Retrato de la periodista.

Retrato de la periodista. Esteban Palazuelos

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Julia Otero, Premio Maga de Magas: "Vivimos una época de certezas 'hooligans' en la que no escuchamos a los demás"

La periodista ha recibido el Maga de Magas 2026 a la Mejor Creadora de Opinión por su voz serena que invita a la reflexión.

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Julia Otero (Monforte de Lemos, 1959) dijo cuando recogió el premio Maga de Magas —o Meiga de Meigas— a la Mejor Creadora de Opinión 2026, que nunca se había propuesto ser tal. Sin embargo, su vocación por un periodismo no polarizado que cuestione también las certezas de los suyos es ya una declaración de intenciones.

Una de las voces más reconocibles de la radio y todo un mito para quien creció viendo sus programas en la televisión, la periodista representó entonces un estilo nuevo, fresco, directo e inconformista que hoy mantiene.

La niña Julia creció entre adultos. Hija única de emigrantes gallegos en Barcelona, sus abuelos, tíos y primos quedaron en Galicia. Educada en el rigor y el esfuerzo, lo mismo ayudaba a su madre en las tareas de casa que cambiaba los plomos con su padre o descorchaba una botella de vino.

"Mi padre tenía en tan mal concepto a los hombres, a los suyos, que se pasó la vida preparándome para lo peor", cuenta sonriendo. "Siempre fomentó mi independencia, mi libertad, el que no dependiera absolutamente para nada, ni económica ni profesionalmente, de uno".

Con 14 años ya se sentía feminista y nunca ha olvidado "esa forma de estar en el mundo que reclama justicia y equidad". Luego, apostilla, "con las mismas condiciones, que gane el mejor".

La periodista ha recibido el Premio Maga de Magas a Mejor Creadora de Opinión.

La periodista ha recibido el Premio Maga de Magas a Mejor Creadora de Opinión. Esteban Palazuelos

Llegó a la radio por casualidad. Estudiaba primero de Filología Hispánica y tenía un novio que colaboraba en un programa de cine en Radio Sabadell. Un día lo acompañó y poco después estaba presentando y dirigiendo el espacio.

Han pasado 50 años y son muchos los reconocimientos. En su haber, cinco Ondas en las dos categorías, radio y televisión. Distinciones especiales para ella son ser Hija Predilecta de su pueblo natal, Monforte de Lemos, y haber recibido la Medalla de Honor del Ayuntamiento de Barcelona, ciudad donde se ha "criado y formado como ser humano". Y la Cruz de San Jorge.

Desde 2007 dirige y presenta en Onda Cero Julia en la Onda o JELO, el acrónimo que usa para no repetir su nombre tantas veces. Tras un año de reposo, en 2021, a causa de un cáncer de colon, se reincorporó a las ondas. Entonces "peleó para moverse de las tardes a la franja matinal del fin de semana".

Ahora madruga, compra el desayuno para el equipo y sobre las 06:45 horas llega a la radio. A las 8 entra en antena. Atiende a Magas 10 minutos después de salir del directo, con esa vitalidad y ese sentido del humor salpicado de cierta retranca gallega tan suyos.

Primero el amor, después...

…la técnica. Gran frase.

Con esa frase de Gaudí ha empezado el programa de hoy. Tras cuatro horas seguidas en la onda, ¿termina agotada?

Un programa de fin de semana no tiene ese punto de la actualidad estricta. Y, por tanto, estoy menos cansada que cuando hacía la tarde, que entraba a las 11 de la mañana y cuando acababa, llevaba nueve o 10 horas en la radio.

¿Qué hace durante las pausas del programa, cuando dan las noticias o hay publicidad?

Hablar con la gente del equipo, salir al lavabo, a hacerme un café, ver cómo van las redes del programa, los comentarios de los oyentes... Pero se me pasa muy rápido. Son 4 horas de concentración.

Julia Otero, en su entrevista con Magas.

Julia Otero, en su entrevista con Magas. Esteban Palazuelos

Ha recibido el Premio Maga de Magas a la Mejor Creadora de Opinión por su duda constructiva.

Lo dije el día en que lo recogí: ser creadora de opinión nunca ha sido un objetivo. Sí creo que la duda y el interrogante forman parte de nuestra profesión y diría que también de la inteligencia emocional, pero parece un concepto vintage.

