Imagen de archivo de la mandataria.

Imagen de archivo de la mandataria. Europa Press

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Mette Frederiksen, la primera ministra danesa que soporta la presión mundial en el pulso con Trump por Groenlandia

Criada en una familia de clase trabajadora y vinculada a la política desde los 15, se ha convertido en una pieza clave del tablero geopolítico de nuestros días.

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Quién iba a decirle a la mandataria escandinava, acostumbrada a hacer política de puertas hacia dentro y con discreción, que acabaría estando entre los dirigentes más influyentes del panorama mundial. Durante años, Mette Frederiksen construyó su carrera lejos de los focos, centrada en la gestión del Estado del bienestar y los equilibrios internos de su país.

Dinamarca no suele producir líderes globales ni buscarlos. Y ella tampoco parecía destinada a ser una de ellos. Sin embargo, en estas semanas, su nombre ha pasado al primer plano de la agenda internacional. La cuestión de Groenlandia —territorio autónomo bajo soberanía danesa y pieza estratégica del Ártico— la ha colocado ante una presión ineludible.

La insistencia del presidente Donald Trump, en reivindicar la isla como un interés estratégico de Estados Unidos, ha reactivado una relación ya tensa desde 2019, cuando Frederiksen calificó de "absurdas" sus declaraciones sobre una posible adquisición del territorio. Aquella respuesta, breve y directa, marcó un punto de inflexión.

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Desde entonces, la distancia entre ambos no ha dejado de ampliarse. Lo que comenzó como un desencuentro diplomático se ha transformado en un pulso con implicaciones mucho más amplias, hasta el punto de afectar al debate sobre la seguridad europea y el propio sentido de la OTAN.

Groenlandia ya no es solo una cuestión bilateral, sino un símbolo de soberanía y de límites en un escenario complejo. Mientras Europa observa con atención cada movimiento de Copenhague, la figura de Frederiksen despierta una pregunta recurrente: quién es esta dirigente que tanto tiempo pasó desapercibida y por qué ahora su voz pesa más que nunca.

Una vocación política temprana

Mette Frederiksen nació el 19 de noviembre de 1977 en Aalborg, en el norte de Dinamarca. Criada en el seno de una familia de clase trabajadora, su padre era tipógrafo y su madre maestra. Cursó sus estudios secundarios en su ciudad natal, la cuarta más grande del país, y de adolescente participó en iniciativas vinculadas a causas ambientales y de derechos humanos.

Años más tarde, se licenció en Administración y Ciencias Sociales en la Universidad de Aalborg y, movida por un ferviente interés por los entresijos y desafíos de la actualidad internacional desde joven, completó su formación con un máster en Estudios Africanos en la Universidad de Copenhague.

Antes de dar comienzo a su carrera parlamentaria, Frederiksen trabajó como consultora juvenil para la Federación Danesa de Sindicatos. Este primer empleo reforzó su vínculo con el movimiento sindical y con el ala clásica del Partido Socialdemócrata danés, históricamente ligado a los sindicatos.

Mette Frederiksen, en una cumbre del Consejo Europeo en Bruselas (Bélgica) en 2019.

Mette Frederiksen, en una cumbre del Consejo Europeo en Bruselas (Bélgica) en 2019. Julien Warnand EFE

En 2001, fue elegida diputada del Folketing por el Partido Socialdemócrata, con 24 años. Tras su elección al parlamento, fue nombrada portavoz del grupo para cultura, medios e igualdad de género. Al año siguiente fue reconocida con el Nina Bang, un premio danés que distingue a políticas jóvenes y prometedoras por su valentía e impacto.

Desde ese momento, Frederiksen ha ocupado un escaño parlamentario de forma ininterrumpida y, tras la victoria de los socialdemócratas en las elecciones generales de 2011, fue nombrada ministra de Empleo durante la legislatura de Hell Thorning-Schmidt. Impulsó reformas relacionadas con el mercado laboral, las pensiones anticipadas y las ayudas sociales.

En 2014 pasó a ocupar la cartera de Justicia, cargo que desempeñó hasta 2015. Desde ahí defendió posiciones estrictas en materia de orden público y seguridad, una línea que más adelante ampliaría a la política migratoria como líder del partido.

Tras la derrota electoral de los socialdemócratas en 2015, Frederiksen sucedió a Helle Thorning-Schmidt como líder del partido. Desde la oposición inició una reorientación estratégica de la socialdemocracia danesa. Bajo su liderazgo, el partido combinó la defensa del Estado del bienestar con una política migratoria más restrictiva y un discurso más duro en materia de integración y seguridad.

Este giro fue objeto de debate tanto dentro como fuera de Dinamarca, pero resultó eficaz desde el punto de vista electoral, en la medida en la que esta logró consolidar su posición interna y reforzó la cohesión del partido.

En las elecciones de junio de 2019, el Partido Socialdemócrata obtuvo el apoyo suficiente para formar Gobierno. Frederiksen fue nombrada primera ministra el 27 de junio de 2019. Con 41 años, se convirtió en la jefa de Gobierno más joven de la historia de Dinamarca y en la segunda mujer en ocupar el cargo.

Su primer mandato se caracterizó por un Gobierno en minoría apoyado por otras fuerzas de izquierda y centroizquierda. La agenda del Ejecutivo se centró en políticas sociales, empleo, clima y bienestar, aunque pronto quedó marcada por acontecimientos externos como la pandemia de COVID-19, en la que el Gobierno adoptó medidas tempranas y controles muy estrictos.

