Los zumos 'healthy' no son la solución.

Los zumos 'healthy' no son la solución.

Salud y Bienestar

Ni batidos verdes ni litros de líquido, el detox tras la Semana Santa es volver al orden en siete pasos básicos

Una experta en nutrición alerta del peligro de esas rutinas 'milagro' de batidos verdes y recomienda volver a lo que te sienta bien.

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Llega el final de Semana Santa y, con él, el clásico pensamiento: “Madre mía, lo que he comido, necesito un detox urgente”. Torrijas, vino, horarios caóticos y esa sensación de estar un poco hinchada, un poco lenta… y un poco (¿mucho?) culpable.

Y entonces aparece la fantasía: seguro que si estoy tres días a base de zumos verdes y calditos sospechosos, eso va a borrar todo lo anterior.

Spoiler: error. No te has 'intoxicado' por comer más pan, más dulce o beberte dos copas extra de vino. Tu cuerpo no funciona así. No es un interruptor que pasa de 'limpio' a 'sucio' en cuanto hueles el azúcar.

Tienes un hígado. Y riñones. Y un sistema digestivo que lleva años trabajando para ti sin pedirte permiso para hacer una limpieza constante.

Ahora bien, que no necesites desintoxicarte no significa que no te apetezca cuidarte. Y aquí es donde está la diferencia importante.

¿Culpa o cuidado?

Hay dos formas de hacer un detox. La primera: desde el drama. Aquí es básicamente un castigo con nombre bonito. Se hace desde la culpa, desde la prisa, desde ese “tengo que arreglar esto ya”.

Y suele incluir decisiones brillantes como eliminar medio supermercado, vivir a base de líquidos y mirar con odio a cualquier alimento sólido que se cruce en tu camino.

El secreto es volver a las verduras y proteínas saludables.

El secreto es volver a las verduras y proteínas saludables. iStock

La segunda: desde el autocuidado. “He salido de mi rutina, me noto más pesada, me apetece volver a sentirme bien” debe ser la premisa. Aquí no hay urgencia ni penitencia sino intención.

Desde fuera puede parecer lo mismo. Desde dentro, no tiene nada que ver.

Un buen detox no es heroico ni épico. No es digno de documental. Y eso es una gran noticia, porque significa que no tienes que hacer cosas raras. Sólo debes dejar de hacer lo que te aleja de tu bienestar y recuperar lo que te sienta mejor.

Siete pasos

Si tu cuerpo te está pidiendo un poco de orden después de estos días, aquí tienes una versión bastante más sensata (y sostenible):

  • Come normal. Ni ayunos imposibles ni batidos como sustituto de tu vida. Desayuna, come y cena. Tu cuerpo ama la previsibilidad más que tus experimentos.
  • Vuelve a la comida de verdad. Algo tan básico como verduras, frutas, proteína y grasas decentes. Nada revolucionario, exactamente por eso funciona.
  • Baja el ritmo (no sólo la comida). Dormir mal, pantallas hasta tarde, mil planes seguidos… eso también inflama. A veces el detox que necesitas no está en el plato.
  • Agua, sí; pero litros absurdos, no. Hidratarte ayuda, convertirte en una pecera humana no es necesario.
  • Reduce lo que sabes que te sienta regular. Alcohol, ultraprocesados, azúcar… No hace falta prohibirlos con dramatismo, basta con elegir mejor durante unos días.
  • Muévete sin castigo. No estás pagando una deuda calórica. Sal a andar, haz algo de fuerza, estira. Muévete para sentirte bien, no para “arreglar” nada.
  • Escúchate (aunque suene a cliché). Después de días más caóticos, el cuerpo suele pedir cosas bastante lógicas: más ligero, más simple, más orden. Si le dejas, te lo dice.

El lado oscuro del detox healthy

El problema de muchas dietas detox no es que lleven zumos verdes sino que perpetúan una idea bastante poco sana: la de que hay que compensar.

Cuidarte no debería sentirse como una penitencia con un buen marketing.

Otro clásico: “El lunes empiezo a tope”. El día llega, haces una rutina digna de monje tibetano… y el miércoles estás pensando en croquetas como si fueran una fantasía erótica.

No hace falta hacerlo perfecto, porque no hay premio. Puedes empezar hoy comiendo más simple, durmiendo mejor y bajando el ritmo.

No tienes nada que compensar

Esta es la parte importante. No tienes que equilibrar lo que has comido en las vacaciones. No hay nada roto que arreglar.

Lo único que quizá necesitas es volver a un lugar donde te sientas mejor en tu cuerpo. Si quieres llamarlo detox, adelante. Pero asegúrate de que no sea una limpieza desde el rechazo, sino un acto de amor propio.