La escritora y crítica literaria es una de las galardonadas este 2026.

La escritora y crítica literaria es una de las galardonadas este 2026. Clara Moreno

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Anna Caballé, premio Maga de Magas a la Mejor Ensayista: la biógrafa por excelencia sin censuras ni pudor

Autora de las biografías definitivas de Francisco Umbral, Carmen Laforet, Concepción Arenal y Rosa Chacel, es la memorialista española de referencia.

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Escritora, crítica literaria y profesora titular de Literatura Española en la Universidad de Barcelona hasta 2023, cuando se jubiló, Anna Caballé (Hospitalet de Llobregat, 1954), obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado con la tesis "La literatura autobiográfica en España (1939-1975)" y fue responsable de la Unidad de Estudios Biográficos entre 1987 y 2021.

Considerada la mejor biógrafa española del último medio siglo, es también especialista en las diversas modalidades de escritura del yo -diarios, memorias y autoficción- y destaca por su feminismo. De hecho, entre 2017 y 2021 fue presidenta de la asociación sobre género y cultura Clásicas y Modernas.

Biógrafa de referencia, ha publicado más de quince obras vinculadas a su especialidad. Destacan Vida y obra de Paulino Masip (1998); Francisco Umbral. El frío de una vida (2004, 2022); Cinco conversaciones con Carlos Castilla del Pino (2005) y Carmen Laforet, una mujer en fuga (2010, 2019), escrito con Israel Rolón.

Y, por supuesto, Concepción Arenal. La caminante y su sombra (2018), que obtuvo el Premio Nacional de Historia en 2019 por “reunir todos los requisitos de excelencia en una obra de historia: novedad historiográfica y metodológica, pluralidad de fuentes y un planteamiento científico y riguroso del estudio biográfico sobre un personaje todavía no suficientemente conocido pero importante en la historia de España”.

Su última obra es Íntima Atlántida. Vida de Rosa Chacel (1898-1984), que le ha valido el premio Magas a la mejor ensayista de 2025.

Cuando se le pregunta por qué se decidió por la biografía como género literario que cultivar, responde bienhumorada que la razón es que “aprende despacio” y que cuando comienza a profundizar en la vida del personaje al que piensa dedicar una investigación no se conforma con acumular datos, sino que los disecciona con precisión, morosamente, pues siempre comienza preguntándose quién es el ser humano tras su máscara más conocida, luego por qué, y añade siempre una sospecha, como una sabuesa, dispuesta a descubrir lo que oculta.

En realidad, la culpa de su pasión por las vidas ajenas la tuvo su padre, abogado, que no le regalaba libros infantiles sino biografías escritas por Stefan Zweig y Emil Ludwig.

Además, en la biblioteca familiar los únicos libros que no eran de derecho o sobre la guerra civil, trataban sobre Napoleón, así que fue leyendo sobre la vida de Bonaparte como se despertó su interés por las vicisitudes de figuras clave de la Historia. “Me acostumbré a devorar vidas de personajes importantes. Recuerdo haber leído la biografía de María Antonieta por esa época”, suele contar.

Una de las razones de su pasión por las vidas ajenas se encuentra en Goethe, quien decía que nuestro tiempo “puede ser tan miserable que el poeta no logre encontrar en la sociedad que le rodea las naturalezas humanas que necesita”. Y entonces, escribía Caballé, “las busca en otro lugar y en un tiempo distinto del suyo. Otras vidas, en definitiva, como inspiración, como fuente de meditación o piedra de toque”.

De ahí que su empeño haya sido siempre el de ofrecer otra perspectiva a lo biográfico, partir de la comprensión psicológica del personaje y de analizar la evolución de su personalidad en el contexto de su obra y del momento.

Fruto de esa concepción de la biografía como análisis personal, literario e intelectual sin amiguismos ni censuras, en 2004 Caballé publicó su primer gran éxito, el polémico Umbral. El frío de una vida.

Portada de la biografía de Francisco Umbral

Portada de la biografía de Francisco Umbral

El volumen no fue autorizado ni bien recibido por el escritor, pues en él la biógrafa desvelaba algunos datos falsos de la vida de Umbral, como su fecha de nacimiento, que fue en 1932 y no en 1935, como solía él asegurar, al tiempo que revelaba el nombre de su madre, Ana María Pérez Martínez, una mujer soltera y tuberculosa que tuvo una aventura con un hombre casado, y decidió, en aquel Valladolid de los años 30, tener a su hijo.

