Personas paseando ante el cartel oficial de la cumbre de la OTAN en Ankara

Personas paseando ante el cartel oficial de la cumbre de la OTAN en Ankara Reuters

Observatorio de la Defensa

Los aliados europeos sacarán músculo en Ankara con su aumento del gasto en defensa frente a las críticas de Trump

Varios ya superan ampliamente las cifras comprometidas en La Haya.

Aliados europeos y Canadá incrementaron en 2025 su gasto cerca de un 20%.

Más información: Ankara marcará el punto de inflexión hacia una OTAN 3.0: mucho más europea y menos dependiente de EEUU

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Las claves

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Los aliados europeos acudirán a la cumbre de la OTAN en Ankara para demostrar a Donald Trump el aumento de su inversión en defensa y su mayor responsabilidad en la seguridad continental.

España mantiene un acuerdo especial con la OTAN, destinando un 2,1 % de su PIB a defensa durante la próxima década, mientras otros países como Polonia superan el 4,8 %.

Pese al incremento del gasto militar europeo, Trump sigue criticando a varios aliados, especialmente a España e Italia, por considerar que no cumplen suficientemente con los compromisos financieros de la Alianza.

La presión estadounidense ha generado tensiones y especulaciones sobre posibles reajustes del despliegue militar en Europa, afectando a bases estratégicas como las de Rota y Morón en España.

Los aliados europeos acudirán a la cumbre de la OTAN que se celebra el martes y el miércoles en Ankara con un objetivo tan militar como político: demostrar a Donald Trump que Europa ha acelerado de forma decidida su inversión en defensa y que está asumiendo una mayor responsabilidad en la seguridad del continente.

Sin embargo, el aumento del gasto difícilmente bastará para disipar la creciente fractura transatlántica provocada por las críticas del presidente estadounidense. Sobre la mesa estarán el compromiso de elevar el gasto militar hasta el 5 % del PIB en 2035, el fortalecimiento de la industria europea de defensa y el respaldo a Ucrania, pero el verdadero trasfondo será político: hasta dónde está dispuesto Washington a mantener su compromiso con Europa y qué precio exigirá a cambio.

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ya anticipó durante su reciente visita a Washington que los aliados presentarán en Ankara planes nacionales con una senda "creíble y gradual" para alcanzar el nuevo objetivo de inversión aprobado en la cumbre de La Haya, donde cada país deberá acreditar anualmente sus avances hacia ese compromiso.

En ese contexto, España mantiene la singularidad acordada con la OTAN. Aunque suscribió la declaración del 5 % del PIB, pactó con Rutte que podrá cumplir los objetivos de capacidades de la Alianza destinando un 2,1 % de su PIB a defensa durante la próxima década. Algo que Trump critica siempre que tiene ocasión.

Y aunque el presidente de EEUU ha calificado de ridículo "¡ridículo!" lo que gastan el resto de países de la OTAN, en comparación con ellos (999.000 millones de dólares). Lo cierto es que varios aliados ya superan ampliamente las cifras comprometidas.

Polonia destinará este año el 4,8 % de su PIB a defensa, mientras Estonia, Letonia y Lituania continúan incrementando sus presupuestos militares ante la amenaza rusa.

Alemania, por su parte, aspira a duplicar su inversión hasta superar los 150.000 millones de euros anuales antes de finalizar la década.

Las cifras reflejan un cambio de tendencia sin precedentes. Según datos de la OTAN, los aliados europeos y Canadá han invertido desde 2016 hasta 2026 un total de 1,2 billones de dólares adicionales en defensa.

Solo durante 2025 incrementaron su gasto cerca de un 20 %, equivalente a 139.000 millones de dólares más, acercándose progresivamente al volumen de inversión militar estadounidense.

La presión de Trump no cesa

Pese al esfuerzo presupuestario europeo, Trump mantiene intacta su presión sobre los socios de la Alianza.

Desde su regreso a la Casa Blanca ha reiterado que numerosos aliados continúan beneficiándose de la protección estadounidense sin asumir una parte proporcional de la carga financiera, situando especialmente a España entre sus principales objetivos políticos, al que calificó como un socio "horrible".

La tensión se ha extendido también a Italia. La negativa del Gobierno de Giorgia Meloni —en línea con la posición española— a permitir el empleo de bases italianas para operaciones relacionadas con Irán abrió un nuevo episodio de confrontación con Washington. Trump llegó incluso a afirmar que la primera ministra italiana le había "implorado" una fotografía durante la cumbre del G7, unas declaraciones que Meloni rechazó públicamente asegurando que Italia "no implora a nadie".

En ese clima, tanto Madrid como Roma han pasado a formar parte de los aliados que Trump considera menos comprometidos con la estrategia estadounidense.

Aunque por el momento no existen anuncios oficiales que afecten a la presencia militar estadounidense, el endurecimiento del discurso ha alimentado las especulaciones sobre un posible reajuste del despliegue de tropas en Europa. En el caso español, esa posibilidad tendría un impacto estratégico directo sobre las bases de Rota y Morón, dos instalaciones fundamentales para la proyección militar de Estados Unidos hacia el Mediterráneo, África y Oriente Próximo.

Alemania tampoco ha escapado a las críticas de Washington. Trump anunció en mayo la retirada de 5.000 militares estadounidenses destinados en territorio alemán, después de cuestionar las posiciones expresadas por el canciller Friedrich Merz sobre la estrategia norteamericana respecto a Irán.

De hecho, Trump aseguró que muchos países europeos son unos "socios terribles" por no haberle respaldado en la guerra con Irán, y dejando claro que asiste "solo por respeto" al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

Una OTAN en transición

Las diferencias abiertas tras la ofensiva estadounidense contra Irán han alimentado un debate de fondo sobre el futuro de la Alianza Atlántica.

Trump ha llegado a preguntarse públicamente por qué Estados Unidos debe seguir protegiendo a países que, a su juicio, no estarían dispuestos a respaldar a Washington en un escenario de crisis. "Ese era precisamente el escenario que siempre había temido de la OTAN", afirmó recientemente al cuestionar la disposición de varios aliados europeos a apoyar militarmente a Estados Unidos.

Tras reunirse la pasada semana con Rutte en la Casa Blanca, el presidente estadounidense insistió en que continúa decepcionado con aquellos aliados que no respaldaron la operación contra Irán y reiteró que todos deberán cumplir íntegramente los compromisos financieros adquiridos.

El secretario general de la OTAN trató de rebajar la tensión exhibiendo ante Trump datos sobre el fuerte incremento del gasto europeo y recordando que la industria de defensa del continente sostiene más de 83.000 empleos en Estados Unidos, en un intento por demostrar que el refuerzo militar europeo también beneficia a la economía norteamericana.

Mientras tanto, el embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew G. Whitaker, elevó aún más la presión al anunciar que Washington dará prioridad en futuras compras y contratos de defensa a aquellos aliados que acrediten un plan sólido para alcanzar el objetivo del 5 % del PIB.