Caza chino J-20

Caza chino J-20 Global Times

Observatorio de la Defensa

China contará con un millar de cazas J-20 de 5ª generación hacia 2030 tras alcanzar los 120 aviones fabricados en 2025

La maquinaria militar del gigante asiático ha acelerado la producción de este avión de combate, que se ha multiplicado por seis en los últimos cinco años.

Más información: China emprende el desarrollo del mayor avión de transporte del mundo: 120 toneladas de carga y un alcance de 6.500 km

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Las claves

China podría operar cerca de 1.000 cazas furtivos J-20 de quinta generación para 2030, consolidando su fuerza aérea como la segunda más poderosa del mundo.

La producción anual de J-20 aumentó de 20 unidades en 2020 a una previsión de 120 en 2025, permitiendo un crecimiento acelerado de la flota.

El desarrollo chino incluye nuevos cazas de sexta generación, drones colaborativos y una modernización significativa en el entrenamiento de sus pilotos.

China ha mejorado notablemente su arsenal de misiles y sistemas antiaéreos, alterando el equilibrio militar en el Indo-Pacífico frente a Estados Unidos y sus aliados.

China se prepara para dar un salto cualitativo y cuantitativo en su poder aéreo. El gigante asiático podría operar cerca de 1.000 cazas furtivos J-20 de cara a 2030, según estimaciones del Royal United Services Institute (RUSI).

Esta cifra consolidaría a la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación como la segunda más poderosa del mundo en número y tecnología avanzada. Este avance llega, de acuerdo al informe del RUSI, tras haber alcanzado en 2025 una producción anual de 120 de estos aviones, algo que hace apenas un lustro parecía inalcanzable.

En 2020, China operaba unos 50 de estos cazas de quinta generación -por entonces todavía en una fase de inmadurez tecnológica- y de las líneas de producción de Chengdu apenas salían 20 ejemplares cada 12 meses.

En total, el RUSI estima que unos 300 cazas J-20 se encontraban en servicio a final del último año, repartidos en al menos 13 regimientos operativos, mientras otros permanecen a la espera de entrega.

El ritmo actual permitiría a la rama aérea del Ejército chino alcance un millar de aparatos hacia finales de esta década, un volumen comparable al de los F-35 estadounidenses proyectados para esa misma fecha.

El crecimiento del J-20 se enmarca en una transformación más amplia de la aviación de combate china. A su alrededor, China ha construido una estructura de fuerzas que combina cazas pesados J-16 Flanker, plataformas electrónicas especializadas J-16D, y un número creciente de aviones de alerta temprana (AEW&C) y de ataque electrónico (EA).

Asimismo, Pekín ya acumula unos 450 J-16, mientras que los cazas medianos J-10C -dotados con radar AESA y misiles PL-15 de largo alcance- superan ya los 300 ejemplares.

Un caza chino J-16 en una imagen de archivo.

Un caza chino J-16 en una imagen de archivo. Ministerio de Defensa de China

Estas cifras indican una sustitución progresiva de los antiguos J-7 y J-8 de las décadas pasadas por aparatos equivalentes o superiores a los estándares occidentales.

De acuerdo con el RUSI, el peso creciente de los cazas pesados y multirrol en la flota china marca una tendencia estratégica: maximizar la capacidad de alcance, carga útil y persistencia aérea ante una hipotética confrontación contra Estados Unidos o sus aliados en el Indo-Pacífico.

Un ecosistema en expansión

El ritmo de progreso no se limita a los cazas tripulados. China avanza simultáneamente en el desarrollo de nuevas plataformas furtivas, como el J-35/A, una versión del caza embarcado destinado a la fuerza naval. Aunque aún en producción inicial en 2025, su escalado se prevé acelerado, aplicando la experiencia tecnológica del J-20.

En paralelo, el análisis del RUSI señala la existencia de dos demostradores de sexta generación, el Chengdu J-36, de diseño triangular y enorme autonomía, y el Shenyang J-XDS o J-50, de menor tamaño y optimizado para combate aéreo.

Ambos integran características de sigilo, bahías de armas internas de gran capacidad y compatibilidad con misiles PL-17 de ultra largo alcance. Aunque aún están en fase experimental, su desarrollo evidencia que China está acortando la distancia que históricamente la separaban de Occidente en materia de innovación militar.

Una nueva imagen del avión de combate furtivo J-36 de China.

Una nueva imagen del avión de combate furtivo J-36 de China. Weibo Omicrono

Además, en los últimos años se han observado progresos sustanciales en drones de combate y en programas de aeronaves colaborativas, como el GJ-11 avistado en pruebas en la base aérea de Malan. Estos sistemas podrían operar junto a cazas tripulados en misiones coordinadas de ataque, reconocimiento o guerra electrónica, una revolución que redefine el modo en que se concibe el dominio aéreo.

El aumento del número de cazas sería poco relevante sin un salto en la preparación de sus tripulaciones. De acuerdo con el informe del RUSI, la calidad del entrenamiento de pilotos chinos también ha mejorado drásticamente desde 2020.

Los ejercicios actuales de las fuerzas aérea y naval son complejos, realistas y orientados a operaciones conjuntas, incorporando escenarios con cazas, bombarderos, aviones cisternas y de apoyo electrónico, algo impensable hace solo una década.

De igual manera, iniciativas como el Golden Helmet, competencia anual de combate aéreo del Ejército chino donde los mejores pilotos exhiben sus habilidades en vuelo, junto con la asistencia de entrenadores extranjeros experimentados han favorecido una transición desde tácticas rígidas y centralizadas hacia una doctrina más flexible y basada en la iniciativa del piloto.

Las maniobras combinadas alrededor de Taiwán y el Mar de Japón en 2025 reflejan este grado de sofisticación creciente.

Supremacía misilística

Paralelamente, la modernización armamentística ha dotado a la fuerza aérea del gigante asiático algunos de los misiles aire-aire más avanzados del mundo. Los PL-15 y PL-17, ambos con radares activos AESA y modos duales de búsqueda, superan en alcance a los AIM-120C/D estadounidenses.

Por su parte, el nuevo PL-16, más compacto, permite a los J-20 portar hasta seis misiles internamente, reforzando su capacidad furtiva.

Primeras imágenes de un caza J-20 disparando un misil PL-10

Primeras imágenes de un caza J-20 disparando un misil PL-10 Weibo Omicrono

Estos avances implican que, en un enfrentamiento aéreo simétrico, los cazas chinos podrían alcanzar a su oponente antes de ser detectados o de que el misil enemigo complete su trayectoria, una ventaja táctica significativa.

Además, China ha expandido su red de sistemas antiaéreos de largo alcance (SAM) y sensores integrados, reforzando una defensa en profundidad que protege su espacio aéreo y disuade incursiones.

La rápida expansión del poder aéreo chino preocupa a Estados Unidos y sus aliados asiáticos. El hecho de que China haya logrado desarrollar, producir y desplegar en apenas una década una flota moderna casi equivalente en número y sofisticación a la estadounidense supone un cambio estructural en el equilibrio militar del Indo-Pacífico.

Mientras Occidente lidia con los costes y ritmos de producción del F-35, Pekín parece haber institucionalizado una producción industrial sostenida, respaldada por una cadena de suministro nacional y avances en materiales compuestos, electrónica y propulsión.

Si hacia 2030 China cuenta, finalmente, con un millar de J-20 operativos, los cielos del Lejano Oriente podría volverse un espacio mucho más disputado.