B-21 Raider

B-21 Raider US Air Force Omicrono

Observatorio de la Defensa

El Pentágono impulsa un 25% la producción del caza furtivo B-21 Raider, promocionado en la operación contra Irán

El B-21 está concebido como un bombardero de penetración profunda capaz de operar en entornos altamente disputados.

Más información: EEUU necesita al menos 200 bombarderos furtivos B-21 Raider y 300 cazas F-47 para competir con China

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Las claves

El Pentágono ha acordado con Northrop Grumman aumentar en un 25% la producción del bombardero furtivo B-21 Raider para acelerar su despliegue en la Fuerza Aérea de EEUU.

La decisión moviliza 4.500 millones de dólares aprobados por el Congreso, con el objetivo de entregar antes esta capacidad estratégica sin alterar los costes ni el rendimiento previstos.

El B-21 Raider, que debutó en la operación Furia Épica, incorpora tecnologías avanzadas de baja observabilidad y está diseñado para operar en entornos altamente disputados.

Analistas consideran que la cantidad prevista de B-21 podría ser insuficiente ante escenarios de alta intensidad, especialmente en el Indo-Pacífico, recomendando aumentar la flota para mantener la disuasión frente a China.

Los nuevos bombarderos furtivos B-21 Raider, llamados a convertirse en el pilar del ataque estratégico de largo alcance de EEUU, habrían debutado en la Operación Furia Épica. Al menos, uno de estos aparatos aparece en un vídeo difundido por la Casa Blanca, donde se exhiben las capacidades de la operación, en pleno acelerón del Pentágono para multiplicar su producción de armamento.

El Departamento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos ha alcanzado un acuerdo con Northrop Grumman para incrementar en un 25% la capacidad de producción del B-21 Raider, con el objetivo de acelerar la entrega de la futura flota de bombarderos de penetración profunda de la USAF.

La decisión moviliza 4.500 millones de dólares ya autorizados por el Congreso en la reconciliación presupuestaria de 2025, conocida en Washington como la One Big Beautiful Bill. Con estos fondos se ampliará la capacidad industrial del programa para comprimir los plazos de entrega sin alterar —según el Pentágono— los parámetros de coste ni de rendimiento.

“Esto es lo que proporciona una adquisición disciplinada”, defendió el general Dale R. White, responsable de grandes sistemas de armas críticas.

A su juicio, la decisión refleja “la confianza en el rendimiento del programa y en la estabilidad de la base industrial”. Incrementar ahora la producción, añadió, permitirá acelerar de forma responsable la entrega de una capacidad crítica para el combatiente.

Bombardero furtivo B-21 Raider.

Bombardero furtivo B-21 Raider. US Air Force

El programa B-21 ha cumplido hasta ahora su calendario. El primer aparato de producción fue entregado en 2025, y la Fuerza Aérea mantiene el objetivo de que los primeros bombarderos operativos estén desplegados en Ellsworth Air Force Base (Dakota del Sur) en 2027.

El nuevo acuerdo pretende transformar esa estabilidad industrial en un despliegue más rápido de la capacidad de combate.

Para el secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, el B-21 constituye un elemento esencial de la arquitectura estratégica estadounidense. “El B-21 es fundamental para nuestra capacidad de ataque de largo alcance y para una disuasión creíble”, subrayó.

Acelerar su producción permitirá, según explicó, poner antes en manos de los mandos combatientes una capacidad diseñada para superar, disuadir y, si es necesario, derrotar amenazas emergentes.

Actualmente en fase de ensayos en vuelo, el B-21 está concebido como un bombardero de penetración profunda capaz de operar en entornos altamente disputados.

Su diseño integra tecnologías avanzadas de baja observabilidad, redes de combate resilientes y una arquitectura de mando y control basada en datos, elementos que el Pentágono considera esenciales para mantener la superioridad en un campo de batalla cada vez más complejo.

El debate sobre el tamaño de la flota

La decisión de aumentar el ritmo de producción llega después de que varios analistas estadounidenses hayan cuestionado si el número previsto de bombarderos será suficiente para un escenario de conflicto de alta intensidad, especialmente en el Indo-Pacífico.

Un informe reciente del Mitchell Institute for Aerospace Studies instaba a la Fuerza Aérea a duplicar prácticamente sus ambiciones: adquirir al menos 200 bombarderos B-21 Raider y 300 cazas de sexta generación F-47 si quiere disponer de la masa crítica necesaria para imponerse en un eventual enfrentamiento con China.

Según el documento, los planes actuales del Pentágono —que contemplan un mínimo de 100 B-21 y al menos 185 F-47 desarrollados por Boeing— podrían resultar insuficientes para sostener una campaña aérea prolongada contra una potencia con defensas antiaéreas avanzadas y un vasto territorio.

El informe advierte además de que la capacidad estadounidense para golpear en profundidad el territorio chino y negar al Ejército Popular de Liberación sus santuarios operativos se ha deteriorado tras décadas de recortes y modernizaciones aplazadas.

Los analistas recomendaban incluso que, hasta que el B-21 alcance la producción plena, no se retire ningún B-2 Spirit, actualmente el único bombardero furtivo operativo capaz de penetrar defensas aéreas de alta densidad.

Mientras tanto, la Fuerza Aérea sigue apoyándose en plataformas veteranas —aunque todavía eficaces— como el B-52 Stratofortress o el B-1 Lancer, diseñadas para un contexto estratégico muy distinto al que plantea hoy la competencia entre grandes potencias.

La aceleración del B-21 apunta, precisamente, a cerrar esa brecha cuanto antes. En el Pentágono consideran que la velocidad de despliegue de esta nueva generación de bombarderos será un factor clave para sostener la credibilidad de la disuasión estadounidense en las próximas décadas.