Cecilia Martín posa para Magas.

Cecilia Martín posa para Magas. Esteban Palazuelos

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Cecilia Martín, psicóloga: "La gran epidemia de nuestra época no es la falta de amor, sino la soledad"

En su nuevo libro, propone herramientas para navegar un escenario marcado por la incertidumbre y la hiperconexión.

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Durante décadas, las consultas de terapia de pareja estuvieron llenas de personas que sufrían por permanecer en relaciones insatisfactorias.

Hoy, según la psicóloga Cecilia Martín, el panorama ha dado un giro radical. El problema ya no es tanto quedarse en situaciones que no funcionan, sino lograr construir vínculos que permanezcan.

Autora de Ghosting, celos, rupturas y otros dramas modernos, ella observa un cambio profundo en la forma en que establecemos relaciones.

Vivimos en una época de conexiones constantes, aplicaciones de citas y acceso ilimitado a potenciales match, pero paradójicamente nunca había sido tan frecuente la sensación de fragilidad emocional en el amor.

"La gente está en pareja y, aun así, siente que puede ser sustituida en cualquier momento", explica. Esa percepción de reemplazabilidad permanente ha generado una cultura de la desconfianza donde muchos se acercan al afecto con reservas, miedo a sufrir y una creciente dificultad para comprometerse.

La tecnología ha desempeñado un papel decisivo en esta transformación. Las herramientas digitales han instalado una sensación de abundancia de opciones que, aunque ofrece libertad, también alimenta la duda constante. Cuantas más alternativas parecen existir, más difícil resulta valorar la elección realizada.

La autora durante la entrevista.

La autora durante la entrevista. Esteban Palazuelos

En lugar de concentrarse en fortalecer la relación que tienen delante, mantienen la mirada puesta en la posibilidad de encontrar una opción supuestamente superior al otro lado de la pantalla.

Este fenómeno se conecta con una cultura de la inmediatez que afecta prácticamente todos los ámbitos de la vida. Acostumbrados a obtener respuestas, entretenimiento y gratificación instantánea, trasladamos esas expectativas también al terreno afectivo.

Martín recurre a una explicación neuropsicológica para entenderlo. La búsqueda constante de novedades genera descargas de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer inmediato. Sin embargo, advierte que una conexión sólida no se sostiene sobre esa química efímera.

"La pareja se construye con oxitocina", afirma. La llamada hormona del vínculo aparece en experiencias de cercanía afectiva, contacto físico y apego profundo. Es la sustancia que alimenta la confianza, el compromiso y la sensación de hogar emocional que ninguna interacción digital puede reemplazar.

El problema, según la autora, es que la lógica consumista ha colonizado también las relaciones. Si alguien aporta satisfacción inmediata, se mantiene. Cuando aparece la primera dificultad, se descarta. Los romances empiezan a gestionarse como cualquier otro producto de consumo.

El resultado son uniones rápidas, intensas y estimulantes, pero también más superficiales y frágiles. Una dinámica que termina generando cansancio y desencanto.

A este escenario se suma otro fenómeno que preocupa especialmente a la psicóloga: la proliferación de discursos enfrentados entre hombres y mujeres en redes sociales.

Vídeos virales, consejos sentimentales simplistas y mensajes cargados de sospecha alimentan una visión cada vez más pesimista de las relaciones.

"Todo el tiempo aparecen contenidos que dicen que los hombres son narcisistas o que las mujeres son tóxicas —comenta—. Se difunde una idea de que el amor es un campo de batalla donde inevitablemente acabarás herido".

Cecilia Martín, con su libro.

Cecilia Martín, con su libro. Esteban Palazuelos

Frente a esa narrativa, Martín reivindica una visión más realista. No existe la pareja perfecta ni la relación libre de conflictos. Lo importante no es evitar los problemas, sino aprender a gestionarlos y construir una sensación de seguridad afectiva compartida.

Curiosamente, esta búsqueda de estabilidad parece estar ganando terreno entre los más jóvenes. Si durante años los millennials fueron asociados a modelos relacionales más flexibles y menos comprometidos, la generación Z parece mostrar un interés creciente por la exclusividad y la seguridad afectiva.

"No buscan necesariamente casarse ni reproducir el modelo tradicional, pero sí quieren sentir que alguien los elige de verdad", explica.

Esta necesidad conecta con otro concepto central de su libro: la sabiduría emocional. En un contexto dominado por la sobreinformación sentimental, los consejos rápidos y las comparaciones constantes, desarrollar criterio propio se ha convertido en una habilidad esencial.

Las redes sociales, sostiene, alimentan expectativas irreales sobre el enamoramiento. Dúos aparentemente perfectos, relaciones idealizadas y listas interminables de requisitos para encontrar a una "persona de valor" generan estándares imposibles de alcanzar.

"El problema es que muchas personas terminan elaborando una checklist de características y descartan a alguien en cuanto no cumple una de ellas", señala.

A ello se añade una tolerancia cada vez menor a la frustración. Una respuesta tardía en un mensaje puede interpretarse inmediatamente como falta de interés. Un simple cambio en la comunicación se convierte en motivo suficiente para abandonar una oportunidad incipiente.

Sin embargo, reconoce que la dificultad aumenta cuando las perspectivas entre dos personas no están alineadas. Muchas de las decepciones actuales nacen del hecho de que quienes buscan construir una relación estable se encuentran con otras personas que utilizan las aplicaciones simplemente para entretenerse.