El libro dejaba claro también que Umbral no había hecho más que mentir o al menos oscurecer su propia historia para crear el personaje letraherido que construyó y que siempre encarnó.

Menos controvertida resultó Carmen Laforet. Una mujer en fuga (2010), de la que Rosa Montero escribió que en ella los biógrafos iban dejando miguitas “que conducen a llamativos agujeros de palabras no dichas, y la materia entera del libro parece temblar y escurrirse entre las manos. Cosa que aumenta el atractivo del texto: es el mejor acercamiento posible a una vida tan resbaladiza. Mujer en fuga se lee como un sobrecogedor y palpitante thriller, y al final hay un asesinato: la muerte en vida de la escritora”.

Si las biografías de Umbral y Laforet le granjearon el respeto de crítica y lectores, fue Concepción Arenal. La caminante y su sombra (2018) la obra con la que conquistó el respeto de los más prestigiosos historiadores, a menudo renuentes a aceptar las aportaciones de quienes consideran simples aficionados.

Exhaustivamente documentada, en ella Caballé no solo constataba el escaso rastro autobiográfico que dejó la penalista y ensayista, el poco celo que la mayoría de las ciudades en las que vivió han puesto en conservar su huella, sino que su libro era el relato de una indagación personal que condujo a la biógrafa a situarse en los escenarios que habitó su personaje y a imaginar, a partir de datos escasos pero contrastados, los estados de ánimo y sensaciones de una adelantada a su tiempo.

Eso, sin mencionar que Caballé rebatía en las páginas del libro numerosos tópicos que hasta ahora se habían considerado poco menos que indiscutibles en las biografías de Arenal, como su supuesto autodidactismo, que fue relativo, y subrayaba hasta qué punto fue una reformista de brutal independencia política que denunció incansable el diferente trato que recibían las mujeres (“En la mayor parte de las facultades la mujer es igual al hombre; la diferencia intelectual solo empieza donde empieza la educación”), y que luchó hasta la extenuación por cambiar las penosas condiciones de los presos recluidos en las cárceles españolas.

Portada de 'Íntima Atlántida'

Portada de 'Íntima Atlántida'

Inmensa Atlántida. Vida de Rosa Chacel marca otro hito en la trayectoria intelectual de Anna Caballé, pues en ella se enfrenta a una mujer perpetuamente desdichada, que anheló desesperadamente ser siempre, como decía Churchill de Rusia, “un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma" y puso todo su afán en ocultarse a sí misma y sus más íntimos dramas personales, y en borrar las huellas que explicaban realmente su vida.

Como la propia biógrafa confiesa al comienzo del libro, “Chacel ve al ser humano, se ve a sí misma, como un sujeto acumulador de secretos, de hechos ocultos y silenciados que, sin embargo, irradian su influencia permanentemente, aunque se ignore, o se prefiera ignorar, en qué dirección lo hacen”.

A fin de cuentas, como deja claro esta obra, aunque la autora de Barrios de Maravillas era consciente de su talento literario y su arrojo, el secreto será siempre la cara y la cruz de su literatura. De ahí el título de esta biografía, que Caballé explica así: “La imagen que siempre he tenido presente ha sido la de ver la vida de Chacel como la de un continente sumergido en una torturante pasión cuyo conflicto nunca aflora más que como queja o como alusiones que invitan a desear descubrirlo y sacarlo a la luz. Una íntima Atlántida por descubrir siendo su existencia innegable porque ella misma la menciona constantemente”.

Sorprendente y tristísima por la sensación de abrumador fracaso literario y sentimental que irradian las páginas del libro, merecen especial atención los capítulos dedicados al exilio en Brasil, a su fracaso sentimental y familiar y a su decepcionante regreso, siempre tan deseado, a una España que la había olvidado, pues descubrió que las generaciones más jóvenes la ignoraban, que los reconocimientos que añoraba recaían en otros, y que nuevas decepciones íntimas y literarias la esperaban.

Irritada con el mundo, con amigos y parientes, con académicos y desconocidos y, sobre todo, con su vida, la Chacel de Caballé murió “esperando que llegara un tiempo hecho a su medida”. ¿Será este de hoy, gracias a la biografía de Anna Caballé? Ojalá.