Estamos en una época de certezas hooligans. Cada uno de nosotros tiene sus propias certezas y no escucha las de los demás. No establecemos esa duda como herramienta de comprensión del otro. La polarización es precisamente eso, no dudar nunca de los tuyos ni de tus propias certezas.

¿El no posicionarse sistemáticamente se nota en la audiencia?

Sí se nota. Los que pueden estar más de acuerdo con mi forma de ver el mundo, cuando dudo de algo que nos compete o creemos, se molestan. Y los que están más alejados en su grado más extremo, que los hay, lo que hacen es pedir que me echen de Onda Cero.

La echaron ya una vez siendo líder de audiencia, pero ¿otra vez?

De vez en cuando hay quien escribe para que me vuelvan a echar. Forma parte del paisaje de intolerancia general.

Usted decía que los periodistas en ocasiones "tenemos que autocensurarnos".

Creo que todos debemos tener conciencia de los límites. Yo me autocensuro a veces, no porque mi empresa me lo exija, sino porque mi código deontológico me lo marca. Aunque yo esté convencida de determinadas cosas, no las puedo verbalizar alegremente si son impresiones mías y no hay una prueba documental.

¿Y la corrección política?

Digas lo que digas, siempre habrá alguien que se moleste. Antes no éramos tan conscientes de eso. Ahora, con las redes sociales, al instante te hacen saber a quién estás hiriendo, ofendiendo o molestando.

Julia Otero lleva décadas conquistando a miles de oyentes en la radio.

Julia Otero lleva décadas conquistando a miles de oyentes en la radio. Esteban Palazuelos

En una entrevista titulada La chica de la tele, la describían así: "Un cierto aire provocativo se esconde en el cruce de sus piernas. Su voz es clara y ligeramente rebelde en su timbre. Su sonrisa es acogedora y promete, constantemente, frescura". ¿Mantiene esa forma un poco pícara de mirar la vida, el estilo inconformista?

Intento no ser una persona resabiada, mantener la curiosidad y seguir descubriendo cosas. Mientras siga así, mi actitud será la misma.

Cuando presentaba programas como 3x4 y La Luna en televisión usted era un mito, incluso uno erótico.

Tengo suficiente edad para asumir el pasado. Hay una generación a los que llamo los damnificados por el 3x4 que son, sobre todo, los cuarentañeros de hoy. Me lo han confesado tan abiertamente que al final tengo que reconocer que, en esa etapa de mis inicios en la televisión, muchos jóvenes se enamoraron de aquella forma de dirigirse a la cámara.

No sé si un mito erótico, pero, en aquel momento, yo personifiqué una manera de hacer televisión distinta. Recuerdo que me quedé perpleja cuando leí en la portada de una revista del corazón el pie de una foto mía: "Nace un nuevo estilo de mujer".

¿Volvería a la televisión?

Si no estoy en ella es porque no quiero, porque afortunadamente no han dejado de llegar propuestas. Lo que tengo claro es que o televisión o radio. Todo convierte tu vida en una locura, en una especie de gincana que, no sé si puedo o no, pero no me quiero permitir. Necesito un poco más de tranquilidad y reposo.

¿Con la edad dice uno más lo que piensa?

Con la edad uno distingue perfectamente entre cuando puede decir o no lo que piensa. Además, tengo la suerte de tener la luz pagada para el resto de mi vida, de manera que me puedo levantar de cualquier mesa si no me gusta lo que me proponen o lo que me piden. Eso da mucha libertad.

Cuando tienes hijos pequeños, una hipoteca… no se le puede pedir al periodista que sea un héroe y que ponga sus principios por delante de cualquier situación o dificultad. Dicho eso, un periodista tampoco debería renunciar a sus principios solamente por complacer al que le paga. Yo antes cambiaría de profesión.

¿A cuál?

No lo sé, porque a ser médico, que es lo que soñaba de pequeña, ya no llego. Creo que ahora no sé hacer nada más que hablar y conversar con la gente.

Julia Otero frente al objetivo.

Julia Otero frente al objetivo. Esteban Palazuelos

Su marido y su hija son médicos. ¿Cómo se vive rodeada de una familia de sanitarios?

