El Spearfish, el torpedo pesado de 533 mm (21 pulgadas) fabricado por BAE Systems, es el arma submarina de primera línea de la Royal Navy contra objetivos bajo el agua y en superficie.
La Royal Navy refuerza su guerra submarina con 135 millones para mantener los torpedos Sting Ray y Spearfish
La Royal Navy ha reforzado una de las capacidades más sensibles de su poder naval con la adjudicación de un contrato de 135 millones de libras (unos 156 millones de euros) a BAE Systems para garantizar el mantenimiento y la reparación de los torpedos Sting Ray y Spearfish, dos sistemas de armas esenciales para la guerra antisubmarina y la protección de la disuasión nuclear británica.
El acuerdo, vigente hasta 2029, garantiza la operatividad de ambos arsenales en un contexto de resurgimiento de la competencia militar submarina. La actividad de los submarinos rusos en el Atlántico Norte y la necesidad de proteger infraestructuras críticas y rutas comerciales han devuelto la guerra antisubmarina al centro de la planificación militar de Londres.
Más allá del mantenimiento de dos sistemas de armas, el contrato busca garantizar una capacidad considerada crítica para la defensa nacional.
El Gobierno británico recuerda que la disponibilidad permanente de estos torpedos resulta indispensable para proteger las aguas del Reino Unido, asegurar la libertad de navegación y sostener el Disuasivo Continuo en el Mar (CASD), el programa mediante el cual al menos un submarino con capacidad nuclear permanece desplegado de forma ininterrumpida.
El contrato dará soporte directo a 150 ingenieros y técnicos de BAE Systems —100 en Portsmouth y otros 50 repartidos entre Edimburgo, Chelmsford y las proximidades de Glasgow—. A ellos se suman otros 165 empleos en la cadena de suministro nacional, elevando a unas 315 personas el impacto laboral de la adjudicación.
Además de las labores de reparación, la compañía será responsable de la certificación técnica, la gestión de configuración, el suministro de repuestos y el análisis del rendimiento de ambos torpedos, preservando el conocimiento industrial necesario para devolver estas armas al servicio operativo con todas las garantías.
El acuerdo servirá, además, como solución de transición hasta la entrada en funcionamiento del futuro programa de soporte WHITEHEAD2, prevista para 2029.
Dos capacidades complementarias
Los torpedos Sting Ray y Spearfish constituyen los dos pilares de la capacidad antisubmarina británica, aunque desempeñan funciones diferentes y complementarias.
El Sting Ray Mod 1 es el torpedo ligero empleado por fragatas, helicópteros y aviones de patrulla marítima para detectar y destruir submarinos tanto en alta mar como en zonas litorales.
Dotado de guiado acústico de alta precisión y navegación autónoma, puede desplegarse rápidamente contra contactos submarinos y ha sido diseñado para permanecer hasta veinte años almacenado con unas necesidades mínimas de mantenimiento, lo que reduce significativamente los costes de sostenimiento.
Imagen generada por ordenador de un torpedo Spearfish.
Por su parte, el Spearfish constituye el arma pesada lanzada desde los submarinos de la Royal Navy. Está concebido para enfrentarse tanto a submarinos como a grandes buques de superficie y combina sensores activos y pasivos, enlace bidireccional con el submarino lanzador y una elevada velocidad terminal.
Su arquitectura modular permite incorporar mejoras tecnológicas sin necesidad de sustituir el arma completa, facilitando su adaptación a nuevas amenazas y contramedidas.
La combinación de ambos sistemas proporciona a la Marina británica una capacidad escalonada para actuar desde plataformas aéreas, buques de superficie y submarinos, reforzando la protección de los grupos navales y ampliando las opciones de respuesta frente a amenazas bajo el agua.
La logística como factor de combate
Para el Ministerio de Defensa británico, el verdadero valor del contrato no reside únicamente en la reparación de los torpedos, sino en garantizar que estas armas permanezcan disponibles cuando sean necesarias. Un sistema pendiente de certificación, sin repuestos o fuera de configuración no puede integrarse en una misión operativa, por lo que el mantenimiento se convierte en un elemento esencial de la capacidad de combate.
En este sentido, el comodoro Matt Stratton, director de Adquisiciones Navales de la Royal Navy, calificó el acuerdo como un "habilitador crítico" para la preparación operativa de la flota y para el sostenimiento del sistema de disuasión nuclear británico.
La adjudicación también preserva capacidades industriales consideradas estratégicas por Londres. Mantener una plantilla altamente especializada y conservar el conocimiento técnico asociado a estos sistemas evita depender de proveedores externos y reduce el riesgo de perder competencias que resultarían difíciles y costosas de recuperar en un escenario de crisis.