La autora, retratada en la terraza del Auditorio Abante, en Madrid.

La autora, retratada en la terraza del Auditorio Abante, en Madrid. Esteban Palazuelos

Protagonistas

Julia Navarro, Premio Maga de Magas: "Me preocupa el desencuentro y la falta de diálogo entre generaciones"

La escritora, que lleva más de 50 años siendo un ejemplo de rigor e independencia, recibió el galardón por su capacidad para contar historias.

Más información: Julia Navarro: "Si un libro vende mucho, se convierte en sospechoso. Es una postura elitista y soberbia"

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Sale Julia Navarro (Madrid, 1953) de una reunión con su equipo de Plaza y Janés en las oficinas de Random House en Madrid. En la mano lleva una muestra de la portada de su próxima novela Una familia moderna, que se presentará en septiembre.

Nada más puede anticipar, tampoco aclarar cómo escribe esa prosa que engancha al lector de la primera a la última página.

El ambiente es familiar y distendido. Julia presume de "equipo fantástico" y la editorial de escritora de éxito, con 5 millones de libros vendidos y una obra traducida a 30 idiomas.

Ella se reivindica como una informadora que publica novelas: "Es más, sin la Julia periodista no se entendería a la Julia autora". Además de haber escrito 10 y otros tantos ensayos, ha ejercido el oficio de manera sobresaliente durante 40 años.

Así, cuando recogió el Premio Maga de Magas a la Trayectoria Profesional de manos de Pedro J. Ramírez, presidente de EL ESPAÑOL, pudo decir, parafraseando a Neruda: "Confieso que he vivido".

Retrato de la autora Julia Navarro.

Retrato de la autora Julia Navarro. Esteban Palazuelos

Aficionada a leer, al ballet y a viajar, su próximo destino será Venecia. Se casa su hijo, aquel que un abrasador día de playa, siendo niño, la indujo a leer los obituarios del periódico de puro aburrimiento. De uno de ellos precisamente surgió la idea de su primera novela, La hermandad de la Sábana Santa.

En Venecia aprovechará para visitar, como cada año, la Bienal: "Yo no rechazo las nuevas manifestaciones artísticas; soy periodista. Tengo que ver y entender qué pasa y por qué hace la gente lo que hace. Luego decido. Aunque no me interese o guste, quiero entender por qué a usted sí".

Está afónica por los aires acondicionados y el polen. No es alérgica, pero en la Feria del Libro había tanto revoloteando que empezó "a tragarlo". Impaciente, resolutiva, generosa, admira muchas cosas, sobre todo la coherencia y la bondad. Detesta la mentira y la impostura.

Le gusta apoyar la labor cultural tan importante que hacen los clubes de lectura. Con esa voz suave, pero firme que le caracteriza, discute con los lectores. También le divierte ver cómo lo hacen entre ellos: "Cada uno lee un libro diferente. Está bien que sea así, porque la novela es de todos".

Recuerda un encuentro en un pueblecito perdido. Nunca ha llorado tanto en público. La editorial le había advertido de que no irían más de 15 personas. Aun así, quiso ir. Eran todas mujeres. Al final de la presentación se le acercó una señora.

Navarro cuenta que esta le confesó: "'Con el libro en la mano, el pañuelo, la cara cuarteada, las manos rugosas, y me dijo: 'Yo he trabajado toda la vida en el campo, he tenido hijos, mi marido se ha muerto hace unos años… Es entonces cuando me he atrevido —utilizó esa palabra— a ir a la Biblioteca. Ahí me han enseñado a leer y este es el primer libro que he leído'".

¿Bailarina, física o hada?

Son las tres cosas que me hubiese gustado ser. Ahora, la vida me ha hecho un regalo a través de Magas: convertirme en maga, que es lo mismo que ser hada. Tampoco me hubiese importado recibir el Premio Bruja. Me parece que Cruz Sánchez de Lara tuvo una idea realmente fantástica al poner en valor lo que hacemos las mujeres. ¡Ya era hora!

40 años dedicada a la información.

Toda una vida. Soy periodista, pero ya no ejerzo. Para mí el oficio es estar en la calle, contando lo que pasa, no escribiendo un artículo de opinión. Se es informador 24 horas al día.

Hubo un momento en el que intenté hacer compatible este ejercicio con la escritura de libros. Aparte de que la salud no me daba para tanto, veía que empezaba a descuidar lo que había sido la gran pasión de mi vida, que era el periodismo, y decidí dejarlo.

¿Echa de menos el periodismo en la soledad de la escritura?

Sí, claro. Lo echo mucho de menos y me ha costado centrarme sólo en la literatura. El no estar en primera línea, viendo y contando lo que pasa, me produjo realmente un auténtico sufrimiento.

Tras varias décadas intensas dedicadas al periodismo, hoy Navarro se centra en su trabajo como escritora.

