Savina Paul, en un posado para Magas.

Savina Paul, en un posado para Magas. Pau Venteo

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Savina Paul, piloto a los 22 años y casi un millón de seguidores: "El primer día solo pensaba en esas 200 vidas"

Esta catalana de 30 años forma parte del 5% de mujeres en la aviación y además de pilotar un Airbus 330 hace contenido divulgativo en Instagram.

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Subirse a un avión y encontrar una mujer a los mandos sigue siendo una rareza. De más de 6.000 pilotos comerciales con base en España sólo unas 260 son mujeres, lo que supone aproximadamente el 4% del total, según el SEPLA. Es normal, por tanto, que el pasajero se sorprenda al ver a una con su uniforme cogiendo las riendas del vuelo hacia su destino.

Sin negar que este es un sector históricamente masculinizado —ellas antaño eran únicamente azafatas—, el número de estas profesionales se ha duplicado desde 2017 y en algunas compañías ya ronda el 6%.

La proyección de futuro es halagüeña y hay muchas iniciativas que están consiguiendo despertar vocaciones y que haya más presencia femenina. Desde el sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas han puesto en marcha Aviadoras para analizar las causas de esta desigualdad y fomentar la inclusión; Iberia, por su parte, lanzó en 2018 Quiero ser con el fin de atraer el talento femenino. Las escuelas de formación también están aumentando notablemente la proporción de alumnas.

La piloto aprovechas los descansos para pasear por la playa.

La piloto aprovechas los descansos para pasear por la playa. Pau Venteo

Si echamos la vista atrás, los referentes se cuentan con los dedos de una mano: la francesa Raymonde de Laroche, que fue la primera en obtener una licencia; Amelia Earhart, pionera en cruzar el Atlántico en solitario; o Bettina Kadner, la primera española en pilotar un avión de pasajeros en nuestro país. Todas ellas sentaron las bases de un camino que han seguido otras.

Savina Paul es un buen ejemplo y se ha convertido, a su vez, en una inspiración. Nacida en Tarragona, tiene 30 años y lleva ocho años volando; empezó a los 22, así que tiene ya cierta veteranía.

Pilota un Airbus 330 y utiliza sus redes sociales para divulgar contenido sobre aeronáutica, explicando curiosidades del sector como cuánto combustible se necesita para hacer el trayecto de Barcelona a Buenos Aires. De este modo, acerca su trabajo a su comunidad de seguidores en Instagram, que ronda los 800.000, además de hacer contenido de lifestyle.

Escuchar a esta catalana hablar de su profesión es comprobar la auténtica pasión que siente. En su familia nadie pertenecía al mundo de la aviación: su padre es abogado y su madre psicóloga. Pero la educación que recibió con el lema de no ponerse límites y ser lo que uno desea la llevó a embarcarse en esta aventura.

"En un principio yo me imaginaba hacer la típica carrera de ingeniería, algo de ciencias. Pero en bachillerato sufrí una crisis de motivación por una profesora de física que no me transmitía esa vocación y entonces mi madre me dijo: 'Piensa en qué quieres hacer el resto de tu vida'. Y entonces me salió del alma, dije que quería ser piloto", explica.

¿Y cuáles fueron tus primeros pasos?

Empezamos a ir, en Barcelona, a una librería aeronáutica muy chula que se llama Aeroteca y allí hay un simulador de vuelo. Lo probé y era como si hubiera volado toda la vida, estaba supercómoda. Se me daba bien de manera un poco instintiva. Luego fuimos a volar en un avión pequeño y me fascinó. No tuve miedo ni claustrofobia: fue como un amor a primera vista.

¿Cuándo empezaste tu formación?

En 2011. Mi familia realmente hizo una apuesta muy grande para que cumpliera este sueño, porque estos estudios cuestan muchísimo dinero. Además, aquella época era mala, porque la aviación estaba un poco en crisis y no había demasiado trabajo ni demanda de pilotos, así que era un poco incierto. De hecho, fue una promoción muy pequeña y yo la única chica de los 12 alumnos.

