Imagen de la valla establecida por Letonia

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Observatorio de la Defensa

Vallas de 280 km en Letonia y búnkeres en Estonia: el miedo a Rusia obliga a los Países Bálticos a blindar sus fronteras

El mensaje político es claro: el flanco oriental no quiere esperar a que Moscú marque los tiempos.

Más información: Los Bálticos se blindan frente a Rusia: misiles, baterías antiaéreas, carros blindados y fábricas de munición

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Las claves

Letonia ha concluido una valla de 280 km en su frontera con Rusia y Bielorrusia para reforzar su seguridad ante el temor a agresiones rusas.

Estonia ha comenzado la construcción de búnkeres y planea 600 refugios subterráneos y trincheras antitanques cerca de la frontera rusa antes de 2027.

Los países bálticos modernizan sus defensas militares, incluyendo infraestructuras, producción de armamento y cooperación con la OTAN, para disuadir posibles ataques rusos.

Letonia, Estonia, Lituania y Polonia han pedido a la UE priorizar proyectos de defensa común ante el aumento de la tensión geopolítica con Rusia.

El temor a una Rusia más agresiva tras la invasión de Ucrania y las advertencias de los servicios de inteligencia europeos han desencadenado un ambicioso plan de defensa que combina infraestructuras físicas, centros de producción militar y una creciente cooperación en el seno de la OTAN.

Los países bálticos han emprendido la mayor carrera de fortificación y modernización militar de su historia reciente.

El último movimiento lo ha protagonizado Letonia, que acaba de concluir una valla de 280 kilómetros en su frontera con Rusia y Bielorrusia, fiel aliado de Putin.

La construcción, fruto de años de trabajo y una inversión de 166 millones de euros, se completará con otros 20 millones destinados en 2025 a reforzar la vigilancia y el patrullaje de la zona.

Las autoridades la consideran una infraestructura “crucial para la seguridad nacional”, un mensaje que refleja el clima estratégico en la región.

Media docena de empresas trabajaron en la instalación de esta nueva barrera física con Rusia, destinada, entre otras cosas, a mejorar el control fronterizo.

Mientras tanto, Estonia ha levantado los primeros búnkeres de la denominada Línea de Defensa Báltica, un plan estratégico que prevé la construcción de 600 refugios subterráneos antes de 2027, especialmente en las zonas más próximas a Rusia.

Cada estructura, de 35 m², está diseñada para resistir bombardeos de artillería de 152 mm —estándar en el arsenal ruso—, y se acompañará de un sistema de trincheras antitanques de hasta 40 kilómetros.

No se trata sólo de muros físicos

Tallin, Riga y Vilna avanzan hacia un frente militar integrado que abarca desde nuevas capacidades antiaéreas hasta fábricas de munición y blindados de última generación, con el objetivo político de convertir cualquier intento ofensivo ruso en un coste militar inasumible.

Se trata de planificar bien todas las medidas defensivas precisas ante un riesgo que ya nadie descarta.

El mensaje político es claro: el flanco oriental no quiere esperar a que Moscú marque los tiempos.

Con ciberataques, drones y violaciones del espacio aéreo convertidas en rutina desde 2022, la región avanza hacia lo que algunos analistas ya califican como un muro de fuego europeo.

Un muro hecho de búnkeres, sensores, acero y una voluntad compartida: que la disuasión sea tan sólida como el hormigón recién vertido en la frontera.

Miedo en los países fronterizos

Letonia, junto a sus vecinos bálticos Lituania y Estonia, así como Polonia y el resto de países del flanco oriental europeo, reclamó el pasado 16 de diciembre, durante una cumbre celebrada en Helsinki (Finlandia), que la Unión Europea dé prioridad a los proyectos de defensa común.

La petición llega en un contexto geopolítico cada vez más tenso, marcado por la actitud hostil de Rusia.