Tras varias décadas intensas dedicadas al periodismo, hoy Navarro se centra en su trabajo como escritora. Esteban Palazuelos

Y en cuanto al estilo, ¿le costó el cambio de registro?

No, porque al final se trata de contar historias. El periodismo imprime carácter y, además, me ha dado todas las herramientas para poder escribir novelas. El ojo del informador no es el mismo que el ojo del viajero.

Mi forma de narrar es la de una comunicadora que siempre se tuvo que circunscribir al redactor jefe, que le decía "tienes 50 líneas".

Ahora, el límite son cientos de páginas...

Ahora soy mi propio redactor jefe y escribo lo que me da la gana. No me pongo límites a la extensión. Pero para mí el periodismo es lo más apasionante que he hecho en la vida. Mucho más divertido que escribir novelas.

Recuerdo que entre estar en una discoteca o en una redacción, para mí no tenía color: en la segunda pasaban cosas. No había un lugar más apasionante y divertido. Ahora estas son más silenciosas. Están todos detrás de las pantallas.

¿Cómo hace para llevar al lector en volandas de la primera a la última página?

No lo sé. Quizá los periodistas estamos acostumbrados a intentar captar la atención del lector. A mí me importan mucho mis comienzos, los títulos de mis libros, los finales. Es como si estuviera escribiendo una gran crónica.

Todo empezó en la playa bajo una sombrilla, un abrasador día de verano. ¿Cómo sigue?

Y un hijo que era un pelma, como todos los niños a cierta edad: "Alex, vámonos ya", "pero Mami, un poquito más"… Me había leído ya todos los periódicos del derecho y del revés. Nunca me he bajado libros a la playa, sólo diarios y revistas. Entonces terminé leyendo los obituarios; uno hablaba del fallecimiento de un analista forense…

A partir de ahí se me encendió la imaginación y escribí La Hermandad de la Sábana Santa sin saber si se publicaría. De hecho, pasaron más de dos años hasta su lanzamiento.

Trabajaba como periodista, tenía un niño pequeño, escribía novelas, ¿de dónde sacaba el tiempo?

El ballet me enseñó a ser extremadamente disciplinada y aguantar. Al principio dormía poquísimo. Hubo un momento que ya no me daba para tanto.

Su próxima novela se titula 'Una familia moderna' y se publicará en septiembre de 2026.

Su próxima novela se titula 'Una familia moderna' y se publicará en septiembre de 2026. Esteban Palazuelos

15 días después de la publicación de La hermandad de la Sábana Santa se imprimía la segunda edición... Y desde entonces ha vendido cinco millones de ejemplares de todas sus novelas. ¿Qué relación tiene con el éxito?

¡El éxito es algo tan relativo! Los periodistas estamos acostumbrados a ver que alguien es muy importante hoy y mañana no es nadie. He hecho información parlamentaria muchos años y he conocido ministros de todos los colores. El día que dejaban de serlo ya nadie les iba a preguntar su opinión. O sea, se convertían en transparentes.

¿Es maniática para escribir?

Soy disciplinada en todo en la vida, pero no maniática. Madrugo, escribo por las mañanas, por las tardes...

¿Le molesta que la interrumpan?

¡Imagínate a un periodista al que le molestara que le interrumpan cuando escribe la crónica! Va con el oficio.

En sus novelas aparece muchas veces un marido bueno...

Debe de ser porque yo lo tengo aunque, en realidad, tampoco hay tantos maridos en mis novelas. Sí en Dime quién soy (Plaza & Janés, 2010), que es quizá mi novela más emblemática.

Es curioso, porque a todo el mundo le llama la atención que una mujer casada, Amelia, se marche de su casa porque quiere vivir una vida diferente y tomar las riendas, sin que su esposo sea malo ni su presente sea un infierno.

Cuando la novela se iba a llevar a la televisión, un productor me dijo que habría que cambiar algunas cosas: "El marido, claro, no puede ser bueno. No sería interesante si es así". Está claro, pensé entonces, que él no llevaría a la pantalla mi novela, porque no había entendido nada.

¿Cómo se activa su imaginación?

En mis obras hay cosas recurrentes y la actualidad es una de ellas. El fallecimiento de un analista forense que había tenido bajo su microscopio el Sudario de Turín me inspiró para La hermandad de la Sábana Santa.

En La Biblia de barro (Plaza & Janés, 2005) reflexiono sobre la guerra de Irak. En La sangre de los inocentes (Plaza & Janés, 2007), sobre el fanatismo religioso, a raíz del atentado del 11M… Siempre hay algo que me impulsa a reflexionar y a construir una historia sobre eso.

La escritora, fotografiada para su entrevista con Magas.

La escritora, fotografiada para su entrevista con Magas. Esteban Palazuelos

¿Qué temas le preocupan ahora?

