, asoma la cabeza por una escotilla, toca el cañón de una pieza de 76 o 127 milímetros como quien comprueba que el dragón existe de verdad y se consigue algo a que ninguna campaña de captación, por millonaria que sea, consigue provocar desde un despacho: una ilusión, una vocación.

Eso vale más que cualquier anuncio en horario de máxima audiencia. Y esta semana, en Vigo, se está repitiendo miles de veces al día. Hasta el 31 de mayo, la ría de Vigo acoge el acto central del Día de las Fuerzas Armadas, el DIFAS 2026, bajo el lema “Todos unidos defendemos España”.

Es la primera vez que la ciudad olívica ejerce de sede y lo hace a lo grande: cerca de cinco mil militares en el desfile del sábado, más de setenta aeronaves, un centenar de blindados, buques abiertos al público en los muelles y una revista naval presidida por Su Majestad el Rey desde el mar.

El espectáculo es innegable. Pero quienes nos dedicamos al análisis de la defensa sabemos que, detrás de la coreografía, hay una misión mucho menos vistosa y bastante más urgente: garantizar que las Fuerzas Armadas sigan siendo útiles y capaces de atraer a las próximas generaciones.

"El DIFAS es, en el fondo, la mayor jornada de puertas abiertas del país. Solo que, en lugar de un campus, el campus es una ciudad entera".

Conviene mirar los números de frente. El Observatorio de la Vida Militar advirtió este mismo año en el Congreso de un déficit estructural de efectivos y de un interés cada vez menor por la carrera militar.

En 2024 la oferta de plazas aumentó un 18%, pasando de 6.826 a 8.062, pero aun así muchas siguen quedando vacantes, especialmente en el Ejército de Tierra, donde el problema golpea con más fuerza tanto en la escala de tropa como, de forma especialmente preocupante, en la de oficiales.

Dicho sin rodeos, ampliar la oferta sirve de poco si cada vez menos jóvenes sienten interés por ocuparla. España no tiene un problema de acceso, sino de desconexión. Hay miles de jóvenes que pasan de largo sin saber siquiera que esa puerta existe.

Y ahí es donde un acontecimiento como el DIFAS deja de ser una fiesta para convertirse en una política de Estado de bajo coste y alto rendimiento. La sociología militar lleva décadas insistiendo en una idea que a menudo olvidamos. Nadie elige aquello que no conoce. La vocación no nace de un folleto, sino del contacto.

De subir a una fragata, de escuchar a una sargento explicar con naturalidad cómo funciona un sistema de combate, de descubrir que las Fuerzas Armadas no son el decorado de una película, sino un empleador real que ofrece formación técnica, proyección internacional y, algo cada vez más escaso en el mercado laboral civil, propósito.

El DIFAS es, en el fondo, la mayor jornada de puertas abiertas del país. Solo que, en lugar de un campus, el campus es una ciudad entera.

Permítanme el guiño geográfico, que para algo somos gente de mar y tierra. De Vigo a Marín hay apenas media hora por la costa de la ría. En Vigo, esta semana, miles de chavales tocarán por primera vez el acero gris de la Armada.

"La sociología militar lleva décadas insistiendo en una idea que a menudo olvidamos. Nadie elige aquello que no conoce. La vocación no nace de un folleto, sino del contacto".

En Marín está la Escuela Naval Militar, donde ese mismo acero se convierte en oficio, en galones y, para muchos, en una forma de vida. La distancia entre una escena y la otra -entre la curiosidad de un sábado y un juramento de bandera- es, literalmente, ese tramo de carretera.

El verdadero reto de la captación consiste en lograr que el mayor número posible de jóvenes decida recorrerlo. Primero de manera simbólica. Después, con el petate al hombro.

No seré ingenuo. Un desfile no rellena por sí solo las academias. La crisis de reclutamiento responde a múltiples factores (demografía, competencia de un sector privado que también busca talento técnico, percepciones culturales que conviene revisar) y exige respuestas estructurales en condiciones laborales, conciliación y carrera profesional.

El escaparate sin reformas acaba siendo simple marketing, y el marketing sin contenido termina agotándose. Pero negar el valor del escaparate sería un error.

Cada euro invertido en acercar las Fuerzas Armadas a la ciudadanía rinde por partida doble: refuerza esa cultura de defensa que tanto nos cuesta cultivar en España y, al mismo tiempo, siembra vocaciones en el terreno más fértil que existe, el de la admiración espontánea.

De modo que esta semana, mientras Vigo se llena de uniformes y la ría se viste de gala, propongo mirar más allá del rugido de los cazas. Fijémonos en los niños de la rampa, en los adolescentes que sacan el móvil para fotografiar un Leopard con un brillo en los ojos que no engaña.

Algunos de ellos, dentro de unos años, jurarán bandera. Y cuando lo hagan, quizá recuerden que todo empezó un día de mayo, en un muelle de Vigo, con una pregunta tan sencilla como decisiva: "¿puedo ser yo?".

La respuesta, afortunadamente, está a media hora de allí.

***Javier Perellón, consultor de Defensa en INDIE