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Alfonso Bassave es un hombre especial: se siente su educación exquisita, su delicadeza al moverse y al hablar -incluso al pensar en voz alta-, una especie de sosiego hermoso con el que se dirige al mundo.

Hay trabajo detrás de toda esa paz, detrás de ese deslizarse. Ha estado pensando en sí mismo y en el mundo. En terapia, en interpretación, en la vida. En este Palace en el que tomamos café y conversamos bajo una cúpula que compite con el cielo. Es una criatura intelectual y emocional, trenzada de masculinidades y feminidades. Lo quiere todo. Quiere comprender al ser humano.

Recuerda a un felino grande. Su misterio es de guepardo.

El actor de Amar es para siempre, Antidisturbios o Respira tiene un origen interesante: es descendiente de Eduardo Basave Rodríguez de Alburquerque, primer marqués de San Eduardo, y por tanto hijo de Julia López de Sa, una influencia luminosa y radical en su vida, de quien hablará en esta entrevista. Su hermano es el también actor Manu Baqueiro, por parte de madre.

Hablamos con Bassave sobre las mujeres de su vida: las que le han fascinado e influido, las que ha admirado, las que le han convertido en el hombre que hoy es.

Primera pregunta. La primera mujer en tu vida. La primera mujer en la vida de todos: tu madre. ¿Cómo es ella? ¿Cómo es su carácter? ¿Cómo fue tu crianza?

Mi madre da para la entrevista entera… y para cuatro más. Más que nada, porque tengo la suerte de tener una madre muy potente. Todo el mundo dirá que su madre es especial y extraordinaria, pero la mía lo es de verdad.

Es una mujer de una determinada clase social, alta, que creció con una serie de privilegios, pero también con una serie de exigencias. Creo que ahí se hizo una mezcla muy interesante. Los privilegios —la cultura, la educación, el poder viajar, tener las necesidades básicas cubiertas y no vivir con la angustia de qué vas a comer o dónde vas a vivir— solo sirven si se saben utilizar. Y si además a eso se le suma la exigencia, en su caso la de ser una mujer independiente y profesional, el resultado es muy potente.

Mi madre es una mujer muy trabajadora, muy ambiciosa. Es abogada y empresaria. Primero fue funcionaria de la administración pública y sólo con 24 años ya era directora general de un ministerio.

Alfonso Bassave habla de la influencia de su madre en su vida.

Alfonso Bassave habla de la influencia de su madre en su vida. Nieves Díaz.

Yo con 24 años estaba a por uvas…

(Ríe) Yo también, yo también. Pues ella ya era directora general. Y con 30 montó su empresa, que fue lo que realmente llenó su vida profesional. Para mí, lo más importante de mi madre es su valentía: ha sido una mujer muy valiente persiguiendo lo que quería ser, tanto a nivel profesional como personal.

Profesionalmente, montó una empresa, tuvo trabajadores, cumplió sueños, ganó dinero, se movió en ambientes de poder. Y creo que es muy meritorio, en una mujer de su edad y de su época, conquistar espacios que estaban claramente reservados a los hombres. En lo personal también ha sido muy valiente. Ha tenido tres matrimonios, ha tenido identidad propia.

Me encantan las mujeres con tres matrimonios. Como Isabel Allende, que hace poco la entrevisté. Me dijo algo muy interesante: el primero era por el fuego, el segundo por la seguridad y el tercero por la conversación. “Quiero morirme hablando con alguien que me estimule”.

Isabel Allende me encanta, como escritora y como persona. Y es verdad: los matrimonios también tienen fases. Las mujeres y los hombres pasamos por distintas etapas. En el caso de mi madre, se casó pronto, tuvo dos hijos y con menos de 30 se separó. Luego se enamoró de mi padre y, en contra de lo establecido, se volvió a casar rápidamente y me tuvo a mí.

Compatibilizar eso con una vida profesional intensa requería mucha seguridad y coraje. Años después mis padres se separaron y ella volvió a casarse. Las tres veces por la iglesia.

Bassave cuenta que su madre es una pionera que ha elaborado una identidad propia y ha vivido tres matrimonios.

Bassave cuenta que su madre es una pionera que ha elaborado una identidad propia y ha vivido tres matrimonios. Nieves Díaz.

¿Cómo lo consigue? ¿Cómo se lleva tan bien con Dios y sobre todo, con las dispensas del Papa?

(Ríe) No sé cómo se lo monta, pero lo consigue. La primera vez se casó de blanco, la segunda de negro —que me parece fuerte— y la tercera ya con traje chaqueta, muy elegante. Es una mujer con mucha clase.

He tenido la suerte de tener una madre muy poderosa. Además de la educación que me dio y de todo lo que facilitó a mis hermanos y a mí —nunca nos dijo que no a un viaje, a un curso, a aprender algo—, creo que la mayor enseñanza ha sido su ejemplo.

