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La nueva generación del fútbol femenino toma la palabra: "Con un mínimo de inversión, vamos a crecer muchísimo"

Marina Rivas, Xènia Pérez y Lucía Martínez empezaron en equipos de barrio y hoy visten las camisetas del Madrid CFF, el Atlético de Madrid y el Deportivo.

Más información: El fútbol femenino se corona en 2026 con el primer mundial de clubes: "Hay que crecer sin depender de los resultados"

Jose Lupa Rosa Navajas y Maria Rodríguez para Harpo Paloma Altemir
Publicada

En poco más de una década, el fútbol femenino en España ha pasado de resistir en la banda a ocupar el centro del campo. Hoy son ya más de 100.000 las jugadoras federadas, y las licencias casi se han triplicado desde 2012, cuando apenas superaban las 39.000.

Las gradas se llenan, las audiencias crecen y los focos apuntan con fuerza a una competición que ha dejado de ser promesa para convertirse en presente. El horizonte también resulta halagüeño: en 2028 se celebrará el primer Mundial de Clubes Femenino, una señal inequívoca de que el marcador del reconocimiento y la visibilidad sigue avanzando.

En este contexto de expansión y conquista, germinan nuevas referentes. Sobre el impulso que han consolidado figuras como Alexia Putellas o Aitana Bonmatí, tres jóvenes futbolistas de equipos femeninos de Primera División empiezan a trazar su propio camino. Representan una generación que ya no pide permiso y que entiende el fútbol como un espacio legítimo.

Xènia, con cazadora de Bimba y Lola x Palomo y pantalón de El Corte Ingles; Marina, con chaleco de Sfera y pantalón de Twin Set y Lucía, con vestido de Sfera.

Xènia, con cazadora de Bimba y Lola x Palomo y pantalón de El Corte Ingles; Marina, con chaleco de Sfera y pantalón de Twin Set y Lucía, con vestido de Sfera. Esteban Palazuelos

No sólo compiten; también inspiran. Son el rostro de un cambio cultural que se mide en cifras, pero también en sueños cumplidos y en niñas que hoy entrenan sabiendo que pueden llegar tan lejos como deseen.

Ellas son Marina Rivas, del Madrid CFF; Xènia Pérez, del Atlético de Madrid; y Lucía Martínez, del Deportivo Abanca. Todas dejan por unas horas su equipación para convertirse en la voz de las futbolistas de la Generación Zeta. En sus trayectorias se entrecruzan la pasión temprana por el balón, los sacrificios silenciosos y la certeza de estar viviendo un momento histórico.

No están acostumbradas a ser el centro de atención fuera del campo, así que van entrando tímidamente en una entrevista coral, donde comparten sus comienzos y sus metas.

Inicios compartidos

Marina Rivas, gaditana de nacimiento, es, a sus 20 años, la más joven del trío. Toma la palabra para rendir homenaje a su padre, el responsable de que se haya calzado las botas de tacos. "Empecé con cinco años, porque me apuntó a un club de la barriada, en Jerez de la Frontera. Estoy aquí por él, este era su sueño frustrado. De pequeño jugó, pero nunca llegó a nada porque se tuvo que poner a trabajar. Me colocó el fútbol en el camino y la verdad es que esto se ha convertido en mi vida...".

En aquellos inicios, tanto ella como sus dos compañeras compartían terreno de juego con los chicos. "Yo tuve un balón en los pies desde bien pequeña y me acabé apuntando a un equipo con mis amigos. Solamente éramos dos chicas y resultaba raro vernos jugando, pero ellos nos apoyaban y no había diferencias entre nosotros. Aunque sí teníamos que escuchar cierto tipo de cosas en los campos, no muy agradables", dice Xènia Pérez, de 24 años y natural de Sitges (Barcelona).

Xènia Pèrez posa con vestido de Longchamp, pendientes de Agatha Paris. collar de Gigi Clozeau  y sandalias de Guess.

Xènia Pèrez posa con vestido de Longchamp, pendientes de Agatha Paris. collar de Gigi Clozeau y sandalias de Guess. Esteban Palazuelos

La madrileña Lucía Martínez, también de 24, reconoce cierta "soledad" en aquellos primeros años. "Inconscientemente, sufrías un poco de discriminación, porque a veces no te elegían para jugar o te insultaban desde las gradas. Cuando fui creciendo, con 12 años más o menos, entré en el primer equipo femenino. En un principio era un hobby para mí, iba a pasármelo bien, pero empecé a progresar…", asegura.

En efecto, pasó del club de su pueblo, Rivas-Vaciamadrid, al Rayo Vallecano, donde se formó profesionalmente, y de ahí al Dépor. Por su parte, Marina ha jugado en el Jerez y el Betis antes de que la fichara el Madrid CFF hace cuatro años. Ese mismo tiempo lleva Xènia luciendo la camiseta rojiblanca del Atlético, que también formó parte del Espanyol durante ocho años.

