Fuerzas militares canadienses.
Canadá evalúa cómo combatir un hipotético ataque de EEUU en plena escalada de fricciones con Washington
Los planificadores militares concluyen que la única opción viable sería una guerra no convencional basada en tácticas de guerrilla, sabotaje, emboscadas, ataques relámpago y el uso intensivo de drones.
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Las Fuerzas Armadas de Canadá se plantean, al menos sobre el papel, un escenario teórico de invasión militar por parte de Estados Unidos y la posible respuesta del país ante un ataque de su vecino y aliado histórico.
El estudio parte de una premisa inquietante: en caso de un ataque convencional desde el sur, Canadá apenas podría resistir unos pocos días —una semana, en el mejor de los escenarios— frente a la potencia militar estadounidense.
Así lo revela un análisis publicado por The Globe and Mail y confirmado por dos altos funcionarios del Gobierno canadiense, el Ejército de Canadá elabora un esquema teórico que explora escenarios de conflicto.
Canadá no cuenta con la cantidad de personal militar ni el equipo sofisticado necesarios para repeler un ataque estadounidense convencional, afirmaron. El ejército canadiense, que tiene un personal de unos 100.000 individuos, de los cuales solo unos 68.000 están en activo y el resto forman parte de las fuerzas de reserva.
Por lo tanto, los planificadores militares concluyen que la única opción viable sería una guerra no convencional basada en tácticas de guerrilla, sabotaje, emboscadas, ataques relámpago y el uso intensivo de drones.
Soldados canadienses patrullan la zona alrededor de una cúpula de retransmisión satelital del NORAD.
Uno de los funcionarios explicó que el modelo incorpora tácticas empleadas por los muyahidines afganos contra las fuerzas soviéticas durante la guerra de 1979-1989, y posteriormente por los talibanes frente a las tropas lideradas por Estados Unidos durante dos décadas de conflicto.
Se trata de un escenario que Canadá conoce bien: entre 2001 y 2014, 158 soldados canadienses murieron en Afganistán, muchos de ellos víctimas de artefactos explosivos improvisados (AEI).
El objetivo de este tipo de tácticas, según el análisis, sería infligir un elevado coste humano y material a una hipotética fuerza de ocupación estadounidense.
Los funcionarios, subrayan que consideran muy improbable que la administración del presidente Donald Trump llegue a ordenar una invasión de Canadá.
También recalcan que las relaciones entre ambos ejércitos siguen siendo positivas y que la cooperación bilateral continúa en ámbitos clave, como la participación canadiense en un nuevo sistema de defensa continental —conocido como Golden Dome— frente a posibles ataques con misiles de Rusia o China.
Sin embargo, el contexto político alimenta la inquietud. Desde su victoria electoral en noviembre de 2024, Trump ha insistido en varias ocasiones en la idea de que Canadá podría convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos.
Vulnerabilidad canadiense en el Ártico
Además, la cadena NBC informó recientemente de que el presidente se ha quejado ante sus asesores de la supuesta vulnerabilidad canadiense en el Ártico, una narrativa similar a la utilizada para justificar sus reiterados llamamientos a que Washington adquiera Groenlandia.
En ese marco, el exestratega jefe de la Casa Blanca Steve Bannon llegó a afirmar que Canadá se está “volviendo hostil” hacia Estados Unidos.
El análisis militar también contempla un posible colapso del marco de cooperación bilateral. Los planificadores imaginan que las primeras señales de una invasión serían la ruptura de los acuerdos de defensa conjunta y el fin de la cooperación en el NORAD, el mando binacional encargado de la defensa aeroespacial de América del Norte.
En ese escenario, Canadá tendría un margen de apenas tres meses para prepararse antes de una ofensiva terrestre y marítima.
La conscripción obligatoria ha sido descartada por ahora, pero el debate sobre el nivel de sacrificio exigido a la población está sobre la mesa.
La jefa del Estado Mayor de la Defensa, la general Jennie Carignan, ha anunciado su intención de crear una fuerza de reserva de más de 400.000 voluntarios, que podrían ser armados o activados en caso de ocupación extranjera.
El modelo también prevé la internacionalización del conflicto. Ante una agresión directa, Ottawa solicitaría apoyo a Reino Unido y Francia, las dos potencias europeas con armas nucleares con las que Canadá mantiene vínculos históricos, políticos y culturales profundos.
El monarca británico sigue siendo el jefe de Estado constitucional canadiense, mientras que Quebec conserva estrechos lazos con París.
Expertos militares
Expertos militares coinciden en que el escenario es extremo, pero revelador. El mayor general retirado David Fraser, que comandó tropas canadienses en Afganistán, calificó de “impensable” que Canadá haya tenido que contemplar un escenario así, aunque reconoció que drones y armas antitanque —similares a las utilizadas por Ucrania contra Rusia— podrían emplearse para ralentizar una invasión.
“No hay comparación entre defender Kandahar y defender Windsor, Ontario”, afirmó, subrayando que una incursión en territorio canadiense transformaría el conflicto en una lucha existencial.
En la misma línea, el teniente general retirado Mike Day reconoció que Canadá no podría resistir una invasión convencional, pero dudó de la capacidad de Estados Unidos para ocupar y controlar un país de la magnitud territorial canadiense.
“Tomar Ottawa no significaría la rendición del país”, advirtió, trazando paralelismos con la resistencia ucraniana tras la caída de Kiev en los escenarios planteados por Moscú.
Lo cierto es que más allá de su viabilidad real, el ejercicio refleja una transformación profunda del entorno geopolítico norteamericano, donde incluso las relaciones entre aliados tradicionales ya no se consideran inmunes a la lógica de la rivalidad y la desconfianza.