Más allá de llevarme a un buen colegio o enseñarme idiomas, su vida ha sido el gran aprendizaje: una mujer valiente, ambiciosa, poderosa. La ambición en este país ha estado muy juzgada, sobre todo en las mujeres. En los hombres es un rasgo positivo; en ellas, todo lo contrario. Mi madre ha sido muy ambiciosa.

Tuvo a mi hermana y a mi hermano con 23 y 27 años y nunca dejó de trabajar. Ganaba dinero, tenía ayuda en casa, pero nunca fue una madre ausente. Su vida profesional era tan importante como la personal, y para mí eso es un referente enorme.

Tu madre fue vanguardia absoluta.

Sí. Y no sólo como mujer, sino como ser humano. Vivimos en una sociedad que nos empuja a renunciar, a sacrificarnos, a vivir desde la culpa y el “debería”. “Si soy buena madre no puedo ser buena profesional, si soy buena pareja no puedo querer una vida rica fuera”… Mi madre rompió con eso.

Trabajar la independencia propia, la autonomía —más allá de la pareja, la familia, la clase social o lo que se espera de ti— es fundamental. Como dice Kafka, hay que “matar al padre”: cuestionar lo que te han dado. Mis padres, además, me hicieron otro regalo enorme: la terapia.

Bassave agradece a sus padres que le introdujeran en la terapia para autoconocerse.

Bassave agradece a sus padres que le introdujeran en la terapia para autoconocerse. Nieves Díaz.

La madre de una amiga mía le decía: “No te pago la terapia porque tengo miedo de que te digan que todo es culpa mía”.

Ahí está otra vez la valentía de los padres, que quieren que su hijo sea autónomo. En terapia hay un primer momento de culpar a los padres, a la sociedad, al mundo. Es necesario. Luego llega otro viaje: entender, perdonar y ver que hicieron lo mejor que pudieron.

¿En qué te pareces a tu madre? ¿En qué te diferencias?

He tenido dos referentes muy poderosos: mi padre y mi madre, muy distintos entre sí. Mi madre tenía rasgos tradicionalmente masculinos: ambición, carácter, dominancia. Mi padre, en cambio, tenía rasgos tradicionalmente femeninos: sensibilidad, calma, introspección. En casa esos roles estaban invertidos.

Mi madre trabajaba más y ganaba más dinero. Mi padre, funcionario, estaba a las tres en casa y se encargaba del cuidado diario. Para mí eso fue una suerte: crecer con una mujer poco “modosita” y un hombre sensible y cuidador. 

De pequeño me identifiqué muchísimo con mi madre. Fue la gran relación de mi infancia. En terapia he trabajado separarme de ella, construir mi identidad propia. Rescato de mi madre la seguridad, el control emocional, la generosidad. Es espléndida, disfruta compartiendo, tiene cero culpa por el placer. Eso intento integrar yo también.

Alfonso Bassave le dijo a su mejor amiga con cuatro años que le recordase, de adulto, que le pidiera casarse con él.

Alfonso Bassave le dijo a su mejor amiga con cuatro años que le recordase, de adulto, que le pidiera casarse con él. Nieves Díaz.

Naciste en el 79. ¿Cómo fue tu infancia? ¿Cuándo te diste cuenta de las diferencias sociales entre niños y niñas?

Mi infancia fue muy femenina. Crecí rodeado de mujeres: mi madre, mis tías, mis primas, mi hermana, mis amigas. Siempre me he movido mejor entre mujeres que entre hombres.

Mis primeras amigas eran chicas. Mi primera amiga, Ana, lo sigue siendo hoy. Con cuatro años le dije: “Cuando seamos mayores, recuérdame que te pida que te cases conmigo”. Este fin de semana he estado con ella en el campo.

Para mí la amistad es de las cosas más importantes de la vida, y la cuido mucho. Mis amigas me han salvado en momentos difíciles. Jane Fonda lo dice: las amigas salvan.

En el colegio, ser “el niño que va con las niñas” no era lo normal. Hubo algo de incomprensión, pero yo no iba a renunciar a eso. De adulto he trabajado lo masculino, sobre todo cuando empecé a ser actor: bucear en el alma humana implica desarrollar todas las energías, también la testosterona. De adulto construí amistades masculinas muy valiosas, con rasgos distintos: compañerismo, valentía, ligereza. Las broncas entre hombres suelen resolverse rápido, dejan menos huella.

"En el colegio, ser 'el niño que va con las niñas' no era lo normal. Hubo algo de incomprensión" 

¿Recuerdas la primera vez que viste el cuerpo desnudo de una mujer?

