La escritora atiende a Magas en Madrid con motivo de la presentación de su última obra.

La escritora atiende a Magas en Madrid con motivo de la presentación de su última obra. Esteban Palazuelos

Protagonistas

Aliyeh Ataei, autora iraní: "No se encontrará paz en la literatura que escriben las mujeres de Oriente Medio"

Es una de las voces más aclamadas en lengua persa. Abandonó Irán después de que el régimen intensificara el control ideológico sobre escritores y activistas.

Más información: Las protestas en Irán dejan a las mujeres en un escenario crítico: el país ejecutó a 60 en 2025, alertan las ONG

Publicada

Entrevisté a la escritora iraní Aliyeh Ataei (Irán, 1981) en la Residencia de Estudiantes cuando vino a Madrid a presentar La frontera de los olvidados, editado por De Conatus.

Vive en París desde que el régimen iraní incrementara el control a activistas, escritores y artistas tras las protestas multitudinarias a raíz del asesinato de Mahsa Amini, hace más de tres años. Está invitada por el gobierno francés, no exiliada.

Ahora, una inflación del 47% y el hartazgo de un régimen inepto y corrupto han desembocado en unas protestas mayores y una represión aún más brutal. El número de asesinados y detenidos por la policía de los ayatolás sigue aumentando cada día de manera obscena.

Intento contactar con Aliyeh Ataei. El mensaje en su WhatsApp de número iraní tiene un solo tic. Es decir, ha sido enviado, pero no recibido. Tampoco consigue localizarla su editora española ni la francesa de Gallimard.

Está considerada como una de las grandes voces actuales en farsi. La lengua persa se habla de manera oficial en Irán y Afganistán. Pero en este último sus libros están prohibidos porque es mujer. La frontera de los olvidados narra una serie de historias biográficas, oídas o inventadas, de manera aparentemente sencilla. Quizá solo así se pueda hablar de la violencia.

Un verso de la poetisa afgana Nadia Anjuman abre el libro: 'He hecho, como la piedra, voto de silencio'. Ataei lo eligió porque “no fue asesinada por los talibanes, ni por la guerra. La mató su marido”.

La escritora atiende a Magas en Madrid.

La escritora atiende a Magas en Madrid. Esteban Palazuelos

Usted muestra amargura y enfado porque la guerra y el sufrimiento nunca terminan.

Voy a ser franca. Cuando naces, creces y te casas en un entorno de guerra, acabas aceptándola. Al emigrar a París, sentí mucho estrés. No entendía por qué. Alrededor todo estaba en calma.

Quizá era porque había perdido 'mi problema'. Entonces constaté hasta qué punto había llegado a aceptar la guerra. Y por esto, odio a quienes la hacen, porque te dan un sentido real de la naturaleza humana.

Este es su tercer año en París.

Sí. Tras el primero, un día me desperté y me di cuenta de que la guerra no es necesaria para vivir. Una vida nueva, me dije: empezaré otro libro. Intenté escribir una historia de amor, pero no pude.

Mi mente no había emigrado conmigo. Se había quedado en mi país, con las mujeres iraníes y afganas. Cuando enciendo el ordenador me conecto con la parte oscura de la vida. Lo odio.

La frontera

La escritora nació en una zona fronteriza entre Irán y Afganistán. El nombre de su pueblo, Darmian, significa en farsi 'dentro, entre'. Me cuesta entender si ella es emigrada afgana o iraní. Le pregunto varias veces…

"La frontera entre ambos países separó a mi familia", explica. "Mis padres son de la parte iraní. Cuando era niña, no entendía por qué mi tío era afgano y nosotros iraníes, y por qué él necesitaba un pasaporte para venir a vernos".

"Entre Irán y Afganistán no hay mar como entre Europa y África, sino un desierto", continúa. "La frontera es un espacio amplio. Hay una línea divisoria, pero la identidad está mezclada".

El tráfico y contrabando de personas es intenso. Algunos de los personajes de La frontera de los olvidados son iraníes, otros afganos que viven en Afganistán o en Irán, con o sin papeles.