Me importa mucho todo lo que pasa hoy en día en la sociedad: la crisis de identidad, el desencuentro y la falta de diálogo entre generaciones. También me preocupa ese rechazo hacia la gente que llega de otros lugares.

La historia de la humanidad es una historia de inmigraciones. A todos esos listos que dicen que los inmigrantes no se integran los mandaría al otro extremo del mundo, a un sitio donde no hablen su idioma ni tengan nuestras costumbres, y les diría: "Ale, ahora intégrense ustedes".

La novela Tú no matarás (Plaza & Janés, 2018) está inspirada, en parte, en sus abuelos, que fueron represaliados por el franquismo.

Y en lo que escuchaba en casa, o más bien en los silencios. Yo vivía con ellos, mi madre, mis tías y tíos, y no entendía muy bien la situación.

Pero sí recuerdo a mi abuela que, cuando estaban hablando los demás, de repente, se ponía nerviosa, miraba a mi abuelo y decía "¡Jerónimo!". Y entonces, el nombre era una cosa seria que imponía... Mi abuelo decía "¡Teresa!" Y ella "Jerónimo, ¡ya!". Existía ese miedo.

¿Había rencor, represalias…?

No. Pero nosotros vivíamos enfrente de lo que hoy es el Senado, que era el Consejo General del Movimiento, donde una vez al año iba Franco. Entonces, como mi abuelo había estado en la cárcel y había sido un preso político, cuando iba él, siempre venían dos policías a casa.

Subían y se ponían en los balcones y mi abuelo se encerraba en su habitación y mis primos y yo con él. No entendíamos qué pasaba, por qué venían los agentes. Eso fue algo traumático. Siempre preguntábamos, pero nadie nos explicaba… Para nosotros Franco era un señor que salía por la tele.

El niño que perdió la guerra (Plaza y Janés, 2024) es el título de su penúltima novela.

Los niños siempre pierden la guerra, porque no la deciden. Las contiendas las deciden sus padres.

El epígrafe de la novela reza así: "A todos los que dijeron NO, a todos los que dicen NO, a todos los que en el futuro seguirán diciendo NO".

Sí, pensaba en mis abuelos y mis tíos. Dijeron que no y eso tuvo consecuencias, porque hacerlo es una de las cosas más difíciles que hay. Yo todavía no sé decirlo del todo.

Julia Navarro, Premio Maga de Magas a la Trayectoria Profesional 2026.

Julia Navarro, Premio Maga de Magas a la Trayectoria Profesional 2026. Esteban Palazuelos

¿Usted habrá dicho 'no' muchas veces?

Sí, pero creo que no las suficientes.

Esa sensación podemos tenerla todos...

Sí, pero me refiero a lo importante y lo menos importante. A veces me meto en unos líos por no decir que no. ¿Pero por qué habré dicho que voy a ir a este sitio si no quiero?

¿Qué relación ha tenido con sus personajes? Por ejemplo, con Amelia, la protagonista de Dime quién soy.

Ella es un personaje importante para mí. Me daba mucha rabia constatar que mujeres sumamente potentes de la Segunda República —siempre me ha interesado esa época, sobre todo la generación del 27— daban un paso atrás voluntariamente para que sus maridos brillaran. Mira a María Teresa León y Alberti.

Entonces, Amelia es fruto de esa rebelión interna de decir: "Aquí tiene que haber una mujer que les mande a todos a freír espárragos y se marche a vivir su propia vida".

¿Y con Thomas Spencer, el publicista sin escrúpulos de Historia de un canalla (Plaza & Janés, 2016)?

Es un canalla. Esa obra no ha sido bien comprendida por mis lectores. Algunos la odian, a otros les encanta. Yo quería contar lo fácil que es manipular la opinión pública, ya sea con un tema político o para vender unos pantalones.

Fui a presentarlo a una Feria del Libro en Buenos Aires. ¡Tenía la sala llena! Yo estaba sorprendida por la afición a la lectura de los argentinos. Y es que había un congreso de psiquiatras al lado y estaban interesadísimos en el personaje. Me hicieron unas preguntas complicadísimas, como si me estuvieran psicoanalizando.

Cuando termina una novela ¿añora a algún personaje? ¿Rescataría a alguno?

No. Cuando termino una novela, los dejo. Aunque no quiero decir que nunca lo haré, porque no lo sé...

Si tuviera que hablar del personaje de Julia Navarro, ¿cómo lo haría?

Tú lo has descrito muy bien. Yo creo que todavía soy aquella niña que quería ser hada y bailarina y añadiría que ha sido periodista, que se ha dedicado al amor de su vida.

El otro día, cuando Pedro J. me entregó el Premio Maga de Magas a la Trayectoria Profesional, pensé que no solamente hemos compartido una etapa de la vida de España, la de la Transición, sino que yo siempre he entendido esa pasión suya absolutamente irrefrenable por la prensa, porque yo la he tenido.