La psicóloga frente a la cámara de Magas.

La psicóloga frente a la cámara de Magas. Esteban Palazuelos

"Hay mucha gente que no está buscando algo verdadero —asegura—. Buscan distraerse, escapar del aburrimiento o llenar un vacío".

Esa diferencia de intenciones genera una de las mayores fuentes de desilusión contemporánea. Aunque algunas plataformas intenten segmentar a los usuarios según sus objetivos sentimentales, la realidad es que el deseo de compromiso depende mucho más de la disposición real que de la aplicación utilizada.

Así es cómo se desencadena el peor escenario posible. "La gran epidemia de nuestra época no es la falta de amor, sino la soledad", comenta la psicóloga.

El miedo al sufrimiento ocupa también un lugar central en su análisis. Muchas personas llegan a nuevas parejas cargando heridas de experiencias anteriores. Esas cicatrices las llevan a protegerse tras una coraza que dificulta la autenticidad.

"Amar implica arriesgar—recuerda—. Y mucha gente intenta evitar ese riesgo manteniendo relaciones superficiales donde nunca llega a mostrarse vulnerable".

En este contexto proliferan fenómenos como el ghosting, el breadcrumbing o el zombieing, términos que han adquirido popularidad para describir comportamientos relacionales que, aunque no son completamente nuevos, se han multiplicado gracias a la tecnología.

El primero —desaparecer sin dar explicaciones— es uno de los que más daño generan. Martín explica que el sufrimiento no proviene únicamente de la pérdida de la otra persona, sino de la ausencia de cierre.

"Nuestro cerebro necesita entender qué ha ocurrido. Cuando alguien desaparece sin explicación, la mente se queda atrapada intentando completar la historia", asegura.

Esa incertidumbre alimenta pensamientos obsesivos, revisiones constantes del teléfono, consultas compulsivas de redes sociales y una tendencia a la autoinculpación. La persona se pregunta qué hizo mal, qué podría haber cambiado o por qué dejó de ser suficiente.

Por eso, una de las estrategias que propone en su libro consiste en aprender a realizar un cierre individual cuando la otra persona no lo ofrece. Aceptar que el silencio también comunica y asumir internamente que la historia ha terminado.

La autora, durante la entrevista.

La autora, durante la entrevista. Esteban Palazuelos

La profesional señala, además, que las relaciones breves e intensas generan un impacto emocional especialmente fuerte porque activan mecanismos cerebrales similares a los de una adicción. Cuando terminan abruptamente, aparece una especie de síndrome de abstinencia afectiva.

Muchas veces, explica, no se sufre únicamente por la persona perdida, sino por el futuro imaginado que nunca llegó a materializarse.

Otro concepto que analiza es el denominado shrekking, una tendencia que consiste en elegir "medias naranjas" consideradas inferiores en términos de atractivo, estatus o valor percibido. El objetivo inconsciente sería reducir el riesgo de abandono o infidelidad.

"Es una forma de intentar garantizar que no vas a sufrir", señala.

Sin embargo, estas relaciones suelen fracasar porque se construyen sobre una jerarquía desigual que termina erosionando la admiración mutua, uno de los pilares fundamentales de cualquier relación saludable.

Para Martín, una pareja sana necesita igualdad, reciprocidad y respeto. Cuando uno de los miembros se sitúa por encima del otro, el vínculo acaba deteriorándose.

Ante tantos desafíos, la terapia psicológica se ha convertido en una herramienta cada vez más habitual. La autora celebra que acudir a ella esté mucho más normalizado que hace algunos años.

"Todos atravesamos momentos difíciles. Y tener a alguien que te escuche, no te juzgue y te ayude a entender lo que te ocurre es un privilegio enorme", explica.

Aunque considera que su libro puede ofrecer herramientas útiles para muchas personas, también subraya que cada historia es única y que, en algunos casos, el acompañamiento profesional resulta imprescindible.

La salida a la llamada "ambigüedad relacional", añade, pasa por algo aparentemente sencillo pero cada vez menos frecuente: hablar con claridad.

"Hay que hacer pactos. Decir qué queremos, qué buscamos y qué estamos dispuestos a ofrecer", sostiene.

Muchas decepciones nacen de expectativas nunca verbalizadas. Por eso, insiste en la importancia de preguntar y escuchar antes de asumir que ambas personas desean lo mismo.

Pese a todo, la autora mantiene una visión profundamente optimista sobre el futuro de la vida en compañía romántica. Considera que el romanticismo no ha desaparecido, sino que está evolucionando hacia formas más maduras y realistas.

La generación Z, afirma, parece estar dejando atrás muchos de los mitos tradicionales para construir un modelo basado en la elección cotidiana, la lealtad y el respeto mutuo.

"No buscan una media naranja que los complete —explica—. Buscan a alguien con quien construir una vida compartida desde la libertad".

Y aunque reconoce que existe una verdad incómoda que nadie quiere escuchar "que nadie puede garantizar que una conexión dure para siempre", insiste en que eso no debería conducir al pesimismo.

"No podemos controlar al otro —concluye—. Pero sí podemos trabajar cada día, ser generosos y construir relaciones donde ambos se sientan seguros".

En una época marcada por la incertidumbre afectiva, su mensaje final resulta tan sencillo como necesario: el amor sigue siendo posible. Lo que necesitamos son nuevas herramientas para vivirlo.

Porque, aunque hayan cambiado las reglas del juego, la necesidad humana de amar y ser amado permanece intacta.