Aliyeh recuerda a una amiga afgana de la infancia: “La policía nos dispersó, la abracé y no la he vuelto a encontrar. He visto tantas personas deportadas a Afganistán... En Europa esa línea divisoria no tiene tanta importancia”.

Otro recuerdo de su infancia: unos hombres disparan cerca de su ventana. Su hermano y ella están muy asustados. Su madre está preparando la cena. La llama y le dice: Así es la vida. Ven aquí y haz una ensalada. “Mi madre trataba de protegernos”, deduce la escritora.

Aliyeh Ataei ante el objetivo.

Aliyeh Ataei ante el objetivo. Esteban Palazuelos

“Los genes que portan el dolor se atraen indefinidamente”, escribe al inicio de uno de los nueve relatos.

En la guerra, la familia no tiene tiempo de cuidar a los niños. Pienso en ellos y me acuerdo de mi infancia. Y los comprendo. Cuando crezcan no van a olvidarlo. Yo he visto gente morir. Para mí era normal. A mi hijo le dan miedo los muertos.

Dicen que los refugiados que emigran de países en guerra son violentos. ¡Pero si han nacido con la violencia, la llevan en la sangre, en el ADN! Y lo pasan a los hijos, generación tras generación. No es una cuestión de nacionalidad o raza. Es una maldición.

¿Ser mujer y refugiada es doble carga?

Aunque ellas quizá no participen directamente en la guerra, la sufren. Quizá los hombres pierden la patria, pero las mujeres el hogar (en inglés diferencia entre home y homeland). Para ellas es más importante lo segundo. Cuando se convierten en refugiadas, pierden ambas cosas.

En los campos de refugiados de Irán y Europa hay muchos hombres jóvenes. Les he preguntado: ¿dónde están tu madre, tus hermanas, tu mujer? Son a ellas a quienes hay que proteger. Es importante que salgan de Afganistán y se eduquen, que aprendan y entiendan.

Los talibanes han cerrado sus escuelas. Las prohíben hablar en la calle. No tengo tiempo para dar clase, pero sí enseño a algunas estudiantes online en Afganistán, aunque no puedan examinarse para continuar su educación.

La escritora se disculpa por su inglés. Tiene una mirada franca, directa, con unos ojos grandes y oscuros tan característicos de esas latitudes.

Se emociona en varios momentos de la conversación. Una mano le tiembla a veces. Es su mano herida, secuela de la enfermedad nerviosa que contrajo su padre cuando se alistó para combatir contra Irak.

Aliyeh odia dos cosas en particular: a Saddam Hussein y a los comunistas. A estos últimos, porque abrieron Afganistán a los soviéticos. “Luego vinieron los talibanes, los americanos, los chinos… Los afganos no eligen nada, sólo aceptan”, dice con exasperación.

Al dictador iraquí, por iniciar la guerra contra Irán. Lo cuenta en un relato del libro. Siendo niña, acompañó junto a su madre y una doctora, a su padre en un larguísimo viaje en coche desde el pueblo a un sanatorio en Teherán.

Para que su padre no se mordiera la lengua en un ataque nervioso, introdujo la mano en su boca.

La autora vive en París desde que el régimen iraní incrementara el control a activistas, escritores y artistas tras las protestas a raíz del asesinato de Mahsa Amini.

La autora vive en París desde que el régimen iraní incrementara el control a activistas, escritores y artistas tras las protestas a raíz del asesinato de Mahsa Amini. Esteban Palazuelos

La mujer en Oriente Medio

Cuando le preguntan cómo puede ayudar la literatura a la paz, contesta que “no se encontrará paz en la literatura que escriben las mujeres de Oriente Medio. Quizá en la de los hombres… Nosotras tenemos que luchar”.

Aliyeh está muy concienciada con la situación de las mujeres. Un día, cuenta que estaba firmando libros en una librería de París cuando se le acercó un joven afgano. Estudiaba un doctorado en la Sorbona.