Las distintas vías para ser piloto

La cuestión económica en esta profesión puede ser un hándicap para futuros aspirantes, porque obtener la licencia de piloto comercial puede superar los 100.000 euros. "La única barrera para ser piloto es la económica, ser mujer no es ningún impedimento", dice Savina.

En cuanto a los modos de acceder a la profesión, hay dos caminos, tal y como nos explica Savina: "En la vía militar, haces unas oposiciones para el Ejército y prestas un tiempo de servicio; y para la civil hay la vía modular —un método flexible que divide el entrenamiento en módulos independientes— y la de grado universitario. Yo me decanté por lo último, donde obtienes la licencia de piloto y aparte haces una formación más extensa".

Lo que sus padres querían es que tuviera más opciones dentro del sector en el caso de que por cualquier contratiempo de salud no pudiera volar. También por el tema de la maternidad, ya que en cuanto una piloto se queda embarazada tiene que soltar los mandos.

"Se considera una profesión de riesgo porque con la radiación que tenemos en la cabina, el tema de la presión despresurización, el estrés, la fatiga... Consideran que sobre todo en las primeras fases podría ser peligroso para el feto. Algunas aerolíneas que te mandan directamente de baja y otras que te dan trabajos en oficina o de instrucción", explica Paul.

La falta de referentes y temas como este de la conciliación pueden provocar esa falta de presencia femenina en la aviación, ¿cuáles crees tú que son las razones?

El sector ha cambiado mucho y hoy en día es un trabajo más de gestión y de operación de sistemas, no tiene nada que ver con la fuerza. Todavía cuesta cambiar la mentalidad, pero vamos dando pasos y avanzando. Aunque actualmente seamos aún ese 5%, en unos años veremos moverse ese número hacia arriba. Y, por otro lado, creo que hay un factor quizás más antropológico, de gustos, de que quizás a las mujeres este trabajo aún no les gusta tanto como a ellos. Simplemente, no se tiene que forzar. Yo estaría encantada de que hubiera más compañeras conmigo, pero si no no les interesa, no se tiene que 'obligar', ha de ser algo natural. Yo, a través de mis redes, intento normalizarlo y hacer contenido de divulgación para que cualquier niña que me vea pueda pensar que si yo lo hago, ella también puede.

¿Le extraña aún al pasajero ver a una piloto en un vuelo?

A mí no me ha pasado nunca nada raro en ese sentido, aunque es verdad que cuando empecé a volar tenía 22 años y les chocaba por ver que era tan joven, porque quizá pensaban si estaría suficientemente preparada. En las redes sociales en contadas ocasiones he recibido algún comentario machista, pero en persona nunca.

¿Cómo recuerdas tu primer vuelo?

Creo que fue a Asturias y luego hice Londres ida y vuelta. La verdad es aquel día no me podía sacar de la cabeza el hecho de que llevaba 200 vidas humanas detrás de mí. Hoy, después de casi 5.000 horas de vuelo y casi ocho años volando, lo normalizas. Sin embargo, al principio, el peso de la responsabilidad era muy grande para mí y eso me hizo cambiar como persona. Me dejaron de gustar cosas como salir con mis amigas de fiesta y me centré mucho. Me volví una persona más madura, con otro tipo de hábitos, porque sentía que tenía que estar al 100% mental y físicamente para ser capaz de estar a la altura de que tantas personas confiaran sus vidas en mí. En la fase de formación, me decían 'el día que yo crea que estás lista para volar con cualquier tipo de compañero, será cuando yo dejaría a mi familia volar contigo en un avión llevado por ti".

¿Nunca has pasado miedo?

La verdad es que no. Es en los simuladores cuando realmente vemos todas las emergencias y anormalidades que se pueden dar durante un vuelo. Y es una formación muy exigente, así que en la vida real estoy muy tranquila porque sé perfectamente cómo reaccionará el avión en cada momento. Ya lo he visto en el dispositivo de entrenamiento, que es donde realmente trabajamos bajo presión. Allí nos enfrentamos a todo: fallos de motor, evacuaciones de emergencia, que no funcionen los frenos o los flaps de las alas... Hasta ahora nunca me ha pasado nada de eso al mando del avión, pero sabría perfectamente cómo actuar.