La primera vez que estuve con una mujer, que perdí la virginidad... fue en un verano, cuando tenía 15 años. Mis padres me mandaban a campamentos de remo en Canadá, una movida casi militar. Me consta que en parte querían que me curtiera y hacerme un hombre... (ríe). Aunque a corto plazo lo consiguieron, perdí allí mi virginidad. A la larga, me temo que la cabra tiró al monte (ríe)

Todos los sábados se organizaba un baile y aquella noche conocí a Trisha y bailamos American Pie. Todo muy yanqui. Nos besamos y quedamos en escaparnos a la madrugada. Cogimos una canoa y una tienda de campaña del almacén y nos fuimos remando a la otra parte del lago. Fue muy romántico. Y casi de película. La noche, la naturaleza, el saber que estábamos haciendo algo prohibido. Antes del amanecer, volvimos al campamento y nadie supo nada. 

Bassave.

Bassave. Nieves Díaz.

Bassave.

Bassave. Nieves Díaz.

¿Has tenido más momentos románticos con mujeres?

En la adolescencia sí. Tuve muchas novias y disfruté mucho de esas relaciones emocionales y físicas con las mujeres. Luego, al salir del armario, mi vida sexual se orientó claramente hacia los hombres. Y viví mi vida como homosexual. Pero las mujeres me siguen fascinando profundamente. He tenido deslumbramientos no sexuales: sensuales, emocionales.

"Soy homosexual. Con mujeres, ya de adulto, he tenido deslumbramientos no sexuales: sensuales, emocionales..." 

Vi un post tuyo sobre Juana Costa donde decías que te habías enamorado de ella.

Juana Costa es un ejemplo: una mujer poderosa, sexual, vital, bellísima. Me atrae esa energía. Nunca pasó nada entre nosotros y tuvimos claro que mejor ser amigos. 

Es que ella, además, es increíble, y vive su sexualidad y su físico con mucha naturalidad, y eso me atrapa. Lo sensual, para mí, sigue muy ligado a la mujer. Tampoco te diría que esté profundamente cerrado en lo sexual, ¿no? He tenido alguna historia ya de adulto… pero más por atracción personal que por lo puramente sexual, que eso, para mí, pasa por las relaciones con un hombre.

Hablemos de mitos sensuales femeninos. Mujeres que te hayan impactado por su belleza, su poder, en este caso más desde lo físico —luego hablaremos del poder artístico o emocional—. Desde la adolescencia hasta ahora.

Yo he crecido muchísimo con el cine y con Hollywood. El Hollywood clásico y el de los años 70, 80 y 90 ha configurado mi manera de soñar, de ver la vida, y también lo sensual, lo sexual, el sentido del humor.

Los que amamos el cine —igual que la literatura— sabemos que esos artistas se convierten en maestros directos de tu vida, de tu manera de pensar y de sentir. Si yo soy actor es, en gran parte, por Hollywood.

Bassave admira a Penélope Cruz y Meryl Streep.

Bassave admira a Penélope Cruz y Meryl Streep. Nieves Díaz.

Desde un lugar más puramente físico, por ejemplo, Michelle Pfeiffer me parece una de las mujeres más bellas, sensuales y atractivas de esas décadas. Las películas con Al Pacino, Scarface, Frankie and Johnny… es el colmo. Glenn Close en Las amistades peligrosas me parece de una belleza apabullante.

Y luego está Meryl Streep, que es tan talentosa que se vuelve automáticamente irresistible. En Memorias de África es el summum de la elegancia.

En España, Penélope Cruz fue uno de los pocos referentes que me hacía soñar cuando empezaba. Como actriz y como mujer. Me parece bellísima, con un carisma y un talento enorme. Además, estudiamos los dos en Cristina Rota, así que siempre fue un referente cercano de ambición y carrera.

¿Quien ha sido la mujer que más te ha marcado?

Pues precisamente… Cristina Rota, sin duda. Ha sido mi maestra fundamental. Luego he tenido otros profesores, pero la carrera la hice con ella.

Cristina tiene cosas muy parecidas a mi madre: es inteligentísima, carismática, maneja muy bien lo emocional, la sensualidad, la empatía… y al mismo tiempo es muy dura. En su caso, creo que excesivamente dura.

Le debo mi formación, y tuve una buena relación con ella. Pero también creo que ha tenido un poder muy fuerte sobre alumnos muy jóvenes y muy vulnerables, que llegan con muchos sueños a una profesión ya de por sí difícil. Creo que a veces falta amor en su pedagogía.

Muchos alumnos salíamos con miedo a escena, y creo que ese no es el camino. Luego sales al mundo y descubres que ningún director te trata así: ningún director te trata tan mal. Aun así, quiero ser justo: es una mujer talentosísima, lo sabe todo de teatro y ha sido mi maestra.

Bassave estuvo muy influido por su maestra Cristina Rota.