Era verano, hacía calor y ella llevaba una blusa ligera. Se alegró de encontrar a un compatriota educado. Sin embargo, este no pudo evitar exhortarla a llevar una vestimenta más apropiada a su condición de mujer iraní o afgana.

“Me quedé mirándole y le dije: Yo he venido aquí porque no quiero encontrarme a hombres como tú, que pretenden controlarme. Si no, me hubiera quedado en Irán. Era un hombre educado, no un talibán. Me decepcionan ese tipo de hombres. Si hubiera sido europea, no me hubiera dicho nada".

¿Cree que se debe a la religión?

Da igual talibán que de la República Islámica de Irán. Allí los hombres están bien, porque tienen trabajo y poder. Los iraníes y afganos en Europa se deprimen, porque han perdido ese poder sobre las mujeres. Algunos se suicidan.

Pero no encontrarás a mujeres deprimidas en Europa. Aquí se las respeta y pueden estudiar. Yo he dejado a mi familia atrás (salvo marido e hijo), a mis amigos. ¿Por qué no me he deprimido? Porque aquí, en Francia, se me respeta.

La primera vez que acompañé a mi niño al colegio en París, tuve que firmar un documento. En Irán sólo puede hacerlo el padre. No me lo creía. ¡Por fin es mi hijo legalmente!

Volviendo al libro, La frontera de los olvidados es un alegato contra la guerra. Todos salen perdiendo, muy pocos ganan.

Todos en la guerra pierden, la ganen o no. El que escribe sobre ella o el que hace una película, quien gana dinero a su costa, quien fabrica armas... A pesar de que este libro se haya traducido a muchos idiomas, yo también soy una perdedora, porque escribo sobre el sufrimiento. Quisiera hablar sobre la parte luminosa de la vida.

Las raíces

Usted reflexiona sobre la necesidad humana de pertenecer a un lugar y la dificultad de encontrar una identidad cuando las raíces han desaparecido.

Cuando era adolescente, le dije a mi padre que no me gustaba mi vida. Y me dijo: tú no eres un árbol. No tienes raíces, tienes pies. Anda y vete. Pero hay otras personas que sí necesitan las raíces. Mi madre. Es árbol, no anda.

Cuando leo en las noticias que los talibanes han vuelto a atacar la frontera, la llamo y le pido que abandone ese lugar, que vaya a mi casa en Teherán. Me dice que los talibanes atacan la frontera todo el tiempo. Y luego me cuelga porque está cocinando y se le va a quemar la comida.

La escritora, inmersa en la conversación.

La escritora, inmersa en la conversación. Esteban Palazuelos

Aliyeh Ataei dejó su pueblo con 18 años para estudiar en Teherán. La experiencia y las personas generosas que la protegieron y enseñaron le cambiaron la vida.

Tenía el sueño, siendo adolescente, de que un día, cuando se despertara y abriera los ojos, vería un lugar verde con agua y sin guerra. Donde ella vivía entonces sólo había desierto.

"Hice una residencia de un mes en Berlín", recuerda la iraní. El edificio estaba junto a un lago. Cuando me levanté y abrí la ventana, vi un espacio verde con agua. Y pensé que mi sueño me había salvado. Me había entregado a él y ahí estaba".

¿El idioma puede ser también una patria?

En literatura, la lengua farsi es mi patria, pero en la vida encuentro mi patria en las personas, no en el desierto, ni en la tierra.

En el sur de Francia, un señor mayor me enseñó a pescar: esa es mi patria, mi hogar (se emociona). Quiero a Afganistán. Nací y crecí en Irán. Es mi país (se le quiebra la voz). Pero prefiero encontrar la patria en la calidez de la gente, aunque no sea cercana.

¿Cuándo se publicará su próximo libro?

Este año. He querido escribir una historia de amor. Era mi sueño. Mi editora en Gallimard me dijo: Deja el romance a los escritores franceses. Es importante que nos cuentes tu relato. Me ha salido una historia de amor en la guerra.