Martin Schulz durante un acto en Munich una semana antes de las elecciones.

Martin Schulz durante un acto en Munich una semana antes de las elecciones. Michaela Rehle Reuters

Europa

Martin Schulz, el justiciero social que no logró la fórmula anti-Merkel

El candidato de los socialdemócratas ha centrado su campaña en los problemas locales, de los que aprendió en su etapa como alcalde y librero.

Diego González

Contaba Martin Schulz (Hehlrath, Alemania, 1955) en una entrevista a Der Spiegel que cada noche rellena una página en su diario. Así lo ha estado haciendo desde hace 37 años. Por aquel entonces llevaba tres años siendo alcalde de Würselen. Este domingo le toca escribir sobre su derrota frente a Angela Merkel en la elección del nuevo Bundestag.

El resultado ya lo reflejaban las encuestas, que daban un 21% de los votos a los socialdemócratas (SPD), con lo que se ha presentado como candidato. Demasiada diferencia con ese 36% que se auguraba para Unión Cristianodemócrata (CDU). Se trata de un mazazo para aquel al que consideraron el "anti-Merkel" cuando anunció el pasado noviembre que, tras 22 años en la política comunitaria, dejaba su puesto como presidente del Parlamento Europeo. Ahora, dependiendo de lo que elijan sus bases, se ve abocado a repetir coalición con la canciller.

Encontronazo con Berlusconi

Esa consulta va acorde a uno de los principales rasgos de Schulz, reconocido durante su carrera por ser un político de consenso. No significa esto que no diga lo que considere oportuno en voz alta, llegando a ser volcánico. Lo ha hecho durante esta última etapa de las elecciones, atacando más duramente a Merkel, y lo hizo en 2003 con Silvio Berlusconi. Al entonces Primer Ministro italiano le responsabilizó de las declaraciones del ministro de Inmigración, amenazando con bombardear pateras de inmigrantes ilegales.Berlusconi le respondió: "Conozco en Italia a un productor de cine que está haciendo una película sobre nazis y voy a recomendarle para interpretar al 'kapo' (prisionero guardián de los demás presos en los campos de concentración), sería perfecto".

En los últimos meses la caída de Schulz ha llegado paulatinamente. Su fracaso en Renania del Norte-Westfalia en mayo le dejó "realmente afectado". Se trataba de su tercera derrota tras las sufridas en Land Sarre y en Schleswig-Holstein

Problemas corrientes

En esta etapa ha usado más su faceta como hombre local, aquella que cultivó durante 11 años como alcalde. Ha dejado de lado su europeísmo, por el que le criticaron por dejar de lado los intereses alemanes. En lugar de ello se ha centrado en los problemas corrientes, algo que en principio pareció buena idea. Más tarde se vio que su tema bandera, la "justicia social", tenía poca repercusión en un país que presume de su tasa de empleo.

Al tratar estas cuestiones, más de la calle, ha sido inevitable caer en ciertos populismos, aunque precisamente Schulz criticó al presidente estadounidense Donald Trump por eso mismo.

Un cartel electoral de SPD caído con Schulz como candidato.

Un cartel electoral de SPD caído con Schulz como candidato. Reuters

Ésta debe ser una de las pocas coincidencias entre el magnate y el antaño librero alemán. Su origen, desde luego, es mucho más humilde. Era el pequeño de cinco hermanos. Su padre era un funcionario de Policía, y venía de una familia de mineros socialista. Su madre, con procedencia burguesa, llegó a formar una sección local del conservador CDU. Actualmente está casado y tiene dos hijos.

Futbolista frustrado y alcohólico 

Se formó como librero aunque también quería ser futbolista profesional. Jugó en el juvenil de un equipo de segunda. Una lesión de rodilla le cortó ese camino. Desde 1980 es abstemio. Según relató él mismo en la revista Bunte no tiene "nada que ocultar." "Las luchas que tuve que combatir en mi vida, las combatí y con éxito. Vivo de forma consecuentemente abstemia".

En una entrevista a Vanity Fair describía esta etapa: "Me encontraba en una espiral descendente hasta llegar al nivel más bajo de la sociedad. Sin dinero, sin amigos, en un ambiente alcohólico, con la esperanza de vida totalmente perdida, distanciado de mi familia, aislado. A mis 24 años hubo un momento en el que supe que, o bien cambiaba totalmente, o estaba perdido. Y cambié. Mi hermano, uno de mis amigos más cercanos, me salvó. Seis años después era alcalde de mi ciudad. Cuanto más pienso sobre ello, menos entiendo cómo fue posible. He tenido el privilegio de vivir una existencia muy fascinante".

Su amor por la lectura incluye a la española y Carlos Ruiz Zafón está entre sus autores favoritos. También es aficionado a la música francesa, los viajes y la gastronomía.

Primero fue vendedor para editoriales y en distintos comercios. Más tarde fundó su propia librería, que dirigió durante una docena de años. Finalmente dio el paso a la política. Tras 10 años militando en el SPD pasó a ser concejal en el Ayuntamiento de Würselen en 1984. En ese municipio había ido al instituto. Tres años más tarde se convirtió en alcalde, cargo que ocupó hasta 1998.

Los cuatro últimos años de esta etapa los compatibilizó con un escaño en el Parlamento Europeo, que marcaría su carrera. Fue quemando etapas, convirtiéndose en vicepresidente y presidente del grupo socialista.

En 2012 se convirtió en presidente del Parlamento Europeo. Asumió ese puesto durante cinco años, incluso cuando existe una regla no escrita para que se repartan con los populares la presidencia durante dos años y medio. A acabar con esta tradición ayudó su buena relación con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

Los resultados de este domingo contrastan con la buena acogida de Schulz entre los alemanes: según una encuesta de Forschungsgruppe Wahlenun en febrero un 49% le prefería a él al frente del Ejecutivo mientras que un 28% optaba por Merkel.

La diferencia entre unos resultados y otros está muy relacionada con el complicado sistema electoral. No votan directamente al canciller. En lugar de ello eligen a los miembros del parlamento federal que nombran al jefe del Gobierno. En esta ocasión, el "efecto Schulz" no ha servido pero la carrera del alemán siempre ha sido más un maratón que una prueba de velocidad. Está por ver si hay una próxima oportunidad.