Todas han tenido que dejar sus ciudades natales para desarrollar su carrera profesional como futbolistas. Y eso, inevitablemente, ha hecho que maduren con mayor rapidez. "Te ves en situaciones que compañeros y amigos no han vivido nunca, solucionando sola muchas cosas. La vida que llevamos nos obliga a evolucionar más rápido que el resto", confiesa la centrocampista del Deportivo.

Marina salió del hogar familiar a los 17 años para jugar en la capital y reconoce que no fue una decisión fácil. Hasta ese momento estaba muy arropada, especialmente por su padre: "Jugué tres años en el Betis, pero seguía viviendo en mi casa y él me tenía que llevar a entrenar todos los días. Ves todo el sacrificio que hace tu familia y cuando te llega una oportunidad así, no la puedes desaprovechar".

Xènia Pérez asiente mientras sus compañeras hablan, e interviene: "Al final creo que muy poca gente es consciente de que tenemos que hacer un esfuerzo con una edad muy temprana. Dejamos de hacer muchísimas cosas que nos tocan por edad. No podemos compartir momentos con la familia, con los seres queridos, con los amigos… Pero tenemos un sueño y, cuando lo consigues, ves que ha merecido la pena".

Así ven la evolución

No hay duda de que el fútbol femenino ha dado un salto cuantitativo y cualitativo. La creación de la Liga F como liga profesional les trajo mejores contratos, más presencia en televisión y una mayor estabilidad institucional. En el año 2020 se firmó el primer convenio colectivo de la Primera División Femenina que fijó un salario mínimo de 16.000 euros brutos anuales, garantizando vacaciones, antigüedad y protección básica frente a despidos y lesiones.

En 2025 llegó el segundo, con efectos retroactivos desde 2023, que aumentó la cifra hasta 23.500 euros, con posibilidad de llegar a 28.000 en función de variables deportivas y comerciales. El texto también incluye una regulación más detallada de primas de fichaje, primas por partido y avances normativos en maternidad y conciliación.

¿Cómo ven ellas la evolución desde dentro? La centrocampista del Deportivo Abanca pone en valor esos cambios: "Según ha ido creciendo el fútbol en los últimos años, los primeros convenios colectivos han logrado que se viera como una profesión. Echo en falta que haya una totalidad de equipos profesionales en Liga F. Hay algunos que tienen muy buena base, tanto económica como de recursos, y otros que son más limitados. Si los menos favorecidos dieran un pasito adelante, mejoraría bastante el nivel de la competición. También sería necesaria una mayor visibilidad y mejorar en los patrocinios y en los horarios para profesionalizarlo aún más".

En la misma línea se pronuncia la jugadora del Atlético de Madrid. "Queda muchísimo por avanzar. Por ejemplo, no es justo que en una misma liga haya tantas diferencias entre los equipos y no seamos todas consideradas profesionales por igual. Que se siga jugando o entrenando en césped artificial en Primera División es una cosa que ya dice mucho de los pasos que faltan por dar. Tenemos que ir todas a una para crecer", reflexiona Xènia.

Las diferencias salariales entre hombres y mujeres en el fútbol siguen siendo llamativas: el sueldo medio de ellos ronda los 182.000 euros anuales en Primera, casi diez veces superior al de ellas. "Se ha mejorado mucho a raíz de la firma de los convenios. Hace cinco años había jugadoras que cobraban 300 euros al mes y eso ahora no es posible. Es verdad que en la Primera División Femenina de España tienes un sueldo mínimo, pero en Segunda no, algo que sí sucede en Inglaterra, por ejemplo. En los últimos años se está viendo que hay muchas jugadoras con muy buena calidad que están empezando a irse a otras ligas porque las condiciones son mejores", explica Lucía Martínez.

Marina Rivas, con camiseta de Ba&sh Paris, gabardina de cuero de Zara, pantalón de Limited de El corte ingles y zapatos de Elisabetta Franchi.

Marina Rivas, con camiseta de Ba&sh Paris, gabardina de cuero de Zara, pantalón de Limited de El corte ingles y zapatos de Elisabetta Franchi. Esteban Palazuelos

No se trata de hacer comparaciones, sino de seguir avanzando. "Nosotras en ningún momento nos hemos intentado equiparar con el fútbol masculino. Al final lo que necesitamos es sentirnos valoradas, que nuestro trabajo diario sea compensado porque con estas condiciones no podemos pensar en un futuro dentro de este deporte. ¿No puedes invertir un poco más en el femenino para que crezca? Estamos en un punto en el que con un mínimo de inversión la diferencia se va a notar y vamos a crecer muchísimo. Hay que dejarse de tópicos que no llevan a nada", asegura Pérez.