En las elecciones de noviembre de 2022, Frederiksen logró conservar el poder. Tras los comicios formó una coalición que incluye a su partido, a los liberales de Venstre y a los Moderados. Desde entonces, gobierna con una mayoría más amplia, aunque requiere más consenso entre socios ideológicamente distintos.

La mano firme escandinava

Pese a su perfil bajo, no cabe duda de que la relevancia y el interés mediático que la primera ministra ha adquirido en los últimos meses ha ido in crescendo. Tanto es así que el medio especializado Político la ha considerado segunda entre las 28 personas más poderosas en la política y las políticas públicas europeas.

El ranking, que acertadamente la apoda como The North Star ('la estrella del Norte'), también incluye a personalidades como Donald Trump —en el podio absoluto—, el canciller alemán Friedrich Merz —en tercera posición— o la primera ministra italiana Giorgia Meloni. En esta última, Frederiksen ha encontrado a la compañera de un tándem que no pasa desapercibido.

La socialdemócrata danesa y la dirigente conservadora italiana no forman un bloque ni comparten una agenda común amplia. Sin embargo, han coincidido de manera recurrente en dos cuestiones clave: la política migratoria y el refuerzo de la seguridad europea. Así lo destacó ella misma en declaraciones que recogía EFE en marzo de 2025.

Frederiksen y Meloni, juntas en una imagen de archivo.

Frederiksen y Meloni, juntas en una imagen de archivo. GTRES

"Estamos muy alineadas en cuanto a la necesidad de controlar nuestras fronteras y repatriar a las personas que entran ellas y cometen delitos o se comportan mal", expresó después de que Meloni la recibiese en Roma en una reunión en la que ambas destacaron la "cooperación fructífera" en la lucha contra la migración irregular.

Igualmente destacable ha sido la defensa reiterada de la mandataria de la necesidad de mantener el apoyo financiero a Ucrania y de reforzar las capacidades militares del continente ante la agresión rusa. El pasado diciembre, a su llegada a una cumbre del Consejo Europeo, insistió en que el respaldo económico es indispensable para que el país pueda defenderse.

Tal como recogía EFE, reivindicó, como ya ha hecho en múltiples ocasiones, que Europa debe avanzar más rápido en el refuerzo de su defensa para acercarse al ritmo de Putin, con el que se ha mostrado muy crítica, especialmente cuando este decidió cortar el gas a Dinamarca en 2022, algo que calificó de "forma de extorsión" ante los medios daneses.

Implacable ante Donald Trump

La crisis abierta en torno a Groenlandia ha colocado a Mette Frederiksen ante uno de los mayores desafíos de su mandato. Esta ha optado por una respuesta centrada en la defensa del marco legal vigente y en la coordinación institucional, evitando tanto la confrontación retórica como cualquier ambigüedad sobre la soberanía del territorio.

Desde el inicio de la escalada en las insistencias por parte de Washington, Frederiksen ha insistido en un mensaje constante: Groenlandia no está en venta. Esa posición, que ya defendió en 2019 cuando calificó de "absurdas" las primeras declaraciones de Donald Trump, se ha reforzado ahora con una estrategia de alianzas y de respaldo multilateral.

En ese esfuerzo, la dirigente ha encontrado un apoyo clave en el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, con quien ha escenificado una unidad política poco habitual en momentos de presión externa. Ambos han comparecido juntos y han reiterado que la isla forma parte del Reino de Dinamarca y de la alianza occidental.

El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ofrecen una declaración sobre la situación actual en una conferencia de prensa en el Salón de los Espejos de la Oficina del Primer Ministro en Copenhague, Dinamarca, el 13 de enero de 2026.

El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ofrecen una declaración sobre la situación actual en una conferencia de prensa en el Salón de los Espejos de la Oficina del Primer Ministro en Copenhague, Dinamarca, el 13 de enero de 2026. EFE

Mette más allá de Frederiksen

En el plano personal, la primera ministra es madre de dos jóvenes, Ida Feline y Magne, fruto de un matrimonio anterior. En julio de 2020 se casó con el fotógrafo y cineasta Bo Tengberg en una ceremonia privada en la isla de Møn. A pesar de estar casada, la dirigente no ha querido prescindir de su apellido de soltera en su actividad pública.

En junio de 2024, vivió uno de los momentos más tensos de su carrera cuando fue agredida por un hombre en pleno centro de Copenhague mientras paseaba sin escolta. Aunque no sufrió heridas graves, el episodio la obligó a bajar el ritmo durante unos días y la llevó a reconocer públicamente el impacto emocional del ataque.

"No estoy del todo como siempre", admitió después en su primera entrevista televisiva, en la que explicó que, más allá del susto personal, sintió el golpe como algo dirigido a la institución que representa. "Soy Mette, pero también soy la primera ministra", dijo, subrayando la delgada línea entre la vida cotidiana y la responsabilidad pública que asume.

En una entrevista con Vogue, Mette Frederiksen se describe como una persona "bastante normal" en las distancias cortas y reivindica una faceta personal alejada de la solemnidad permanente del cargo. Esta explica que intenta vivir "como la mayoría de la gente en Dinamarca" y esa normalidad también se traslada a su forma de comunicarse.

De hecho, la primera ministra utiliza las redes sociales para combinar las apariciones institucionales con contenidos más personales, por ejemplo, un selfie con galletas caseras para desear una feliz Navidad a sus miles de seguidores, un reflejo de su interés por adaptarse a los nuevos tiempos y al lenguaje digital.