Savina Paul es deportista y comparte también contenido de 'lifestyle' en redes.

Savina Paul es deportista y comparte también contenido de 'lifestyle' en redes. Pau Venteo

Y hablando de simuladores de vuelo, ahora la princesa Leonor está entrenando con ellos en San Javier, ¿crees que su papel también favorece la visibilización de las pilotos?

¡Me parece brutal! Y de verdad que creo que ella es un icono por hacer esto. Ojalá más mujeres también piensen que si lo hace la Princesa y tantas otras mujeres y que no hay barreras en este sentido, ellas también podrían.

Savina, eres muy activa en redes sociales, donde tienes una gran comunidad de seguidores. ¿Cómo afrontas esta faceta mediática?

Eso vino cuando ya llevaba cuatro o cinco años volando. Vino la pandemia y cuando realmente pudimos empezar a salir de casa me lancé a hacer deporte y me animé a compartirlo los entrenos. De pronto, una marca de trail, running y trekking se fija en mí y me llevaron a Sudáfrica a hacer una sesión de fotos de primavera con su ropa.

Luego empecé haciendo contenido sobre mis hábitos de salud y también compartiendo algunas curiosidades aeronáuticas, mezclando mi faceta de piloto, deportista y mujer. Hay que hacerlo con mucho cuidado, porque este es un mundo donde la seguridad es máxima y hay cierto grado de confidencialidad.

Cuando hablo de mi trabajo, siempre lo he enfocado para el gran público, para la gente que no sabe nada de aviación. Sin entrar en tecnicismos, creo que he sabido encontrar una manera amable de hablar de ello. Considero que es algo un poco rompedor porque la mayoría de perfiles de este tipo son muy técnicos. Y yo he ido a buscar un poco la parte humana, intentar enfocarme en la gente que tiene miedo a volar y en otra que desconoce por completo el mundo y hace preguntas tan básicas como si los aviones tienen pedales.

¿Te esperabas tanto éxito en redes?

Ha sido brutal. A través de mi perfil se enteran de cosas fascinantes de aviación, ven que los pilotos somos gente responsable... Si se lo enseñas de una manera amable, el retorno que recibes es una pasada. Para mí lo más bonito es toda esa gente que me dice que se han atrevido a volar gracias a mí, ver que realmente puedo ayudar.

¿Cuántos vuelos sueles hacer mensualmente?

Esto se rige por horas mensuales y anuales. Hay una normativa europea que lo marca para que los pilotos y tripulaciones no acumulemos fatiga. Entonces pueden salir entre tres, cuatro o cinco vuelos al mes dependiendo del trayecto. Hay descansos mínimos en destino para trayectos largos, entre 24 y 48 horas, y también cuando vuelves a casa.

Eso sí, a todo esto se le tiene que sumar que nosotros estamos en continua formación: simuladores, cursos online, exámenes teóricos a lo largo del año e inspecciones en vuelo.

¿Te cuesta compaginar la vida profesional y personal?

Sí, sobre todo a largo plazo. Ahora por ejemplo en Navidad me puede tocar volar perfectamente y a veces es duro no estar en casa. Al final, la familia y los amigos se adaptan a tu rutina.

Savina, ¿cómo ves tu futuro?

A corto plazo, estoy escribiendo dos libros a la vez, que saldrán en 2026 y de los que aún no puedo adelantar nada. Me encuentro en un momento de mi vida muy de evolución profesional, estoy como supercreativa, con muchísimas ganas de aportar valor. Este proyecto me hace especial ilusión, porque las redes son volátiles pero un libro se queda ahí y es marca personal.

A largo plazo, mi chico, que también es piloto —nos conocimos estudiando—, y yo queremos formar una familia, nos encantaría ser padres. A nivel laboral, en este momento hago largo recorrido como copiloto y me gustaría ser comandante. No sé cuánto puedo tardar, porque va por antigüedad y por progresión en la aerolínea.

En cuanto a las redes, deseo seguir aumentando mi comunidad pero con naturalidad. Mucha gente me pregunta si me planteo dejar de volar y siempre respondo que no porque esta es mi principal vocación.