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Observatorio de la Defensa

La OTAN escenificará en Ankara el nuevo reparto del poder militar entre Europa y EEUU, centrado en capacidades

El debate se centrará en cómo transformar el mayor gasto en capacidades reales que permitan a Europa asumir más responsabilidad en su seguridad.

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Las claves

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La cumbre de la OTAN en Ankara escenificará la transferencia progresiva de responsabilidades de defensa convencional de EEUU hacia Europa.

El debate se centra en cómo convertir el aumento del gasto militar europeo en capacidades reales, y no solo en incrementar presupuestos.

Europa enfrenta dos grandes desafíos: integrar sus fuerzas militares y reducir la dependencia de EEUU en habilitadores críticos como inteligencia y logística.

La transformación implica reorganizar la estructura de mando, fortalecer la industria de defensa europea y asumir mayores costes políticos y sociales.

La próxima cumbre de la OTAN en Ankara servirá para escenificar uno de los cambios estratégicos más profundos que ha afrontado la Alianza Atlántica desde el final de la Guerra Fría: la progresiva transferencia de responsabilidades en materia de defensa convencional desde Estados Unidos hacia Europa.

El debate ya no gira únicamente en torno al incremento del gasto militar, sino sobre cómo convertir ese mayor esfuerzo presupuestario en capacidades reales que permitan a los aliados europeos asumir una mayor carga en la seguridad del continente.

Esta fue una de las principales conclusiones de la jornada Rumbo a la Cumbre de la OTAN en Ankara, organizada por la Fundación Bertelsmann, el Real Instituto Elcano y varias universidades españolas, donde expertos en seguridad y defensa analizaron las implicaciones políticas, militares e industriales de una transformación que ya está en marcha.

Durante la conversación moderada por Carlota García, investigadora principal de Relaciones Transatlánticas del Real Instituto Elcano, Luis Simón, director de la oficina del Instituto Elcano en Bruselas, destacó que el mensaje procedente de Washington ha sido consistente durante los últimos meses. "Los europeos deberían asumir la responsabilidad primaria de la defensa convencional".

Y señaló que esa posición ha sido defendida por responsables estadounidenses "desde el secretario de Defensa hasta los mandos militares desplegados en Europa y los representantes ante la OTAN".

No obstante, el experto precisó que asumir una responsabilidad primaria no significa sustituir completamente a Estados Unidos. "Primaria y principal no quiere decir exclusiva", afirmó.

La idea que se está consolidando en la Alianza es la de una transición gradual y ordenada que permita a Europa reforzar sus capacidades convencionales mientras Washington mantiene su papel esencial en la disuasión estratégica, especialmente en el ámbito nuclear.

Según Simón, la hoja de ruta contempla hitos temporales que apuntan a finales de esta década como horizonte para completar una transición "acordada y predecible", aunque las señales contradictorias emitidas ocasionalmente desde la Casa Blanca, especialmente a través de su presidente, Donald Trump, han generado incertidumbre entre los aliados europeos.

El peso de China y los "teatros secundarios"

La creciente orientación estratégica de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico constituye uno de los factores que explican esta evolución.

Simón recordó que en Washington existe desde hace años un intenso debate sobre el coste de implicarse en conflictos considerados "teatros secundarios", como Ucrania o, más recientemente, las operaciones contra Irán. Para la estrategia de seguridad nacional estadounidense, el escenario prioritario sigue siendo la competencia con China.

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"La arquitectura de seguridad nacional estadounidense considera que el teatro primario es el Indo-Pacífico y China", explicó.

Durante la guerra de Ucrania, sectores del actual equipo de gobierno defendieron que el apoyo a Kiev suponía una distracción estratégica que consumía recursos necesarios para reforzar la disuasión frente a Pekín.

Por el contrario, la Administración Biden argumentó que la defensa de Ucrania reforzaba la credibilidad internacional de Estados Unidos y enviaba una señal de firmeza a China. Ese mismo debate ha reaparecido tras las operaciones militares estadounidenses contra Irán.

Mientras algunos analistas consideran que el empleo de determinadas municiones y sistemas estratégicos puede afectar a la capacidad de disuasión frente a China, otros sostienen que la eficacia demostrada por las Fuerzas Armadas estadounidenses refuerza precisamente esa capacidad disuasoria.

Los dos grandes desafíos de Europa

Más allá de los recursos económicos, Simón identificó dos obstáculos fundamentales para que Europa pueda asumir el papel que le reclama Washington.

El primero es la estructura de fuerzas. A su juicio, los ejércitos europeos continúan excesivamente organizados en torno a marcos nacionales y carecen del grado de integración necesario para afrontar operaciones de alta intensidad a gran escala.

"No es solo una cuestión de aumentar el dinero o el número de brigadas", señaló. El verdadero reto consiste en construir fuerzas terrestres, aéreas y navales capaces de operar conjuntamente de forma eficaz en escenarios de combate de alta intensidad.

El segundo desafío son los llamados "habilitadores críticos", capacidades esenciales para la conducción de la guerra moderna y de las que Europa sigue dependiendo en gran medida de Estados Unidos. Entre ellas figuran los sistemas de mando y control, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR), transporte estratégico, defensa antimisiles, guerra electrónica y capacidades de ataque de largo alcance.