Bassave estuvo muy influido por su maestra Cristina Rota. Nieves Díaz.

Te digo una disciplina y tú me dices un nombre predilecto. Escritora favorita.

Me cuesta elegir una sola, pero Elisabeth Kübler-Ross me cambió la visión de la vida y de la muerte. Era psiquiatra, investigó el acompañamiento a enfermos terminales y el tránsito hacia la muerte desde un lugar científico. La llaman “la doctora de la muerte”, pero a mí me transformó profundamente la vida. La he regalado y recomendado mucho.

Últimamente leo muchas mujeres: Nada, de Carmen Laforet; Los aires difíciles, de Almudena Grandes; Milena Busquets… Estoy muy conectado con la literatura escrita por mujeres.

"Mi política favorita es Alexandria Ocasio-Cortez. Hacen falta mujeres jóvenes, diversas, latinas, en lugares de poder, especialmente en Estados Unidos"

Actriz favorita. Directora favorita. 

Meryl Streep está por encima de todas, incluso de los grandes actores. Daniel Day-Lewis, Al Pacino, Joaquin Phoenix… Meryl está a distancia.

Españolas: Penélope Cruz, sin duda. Y como directora: Alauda Ruiz de Azúa. Me parece extraordinaria. Por fin se está apoyando a las mujeres directoras, y eso se nota en cómo se cuentan las historias. He trabajado con varias directoras y, sin generalizar, la energía en los rodajes cambia mucho: hay menos gritos, más respeto, otra forma de liderar.

Cantante favorita.

Nina Simone y Maria Callas, a otro nivel. Y luego Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Liza Minnelli.

Política favorita.

Alexandria Ocasio-Cortez. Hacen falta mujeres jóvenes, diversas, latinas, en lugares de poder, especialmente en Estados Unidos.

"Adoro a Cleopatra: me fascina una mujer que, en esa época, tuviera ese nivel de poder, cultura y manejo de lo masculino y lo femenino" 

Personaje histórico femenino favorito.

Cleopatra. Me fascina una mujer que, en esa época, tuviera ese nivel de poder, cultura y manejo de lo masculino y lo femenino. Y más cerca, Rosa Montero, a través de La ridícula idea de no volver a verte. Habla de Marie Curie. Creo que es una figura fundamental, no siempre suficientemente reconocida.

Personaje de ficción femenino favorito.

Karen Blixen, la baronesa de Memorias de África. Una mujer hecha a sí misma, que parte del privilegio —eso hay que decirlo— pero que desde ahí trabaja, arriesga, ama y va a por lo que quiere. Ahí hay un paralelismo con mi madre.

¿Qué sabes hoy de tu propia masculinidad?

Mi masculinidad ha sido un ensayo constante. Una montaña rusa. He crecido con unos roles muy poco normativos: un padre sensible, emocional, meditador; una madre ambiciosa, segura. Eso hizo que la masculinidad nunca me viniera impuesta de manera rígida.

Ha sido algo moldeable, cambiante. Hoy casi me aburre la palabra “masculinidad” como etiqueta, como constructo social. Pero entendiendo lo que implica, creo que he trabajado mucho ese terreno: como persona, como actor y como hombre gay.

Todos los gays tenemos que hacer un viaje respecto a la masculinidad y la feminidad. Incluso los “gays viriles”, que son premiados socialmente. Pero yo también he sufrido bullying, también sigo midiendo cuándo digo o no digo ciertas cosas, dependiendo del contexto.

Nunca he dejado de ser quien soy por cumplir expectativas. Para mí está por delante mi vida y mi identidad.

Alfonso Bassave.

Alfonso Bassave. Nieves Díaz.

¿Te has cansado alguna vez de la imagen o de sentirte deseado?

No. El físico es un privilegio, como la salud, la educación o haber nacido en España y no en Etiopía o en Gaza. Nunca me voy a hacer la víctima por mis privilegios. Si hay cosificación, el sentido del humor es una herramienta maravillosa. Te ríes y ya está.

¿Alguna vez te preocupó que el hecho de ser gay pudiera influir en tu carrera? 

Nunca me preocupó que ser gay pudiera perjudicarme profesionalmente. Lo único que me importó fue cómo se lo tomarían mis padres. Una vez eso estuvo resuelto, lo demás dejó de tener peso.

¿Cómo ha cambiado tu forma de entender el sexo y el amor?

Al principio todo es fuego. Puro fuego, con lo bueno y lo malo. El cuerpo, el deseo, la pasión son fuerzas creativas enormes. Con el tiempo, sobre todo en parejas largas —y yo he sido de parejas largas—, ese fuego se transforma. Ya no es una hoguera abrasadora, sino una estufa que calienta. Una chimenea compartida. Ahí entran la ternura, la empatía, el compañerismo. No el enamoramiento permanente, sino el amor con mayúsculas.