Pues abandonada de la mano de Dios. Los que tienen familia de médicos saben que son los menos hipocondríacos del mundo y los que menos reparan en pequeños problemas de salud. 39 de fiebre, te duele el cuello, no les importa. Eso sí, cuando hay algo grave son los primeros que te aconsejan bien y saben cómo andar ese camino.

Le faltan 40 centímetros de intestino, ¿de dónde saca la vitalidad?

Uy, me faltan muchas cosas: la vesícula, el tiroides, el bazo. Siempre hago la broma de que tengo lo imprescindible para la vida.

La vitalidad te lo da hacer algo que te gusta. Nunca me oirás decir frases épicas de "la radio es el amor de mi vida". No, es mi modo de vida ahora, como lo fue también la televisión. Pero tengo la suerte de trabajar en algo que me divierte. Y cuando uno se entretiene, también lo hace a los demás.

¿Una afición?

Me encantaba ir a la montaña a esquiar. Cuando estás bajando una pista roja no puedes pensar en nada más, porque si no te rompes la crisma. Ahora intento caminar entre cinco y ocho kilómetros todos los días, en función de lo que pueda.

Durante la temporada, mis aficiones están vinculadas al trabajo. No hay semana en la que no tenga que leerme dos libros, ver una serie, dos películas, para preparar los contenidos del programa de esa semana y las entrevistas. Me voy dejando lecturas voluntarias para las vacaciones de verano, que nunca son suficientes.

De tantas entrevistas que ha hecho, ¿alguna que le haya causado una honda impresión?

Cuando te dedicas a la entrevista te conviertes en el ser menos mitómano del mundo. Las que más recuerdo son aquellas que han tenido la capacidad de cogerme emocionalmente por la solapa.

Luego, hay momentos en que, de pronto, la conversación adquiere una intensidad brutal. Pero no escogería una sola entrevista. Es como la felicidad: son instantes que quedan atrapados en la memoria por alguna razón.

¿Y una cualidad o virtud que aprecie?

La paciencia. La gente reposada, tranquila, que puede estar horas haciendo cosas pequeñas, laboriosas, me produce una gran admiración porque yo soy incapaz.

Julia Otero en la terraza del Auditorio Abante, en Madrid.

Julia Otero en la terraza del Auditorio Abante, en Madrid. Esteban Palazuelos

¿Algo que deteste?

La envidia. Los envidiosos suelen ser malas personas y emanan una toxicidad que lo contamina todo.

En verano usted vuelve al pueblo donde nació, A Panela, a cinco kilómetros de Monforte de Lemos. ¿Tiene sensación de vuelta al hogar?

No exactamente. A mí me sacaron de Galicia cuando yo tenía dos años. Por tanto, yo, cuando vuelvo, vuelvo a Barcelona, que es mi ciudad.

Pero el reencuentro con mis raíces, con el recuerdo y la memoria de mis padres, eso sí que se produce en Monforte, en la pequeña aldea. Porque ahí aparece la niña que volvía cada mes de agosto a ver a su familia y, sobre todo, la que intenta rendir homenaje al lugar en el que todo empezó.

Por eso he restaurado la casa de piedra que hizo mi abuelo y he llevado a mi hija para que mantenga también las raíces de su madre. Ella, que es catalana y su lengua materna es el catalán, no ha dejado de sentirse gallega. No olvidar nunca de dónde vienes para mí es fundamental.

Hija de trompetista y nieta de cantero…

Mi abuelo era cantero y agricultor —la economía de subsistencia típica gallega—, pero tenía algo de artista, como tienen todos los buenos canteros, que es un oficio que, como tantos otros, está desapareciendo. Como quieras que te hagan una casa de piedra…

Mi padre fue un grandísimo trompetista, autodidacta, aunque luego estudiaría música... Él sí que era vital, un auténtico artista en todos los sentidos. Y mi madre, un ama de casa que tuvo una infancia muy dura en la posguerra. De los dos aprendí muchas cosas.

¿Algo que le obsesione?

Iba a decir la salud, pero relativamente. La vida es más liviana cuando asumes que tiene un punto final.

Soy una persona muy poco obsesiva. Nada me agobia especialmente. Mi hija te diría que ser abuela. Ya últimamente no le pregunto cuándo se va a quedar embarazada. Será cuando ellos lo deseen y planifiquen. Pero diría que no tengo obsesiones.

¿Y un deseo?

(Suelta una carcajada) ¡Ser abuela! Es una bonita contradicción.