"Tenemos un alto grado de dependencia de Estados Unidos", advirtió.

Aunque la experiencia ucraniana ha demostrado que algunas capacidades pueden complementarse mediante el uso de satélites comerciales o drones, Simón alertó de que ese modelo implica asumir mayores riesgos y niveles de desgaste social.

El coste político y social del relevo estratégico

Precisamente sobre esa dimensión social incidió Ruth Ferrero, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y experta en seguridad. A su juicio, la cuestión fundamental es determinar si los países europeos están realmente dispuestos a asumir el cambio de paradigma que implica una redistribución de responsabilidades dentro de la relación transatlántica.

"Hay que preguntarse si los europeos en su conjunto están dispuestos a asumir un cambio en el marco cognitivo de la relación transatlántica", señaló.

Ferrero advirtió de que el debate sobre capacidades militares suele centrarse en aspectos técnicos o presupuestarios, dejando en segundo plano las implicaciones humanas de una mayor autonomía europea en defensa.

"Cuando los expertos militares hablan de capacidades normalmente no mencionan el coste humano de todo esto", afirmó.

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La académica recordó que una de las demandas de Washington consiste precisamente en reducir su presencia militar directa en Europa. "Lo que quieren hacer es retirar tropas. Quieren retirar capital humano y ese capital humano tiene que ser sustituido por tropas europeas", explicó.

Esto abre un debate que apenas comienza a aflorar en algunos países europeos: cómo incrementar los efectivos militares y cómo convencer a las sociedades de que la seguridad tendrá un coste mayor en términos de recursos, personal y compromiso político.

El contrato transatlántico

Para Félix Arteaga, analista principal del Real Instituto Elcano, lo que se está produciendo es "una renegociación del contrato transatlántico", puntualizó.

Según explicó, la tendencia no comenzó con la actual Administración estadounidense, sino que responde a un proceso más amplio mediante el cual Washington reclama una distribución más equilibrada de las responsabilidades dentro de la Alianza.

La transformación afecta a tres ámbitos fundamentales: la estructura de mando, las capacidades operativas y la industria de defensa.

"Lo que se está definiendo es qué capacidades tienen que pasar de unas manos a otras", señaló.

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Ello implicará reorganizar estructuras militares en escenarios clave como el Ártico, el frente oriental, el frente central europeo o el Mediterráneo, así como adaptar las fuerzas europeas para asumir misiones que hasta ahora recaían principalmente sobre Estados Unidos.

"Tenemos que hacer las fuerzas tan pesadas y tan capaces como podamos para sustituir a los norteamericanos", afirmó.

La industria de defensa: protagonista

Uno de los elementos que cobrará mayor protagonismo en Ankara será el componente industrial. Arteaga destacó que la industria de defensa ha dejado de ocupar un papel secundario dentro de la OTAN para convertirse en una pieza central de la planificación aliada. El Foro Industrial de la OTAN, que se celebrará paralelamente a la cumbre, servirá para reforzar esa nueva dimensión.

"Lo industrial ha pasado en la OTAN de ser algo marginal a tener una presencia cada vez más relevante", subrayó.

La Alianza busca acelerar la transformación de los compromisos presupuestarios en capacidades militares concretas y mejorar la coordinación entre la OTAN, la Unión Europea y socios industriales estratégicos como Ucrania, Japón o Corea del Sur.

Ferrero, sin embargo, advirtió de que la construcción de una auténtica política industrial europea de defensa sigue enfrentándose a importantes obstáculos.

A su juicio, la OTAN no dispone de instrumentos para desarrollar una estrategia industrial común y muchas de estas decisiones seguirán dependiendo de los Estados y de las instituciones comunitarias.

Y aquí puso el reciente caso del FCAS, que acaba de fracasar.

Más capacidades

La discusión sobre los nuevos objetivos de gasto —con referencias al 3,5% para defensa y al 1,5% para inversiones relacionadas con seguridad e infraestructuras críticas— estará presente en Ankara, pero los expertos coincidieron en que el debate principal será otro: cómo transformar esos recursos en capacidades militares reales.

Arteaga recordó que los objetivos de capacidades de la OTAN se están revisando al alza precisamente porque Europa deberá asumir parte de las funciones que actualmente desempeña Estados Unidos.

"Si tenemos que sustituir a los norteamericanos en determinadas capacidades, tendremos que asumir mayores costes económicos, operativos e industriales", afirmó.

"Nuestras Fuerzas Armadas son conscientes, nuestros dirigentes también, pero la sociedad se tiene que hacerse mayor y entender que asumir responsabilidades tiene un coste. Tiene ventajas, pero conlleva un coste”, sentenció.

La cuestión, por tanto, ya no es únicamente cuánto gastan los aliados, sino cómo reorganizan sus fuerzas, fortalecen su base industrial y desarrollan los habilitadores críticos necesarios para sostener una defensa más autónoma.

La cumbre de Ankara servirá así para visualizar una transformación que lleva años gestándose en silencio: una OTAN en la que Estados Unidos seguirá siendo el garante último de la disuasión estratégica, pero donde Europa deberá asumir cada vez más responsabilidades en la defensa convencional del continente.

Un relevo complejo y costoso que exigirá cambios políticos, militares e industriales de gran alcance durante la próxima década.