La presencia de público en los campos para ver partidos del femenino va creciendo, pero no es un deporte de masas. La jugadora del Dépor lo define como "familiar y cercano", aunque sí nota un aumento de aficionados cada vez más jóvenes. "Me hace mucha ilusión que venga un niño de diez años a pedirme un autógrafo, me parece una cosa alucinante. Nos encanta a todas", asegura.

La futbolista del Madrid CFF destaca, además, "que hay más cantera. Las niñas pequeñas empiezan a jugar antes, porque ven que tienen referentes y eso lo notamos mucho. Cuando nosotras empezamos, los referentes eran chicos, pero ahora ya hay chicas también".

De hecho, las tres son inspiración para otras y aún les parece increíble. "Para mí sigue siendo muy fuerte, e incluso surrealista, que yo pueda ser alguien en quien se fije el resto. He vivido todo esto desde la infancia y no acabo de ser consciente del punto en el que podemos encontrarnos", admite Xènia.

El futuro fuera del campo

Aunque están en un momento muy dulce de su carrera y tienen mucha proyección de futuro, son conscientes de que la vida de un futbolista acaba relativamente pronto y es importante seguir formándose a nivel académico, pensando en el mañana.

Lucía Martínez compagina los entrenamientos y los partidos del Dépor con sus estudios de Criminología. Está a punto de terminar la carrera y actualmente hace sus prácticas en la Policía Local de A Coruña. "En el deporte en general tienes una carrera muy corta. Te plantas en los 30 y pocos años y ahí empieza la vida, porque hasta entonces estás en una burbuja. Nosotras, las chicas, creo que nunca dejamos de pensar en el después del fútbol, porque no podemos vivir de esas rentas. De hecho, eso es algo que a mí me motiva a seguir formándome y hacer cosas que realmente me gustan", confiesa.

Lucía Martínez, con traje de Simorra, top de Arket, brazalete de Agatha Paris y zapatos de Roger Vivier.

Lucía Martínez, con traje de Simorra, top de Arket, brazalete de Agatha Paris y zapatos de Roger Vivier. Esteban Palazuelos

Por su parte, Marina Rivas está cursando un Grado Superior de Deporte y luego entrará en INEF para seguir en este mundo profesional cuando cuelgue las botas. "También me gusta muchísimo la nutrición, así que iré por ese camino", añade. Exactamente igual que la jugadora del Atlético de Madrid, que ya terminó su carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte e hizo un máster en preparación física y readaptación, además de un curso de nutrición.

La dirección técnica, un tema pendiente

Otra de las cifras del mundo del fútbol que muestran la brecha de género es el escaso número de entrenadoras que hay en la Liga F, lo que hace que esta salida no se plantee como una opción relevante para estas jugadoras. El número de mujeres liderando el equipo en Primera División es testimonial, sólo cuatro; el resto son hombres.

Ante la pregunta de si imaginan en un futuro a largo plazo que haya una directora técnica al frente de un club masculino, Xènia Pérez sonríe levemente y responde: "Tal y como está la sociedad, tener a un grupo de 24 hombres dirigidos por una mujer lo veo bastante complicado, sinceramente". Su compañera del Dépor añade: "Cuesta todavía ver a árbitras en el terreno de juego… No me quiero imaginar una entrenadora".

Las tres futbolistas, en un momento de la sesión de fotos.

Las tres futbolistas, en un momento de la sesión de fotos. Esteban Palazuelos

Lo que sí ha cambiado es la percepción global que se tiene de las futbolistas y el respeto hacia ellas en el campo. Marina asegura que cada vez hay más naturalidad y los incidentes son poco relevantes; no le merece la pena ni comentarlos. Es más, existe, en opinión de Lucía Martínez, "cierto rechazo público" ante aquellas personas que en un momento dado puedan decir alguna barbaridad desde las gradas. Los tiempos, sin duda, han cambiado a mejor.

Termina la conversación casi como empezó: hablando de sueños, esta vez aún por cumplir. A la jugadora madrileña le gustaría fichar por la Real Sociedad, "porque es un club que apuesta mucho por el fútbol femenino. De hecho tienen unas instalaciones increíbles".

La gaditana lleva poco tiempo en Primera y lo único que desea es asentarse, disfrutar y formar parte de la Selección, donde ya ha estado en las categorías inferiores. En cuanto a Xènia, le gustaría "vivir alguna experiencia fuera de España. Creo que es un fútbol totalmente diferente, donde se pueden aprender muchísimas cosas".

La fuerza de esta nueva generación quizá resida en el cambio de paradigma: crecieron oyendo que el fútbol no era cosa de niñas y hoy son profesionales que se preparan para la celebración de un Mundial de Clubes propio. Todavía queda camino por recorrer, pero aquellas que vienen detrás ya no se preguntan si este deporte es para ellas, sino hasta dónde están dispuestas a llegar.